Veganismo: el sesgo ideológico a la hora de comer.

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What the health: la lógica absurda Del veganismo extremista

 

Todo comienza con un cliché estereotípico de un hombre plagado de dudas con respecto a sus enfermedades, y sin saberlo se decide embarcar en una osada aventura investigativa. Descubre muchas cosas turbias alrededor de la industria de los alimentos de origen animal, estudios sesgados y demás, y al final tiene una revelación extraordinaria: que el único camino para librarse de todo este círculo vicioso es aceptar una dieta completamente vegana. En resumidas cuentas, es todo a lo que lleva este documental en esencia. Y es, valga decirlo, su mayor crimen capital.

Al ver el documental, he de admitir que algunas premisas las asumí como válidas, pero no caí en la trampa tan obviamente montada por los documentalistas, que a base del amarillismo más burdo e inmoral intentan convencer a la gente de que el camino es el veganismo. Aun contrastando con la evidencia científicamente demostrada y profundizando en otras conclusiones, se puede desarmar todas y cada una de las premisas dispuestas por Kip Anderson, el productor del documental quien se presenta como ese ingenuo hombre del común lleno de terribles dudas y miedos sobre lo que comemos. Aunque maneja algunas verdades que son admisibles, su extremismo con respecto a la influencia de las grasas de origen animal como causa de varias enfermedades, la omisión grave del rol del azúcar en el desarrollo de la diabetes y así mismo las omisiones que se hacen con respecto a los inconvenientes de llevar una dieta estrictamente vegana hacen del documental un simple filme panfletario que se derrumba con la evidencia existente, los estudios y todas las investigaciones en el campo médico que existen al respecto sobre el veganismo, y que a la luz de la evidencia no lo favorecen tanto. Sin embargo, analizar el documental no bastaría pues hay que profundizar más en la cuestión que importa, en el propósito que está oculto por los promotores del veganismo más intransigente y en como este hace parte del mismo objetivo de los planificadores centrales del socialismo (por más irrisorio y absurdo que suene).

Algunas cuestiones de salud sobre las dietas veganas.

 

Partamos de una premisa esencial: el ser humano es una especie omnívora, es decir, puede alimentarse tanto de verduras, frutas, carne y lácteos. La base de una alimentación balanceada está en saber equilibrar las fuentes de alimentación entre proteínas (de origen animal o vegetal), carbohidratos (frecuente encontrarlo en cereales y tubérculos), vitaminas (pueden encontrarse en fuentes vegetales o animales), grasas no-saturadas (omega 3, 6 y 9, presentes en pescado y aceites vegetales como el de oliva) y por ultimo elementos como el hierro, sodio, potasio, magnesio, calcio, zinc entre otros (frutas, verduras, leche, frutos secos, granos y otros). Cualquier nutricionista o dietista con una formación profesional establecida, e incluso los especialistas en el campo de la gastronomía y la cocina saben toda esta información. Teniendo conocimiento de ello, y también sabiendo las limitaciones existentes de cada organismo (como lo pueden ser la gastritis, intolerancia a la lactosa, al gluten, alergias a diferentes tipos de alimentos, enfermedades preexistentes y reflujo) se toman las pautas para diseñar una dieta acorde a las necesidades calórico/energéticas de cada persona. En cuanto a lo que se refiere a las dietas libres de proteína animal podemos distinguir tres grandes grupos:

Dietas Ovolactovegetarianas: este grupo de dietas eliminan la carne animal (tanto blancas como rojas, así mismo pescado y mariscos) pero mantienen los productos derivados de la leche, la leche misma y los huevos de gallina.

Dietas veganas: eliminan completamente todo producto derivado de los animales sin ninguna excepcionalidad.

Dietas crudiveganas: Aparte de eliminar los productos de origen animal, consumen los productos vegetales sin cocinar, solamente con lavado previo.

