Uribe, Samper Ospina y el arte de la prudencia

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Cuídate de los chismosos. Hay mucha gente vulgar cuyas cabeza, ojos y lengua están al servicio de la malicia y el descrédito. Son voces que manchan el prestigio y la reputación. Cuando lleguen a ti, dales el puntapié del indiferente desaire.

                Baltasar Gracián, el arte de la prudencia.

 

No hay tema más controversial que la libertad de prensa. Una anécdota de nuestra historia es la de Rafael Núñez estallando en rabia al ver que en un periódico bogotano se había atrevido a satirizar a su esposa, Soledad Román, con una caricatura de connotaciones racistas. Núñez, quien para ese momento  era presidente del senado y cabeza de la oposición al presidente Zaldúa tomó un revolver y con una furia demente dijo “a ese periodista yo mismo lo mato”. Su propia esposa consiguió persuadirlo. La razón de este acceso de ira fue sencillamente la que en ese entonces había sido recientemente proclamada ley de libertad de prensa, única ley que se logró admitir en el senado por parte del presidente Francisco Javier Zaldúa, quien moriría meses después de una neumonía mal asistida en su despacho del palacio de San Carlos (a la sazón sede del ejecutivo). ¿La razón de esta anécdota? Es sencilla. La libertad de prensa siempre ha sido una cosa que ha molestado a los poderosos, pero como toda libertad siempre se ha abusado de ella.

En los últimos días ha estallado una tormenta mediática por los trinos del ex presidente Álvaro Uribe Vélez en donde acusaba a Daniel Samper Ospina de violador de niños después de que este escribiera su típica columna en la revista semana burlándose de manera insidiosa de Paloma Valencia y su hija recién nacida. Obviamente, la ola de indignación por este hecho no se hizo esperar tanto de parte de la propia columna de Samper como de la reacción de Uribe. Daniel Samper Ospina no es que sea el mejor ejemplo de honestidad periodística (es mas, es uno de los más lamentables y patéticos ejemplos de periodismo colombiano, siempre tendiente a la sátira obsoleta) sin embargo hay que actuar con plena consecuencia del hecho de que él es libre de comportarse como un idiota  y de escribir sus propias estupideces. Sin embargo, debe de asumir la responsabilidad por sus palabras y sus columnas. Se le ha dado franca libertad a los idiotas de su clase para opinar, para expresarse libremente y eso aunque está bien moral y éticamente, no es que sea lo más correcto. Los imprudentes por su propia cuenta caen por la inercia de su lengua y su incontinente charlatanería para atacar con saña a cualquier persona que pueda ser presa de su sevicia.

No es extraño en Samper: ha atacado siempre al uribismo y a sus defensores, y a todo lo que no coincida con sus principios “liberales”; o mejor dicho, socialdemócratas. Está en todo su derecho, y eso se sabe. Nadie le niega a Samper Ospina el hecho de que pueda y quiera expresarse libremente, y eso es una cosa que no puede controvertirse… pero la realdad es que cuando alguien se atreve a responderle con la misma moneda, o incluso con un golpe aún más fuerte (como las acusaciones de Uribe a Samper tratándolo de violador de niños, traducción, pederasta) no es capaz de asumir sus consecuencias, se escuda en la libertad de expresión para hacerse el ofendido y como si no tuviéramos suficiente pretende usar la fuerza coercitiva del estado para silenciar las críticas en su contra. Es el dulce resquemor de la paradoja del periodista que ejerce su poder de censor en contra de aquellos a quien ha atacado, indiferente de la posición política que tomen. Y es paradójico que se resguarden en el principio de la libertad de prensa para poder abusar de ella sin ningún tipo de vergüenza. Han corrompido el concepto de libertad de prensa a tal punto que creen tener patente de corso para decir y atacar sin ninguna vergüenza a todo aquel que no comulgue con sus ideas políticas. No es un fenómeno ajeno a Colombia: sucede en todo el mundo.

