Un impuesto a los súper ricos nos haría más pobres a todos

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Aunque el impuesto a la riqueza se redactó teniendo en mente a los pobres, su aprobación les causaría mayor daño que beneficio.

El senador de Vermont, Bernie Sanders, quiere acabar con los millonarios a base de impuestos o, al menos, convertirlos en una especie en peligro de extinción. Dice él que su propuesta de impuesto a la riqueza de hasta un 8 por ciento anual, significaría que “la riqueza de los multimillonarios se reduciría a la mitad en 15 años.”

El impuesto progresivo empezaría con un 1 por ciento sobre la riqueza que se conserve superior a los $32 millones, creciendo a un 2 por ciento cuando es superior a los $50 millones, alcanzando la tasa máxima de 8 por ciento sobre la riqueza que exceda a $10 miles de millones. Lo que aún queda, puede gravarse de nuevo el año siguiente y así cada año después, hasta que se acabe.

Suponga, para fines de argumentación que usted no tiene un problema ético con gravar por segunda vez a una riqueza que ya ha sido gravada. Y dejemos de lado el tema de si los multimillonarios simplemente dejarían su riqueza sobre la mesa, para que Sanders la tome, en vez de salir volando a países con gobiernos menos ambiciosos. Postulemos, para propósito de la argumentación, que el impuesto logra sus objetivos.

Entonces, la pregunta se convierte en si ¿sería eso beneficioso para los trabajadores pobres a los que Sanders les está apelando? ¿Los dejaría mejor o peor?

LA RIQUEZA NETA NO ES LO QUE USTED PIENSA

El fundador de Amazon, Jeff Bezos, tiene una riqueza neta valorada en $109 miles de millones, según Bloomberg. Si usted piensa que puede conseguir una morada decente con $1 millón, entonces, parecería que usted podría comprar 109.000 casas lujosas. ¿Necesita alguien tanta riqueza? ¿No sería mejor acudir hacia gente que la necesita más? ¿Cómo es que dejar esa riqueza corporativa en manos privadas ayuda a la persona promedio? Esta es la forma simplista en que Sanders quiere que usted piense acerca de la situación. Pero, en su totalidad esa no es una reflexión veraz acerca de la situación.

En tiempos feudales precapitalistas, la riqueza era adquirida mediante la conquista y la subyugación. El Duque en el castillo estaba allí porque su grupo militar era el más fuerte, habiendo derrotado a la banda previa de saqueadores, quienes derrotaron a todos los demás en el área. Un castillo del Duque puede ser saqueado por el ejército de otro Duque, pero la riqueza de la persona común y corriente sería la misma, si bien con un nuevo amo.

En dicho sistema, casi toda la producción era en beneficio del rico “hombre fuerte.” Las telas finas eran hechas a la medida del Duque. El herrero les puso las herraduras a los caballos del Duque, el ebanista fabricó los muebles del Duque, etcétera. Para todos los demás, virtualmente nada se producía, excepto para su subsistencia mísera. No era posible “lograr hacerse” rico en dicha sociedad ̶ no había un proceso pacífico por el cual eso podía ocurrir.

A Sanders y a muchos otros les gustaría ver al mundo bajo ese paradigma. Pero, no es así como funciona una economía de mercado.
Ciertamente, el rico todavía aprecia sus muebles de lujo y sus ropas finas ̶ y usted puede ganarse una vida modesta como ebanista o como sastre. Pero, usted no llega a enriquecerse a partir de esas actividades. En una economía de mercado usted se convierte en un multimillonario al producir bienes para millones o incluso miles de millones de personas.

La gente que empezó a Amazon, Google, Walmart, Apple, Microsoft y Disney se enriquecieron por su nivel sin paralelo de servicio a las masas. Ellos fueron “votados para ser ricos” por medio de elecciones voluntarias de millones de personas.

Amazon es una de las más asombrosas máquinas reductoras de pobreza y de expansión de los estándares de vida que el mundo jamás haya visto. Literalmente hace que los pobres sean menos pobres, al ofrecerles bienes y servicios a precios que ellos pueden pagar. (Sin mencionar las oportunidades que Amazon crea, al empoderar y estimular a empresarios para que empiecen nuevos negocios secundarios con un costo inicial bajo.)

EL PROBLEMA CON UN IMPUESTO A LA RIQUEZA

Estoy seguro de que Bezos tienen algunas casas lindas (también Sanders) y otros artículos lujosos que harían alucinar a nuestras mentes. Pero, no una riqueza de $109 miles de millones. La mayor parte de la riqueza de gente como Bezos consiste de acciones en las empresas que ellos empezaron, que inicialmente tenían un valor de cero. Son las valoraciones recientes de otras personas por esas acciones en el mercado de valores que estamos cotizando. Las cifras vienen de multiplicar el último grupo de acciones intercambiadas, por el número total de acciones poseídas ̶ no de alguna oferta realista de comprar toda la empresa.

