Miguel Roldan octubre 23, 2018

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En el ensayo anterior vimos cuál era el método distintivo que tenía Ayn Rand de abordar las ideas.

Ese método era el de la integración, es decir, de conectar las ideas con la totalidad de la realidad, de buscar las relaciones necesarias que existen entre las ideas y de las ideas con los hechos, de forma que en la mente exista una suma no contradictoria, un todo interconectado en virtud de relaciones necesarias.

Ayn Rand no solamente identificaba una idea, ella buscaba su conexión con otras ideas, ella no dejaba que los concretos permanecieran diseminados y sin ninguna relación ni tampoco permitía que sus abstracciones estuviesen desligadas de la realidad, buscaba una unidad fundamental entre ideas y hechos, entre abstracciones y percepciones, entre razón y emoción.

Fruto de ello fue la elaboración de un sistema filosófico. Un sistema filosófico es de acuerdo con Ayn Rand, una visión integrada de la existencia.

Esa visión integrada de la existencia, no obstante, ha de comenzar con una serie de fundamentos, de verdades primarias que son la base que hace posible construir una unidad o un todo cognitivo, unos fundamentos sobre los que descansa la validez de todas las ideas.

Esos fundamentos son parte de la rama de la filosofía conocida como Metafísica, o como la llamó Aristóteles: la filosofía primera, la ciencia de los primeros principios, o la ciencia que estudia el ser en tanto que ser.

Ayn Rand la definió como la rama de la filosofía que estudia la existencia como tal.

Es decir, la rama de la filosofía que estudia la naturaleza y los principios fundamentales de la existencia, de la realidad como un todo.

Siendo así, es natural que las más amplias integraciones que son a su vez la base para las ulteriores menores integraciones, se encuentren y sean provincia de la metafísica.

La metafísica Objetivista comienza advirtiendo que el principio fundamental, el axioma primario que hace posible todo conocimiento es: La existencia existe y sólo la existencia existe.

Empezamos por ende, admitiendo el hecho básico de la Existencia, de la realidad. Todo lo demás que conozcamos presupone que conocemos cosas que existen, todo sea desde el conocimiento rudimentario que tiene un bebe desde su primera percepción al nacer, hasta el conocimiento más avanzado que puede adquirir un científico o un filósofo, presupone un hecho singular: Que algo existe. Que todo tipo de cosas existen. Que las cosas son reales: Que la existencia existe y sólo la existencia existe.

Ese principio fue formulado en el siglo VI A.c., por el filósofo griego Parménides de Elea: Lo que es: es, y lo que no es: no es. Lo que es, es necesario que sea. Lo que no es, es imposible que sea.

Dos siglos más tarde, en el siglo IV A.c., Aristóteles formuló explícitamente el concepto de identidad, Las cosas son lo que son.

El segundo axioma de la realidad es que las cosas que existen son lo que son, tienen una naturaleza específica: una identidad.

El gran aporte de Ayn Rand, es darse cuenta de que metafísicamente el hecho de que las cosas existan y tengan una naturaleza específica, no son dos hechos separados, sino el mismo hecho visto conceptualmente desde dos perspectivas distintas por el hombre.

De ahí ella formuló el siguiente principio metafísico: Existencia es identidad. Ser es ser algo con una naturaleza específica.

De forma tal que todo lo que existe lo hace en virtud de tener una naturaleza específica, y tener una naturaleza específica es existir, es existir es poseer identidad, poseer una naturaleza que diferencia cada existente de los demás existentes.

Este principio puede ser visto desde una perspectiva singular que nos da cuenta de la maestría con que Rand integraba mentalmente los hechos de la realidad.

Existencia es identidad, implica que todo lo que existe son cosas específicas, cosas susceptibles de ser percibidas, y por tanto, que no existe tal cosa como Una realidad aparte de la totalidad de las cosas que existen.

Esto que puede parecer banal, no lo es en absoluto, es enteramente revolucionario, porque acaba con estériles callejones sin salida de la filosofía occidental en los 2000 años anteriores a la existencia de Ayn Rand.

Supone demoler de raíz la idea platónica mencionada en el diálogo Parménides o De las ideas, a saber, la existencia de un Uno absoluto.

