A favor del vendedor ambulante en Colombia: una triste realidad

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Desde chiquito veo que las alcaldías están en contra del vendedor ambulante en Colombia, ¿Política de Estado? Bueno,​ ​solo ​es ​un efecto indeseado de la Constitución del 91. Mientras las alcaldías tratan de cumplir la “Carta Magna” al mantener libres de “obstáculos” los espacios públicos, la misma constitución le da ventajas a esos “obstáculos” para que sigan vendiendo en la calle. Sí, para el gobierno local estas personas son “obstáculos” tal cual bolardos de Peñalosa.

En las calles de Cali, Armenia o Barranquilla no hay protagonista más incomprendido que el vendedor ambulante o “informal”, que es la nueva etiqueta que usan académicos modernos para llamarles. Aunque dentro de esa categoría de “informal” cabe más gente de la que el regulador (policy maker) pretende agrupar.

A los vendedores ambulantes en Colombia se les acusa de cochinos, indecorosos, poco higiénicos, desordenados y hasta se les llega a catalogar como delincuentes. Sí, es un trato muy despectivo. Parece que los policy makers no tienen idea del porqué surgen estos “fenómenos” en la economía “informal”. Como no tienen idea de las causas de estos “problemas”, tratan de solucionarlos con ESMAD, garrote, bolillo, macana o cárcel.

La Paz no ha llegado a los idilios de las administraciones de las ciudades con los vendedores ambulantes, ya que siempre han sido relaciones beligerantes. Nos toca reconocer lo que vemos en los periódicos y las noticias regionales: al vendedor ambulante en Colombia le toca maltrato cuando tratan de reubicarlos para asegurar el sano disfrute del espacio “público”. Siempre es la “autoridad” quien los destierra de las calles… pero el vendedor siempre vuelve.

El Policy Maker mediocre no comprende que la “economía informal” es la que realmente ofrece una solución inmediata a las insatisfacciones de la gente más necesitada y no tan preparada. La gente “pobre” no es tonta, ya que sabe que debe salir a brindar soluciones a los demás para así suplir las de ellos mientras ayudan al prójimo, todo esto en ese mercado desregulado al que llamamos economía “informal”. El ejecutivo necesita al vendedor ambulante más de lo que necesita al burócrata sentado en el Centro Administrativo Municipal.

El estudiante que saca buenas notas en la universidad que lo adoctrina, piensa que la solución a todo “mal” siempre es regular desde el Estado, desde la municipalidad… No sabe que así pavimenta el camino al socialismo. Nunca el policy maker y buen estudiante de su universidad, propondrá una solución ausente de toda influencia Estatal para que sea ejecutada por los vecinos de su ciudad: las soluciones del buen estudiante siempre son represivas al aprovecharse del aparato coercitivo por excelencia: El Estado.

¿Los vendedores ambulantes necesitan reglas claras para operar sus negocios? Claro, la única regla clara que deben tener en cuenta es servir lo mejor y más barato que puedan a sus conciudadanos. Los problemas inherentes a la propiedad colectiva del espacio público no es asunto de ellos. Mandarle ESMAD a los ambulantes no es la solución… ¡la Propiedad Privada es la solución!

Sí, uno puede emitir juicios​ ​
de valor cuando se ve una aglutinación pululante de vendedores ambulantes en la Plaza de Cayzedo de Cali o en el centro de Armenia, pero antes de señalar una solución, se deben determinar las verdaderas causas…​ ​por lo tanto, concesionar Centros comerciales para reubicar vendedores es solo un caldo de cultivo de elefantes blancos. El vendedor está en el andén porque ahí está su cliente.​

Ya sea mediante Foodtrucks o guacales llenos de zapotes, las soluciones que nos brindan los vendedores ambulantes son superiores a las de cualquier burócrata municipal.

Lamento esa política desacertada de represión por parte de las alcaldías, pero ellos tienen que hacer su trabajo: hacer cumplir lo que ordena la Constitución. ¿Cuál es el nuestro? Cambiar esa constitución neoliberal que no es ni socialista ni capitalista, cambiar ese híbrido intervencionista que brinda espacios para que el oportunismo pueda sacar provecho, degenerando en corrupción.

Entonces, ¿qué hacemos con los vendedores ambulantes de Colombia? Laissez faire laissez passer.

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