En profundidad, entre estos tres grandes grupos de dietas, el de las dietas veganas es el que va a tener nuestra atención tanto nutricional como cultural y política, dadas las implicaciones que ya está empezando a tomar la expansión del veganismo en la cultura, los usos, costumbres y la cocina de la sociedad. Por lo general, el vegetarianismo siempre ha existido y siempre ha habido una marcada tendencia muy religiosa y ética en diferentes religiones (como lo es el caso del hinduismo, el budismo, el tao y otras confesiones religiosas de extremo oriente). Sin embargo, el veganismo es mucho más reciente, más precisamente de los años 50 y 60 en donde los movimientos alternativos y contraculturales al querer diferenciarse de los vegetarianos tradicionales que aun mantenían el consumo de productos de origen animal deciden montar tolda aparte y autonombrarse veganos. Definida esta cuestión el veganismo en si también está ligado a los movimientos por la liberación animal que surgen en esta época (aunque hay precedentes en el siglo XIX, especialmente en Inglaterra, debido a la controversia del perro marrón, punto de inicio del movimiento contra la crueldad animal) y además ligado a varias corrientes religiosas de new age como lo son los Hare Krishna. Nada que ver con la parte nutricional o dietética, a decir verdad, todo tiene una base cultural.

Diferentes estudios médicos y clínicos han demostrado que las personas que tienen una dieta vegana estricta, tienen serias deficiencias nutricionales como lo son la deficiencia de vitamina B12 (solo presente en la proteína animal), hierro, calcio, grasas no-saturadas como lo son las omega 3, entre otras. Por lo general se tendría que recurrir a sustitutos artificiales de estas mismas vitaminas, o al uso de suplementos en pastillas para poder suplir las carencias nutricionales existentes. Otro hecho ignorado es la acumulación de Lecitinas derivadas de los granos y frutos secos, estas contribuyen al aumento de la grasa corporal y a empeorar cuadros existentes de diabetes tipo I y II. Los azucares como la fructuosa y la sacarosa también hacen su parte, pudiendo incluso contribuir en el mismo origen de la diabetes y aun peor, la inmunidad a la insulina. Aun así hay diferentes médicos como los doctores Neal Barnard, Garth Davis y Joel Kahn que afirman totalmente lo contrario de una manera abiertamente peligrosa y todo hay que decirlo: faltante a la ética médica que dicen representar. Obviamente, estos aparecen en el documental de Anderson ya previamente citado, y también relacionado con otro documental igual de carente de rigidez científica como lo es cowspiracy, colgado en la plataforma de series por internet de Netflix. ¿A que juegan entonces estos doctores? Lo único que sé es que faltan a su propia ética y deberían de ser señalados como charlatanes que atentan contra la salud pública.

Siguiendo con otro punto, está también la diabetes. El consumo de vegetales y fruta ha aumentado en USA durante los últimos 30 años un 30%, mientras que el consumo de proteína de origen animal ha caído un drástico 50%, entre el cual la caída más severa se refleja en la leche entera. Esto explicaría incluso el aumento de la obesidad mórbida y la diabetes en un grueso de la población americana (aunque también contribuye en ello la dieta de comida chatarra y abundante en azúcares del norteamericano promedio). La ironía está en que es desde el gobierno norteamericano en donde se promueve con mayor fuerza una dieta basada en vegetales y plantas, e incluso en 2015 se sugirió retirar todas las proteínas de origen animal diciendo que “No son saludables”. Ahora bien, nadie niega que exista una colusión entre la gran industria alimenticia y el estado norteamericano, y que muchas de las prácticas de ganadería intensiva bajo encierro también son peligrosas a la salud pública (muchos recomiendan volver al ganado de pastoreo, el cual tiene un impacto positivo en el medio ambiente, además de que la proteína de ganado de pastoreo es más sana que la de ganado bajo encierro) y tampoco se niega el impacto negativo de la comida chatarra de las grandes cadenas de fast food como son McDonald’s, Pizza Hut y otros. Pero la cuestión de fondo, como libertarios que somos no es de pretender regular… sino de elegir sabiamente y con toda libertad como nos alimentamos. No hay necesidad de recurrir a ordenes o a decretos del estado que definan como debemos alimentarnos sanamente (basta solamente con el criterio de un nutricionista bien informado y bien formado, que no tenga sesgos ideológicos encima). Nosotros, como individuos decidimos como alimentarnos, de qué forma nos alimentamos, y como lo vamos a hacer.

