Una desventaja “injusta” no es excusa para el proteccionismo

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Una historia reciente del Wall Street Journal (recent Wall Street Journal story) reporta que una temporada de cultivo más larga de los agricultores mexicanos es vista como causa de dumping (dumping) y que un Acuerdo del Libre Comercio de América del Norte por renegociar, podría dar lugar a una compensación por esta ventaja comparativa de México:

“A pesar de ello, los agricultores estadounidenses se quejan de que sus rivales mexicanos disfrutan de ventajas injustas, que incluyen mano de obra agrícola de un menor costo, subsidios estatales y una temporada de un año completo para el cultivo, lo cual les permiten verter bayas baratas al mercado de los Estados Unidos, al traslaparse las dos temporadas de cosechas a fines de la primavera.”

Tal vez la interpretación del reportero o del editor fue un poco desordenada (el reportero no respondió mi consulta respecto a quién estaba citando exactamente). Pero observe cómo, en forma similar, los agricultores franceses se quejan de la ventaja injusta del clima que tienen los competidores españoles (French farmers complain against the unfair weather advantage of their Spanish competitors):

“Los vinicultores y agricultores franceses lanzaron cerca de dos toneladas de melocotones y nectarinas al frente del consulado español… para denunciar la competencia española, considerada como “injusta.” …Para [un vocero de los agricultores], “se necesita una solución europea.”

Es difícil de creerlo si usted no lo ha visto con sus propios ojos, pero la inteligencia económica es incluso menos común en Francia que en los Estados Unidos. Esto es un poco alarmante después de doscientos años, cuando el economista francés Frédéric Bastiat (Frédéric Bastiat) escribió su petición de los fabricantes de candelas (petition of candle makers) quienes estaban en desventaja por la competencia del sol. “Si una naranja de Lisboa se vende por la mitad del precio de una naranja en París, se debe al calor natural del sol,” lo hizo notar Bastiat.

En La Riqueza de las Naciones (The Wealth of Nations), Adam Smith (Adam Smith) defendió la importación de vino aun si “en Escocia podían plantarse muchas viñas y obtenerse muy buenos vinos por medio de cubiertas o vidrieras, paredes defensivas y otros sistema de conservación.” Tal como él lo explicó, la producción doméstica “saldría treinta veces más caro que aquel que de la misma calidad puede obtenerse de otro país.” O, pidiendo prestado un ejemplo de William Taussig (William Taussig), con medios similares se podrían cultivar muy buenas piñas en Maine [en la fría costa noreste de los Estados Unidos].
LA VENTAJA COMPARATIVA

La geografía, el clima y otras condiciones naturales crean ventajas comparativas (comparative advantage) en el comercio. Excepto si uno es un asceta, no es racional producir por uno mismo lo que alguien más puede producir más barato en otro clima.

Sin embargo -y aquí hay un pequeño desafío- la distinción entre condiciones “naturales” y “artificiales” no es tan clara como alguien lo podría pensar. Algunas condiciones geográficas pueden ser cambiadas por la empresariedad humana o por la intervención gubernamental. Si los invernaderos han sido construidos con un subsidio gubernamental y si su costo no es recuperable, ¿no representan ellos ahora una ventaja comparativa?

Se puede construir estaciones para esquiar y nieve artificial, posiblemente con subsidios del gobierno. La gente ignorante puede ser instruida, aun en las escuelas públicas. Es más, algún fenómeno trasciende la distinción entre lo natural y lo artificial; esto es, fenómenos tales como el lenguaje, la cultura y la moral (ver capítulo 1 del volumen 1 del libro de Friedrich Hayek (Friedrich Hayek), Derecho, legislación y libertad (Law, Legislation and Liberty)).

La pregunta es ¿qué características del mundo cuentan para la ventaja comparativa? La fuerte ética de trabajo de los suizos y el uso del inglés por los canadienses, ayudan a determinar su ventaja comparativa. Las economías de escala benefician a los productores que han llegado para servir a un mercado grande.

También, las instituciones de mercado y una política favorable hacia la empresa (Market institutions and a political system favorable to enterprise) ayudan a determinar la ventaja comparativa. Pero, ¿no es que también los subsidios del gobierno chino y otra asistencia a las empresas chinas determinan asimismo la ventaja comparativa de esa nación? Similarmente, ¿no son los subsidios que el fabricante de aviones Bombardier obtuvo de los gobiernos canadienses y de Quebec, parte ahora de la ventaja comparativa de esa empresa?

Tales interrogantes están relacionadas con un argumento importante formulado por Paul Krugman (Paul Krugman) en un artículo (an article) que luego publicó en el Journal of Economic Literature (“What Should Trade Negotiators Negotiate About?” 35-3: 113-120). Krugman asevera que las regulaciones gubernamentales y los impuestos son parte del panorama de la ventaja comparativa; aquellas varían los precios relativos, pero el comercio parte -y se le debería dejar que proceda- desde ese punto.
LA INTERVENCIÓN NO NIEGA LOS BENEFICIOS DEL COMERCIO

Este concepto comprensivo de ventaja comparativa no invalida los argumentos contra regulaciones, impuestos o subsidios ineficientes o inmorales. Podemos desear (a menudo en contra de Krugman) que esas medidas no existan en nuestro propio país, y tratar de persuadir a los extranjeros de que tampoco ellos deberían estar sujetos a ellas. Pero, no extinguen la ventaja comparativa ni niegan todos los beneficios derivados del comercio.

Tal vez con la excepción de casos extremos (in extreme cases) (por ejemplo, comerciar bienes robados, o con bienes fabricados con mano de obra esclava), las intervenciones del gobierno extranjero no justifican que otro gobierno prohíba a sus propios ciudadanos que comercien con los extranjeros regulados o subsidiados. Uno puede desear que sus socios comerciales sean más libres y, por tanto, más productivos y ricos, pero, permanece siendo beneficioso comerciar con ellos, incluso si no es tanto como lo sería en un mundo ideal, en donde todas las personas fueran perfectamente libres.

Como lo sugiere Krugman, esta visión amplia de la ventaja comparativa reconcilia al libre comercio con la descentralización política a nivel mundial. Es beneficioso y posible tener ambas.

Por una parte, la descentralización política es necesaria para preservar la libertad y la experimentación, al contrario de lo que sería con un gobierno mundial. Diferentes personas pueden tener distintos conjuntos de regulaciones, incluyendo una menor regulación. No hay necesidad de imponer estándares o una armonización regulatoria en los acuerdos de “libre comercio” (“free trade” agreements). Por otra parte, se preservan los beneficios del libre comercio, porque la ventaja comparativa continúa existiendo aun con la intervención, si bien con algunas distorsiones. Las distorsiones introducidas por un gobierno mundial monopolista ciertamente sería peores.

Esta línea de argumentación apoya la idea de que el libre comercio (free trade) unilateral es beneficioso: va en el interés de (la mayoría) de los residentes de un país ser libres para importar voluntariamente, cualesquiera sean los obstáculos que otros gobiernos nacionales imponen sobre sus propios ciudadanos o súbditos.

Reimpreso de Library of Economics and Liberty


NOTA DEL TRADUCTOR: Para utilizar los ligámenes de las fuentes del artículo, entre paréntesis, con letra en roja y subrayada, si es de su interés puede verlo en https://fee.org/articles/unfair-adva…protectionism/

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