Platón nos dice que debe existir un Uno absoluto que es necesario, El ser primario como tal aparte de la cosas que existen, ese Ser será Uno y por tanto existirá como Ser necesario en tanto no sea semejante a nada, pero tampoco sea diferente a nada, que sea semejante y a la vez desemejante, y que no sea ni semejante ni desemejante, que tampoco sea limitado al tratar de identificarlo. En otras palabras Un ser inefable, sin identidad, más allá de todo límite concebible e imaginable.

Si Lo uno fuese semejante a otra cosa, ya no sería el Uno, pues existirían dos cosas semejantes y no podrían ser únicas, si el Uno es diferente a las cosas y semejante a sí mismo, ya no sería Uno, pues al declarar la semejanza consigo mismo, ya hay dos cosas, el Uno y él mismo con el que se compara,  y por tanto serían Dos, ya no lo concebimos como el Uno en sentido estricto.

Pero también el Uno al ser desemejante a otras cosas, implicaría que esas otras cosas tendrían relación con lo Uno, si bien negativa o de oposición pero por tanto formarían parte de lo Uno aún siendo diferentes de lo Uno.

Y el Uno tampoco puede ser nombrado pues al nombrarlo ya tenemos que la palabra que lo nombra es diferente de lo Uno en sí, y no obstante es lo que se refiere a lo Uno, por tanto, el Uno no puede ser semejante a otras cosas, ni semejante a sí mismo, ni tampoco diferente a otras cosas ni diferente a sí mismo, y no puede tampoco ser nombrado y decir que lo nombrado es el Uno, ya que entonces no sería lo Único, en otras palabras, el Uno no puede tener identidad ni tampoco ser identificado en modo alguno.

Esta idea del Parménides de Platón dio lugar en la tradición cristiana al Ser necesario, siendo el Dios cristiano, el equivalente al Uno platónico. El Ser que es absolutamente Uno, único, del que derivan todos los demás seres contingentes e imperfectos pero que no son él mismo.

La consecuencia fue desligar el estudio de los principios fundamentales de la realidad, de la naturaleza y sobre todo de las cosas que realmente existen y percibimos.

Ayn Rand al señalar que Existencia es identidad. Está indicando que sólo existen las cosas específicas que existen en el mundo, y el concepto de Existencia no es sino una abstracción, un aislar mentalmente fundamentos metafísicos o un hecho primario de la realidad, el hecho de que las cosas que percibimos existen y tienen la naturaleza que tienen y existen poseyendo esa naturaleza.

Por tanto, hablar de una realidad o una existencia aparte, en contra, o trascendiendo las cosas que existen, es diametralmente absurdo e ininteligible.

Hablamos de existencia para referirnos implícitamente a todas Las cosas que existen, han existido o existirán con independencia de si conocemos su existencia y su naturaleza o no la conocemos en absoluto.

Esa es la primera gran integración que efectúa Ayn Rand, la perspectiva de ver la Existencia como una totalidad integrada de las cosas que existen y son lo que son, rechazando por tanto siglos de misticismo platónico- religioso, de ver las abstracciones como si fuesen parte de la realidad exterior al hombre e incluso más reales que los concretos que percibimos, y en consecuencia la existencia de dos realidades escindidas, un mundo sobrenatural, inmaterial e inefable, y el mundo semi- ilusorio de los concretos de la naturaleza que percibimos.

La importancia de reconocer el hecho de que sólo los concretos existen y la existencia no es sino la totalidad de las cosas que existen y que tienen una naturaleza específica, veremos que se refleja en su epistemología, al mostrar que los conceptos son integraciones mentales de los concretos, es decir, una unidad hecha posible por cierto proceso mental que subsume una amplia gama de concretos, y veremos que implicaciones tienen para la ética y la política también.

El segundo gran logro de la metafísica de Ayn Rand es identificar la verdadera naturaleza de la consciencia humana que  igualmente es un axioma filosófico, junto con el principio de que la Existencia existe y que las cosas tienen una naturaleza específica o identidad.

La consciencia es consciente. La consciencia es la facultad de percibir lo que existe. O como lo expresó Ayn Rand: Consciencia es identificación.