Veganismo, liberación animal y socialismo moderno: un plato no-comestible.

 

Si el entrante es pesado, el plato fuerte lo es aún más. Ya sabemos la cuestión de fondo, los peligros que implica seguir una dieta estrictamente vegana, las carencias nutricionales y los riesgos que pueden conllevarla. Obviamente, muchos podrán seguir con la convicción ciega de que están en lo correcto, que lo hacen por evitar el sufrimiento de los animales, por razones religiosas o simplemente suponiendo que lo hacen por “salud”. Pero una cosa es la elección personal de cada individuo que opta por esta alternativa, así sea perjudicial para su bienestar, y otra querer imponer una agenda explícitamente dictatorial sobre nuestra mesa.  Y aquí entra la cuestión que atañe… y que a muchos no les parecerá tan extraña, a otros sí, pero que sin embargo existe y empieza a salir a la luz como un fenómeno bastante particular de nuestros tiempos: el maridaje entre el veganismo, los movimientos marxistas y la liberación animal.

Primero hay que entender un hecho: durante muchos años, la carne era un lujo reservado a las grandes aristocracias, a los terratenientes y a todo aquel que pudiera disponer de ganado. Los pobres, se tenían que conformar con una dieta basada en legumbres, verdura, fruta y pan. Si corrian con suerte de conseguirse una gallina o dos, se proveían de sus huevos. Si tenían una vaca, eso sí era una gran fortuna. La carne se podía conseguir, pero a altos precios y conservada en sal o especias, y aun con el riesgo de que estuviera podrida. Comer de manera sana tiempos atrás era prácticamente un lujo. Aun así el comercio libre, el capitalismo ayudó a paliar estas situaciones de carencia, a través del comercio y el intercambio todos se proveyeron de lo que necesitasen: perecederos, frutas, verduras, carnes, embutidos, quesos, leche y huevos siempre estaban disponibles en las plazas de mercado, a precio de venta de acuerdo a las leyes naturales del mismo. Luego, el desarrollo de la tecnología de conservación al vacío, del mejoramiento de técnicas de conservación e incluso la aparición de la refrigeración, más las innovaciones en la ganadería y la agricultura aumentaron el abastecimiento y por ende, mejoraron las condiciones de vida de muchos. El capitalismo, así lo quieran negar los socialistas, nos ha alimentado y nos sigue alimentando. Y ello incluso lo evidenciamos en la gastronomía, en la cocina. Capitalismo y gastronomía han sido siempre un matrimonio íntimo, sólido y eterno. La libertad comienza desde nuestras mesas. Y cuando nos quitan el alimento, nos quitan también la libertad.

Y es aquí, en donde entra el veganismo como un componente más en la escalada del progresismo por controlar nuestras vidas. No es tan explícito como lo puede ser la “ideología de género”, pero sin embargo es igual de riesgoso porque ya compromete nuestra propia salud física. Cuando un régimen socialista se implanta, lo primero en escasear es la comida y todos lo hemos sabido bien. Los suministros son controlados, se frenan los mercados, se confiscan cosechas o ganados y se “reparten” de manera igualitaria. Se pretende planificar lo espontaneo de una manera brutal, incluso los precios. Todo se dispara… la carne es la primera en desaparecer de la alacena. Luego los granos. Después la fruta, la verdura fresca… cuando ya nos damos cuenta, no hay ni una migaja de pan para alimentarse. Es la crueldad del hambre, del socialismo asesino y vil que nos arrebata lo más básico que es comer. Sin embargo, viene la perversidad del asunto: el enseñar a la masa bruta, al pueblo de que la carne es mala, de que una vida sana se adecua a alimentarse de verduras y frutas nada más, y vaya cosas la promoción del vegetarianismo siempre encontró suelo fértil en muchos países socialistas, inclusive en la unión soviética en donde se promovía con bastante ahínco. “La carne es un lujo burgués y capitalista” se solía decir.

