Una abortista defensora de los derechos del niño:

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En Argentina el progresismo ha calado hondo en las instituciones estatales: Cargos públicos, propaganda rentada, organismos del Estado o acaparamiento de universidades públicas, entre otros. Por supuesto que financiado con el dinero de las arcas públicas. Ninguno de estos movimientos emplea recursos propios para llevar a cabo su ideario ideológico, aunque, grandes sectores de la población estén en contra del oportunismo y el fraude de los sectores ideologizados en el empleo de los recursos del Estado.

Por estos días se conoció la noticia que la abogada Marisa Graham será la primera Defensora de Niños, Niñas y Adolescentes, tras 14 años de haberse creado el cargo. La hipocresía nuevamente se manifiesta, en este caso, en un puesto del Estado. Marisa Graham públicamente se manifestó a favor del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. Pero contrariamente la Ley N° 23.849 que ratifica La Convención de los Derechos del Niño, adquiriendo jerarquía constitucional, entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad.

Es un sin sentido que el nuevo cargo lo ocupe alguien que está en contra de la vida desde la concepción, que además, tiene protección legal de rango constitucional. Argentina es un país donde sobreabundan las leyes y donde no se respetan en lo más mínimo. Seguir con esta tendencia es un peligro, ya que, el Estado debe ser garante del respeto y el cumplimiento de las mismas. Pero contrariamente prevalece una cosmovisión ideológica, es decir, se crean organismos, como cargos públicos y se sancionan leyes de acuerdo al catecismo ideológico que impera en nuestros tiempos, aunque, sean estas “contra legem o contrarias a la ley”.

En suma es un deber por parte de los ciudadanos que pertenecen al sano orden social, denunciar los actos emanados del Estado, que contradigan no solamente las leyes y su espíritu, sino, todo orden moral, que sin duda, es una palabra vetada por nuestros días por parte de los sectores progresistas, para instaurar el totalitarismo (disfrazado de institucionalidad) sobre el resto.

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