Venezuela demanda libertad contra un régimen tiránico

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Mi gente está sufriendo; la mitad de nuestro país vive en pobreza extrema.

Han pasado 169 años desde que Marx escribió El Manifiesto Comunista, 100 años desde la revolución bolchevique, 27 años de la caída del Muro de Berlín y 25 años de que Francis Fukuyama publicara su famosa declaración de El Fin de la Historia y el Último Hombre.
Aun así, en la actualidad en Venezuela el comunismo está destruyendo a mi nación. El régimen comunista está asesinando a la oposición, encarcelando a cualquiera que cree en un mejor futuro y expandiendo la miseria por el país entero. Estamos viviendo la peor crisis económica, social y política de nuestros 206 años de historia como república.
DEMANDANDO LIBERTAD DE UNA TIRANÍA

El primero de abril, mi gente –exhausta por la miseria, la injusticia y el hambre en cada esquina del país- tomó las calles para luchar por su libertad. Cansada de ver a sus madres sin alimentos en la cocina, a sus padres desempleados y buscando desesperadamente un empleo y a sus hermanos sin la oportunidad de tener una niñez pacífica, los estudiantes se fueron a las calles a demandar un cambio en su país.

Las demandas eran claras: libertad, justicia, oportunidades y democracia. Sólo soñamos con un país en el cual nuestras familias puedan prosperar, en donde haya oportunidades para todos y en donde no exista un gobierno que silencia a todo ciudadano que no esté de acuerdo con sus balas, políticas económicas nocivas o con su horrible retórica de división, odio y violencia.

Hoy, después de 140 días de protestas pacíficas, la dictadura no sólo ha encarcelado a más de 5.000 estudiantes que protestaban -con 645 de ellos todavía en la cárcel como prisioneros políticos en condiciones inhumanas- sino que también ha asesinado a 133 venezolanos. Venezuela es el país más violento del mundo con 30.000 asesinatos violentos al año. Las familias pierden un ser querido cada 20 minutos y 133 madres han perdido a sus hijos, simplemente porque anhelaban un país en donde todos, sin excepción, pudieran prosperar y tener un mejor futuro.

El régimen está usando su poder tiránico para silenciarnos, para obligarnos a ceder en nuestra lucha y para enviar un mensaje claro: que hará cualquier cosa para mantener su agarre comunista de Venezuela. En efecto, Nicolás Maduro dijo, sin vergüenza alguna en televisión: “lo que no puede ser hecho con votos, lo haremos con armas.”

Nicolás Maduro, un sociópata y asesino, está siguiendo la vieja tradición comunista de imponer su sistema tal como en China, la Unión Soviética y Cuba. Maduro me recuerda la afirmación de Ernesto “Ché” Guevara, “un revolucionario debe convertirse en una máquina asesina motivada por el odio puro.”

No obstante, Maduro no es único líder sociópata dentro del régimen comunista que hace afirmaciones aterradoras. Este mismo mes, Diosdado Cabello escalofriantemente declaró en televisión nacional que “una dictadura comunista, así es como gobernamos.” Estas dos declaraciones claramente ilustran lo que está sucediendo en mi país, un país que demanda libertad frente a un régimen que impone la tiranía.

NUNCA CESEN DE LUCHAR

Creo que no hay mejor forma de concluir esta pieza que afirmando lo que creo es nuestro deber en estos momentos.
En Venezuela no tenemos elecciones justas, medios para transmitir información –y se han corrompido todas las bases de una democracia. El régimen ha aniquilado cualquier esperanza de llegar a una solución por una vía civilizada de formas democráticas. Dadas circunstancias tan funestas, la única manera realista de reclamar nuestra democracia, reinstalar la regla de la ley y de asegurar un futuro libre, es nunca rendirse a la tiranía y nunca cesar de luchar.

Nacionalmente, necesitamos mantener la protesta, intensificar la protesta y lograr la implosión del régimen. Internacionalmente, los gobiernos del mundo -encabezadas por organizaciones como la Organización de Estados Americanos- necesitan actuar y que actúen ya.

Mi gente está sufriendo; ocho de cada diez venezolanos está en condiciones de pobreza, con la mitad de nuestro país en pobreza extrema. Mi gente está pensando si cada día que pasa podrán sobrevivir a esta pesadilla y, similarmente, me paso pensando acerca de cuándo la Comunidad Internacional edificará una coalición diplomática, que logre el cambio verdadero en Venezuela.

Una coalición que junte todos los increíbles esfuerzos independientes de líderes extraordinarios en todo el mundo y que representará la ayuda que necesitamos en Venezuela, para lograr algo por lo cual hemos estado luchando por años: la libertad.

Reproducido de MacIver Institute.

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