La liberación animal, los movimientos en contra de la crueldad contra los animales encontraron aliados bastante interesantes entre los militantes socialistas: la lucha no solo era de clases, sino que era una lucha entre especies. “somos la voz de los que no tienen voz”. Es aquí en donde la liberación animal y el socialismo van de la mano con el mismo propósito que busca el veganismo, el control y el sometimiento de la sociedad en completo. Sin embargo, no hablo del veganismo como convicción ética sino del veganismo explícitamente ideológico, basado en premisas científicas peligrosas, el cual ha tenido un auge poco menos que insólito en estos últimos años. What the health, el documental de Kip Anderson es muestra de ello. De que el progresismo no tiene descanso, y no repara incluso en meterse en el acto más elemental de nuestras vidas que es comer. Y aun peor, definir cuál es la forma correcta de “alimentarse sanamente”, exponiendo la vida y la integridad de muchas personas. Valga recordar el caso de una escaladora que murió en el Everest demostrando que los veganos pueden hacer actividades de alto rendimiento (no, no pueden aunque existan deportistas veganos, estos deben de suplir sus deficiencias con dietas altas en carbohidratos y suplementos vitamínicos) como lo es la escalada. O incluso padres veganos que imponen dietas estrictamente veganas a sus hijos, matándolos (hay varios casos documentados, el más dramático el de una bebe recién nacida en Francia muerta de desnutrición porque la leche materna de su madre no tenía los nutrientes esenciales para su desarrollo) o incluso el absurdo más patético de pretender imponer una dieta vegana a sus mascotas (un caso especialmente documentado en Australia de una mujer que mató de desnutrición a su gato al alimentarlo con una dieta vegana, cuando los gatos son carnívoros). La esquizofrenia vegana es tal, que creen incluso que las especies carnívoras deben también de cambiar a una dieta vegana y de ello hay referencias.

 

La lucha por la libertad comienza desde la cocina.

 

Muchos libertarios que conozco quedaron perplejos cuando decidí entrar a gastronomía en vez de alguna carrera humanística o de derecho. Sin embargo, entendí que la cocina y la lucha por la libertad están íntimamente ligadas, así como lo están la cocina y el capitalismo. No hay más grande expresión del capitalismo que la alacena llena de productos para poder cocinar y comer, e incluso los socialistas lo reconocen: asocian al capitalismo siempre como un hombre orondo, de barriga ancha, ahíto de satisfacción, con una mesa abundante de platillos, viandas y postres. Eso mismo lo he venido entendiendo más que nunca, en las clases prácticas con mis profesores de cocina, en el día a día y en mis propias motivaciones. Y así mismo lo quiero reflejar con ustedes. Ahora bien: muchos consideran que la lucha cultural debe de partir desde lo que es la cuestión del género, de lo político, de lo económico. Si, considero que es importante, pero hemos desdeñado otro campo en el cual nos están tomando ventaja: en el de la alimentación.

Los progresistas están queriendo de manera explícita redefinir conceptos claros sobre lo que es saludable y lo que no, la dieta que debemos seguir y como seguirla, ignorando las evidencias que hay al respecto. De que importará el género, de que importará la ideología, de que importará la cultura si no cumplimos con nuestras exigencias nutricionales, si no nos alimentamos de una manera sana y correcta, haciendo a un lado las estupideces posmodernas que quieren imponer los justicieros sociales. Es una agenda explicita que ignora todo alegato científico, es una escalada silenciosa que se mete con lo más importante que es nuestra salud, y nadie ha dicho nada al respecto: se concentran en cuestiones que a la larga, son secundarias, olvidándonos de lo esencial que es el acto de comer y alimentarnos sanamente. No nos damos cuenta de la batalla que está delante de nosotros. El progresismo va por todo. Y hasta incluso, va por lo que estemos poniendo en nuestros platos.

La lucha por la libertad, no solo es en el campo de la academia. Sino en la cocina. Si no defendemos esto, lo habremos perdido absolutamente todo.

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Editor y colaborador Mises Colombia

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

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