Normalmente, alguien como Bezos no mantiene $8 miles de millones bajo el colchón para gastarlos, en caso de que el Tío Sam los pida. Para poder tener ese dinero, él tendría que vender algo de las acciones de su compañía y, probablemente mucho más que un valor de $8 mil millones de riqueza, en términos del valor actual. Pero, ¿quién los compraría? Cuando usted creíblemente amenaza con confiscar riqueza, pueden caer las valoraciones. Eso sin mencionar el hecho de que todos los otros multimillonarios (al menos los de Estados Unidos) estarían en el mismo predicamento, siendo forzados a vender porciones grandes de sus propias acciones.

Tal vez, durante las rondas iniciales del impuesto, pueda haber algunos inversionistas pequeños, lo suficientemente pequeños como para no ser cubiertos por el impuesto. Pero, si esos accionistas pensaron que podrían desempeñar un papel mejor en el manejo de esas empresas, podrían hoy mismo adquirir esas acciones en el mercado abierto. Pero, al no hacerlo en un mercado sin coerciones, están indicando que se sienten menos competentes que los dueños actuales.

Así que, conforme avanza el tiempo, sería poco posible que se empezaran nuevas Amazones o Apples, y que las firmas existentes serían puestas en manos incluso menos capaces, inclusive con valoraciones más bajas cuando el impuesto sobre la riqueza concreta su camino desde multimillonarios a millonarios.

Sanders tendría ya sea un impuesto sobre un pastel vastamente disminuido o tendría que pedir a inversionistas extranjeros que compren las empresas estadounidenses, o, con mayor posibilidad, simplemente confiscaría directamente las acciones y nacionalizaría las empresas. Poco tiempo después, esas compañías terminarían siendo propiedad mayoritaria del estado ̶ un genuino “multi-multi-millonario.”

¿QUIÉN ESTÁ MEJOR CAPACITADO PARA MANEJAR UNA EMPRESA?

Pero, tal vez usted está de acuerdo con Sanders en que los multimillonarios no deberían existir, por lo que eso aún valdría la pena, independientemente de cuánto impuesto se recaude. La pregunta clave es, ¿desempeñaría el estado un papel mejor administrando esas empresas, que los empresarios que las empezaron o los inversionistas que pueden haber comprado voluntariamente acciones en ellas?

Esta es una pregunta importante, pues estas compañías fueron iniciadas para suplir de bienes y servicios a las masas, así que son la clase pobre y la media quienes sufrirán si ellas no operaran eficientemente. Pero ahora, en vez de ser administradas por multimillonarios competentes, productivos, orientados hacia el futuro, esas empresas serían administradas por una institución multi-multi-millonaria, incompetente, improductiva y orientada al plazo extremamente corto.

Un hombre de negocios multimillonario podría, si así lo quisiera, gastar su fortuna construyéndose estatuas de sí mismo. Pero, eso sólo sería una pérdida en la riqueza que ellos han adquirido por medio de rondas previas de servicio a los clientes. Rápidamente se darían cuenta de que eso no genera nuevos ingresos y, muy pronto, pararían, eligiendo, en vez de eso, invertir en formas que expanden los negocios sirviendo a todavía más gente. Hay un ciclo efectivo de retroalimentación para deshacerse de elecciones no productivas y recompensar a las productivas.

Pero, el estado, por su existencia integral, ha tenido el privilegio de ser capaz de confiscar por sí solo cualesquiera recursos que quiera y ordenar su uso en cualquier forma que lo gobernantes decidan. Puede escoger construir estatuas, pirámides, o lo que le venga en gana, ya sea que sirva o no las necesidades de los consumidores verdaderos. Ni tampoco tiene por qué preocuparse acerca de la competencia de nuevos entrantes que hagan un mejor trabajo; simplemente puede prohibirlos. Dado que nadie puede escoger ya sea comprometer recursos o bien comprar los bienes terminados, nos hay forma de saber si esos recursos se gastan sabia o pobremente.

Esto no significa que las personas en el gobierno no toman algunas buenas decisiones. Ellos tropezarán con algunas buenas en el curso del tiempo. Pero, la persona involucrada no asume cualesquiera consecuencias directas ante sus malas decisiones y tampoco se le compensa directamente por sus buenas decisiones. Tienen mecanismos menos eficientes para eliminar las malas decisiones y para duplicar esfuerzos en las buenas. Hay un incentivo mayor para que los administradores y los empleados hagan su trabajo más confortablemente y que demande menos, y hay menores consecuencias por dejar a los consumidores angustiados.

En resumen, un impuesto a la riqueza significa empresas propiedad del estado y una empresa propiedad del estado puede salirse con la suya siendo indiferente, autista y perezosa.

Si a usted le desagradan los multimillonarios productivos, usted debería sospechar 1000 veces más de los multi-multi-millonarios confiscatorios.


Traducción por Jorge Corrales.

Author profile
Mark Hornshaw

es conferencista en Economía, Empresariedad y Administración en la Universidad Notre Dame de Australia.

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