Venezuela, la nación rica en petróleo sin combustible | Gracias Socialismo

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Años de mala administración económica y de corrupción se han combinado con un sistema pobremente diseñado e ineficiente, para crear una crisis sin precedentes.

Tan sólo hay un puñado de países tan bendecidos como Venezuela. Tiene las reservas de petróleo más grandes que cualquier otro país sobre la tierra. Tiene reservas abundantes de gas natural, carbón, madera y oro. Y, como si esto no fuera suficiente, también tiene millas de tierras fértiles y una ubicación geográfica ideal para exportar todas sus bendiciones. A pesar de lo anterior, hay un chiste popular alrededor nuestro que dice: “¿Por qué Dios fue tan generoso con nosotros? Nos dio todo, incluso un clima perfecto y bellas playas. Bueno, porque él también nos dio nuestros políticos y una sociedad que no ha sido capaz de cuidar de su nación.”

Personalmente, siempre he encontrado a este “chiste” peligrosamente engañoso, pues implica que Venezuela es, en primer lugar, un país rico. Los países no son ricos debido a sus recursos naturales. Las naciones desarrolladas son ricas porque tienen economías dinámicas, con sectores privados innovadores, una existencia impresionante de capital humano e instituciones que incentivan a las personas a ser ciudadanos responsables y productivos ̶ además de tener gobiernos dispuestos a complementar el mercado, suministrando infraestructura, seguridad colectiva, un sistema educativo que funciona bien y otros bienes públicos esenciales para el desarrollo económico. En Venezuela, desafortunadamente, no tenemos mercados ni un sector público bien diseñado y eficiente. En vez del manejo grosero de una mala administración de nuestros recursos naturales, esta es la razón por la que estamos subdesarrollados.

Uno no tiene que ver muy lejos para tener pruebas. Este año, oficialmente, Venezuela se convirtió en la primera nación rica en recursos que no tiene combustible, en una crisis que ha paralizado al país como nunca antes. En la actualidad, el combustible sólo puede obtenerse en el mercado negro, a un precio escandaloso de nueve dólares el galón. Esta sería una situación preocupante para cualquier país. Pero, el salario mínimo de Venezuela es de menos de cinco dólares al mes, lo cual significa que, virtualmente, ningún venezolano puede comprar combustible. Es la última indignidad en una crisis política de muchos años, que ha visto al país acostumbrarse crecientemente a apagones diarios de energía, un suministro de agua no confiable y escaseces crónicas de comida y medicina.

Según el gobierno ilegítimo de Venezuela de Nicolás Maduro, los venezolanos deberían culpar a los Estados Unidos por la crisis de combustibles. En ocasiones repetidas, Maduro y sus aliados han declarado que las sanciones financieras de los Estados Unidos han comprometido dramáticamente las finanzas de Venezuela.

Similarmente, dicen que las sanciones también les ha bloqueado las importaciones de gasolina desde el exterior. Este es un argumento que se ha usado en el pasado para excusar otras escaseces. Ignora el hecho de que los venezolanos han estado experimentando esas escaseces desde el 2013, mucho tiempo antes de que el gobierno de los Estados Unidos empezara siquiera a hablar de Venezuela.

Para resolver el tema del combustible, el régimen de Maduro se está asociando con otro país sancionado. Hace tan sólo un par de días, el gobierno venezolano les “dio la bienvenida” a cinco barcos iraníes que navegaron desde el otro lado del mundo, sólo para traer al país 1.5 millones de barriles de combustible. Esta es una alianza non sancta que inicialmente los Estados Unidos permitió, pero que ahora está monitoreando “con preocupación”, según el jefe del Comando Militar del Sur de los Estados Unidos, el almirante Craig Faller.

La “preocupación” de Washington está bien justificada, pues Irán no es conocido por su altruismo político; es usual que tenga un motivo ulterior para esas acciones. Una hipótesis es que Teherán tiene intenciones de asumir el control de la industria petrolera venezolana, pues ya se ha ganado el control de “El Palito,” la refinería más grande del país. Esto calzaría con el estilo soviético actual de “liberalización” que es seguido por Venezuela. Los rusos y los chinos ya están operando en la industria petrolera venezolana. Tal vez ahora Maduro ha agregado a Irán a la mezcla.

¿Resolverá el suministro iraní la crisis de combustible de Venezuela? Por supuesto que no. Los 1.5 millones de barriles de gasolina provenientes de Irán no durarán por mucho tiempo. Si Venezuela mantiene su sistema actual de racionamiento, que sólo les suministra gasolina a funcionarios, médicos e individuos privilegiados, el envío duraría sólo 50 días. Si el país intenta retornar al status quo previo al racionamiento, distribuyendo más ampliamente el combustible, este durará alrededor de dos semanas. En ambos escenarios, la escasez crónica de combustible de Venezuela continuará luego de un breve interludio, y la economía venezolana seguirá en estado comatoso.

Las sanciones financieras de Estados Unidos no pueden ser culpadas por estos problemas intratables. En verdad, las sanciones diezmaron las finanzas del régimen venezolano, pero ellas no crearon este caos. Venezuela -de nuevo, con las mayores reservas de petróleo de la Tierra– debería ser capaz de producir suficiente combustible, no sólo para sí, sino también para la exportación regional. Antes de las sanciones, durante el régimen de Hugo Chávez, que duró desde 1998 hasta el 2013, los ingresos petroleros para el gobierno de Venezuela excedían de los 800 miles de millones de dólares. Esta es una entrada de capital asombrosa para cualquier nación en desarrollo del tamaño de Venezuela. ¿Debemos también culpar a los Estados Unidos por la mala administración de esos ingresos?

No. En vez de ello, todos los caminos conducen a Nicolás Maduro, a la élite corrupta que le apuntala y al sistema económico socialista que heredó de Chávez y que aquel no ha hecho nada por descartar. Ahora los venezolanos están pagando el precio de años de corrupción en su industria petrolera. A menos que encuentren un camino para lograr el cambio político, el país continuará implosionando, su crisis migratoria continuará desestabilizando a América Latina y su pueblo, en donde más de un 90 por ciento ya vive en condiciones de pobreza, continuará viendo declinar su estándar de vida.

Jorge Jraissati es presidente de la Alianza Venezolana y compañero del Instituto Abigail Adams. Él ha hablado acerca de la crisis venezolana en numerosas universidades, incluyendo Harvard, NYU y Cambridge.

Traducción por Jorge Corrales.

 

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Jorge A. Jraissati

Jorge A. Jraissati es un estudiante venezolano quien se encuentra en los Estados Unidos estudiando Economía en el Colegio de Honores de la Universidad Florida Atlantic, y forma parte del programa de embajadores en las ciudades universitarias de la Fundación de Educación Económica (FEE).