Venezuela no puede reestructurar su salida de esta pesadilla socialista

0
140

Venezuela, que en una época fuera el país más próspero de América del Sur, ya no puede más pagar sus deudas.

Después de fallar con el pago de $200 millones de intereses de dos bonos del gobierno, esta semana la administración del presidente Nicolás Maduro fue declarada “en default” por la agencia calificadora S&P.

Aunque los tenedores de bonos todavía tienen que presentar un juicio, eso podría suceder en cualquier momento, potencialmente disparando una oleada de defaults cruzados de la deuda externa de Venezuela. Los inversionistas pronto tendrían derecho de apropiarse de activos venezolanos que estén fuera de sus fronteras, tales como envíos de petróleo, para obtener el reintegro de la deuda no pagada.

Si bien Venezuela ha estado en crisis durante varios años, es difícil exagerar la severidad de la situación actual.

Hasta este momento, el régimen había logrado honrar el repago de los intereses a inversionistas externos, mediante el sacrificio de importaciones de alimentos, medicinas y productos básicos. Dada la completa dependencia de Venezuela en importaciones de cosas esenciales, la decisión de priorizar a los acreedores sobre los ciudadanos ha tenido consecuencias humanitarias severas.

Ya los venezolanos pasan largas horas en filas esperando para comprar comida y se están muriendo de enfermedades prevenibles, debido a escaseces de medicinas. El PIB se ha encogido en una tercera parte desde el 2013. Cualquier deterioro adicional de su economía, podría hacer que el país se vuelque desde una crisis a una catástrofe. Pero, con acreedores inminentes, el régimen tiene poco de donde escoger, más que desviar algunas de sus reservas extranjeras en el exterior.

Los líderes de Venezuela fueron quienes llevaron esta muerte económica a su propio país. Desde 1998, el gobierno nacionalizó alrededor de mil empresas, destruyendo la estructura económica, hasta el punto en que el petróleo crudo es su única exportación significativa.

En el tanto en que los precios globales permanecieron altos, Venezuela había podido capear la situación gracias a una oleada de buena fortuna geográfica -ricas reservas petroleras- que brinda los fondos para políticas asistencialistas alabadas por todos los izquierdistas del mundo.

Sin embargo, con posterioridad a la baja del precio del petróleo, el impacto de las nacionalizaciones masivas, un endeudamiento insostenible, una corrupción gubernamental y controles de precios, se hicieron devastadoramente claros.

Desde entonces, antiguos compinches de Venezuela, incluyendo al líder socialista británico Jeremy Corbyn, han mantenido los labios cerrados acerca de la catástrofe presente y de sus causas.

Temprano este año, Corbyn, al fin, concluyó su largo período de silencio al condenar los violentos conflictos entre autoridades y grupos de oposición. Sin embargo, una crítica de “la violencia de todas las partes,” está muy lejos de ser una honesta admisión de por qué Venezuela ha fracasado –específicamente, por su socialismo.

Sin un reconocimiento de los atroces errores del gobierno, Venezuela no tiene esperanzas de recuperarse de su última crisis. Temprano esta semana, Rusia estuvo de acuerdo con reestructurar $3.15 miles de millones de deuda venezolana, brindando un poco de espacio para respirar.

Aun así, ese es apenas un poco de menudo dentro de la carga de la deuda global –un estimado de $140 miles de millones que se les deben a acreedores de alrededor de todo el mundo.

La administración de Maduro parece estar completamente sin preparación alguna, ante el complejo conjunto de negociaciones que serán necesarias para llegar a un acuerdo en un programa de reestructuración de ese tipo.

Quien dirige el equipo negociador es el vice-presidente Tareck El Aissami. Apodado por sus oponentes como el “Narco de Aragua,” actualmente El Aissami está bajo sanción individual por los Estados Unidos, por supuesto tráfico de drogas.

El ministro de economía de Venezuela, Simón Zerpa, también está sancionado por presunta corrupción. En la práctica, esto significa que los grupos de inversionistas estadounidenses -los mayores tenedores de la deuda de Venezuela- ni siquiera se pueden sentar con los negociadores, mientras estos funcionarios permanezcan en sus posiciones.

Esto puede ayudar a Maduro, y a quienes internacionalmente le apoyan, para culpar a los Estados Unidos de su difícil situación, junto con la fluctuación de los precios del petróleo, pero, la verdad es que la situación actual surge de 20 años de una desastrosa mala administración chavista.

La situación de Venezuela es trágica, pero es un ejemplo clásico de la pobreza y el caos que inevitablemente resultan de la ideología socialista.

+ posts

Leave a reply

Ir a la barra de herramientas