Venezuela esta en crisis por el irrespeto a la Propiedad Privada

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 La ahora empobrecida nación ofrece un claro recordatorio de la necesidad de los derechos de propiedad para cualquier economía en funcionamiento.

Los disturbios civiles en Venezuela han dominado los encabezados (headlines) de los medios durante las últimas semanas. El pueblo venezolano está protestando contra el gobierno autocrático continuado del presidente Nicolás Maduro. Con posterioridad a su vergonzosa reelección de mayo pasado, durante la cual él impidió que partidos dominantes compitieran justamente, la mayoría de los gobiernos de Occidente se han rehusado a reconocer la legitimidad de Maduro. Pero, al ignorar Maduro estas protestas e iniciar su segundo término de seis años, la presión para que él se retire va creciendo día tras día.

Un hecho es indisputable: estas protestas muestran claramente que los venezolanos están desesperados por un cambio político y económico.

DENEGAR LOS DERECHOS DE PROPIEDAD TIENE CONSECUENCIAS

A principios del 2001, el anterior presidente Hugo Chávez empezó, primero, por eliminar los derechos de propiedad de los ciudadanos, cuando emitió un decreto de expropiación de tierras agrícolas privadas en Venezuela. “Para aquellos que son dueños de la tierra, esta tierra no es suya. La tierra no es privada, sino que es propiedad de la nación,” anunció Chávez orgullosamente. Para el 2005, cientos de empresas privadas, negocios y firmas de suministros agrícolas también cayeron víctimas de la nacionalización desbocada de Chávez.

¿Cuál fue el resultado del experimento socialista de Chávez y Maduro? La que había sido la economía más rica de América Latina, ahora enfrenta una tasa de inflación anual del 80.000 por ciento y un PIB per cápita que ahora es la mitad de lo que era en el 2012. Escaseces masivas de alimentos han significado que el venezolano promedio haya perdido 11.4 kilogramos, pero, sin que eso sorprenda, la cintura de Maduro continúa expandiéndose.

Parece que la afirmación de Chávez, de que “la única forma de salvar al mundo es a través del socialismo,” era, sin que eso sorprenda, incorrecta.

Algunas organizaciones e individuos, desde Oxfam hasta Jeremy Corbyn, en cierto momento admiraron el experimento socialista de Venezuela. Hoy en día, están curiosamente en silencio acerca de la declinación venezolana. Para el resto del mundo, la ahora empobrecida nación ofrece un claro recordatorio de la necesidad de los derechos de propiedad para cualquier economía en funcionamiento.

LOS DERECHOS DE PROPIEDAD ESTÁN CORRELACIONADOS CON LA PROSPERIDAD

Usando datos del Reporte sobre la Libertad Económica en el Mundo del Instituto Fraser, he dividido en deciles a los 162 países que el reporte analizó en el 2016 (esto es, cada decil representa un 10 por ciento de los países medidos), basadas en la fortaleza de sus derechos de propiedad. Luego, correlacioné esos deciles con su producto doméstico bruto (PDB) promedio.

Los resultados impactan.

Los datos del PDB son tomados del Banco Mundial, siendo 2016 el año más reciente del cual el Instituto Fraser tiene datos.

Países que están dentro del decil con los derechos de propiedad más fuertes, tienen un ingreso promedio de más de $55.457. Esa cifra es un 125 por ciento mayor que la de aquellas naciones en el segundo decil de mayor respeto a la propiedad. Similarmente, los países con derechos de propiedad más fuertes tienen un ingreso anual de 31.8 veces aquel de las naciones con los derechos de propiedad más débiles.

Los países con derechos de propiedad más fuertes son, en orden descendente, Finlandia, Nueva Zelandia, Noruega, Suiza, Islandia, Luxemburgo, Singapur, Holanda y Dinamarca. No sorprende que Venezuela esté en el decil con los derechos de propiedad más débiles, calificando de segundo de la última posición ̶ apenas por encima de la República Centroafricana.

Interesantemente, de los otros cuatro aspectos de libertad económica que cubre el reporte -tamaño del gobierno, moneda sana, libertad para intercambiar internacionalmente y regulación- son los derechos de propiedad los que tienen la correlación más fuerte con la prosperidad económica.

Una razón por la que los derechos de propiedad permanecen siendo cruciales para el crecimiento económico es que, sin lo primero, la gente carece de incentivos para invertir, innovar o producir. Como famosamente lo escribiera el economista del siglo XVIII, Adam Smith, “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.” Y, en Venezuela, en donde los trabajadores tienen poco interés propio en el proceso de producción, las escaseces de alimentos y productos básicos son cosa común.

A pesar de lo anterior, todavía hay esperanzas para Venezuela. Los Estados Unidos, Canadá y más de una docena de países latinoamericanos han reconocido al líder de la oposición, Juan Guaidó, como presidente temporal. El Reino Unido, Alemania, Francia y España también han dicho que apoyarán a Guaidó si Maduro no celebra elecciones justas para el 2 de febrero.

Un nuevo líder que proteja los derechos de propiedad le ofrece una oportunidad a Venezuela para que revierta los 20 años de políticas catastróficas de toma de tierras. Pero, si Maduro rehúsa retirarse y continua su curso socialista, la vida para los ciudadanos venezolanos se convertirá en una pesadilla aún mayor.


Traducción por Jorge Corrales.

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Alexander Hammond

es asistente de investigación en HumanProgress.org, un proyecto del centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Instituto Cato. Este historiador y politólogo escribe acerca de la libertad económica, la globalización y el bienestar humano.

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