Venezuela comprueba que no hay libertad política sin libertad económica

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La distopía venezolana reivindica a Hayek

Ciertamente Hayek está en su máximo en el capítulo siete de Camino de Servidumbre, “Control Económico y Totalitarismo.” En capítulos previos, él ha racionalizado la intervención estatal moderada en la economía. Pero, aquí, lo vemos destruir la noción de que el control económico no está directamente asociación con el surgimiento de la tiranía y la pérdida de la libertad individual.
Sus argumentos son tan convincentes, en parte porque destaca el hecho indisputable de que todas las cosas en nuestras vidas están ligadas con la economía.
EL GOBIERNO DE LOS EXPERTOS

El impacto que el área de la economía tiene sobre nuestras vidas diarias no es fácilmente reconocido por mucha gente. Preocupada con sus necesidades inmediatas y sus tareas cotidianas, el estado de la economía no sólo parece estar desconectado de nuestras vidas, sino que se siente que es casi completamente irrelevante.

Y dado que algo tan complejo como la economía nacional usualmente se deja para que sean los “expertos” quienes decidan, muchos asumen que es un asunto completamente fuera de su control. En este supuesto descansan los planificadores para conservar su autoridad.

Pero, la economía está intrínsecamente conectada con casi cualquier aspecto particular de nuestras vidas. Desde la ropa que usamos a la comida que comemos, a nuestros empleos y nuestra educación: la economía está en todas las cosas. Y, sin libertad económica, no hay libertad. Punto.

Cualquiera que tenga algunas dudas en cuanto a que el control económico conducirá necesariamente a la tiranía y a la opresión, sólo necesita a mirar a Venezuela.

¿POR QUÉ DETESTAR LA LIBERTAD ECONÓMICA?

Siempre me ha parecido peculiar que los socialistas crean tan fervientemente en la libertad social y, a la vez, detestan la libertad económica. Esta es la razón por la cual muchos proponentes del socialismo y de otras formas del control estatal promueven restricciones económicas, sin ningún interés por las libertades civiles. Ellos creen que son entidades separadas, cada una existiendo sin impactar a la otra.

Pero, una vez que el control económico ha sido tomado por el gobierno, pronto le seguirá el despojo de nuestros derechos individuales. Y hoy en día tenemos la desafortunada oportunidad de ser testigos de cómo un país, que otrora fuera próspero, sucumbe a la tragedia de la economía controlada.

La situación en Venezuela ha llegado a ser tan angustiosa, que calzaría perfectamente en la trama de cualquier novela distópica. Lo que empezó como una crisis económica ahora ha escalado a una pesadilla humanitaria, la que no parece tener un final a la vista.

En una época, Venezuela albergó las reservas de petróleo más abundantes del mundo, con una economía nacional que descansaba fuertemente en ellas. De hecho, la nación era capaz de producir el 95 por ciento de todos sus ingresos por exportaciones. En su cúspide, el país fue capaz de producir 3.5 millones de barriles diarios de petróleo. Pero, después de que Chávez llegó al poder y que empezara una huelga de los trabajadores petroleros, el líder decidió despedir a aquellos que estaban en huelga y, en vez de ellos, trajo trabajadores leales a su gobierno.

Desafortunadamente, esta toma de la fuente primaria de riqueza del país significó que aquellos que tenían experiencia en el área, fueran ahora despedidos y reemplazados por trabajadores inexpertos. Y, después de años de una mala administración continua y de una pobre toma de decisiones a manos del estado, la producción de petróleo empezó a declinar significativamente.

Para principios de este año, el país había descendido a una producción de alrededor de 1.7 millones de barriles, pero su declinación constante es inevitable.

Según la lógica proseguida por quienes rehúsan reconocer la conexión entre libertades económicas y libertades civiles, esta situación no debería de haber tenido efectos sobre las vidas diarias de los venezolanos. Pero, sencillamente ese no es el caso.

Tal como lo advirtió Hayek,

“La planificación económica no afectaría sólo a aquellas de nuestras necesidades marginales que tenemos en la mente cuando hablamos con desprecio de lo simplemente económico. Significaría de hecho que, como individuos, no nos estaría ya permitido decidir qué es lo que consideramos como marginal.

La autoridad directora de toda la actividad económica intervendría no sólo la parte de nuestras vidas que afecta a las cosas inferiores: intervendría en la asignación de los medios limitados con que contamos para todas nuestras finalidades. Y quien controla toda la vida económica, controla los medios para todos nuestros fines y, por consiguiente, decide cuáles de estos han de ser satisfechos y cuáles no. Esta es realmente la cuestión crucial.”

Y eso es exactamente lo que ha sucedido en Venezuela.

Al ir empeorando la situación económica, los residentes perdieron el control de sus propias vidas. Dado que ahora la electricidad escasea, el gobierno controla la determinación de hacia dónde dirigir su uso. Pero, esto no significa simplemente que los residentes se quedarán en sus hogares en la oscuridad. Significa que también las empresas tendrían que cerrar, algunas veces sin información previa.

Un vendedor se refirió a su frustración al tratar de usar una tarjeta de débito de consumo para pagar. Dado que todo el país está sujeto a una pérdida de energía cuando el estado lo considera necesario, la electricidad se fue en el momento en que él trataba de procesar el pago. Por supuesto, no pudo hacer la transacción, que resultó en una pérdida de dinero y en que el consumidor no pudiera obtener lo que necesitaba.