La función de la consciencia no es crear la realidad, ni tampoco es ponernos en contacto con otro mundo aparte del que existe y percibimos, sino que la consciencia es un atributo de los seres vivos, y en el hombre su consciencia conceptual tiene la función de identificar conceptualmente la realidad que existe, de percibir las cosas que existen en la naturaleza.

La consciencia no es un elemento extraño que provenga de otro mundo escindido de este, sino que es un atributo del hombre como ser vivo, es parte de su naturaleza y parte de la naturaleza en general.

La función de la consciencia es percibir la realidad.Es identificar la identidad de las cosas que existen.

Ayn Rand por tanto rechaza de raíz dos visiones metafísicas opuestas que han sido defendidas en la historia de la filosofía: el idealismo y el materialismo:

El idealismo sostiene que la consciencia crea la realidad, una consciencia sea divina como en la visión religiosa, crea la materia por propia voluntad, o la visión moderna kantiana, la estructura de la consciencia crea el objeto que percibimos y las leyes de la naturaleza son sólo creaciones de la estructura de la mente, permaneciendo desconocida la existencia del mundo exterior, de la realidad tal como es.

O como dice Ayn Rand, la consciencia sin existencia, la consciencia como un primario autosuficiente, y siendo la existencia un derivado dependiente de la primera.

La otra visión más en boga en el mundo moderno, es el materialismo, la creencia de que todo lo que existe es material, que la materia es todo lo que existe, y la consciencia no es sino un reflejo de la materia o un proceso material, es decir, la existencia sin consciencia.

Esta visión defendida por Demócrito, Hobbes, Marx, William James o Skinner, niega la existencia de la consciencia, sosteniendo que todo lo que existe es reductible a átomos de materia, o bien que el hombre es una bestia mecánica, o que la consciencia o las ideas no son un reflejo de las condiciones de producción, o bien que el hombre es movido por estímulos o fuerzas externas del entorno que refuerzan o reprimen ciertos comportamientos en favor de otros.

Lo que tienen en común ambas visiones es la creencia de que la consciencia es opuesta a la naturaleza, de que la consciencia o bien es sobrenatural o emana de lo sobrenatural, (aunque sea implícitamente como en la visión subjetivista moderna kantiana) o no existe en absoluto y es una ilusión provocada por ciertas reacciones físico- químicas en el cuerpo del hombre, o de fuerzas o condiciones económicas o estímulos reforzadores o aversores etc.

La consciencia y la existencia son dos reinos enfrentados, opuestos o fragmentados o problemáticamente vinculados.

Ayn Rand acaba de raíz con esa dicotomía entre existencia y consciencia, reconociendo que la consciencia es parte de la existencia, que tiene una naturaleza específica, a saber: ser el atributo del hombre como ser conceptual para percibir la realidad, la única realidad que existe, esta realidad natural que percibimos y del cual forma parte la consciencia.

Con ello, Ayn Rand integra existencia y consciencia. Una integración que se creía no sólo imposible, sino inconcebible antes de Ayn Rand.

Una vez reconocida que La existencia existe, las cosas son lo que son y existen poseyendo una naturaleza específica que conocemos por medio de la consciencia, reconocemos que la existencia es independiente de la consciencia, el principio de primacía de la existencia que es el producto de reconocer que la consciencia es parte de la naturaleza y por tanto forma parte de la misma y está sometida a sus leyes, la consciencia no puede alterar los hechos de la realidad, y ese es el principio de primacía de la existencia.

Aquí hay que observar la precisión intelectual de la gran filósofa aristotélica norteamericana de origen ruso, ella dice que La existencia tiene primacía y es independiente de la consciencia, la Existencia, no la materia.

El principio no es primacía de la materia, sino primacía de la existencia.

Decir primacía de la materia o que la materia es independiente de la consciencia, podría dar lugar a sostener que de algún modo la consciencia puede actuar azarosamente, que no está sujeta a las leyes de la naturaleza.
Primacía de la materia implicaría o aceptar el materialismo y negar la existencia de la consciencia o considerarla como un mero producto o subproducto material o bien indicar sólo que el mundo exterior es independiente pero la consciencia también lo es.

