Violencia sindical en Colombia: ¿qué tiene Mises para decir sobre la huelga violenta?

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Ahora bien, el que los trabajadores se asocien para discutir condiciones laborales con sus patronos, no constituye circunstancia que, per se , hubiera de provocar perturbaciones en la mecánica del mercado. Tampoco daría lugar a excesiva distorsión el ejercicio de ese supuesto derecho que los obreros se atribuyen de poder rescindir, por sí y ante sí, convenios válidamente celebrados, por plazo establecido, pudiendo, a exclusiva voluntad propia, abandonar, en cualquier momento, su puesto de trabajo.

Lo que sí plantea nueva situación es el elemento coactivo que entra en juego al amparo de las huelgas y de la sindicación obligatoria que hoy prevalece en la mayoría de los países industrializados de Europa. Dado que los obreros sindicados prohíben el acceso al trabajo a los trabajadores no miembros de la respectiva unión laboral, recurriendo, además, en caso de huelga, a la acción violenta para impedir que nadie ocupe el puesto abandonado por el huelguista, resulta que sus demandas tienen la misma fuerza efectiva que si de decretos gubernamentales se tratara.

Violencia sindical en Colombia

El patrono no tiene más remedio, salvo si cierra para siempre su empresa, que atender las exigencias laborales y, al pagar mayores salarios, ha de procurar reducir la producción, pues lo que cuesta más de fabricar no puede ser vendido con la misma amplitud que lo que cuesta menos. Las mayores retribuciones salariales conseguidas coactivamente por los obreros sindicados provocan desempleo, como una vez más vemos.

Este tipo de desempleo es distinto, sin embargo, tanto por su extensión como por su permanencia, a aquel que pueden originar en el mercado las mutaciones de la demanda. Ese posible desempleo debido al desarrollo industrial nunca sería ni tan amplio ni tan indominable.

El trabajador que tiene que abandonar determinada producción puede hallar acomodo en las otras ramas industriales que están ampliándose o apareciendo en el mercado. Consiguen los operarios acomodarse, sin mayores problemas y con bastante rapidez, a cualquier nueva situación, cuando gozan de movilidad y el pase de un sector a otro no resulta dificultado o impedido por obstáculos legales o similares.

La implantación de auténticas Bolsas de Trabajo contribuiría, por otra parte, grandemente a reducir aún más este tipo de desempleo. El paro provocado por la acción de entes coercitivos no constituye, en cambio, mero fenómeno transitorio, resulta, por el contrario, mal incurable, mientras la causa del mismo siga actuando, o sea, mientras la norma legal o la violencia sindical impidan la aparición de la baja salarial que los sin empleo buscando trabajo desatan, la cual permite alcanzar aquel nivel de rentas laborales que un mercado libre de injerencias administrativas y sindicales hubiera registrado, es decir, la tasa a la cual quien quiera hallar trabajo lo encuentra.

Las compensaciones de paro, páguelas el gobierno o los sindicatos, sólo sirven para prolongar el mal. Si se trata de desempleo provocado por cambios de base económica, la compensación no hace sino dificultar la acomodación del factor trabajo a la nueva situación. Quien la recibe por haber dejado de laborar en su primitivo puesto de trabajo no ve necesidad alguna de buscar ulterior ocupación; dejará, en todo caso, pasar el tiempo antes de decidirse a requerir distinto trabajo, a trasladarse de localidad o a reducir su demanda salarial. El paro perdurará mientras tales auxilios subsistan, salvo que su importe sea tan bajo que resulten despreciables.

Fragmento de Liberalismo, libro de Ludwig von Mises.

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