Sin libertad para trabajar, no hay posibilidades de obtener dinero y de lograr alguna prosperidad económica.
Pero no es allí adonde termina el caos.
CONTROLANDO LAS VIDAS ECONÓMICAS

La comida y los productos básicos, como el papel sanitario, no son los únicos cuyas ofertas escasean; esos también están bajo control del estado. Aquellos que quieren adquirir estos ítems deben levantarse mucho antes de que salga el sol y pasar en largas filas. Mientras esperan en esas colas, estos “consumidores,” si es que todavía se les puede llamar así, caen presas fáciles de los ladrones.

Se ha hecho frecuente que matones y otros con propósitos maliciosos, intenten apuntarles con pistolas a las personas y robarle cualquier riqueza que aún tengan. El año pasado un hombre fue asesinado cuando hacía fila, al intentar guardar su teléfono celular.

Entre tanto, mientras yacía agonizando, la fila no se deshizo, porque perder su lugar en la cola, incluso para asistir a un herido, significa que usted no podría alimentar a su familia. Pero, esperar en esas filas no significa que usted recibirá lo que necesita, o lo que el estado piensa que usted necesita. En muchas ocasiones, los venezolanos pasan el día entero haciendo fila, sólo para descubrir que el almacén se ha quedado completamente sin suministros.

Para los ciudadanos frustrados que quieren cambiar las cosas o que, al menos, se escuche su opinión, la libertad de expresión casi que ha sido diezmada. Cualquier oposición verbal contra el estado y usted puede encontrarse en una celda de una cárcel, en donde usted ya no es capaz de ayudar a nadie.

Esta catástrofe incluso se ha extendido a los hospitales. Dado que la electricidad y el agua son escasas, los hospitales no han podido esterilizar el equipo e incluso lavar las sábanas llenas de sangre de las salas de operaciones. Las tasas de mortalidad infantil se han disparado, debido a que los niños que nacen en esas condiciones insalubres y sin acceso a alimentos, tienen muy bajas posibilidades de supervivencia.

Y no obstante lo horrorosos que pueden parecer estos ejemplos, la situación empeora diariamente, al continuar las personas siendo despojadas de sus derechos y de su habilidad para escoger.

Entre tanto, el presidente Maduro continúa alabando al socialismo y demonizando al capitalismo de libre mercado. Incluso ha dicho que “Venezuela debe profundizar su socialismo para mejorar la economía.” Hasta se ha negado a recibir ayuda externa de caridades alineadas con países capitalistas.

Pero, por supuesto, el propio Maduro no está sufriendo lo que sufre su pueblo. Poco antes de la muerte de Castro, gastó cientos de miles de dólares en una extravagante fiesta de cumpleaños, en celebración de uno de los dictadores más crueles de la historia moderna.

Como dice Hayek, “Y quien controla toda la vida económica, controla los medios para todos nuestros fines y, por consiguiente, decide cuáles de estos han de ser satisfechos y cuáles no.” Y Maduro no está satisfaciendo otros fines más que los propios.

LOS MERCADOS LIBRES SON UNA LIBERACIÓN

Muchos, que caen como presas del concepto de una economía planeada, creen que ella liberará a los individuos de la tarea mundana de tener que escoger. Olvidan así que, lo que en primer lugar nos hace libres, es nuestro derecho escoger.

“Nuestra libertad de elección en una sociedad en régimen de competencia se funda en que, si una persona rehúsa la satisfacción de nuestros deseos, podemos volvernos a otra… Y si un camino para la consecución de nuestros fines nos resulta demasiado caro, tenemos libertad para intentar otros caminos.” Lo dice con aptitud Hayek. Y está en lo correcto. En Venezuela los ciudadanos simplemente no pueden escoger comprar papel sanitario de un diferente vendedor, en vez de tener que esperar en una fila.

Cuando el gobierno tomó el control tras la tragedia económica, el poder de escoger le fue dado al estado. Y al estado no le importa qué marca de papel sanitario usa usted y qué precio hace que usted se sienta confortable pagándolo. No le importa qué medicina es vital para que usted funcione. Escoge basado en su propio conjunto de escalas de valores generales, en donde todo mundo es igual, simplemente porque todos se quedan igualmente insatisfechos.

Y casi no hay nada que la gente pueda hacer al respecto, haciendo que la situación empeore mucho más, porque, tal como afirma Hayek,“Nada hace que las condiciones sean más insoportables, que el conocimiento de que ningún esfuerzo de uno puede cambiarlas.”

Lo que es peor, es que los proponentes del socialismo alaban esa carencia de escogimiento como liberadora. Ahora que el estado ha decidido, cuándo, dónde y a qué costo algo puede ser comprado, los individuos han sido liberados de esa pesada carga. Hayek describe este tipo de personas al decir que:

“Pero pocos desean verse descargados de la misma, si es de manera que otros decidan por ellos. Lo que la gente desea es que no haga falta elección alguna. Y está demasiado inclinada a creer que la elección no es realmente necesaria, que únicamente le es impuesta por el sistema económico particular bajo el cual vivimos. Lo que en realidad la irrita es que exista un problema económico.”

Y eso es exactamente lo que aconteció en Venezuela: un problema económico devastador. Y este problema fue usado como vehículo para suprimir la libertad y la elección del individuo, en nombre de una economía planificada.

Para aquellos a quienes aún les gusta creer que los factores económicos están separados de la libertad individual, dice Hayek:

“Los valores económicos son menos importantes para nosotros que muchas otras cosas, precisamente porque en las cuestiones económicas tenemos libertad para decidir qué es para nosotros lo más y qué lo menos importante.”

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