En cambio, sostener el principio de primacía de la existencia, implica reconocer que la consciencia es parte de la existencia, que tiene una naturaleza distintiva y específica que no depende de la voluntad de nadie y que en su funcionamiento tiene que conformarse a lo que ella es por naturaleza.

La primacía de la existencia es posible por reconocer otro principio que rige en la realidad: la ley de causalidad.

También aquí Ayn Rand exhibe su gran capacidad de integración, pues es la genial filósofa ruso- estadounidense la primera que logra validar el principio de la ley de causalidad y ponerlo a cubierto de los ataques que ha recibido a lo largo de la historia de la filosofía, siendo el más destacado, el ataque perpetrado por David Hume.

En efecto, David Hume sostuvo que no podemos conocer con certeza si existe una relación necesaria entre un fenómeno observable y alguna causa que lo provoque o haya de provocar necesariamente, todo lo más que podemos hacer es observar que sucede algo y sucede repetidamente de la misma forma una y otra vez, y ciertos factores están implicados, pero no podemos nunca presuponer que en el futuro serán esos factores los que provoquen el fenómeno, sólo podemos suponer que sucederá en base a verlo repetidamente en el pasado, pero siempre pudiendo suceder las cosas de otro modo.

Ver el sol salir cada mañana, no garantiza que saldrá la mañana siguiente. Ver caer una manzana de un árbol 1 millón de veces no garantizará que siga cayendo.

Ayn Rand demuestra que la ley de causalidad es un corolario o una consecuencia necesaria de afirmar la ley de identidad.

En efecto si las cosas son lo que son y tienen una naturaleza específica, una identidad, entonces actúan de acuerdo con su naturaleza y por tanto, dan lugar a una serie de fenómenos específicos y no otros.

Entonces que las entidades actúan de acuerdo con su naturaleza, es el principio o ley de causalidad, un corolario de la identidad, negarlo, significaría que las entidades, que los existentes, no tienen una naturaleza específica, sino que podrían actuar caprichosamente o al azar.

Asimismo, la validez de la ley de causalidad ilustra la integración que existe entre la consciencia y la existencia, de ser la existencia parte de la consciencia, como hemos dicho de la validez del principio de primacía de la existencia.

La negación de la ley de causalidad nos lleva a la visión animista de los salvajes, según la cual cada fenómeno de la naturaleza es único y sin precedentes, cada fenómeno se comporta así debido a que es movido por un determinado espíritu a capricho.

El reconocimiento de que la realidad es un todo integrado regido por leyes absolutas, en las cosas tienen una identidad específica implica que se comporten de acuerdo con su específica naturaleza, siendo el universo estable y cognoscible.

Finalmente, una destacada muestra de la mente integradora de Ayn Rand es la revolucionaria solución que dio al problema de la libertad frente a la causalidad, o tradicionalmente llamado del libre albedrío frente al determinismo.

La solución al problema del libre albedrío de Ayn Rand representa un punto de inflexión en la historia de la filosofía, y es producto del reconocimiento de la naturaleza específica distintiva del hombre como un ser conceptual.

Los idealistas sostuvieron que el la consciencia del hombre era libre debido a su origen sobrenatural, la consciencia recibía la libertad de la voluntad soberana de Dios, la consciencia trascendiendo los límites de la materia, decían los religiosos, era una consecuencia de la gracia y bondad infinita de Dios que había querido hacer al hombre a su imagen y semejanza otorgándole responsabilidad por sus propias acciones.

Los materialistas en cambio, aceptando la visión religiosa de la consciencia y sus consecuencias a la hora de estimar la libertad o no del ser humano para actuar y responsabilizarse de sus acciones, negaron que el hombre poseyera voluntad, y por ende, que las acciones humanas están determinadas por fuerzas ciegas más allá de su control, es decir, abogaron por el determinismo o fatalismo, sobre la base de sostener que la consciencia es sólo un reflejo de condiciones materiales.

Algunos idealistas de origen religioso defendieron el determinismo sobre la base de que la voluntad omnipotente y omnisciente de Dios manejaba a sus criaturas y que el hombre estaba predestinado a salvarse o a condenarse por mera gracia de Dios con independencia de sus acciones en la Tierra.