Uribe no es el mejor ejemplo que digamos para hablar de libre expresión o libertades. Como todo jefe de estado cometió abusos, y abusos que son en esencia imperdonables, la historia deberá de juzgar cada una de sus acciones. Sin embargo muchos periodistas creen falsamente ser dueños de la verdad, la honra, la reputación de una persona y se creen con el derecho de poner en la picota pública sin esperar consecuencias. Por ello inicié con la cruda anécdota de Núñez: aun sabiendo que lo que representaba en su tiempo Rafael Núñez (uno de los presidentes más perversos del siglo XIX, quien cimentó las bases del actual sistema político) cualquiera puede entender su reacción poco menos que natural al ver que comprometían su propia reputación.  Toda libertad conlleva una responsabilidad consigo mismo y con los otros, y especialmente en asuntos concernientes a lo que se diga o se escribe, y aún más cuando se es figura pública.

Aunque al parecer, a Samper Ospina poco o nada le importa tal cosa. Abusa de los espacios que tiene para despotricar a sus anchas y con sesgos odiosos a todos los contradictores del progresismo y de sus perversos ideales con un humor patético, rastrero, sacado de los cabellos y con genialidad casi nula. Se burla de la indiferencia política de los adultos, de los jóvenes que no le responden a sus obsoletas ideas, de las personas que tienen principios morales conservadores, se burla de la religiosidad de la gente. Sin embargo hace oídos sordos ante los excesos del progresismo, ante los abusos de los luchadores de la igualdad y la tolerancia siendo en extremo complaciente con ellos y pontificando falsamente sobre una honestidad de la que carece. Y así, cínicamente reclama un respeto que nunca ha merecido y que nunca merecerá puesto que ha oficiado como el eterno bufón de la extrema izquierda colombiana a través de sus columnas  y espacios en donde solo mantiene vivas las mentiras y falacias de sus ideales, y a la vez, y vaya que ironía esto, mantiene vigentes a sus contradictores.

En conclusión, hay que decir las cosas de manera cruda y tajante. Daniel Samper Ospina no se ha ganado gratuitamente el desprecio de Uribe, solo porque sea su contradictor político. A fin de cuentas, la mayoría de los periodistas colombianos aborrecen de una u otra forma a Uribe, y durante el tiempo en el ejerció la presidencia siempre existieron garantías plenas para que muchos periodistas pudieran hablar a sus anchas contra el mismo mandatario por la repulsa que les representaba el hecho de que Uribe sostuviera ideas contrarias a su conveniencia. Se han atascado y solo se fijan en todo lo que haya hecho o no haya hecho Uribe fomentando de manera irresponsable esa misma división de la que se dicen lamentar. Todo ese periodismo hipócrita, falsario, embustero en sí mismo no se da cuenta de lo que están causando. Al final, ellos mismos se están lanzando la soga al cuello junto con todo ese minoritario sector de niños pedantes de extrema izquierda que aborrecen al colombiano del común, que aborrecen su sencillez, que aborrecen por sobremanera toda esa idiosincrasia cultural y moral que representa la sociedad colombiana.

Ahora, el hecho principal es este. El hecho de que se reproche la actuacion detestable de Samper Ospina no justifica que se este alineado con el pensamiento o doctrina política de Uribe. Ello es bastante lejano a la realidad. Ambos representan dos formas de ver el mundo que ya están en el pasado, que son obsoletas, que son detestables en gran medida. Samper Ospina es aborrecible por representar a esa vieja oligarquía socialdemócrata que intenta mantenerse infructuosamente, ignorando el cambio de los tiempos. Uribe es simplemente un político oportunista que se aprovecha de la ineptitud de sus enemigos para mantenerse vivo. No hay mucha diferencia entre ambas partes, no se puede defender o justificar a un par de hombres que solo han sabido mantener disputas agrias en la sociedad, acentuando mas las propias divisiones existentes solo para mantener su conveniente juego.

A estos dos, hay que decirles basta y que se callen sin mas.

Editor y colaborador Mises Colombia | + posts

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

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