Sea cual sea el caso, el problema del libre albedrío permaneció oscurecido hasta la llegada de Ayn Rand.

La solución distintiva de Rand al problema del libre albedrío es una consecuencia de su concepción de la consciencia.

Si la consciencia tiene una naturaleza específica y distintiva, y si la  ley de causalidad implica que cada entidad actúa de acuerdo con su naturaleza, entonces, no hay nada en la naturaleza de la causalidad que implique una oposición al libre albedrío.

Una entidad actúa de acuerdo con su naturaleza. El hombre como entidad actúa de acuerdo a su naturaleza. Nada hay en este hecho, que necesariamente implique que las acciones del hombre estén determinadas por fuerzas no sujetas a su control, es decir, nada hay que implique determinismo en la sujeción del hombre a la ley de causalidad tal y como la concibe el Objetivismo de Ayn Rand.

El hombre se da cuenta de que tiene control sobre su propia consciencia por introspección, siendo su elección primaria la de enfocar activamente su consciencia o dejarla a la deriva, una decisión que todo hombre toma y puede tomar, y ahí radica la base de su voluntad, el hombre controla su propia consciencia.

En el hecho de que el hombre puede darse cuenta de que tiene la capacidad de percibir cosas, está implícito como corolario que está en bajo el control de sus procesos conscientes, que sus procesos son activa y voluntariamente sostenidos, es decir, que el hombre tiene libre voluntad.

La tesis determinista de hecho implica negar que el hombre sea consciente en absoluto, él sería un mero objeto movido o producto de fuerzas externas, sea Dios, fuerzas mecánicas de la naturaleza, glándulas, reacciones físico- químicas, factores materiales de producción etc., pero no sería un ser que poseyera consciencia.

La distinción entre consciencia y existencia que el hombre puede hacer, y en cambio ningún animal poseedor de consciencia pude efectuar, implica reconocer que la voluntad es producto de poseer una facultad racional.

La tesis determinista comete la falacia que identificó Ayn Rand por primera vez llamándola concepto robado, es decir, usar un concepto mientras se niegan las raíces genéticas que lo hacen posible.

Un determinista afirma que el hombre está determinado por fuerzas más allá de su control, que es una ilusión la creencia de que somos libres y podemos tomar decisiones y estar en control de nuestra consciencia.

En efecto afirma que todas nuestras acciones son inevitables, que no podemos evitar lo que hacemos, pero al afirmar eso, está ya aceptando la existencia de la consciencia, tiene que aceptarla en el proceso de negarla, pues en efecto, ¿Cómo es posible el concepto de inevitabilidad sin saber previamente que existen acciones o cosas evitables, es decir, que pudieron ser evitadas mediante un acto de voluntad?

El determinista incurre en una contradicción flagrante cuando afirma la necesidad de todas nuestras acciones y al mismo tiempo lo hace estando consciente, de hecho saber que uno es consciente, es saber que uno tiene el poder de manejar su consciencia, es decir, el poder de la voluntad o del libre albedrío.

Negarlo es de hecho equivalente a afirmar conscientemente que uno es inconsciente.

Ayn Rand al formular su concepción distintiva de la ley de causalidad como un corolario de la ley de identidad, al sostener que todas las cosas incluida la consciencia tienen una naturaleza específica, al defender que la consciencia es la facultad de percibir la realidad y no de crearla, y al mostrar la naturaleza axiomática y por tanto autoevidente del hecho de que poseemos consciencia, Ayn Rand muestra además que el hombre tiene voluntad.

Y más aún, la facultad de la voluntad es de acuerdo con el Objetivismo una de las condiciones de una consciencia como la del hombre, es decir, de una consciencia conceptual, una consciencia que conoce la realidad por medio de integraciones mentales de los datos percibidos por los sentidos, es decir, por medio de conceptos, y todos estos hechos aparecen interconectados, interrelacionados formando una visión integrada de la existencia y de la relación entre la consciencia del hombre y la existencia.

Siendo la facultad conceptual un producto de la capacidad activa y libre del hombre de integrar los datos percibidos por los sentidos, es posible una epistemología racional pero eso será un tema que analizaremos con detalle en el próximo ensayo que se ocupa de la epistemología objetivista.

 

(Continuará)

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