Tres mitos del socialismo desacreditados por la pesadilla venezolana

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Estos mitos acerca de la “grandeza” del socialismo simplemente no se mueren, incluso después de que millones de personas han muerto por él.

La historia brinda ejemplos interminables de déspotas despiadados que han gobernado bajo diversas ideologías colectivistas. Hitler, Mao, Stalin, Por Pot y -en la actualidad- Kim Jong-un y Nicolás Maduro, pueden haber mantenido diferentes nombres para sus ideologías colectivistas, pero han resultado en la muerte de innumerables millones de personas (millions of people) y en una miseria interminable para los sobrevivientes.

Alarmantemente, una mayoría de los mileniales preferirían vivir bajo el socialismo (would prefer to live under socialism) o el comunismo. Iliteratos y ahistóricos en lo económico, se adhieren a la fantasía de que, si las personas correctas llegan al poder, ellos vivirían en su utopía imaginada, en donde la sociedad sería ordenada de acuerdo con sus caprichos y deseos.

El reportero Anatoly Kurmanaev ha vivido y cubierto a Venezuela durante los últimos cinco años. Él describe su experiencia del colapso venezolano en un ensayo reciente escrito para el Wall Street Journal, “La Tragedia de Venezuela” (“The Tragedy of Venezuela.”)
Kurmanaev creció en Rusia en la década de 1990 y fue testigo de la “corrupción, la violencia y la degradación.” El colapso de Venezuela ha sido peor que el caos” que él experimentó en Rusia.

En mi ensayo para la Fundación para la Educación Económica, “El Camino Venezolano Hacia la Servidumbre Literal,” (Venezuela’s Road to Literal Serfdom”), cubro los engaños de la gente acerca del socialismo. A través de los ojos del reportaje de Kurmanaev, podemos explorar más allá los mitos acerca del socialismo que todavía son abrazados por muchos.
MITO 1: LOS COLECTIVISTAS SE INTERESAN MÁS POR LOS POBRES

Ninguna varita mágica puede vez alguna transformar las más maravillosas intenciones de los colectivistas en buenos resultados. Milton Friedman hizo la observación (observed) de que “El poder concentrado no se convierte en inofensivo por las buenas intenciones de aquellos que lo crearon.”

No podemos medir las intenciones, pero sí podemos ver los resultados. Los capitalistas han sacado de la pobreza (out of poverty) a miles de millones de personas, en tanto que los colectivistas han hecho que millones se mueran de hambre. La libertad enriquece; la fuerza empobrece. “Una sociedad que pone a la libertad en primer lugar,” escribió Friedman en Libre para Elegir (Free to Choose), “terminará, como un subproducto, tanto con mayor libertad como con mayor igualdad.”

En Venezuela, Kurmanaev observó cómo se ha disuelto la fachada de las buenas intenciones:

“Lo que más me impacto al llegar fue qué tan poco les preocupaba a los líderes socialistas siquiera las apariencias de igualdad. Ellos se presentaban a conferencias de prensa en los tugurios en caravanas de SUVs nuevos y blindados. Ellos aparecían en la televisión paseando por fábricas en ruinas, usando relojes Rolex y llevando bolsos de Chanel. Ellos trasladaban a los periodistas hacia decadentes campos petroleros manejados por el estado, en jets privados con dispensadores de papel higiénico dorados…

En Venezuela, vi a niños abandonando escuelas que habían dejado de servir comidas y maestros cambiar sus libros de clases por picos para trabajar en minas peligrosas. Vi fotografías de esqueletos de caballos en los campos de escuelas de veterinaria de universidades muy prestigiosas –matados y comidos debido a la carencia de alimentos.”

Reporta Kurmanaev, “[E]l así llamado gobierno socialista no hizo intento alguno para proteger [de recortes] al cuidado de la salud y la educación, los supuestos dos pilares de su programa.” Como si pudiera existir una forma benigna de socialismo, agrega Kurmanaev, “Eso no era socialismo. Era cleptocracia –el gobierno de los ladrones.”

No existe tal cosa como un socialismo benigno; es siempre “el gobierno de los ladrones violentos.” Hace notar Ilya Somin, profesor de derecho, que

“[E]l “hostigamiento de un hombre fuerte” y la “mala administración” son típicos de los estados socialistas alrededor del mundo. Las naciones escandinavas -algunas veces referidas como ejemplos de socialismo exitoso- en la realidad del todo no son socialistas, debido a que ellas no practican la propiedad gubernamental de los medios de producción y a que, en diversas formas, tienen mercados más libres que los de la mayoría de otras naciones occidentales.”

MITO 2: AQUELLOS CON BUENAS INTENCIONES RESUELVEN PROBLEMAS QUE LOS MERCADOS NO PUEDEN LOGRARLO

Obtenemos aquellos líderes que nuestras creencias han pedido. En Camino de Servidumbre, Hayek señala cómo la gente culpa “al sistema” por sus problemas y “desean liberarse de la elección amarga que a menudo la imponen los hechos concretos.” Ante eso “desea verse relevada de la penosa elección que la dura realidad impone a menudo.” Así, ellos “lo que desean es que no haga falta elección alguna, y están demasiado inclinados a creer que la elección no es realmente necesaria, que únicamente les está impuesta por el particular sistema económico bajo el cual [ellos] viven.”

En su libro The Essential Hayek [The Essential Hayek], el gran educador económico Don Boudreaux escribe:

“Si el gobierno permanece dedicado a proteger de lo malo del cambio económico a todos aquellos que claman por esa protección, los poderes del gobierno necesariamente se expandirán, hasta que poca libertad de acción se les deja a los individuos.”

Boudreaux explica cómo frenar el cambio crea pobreza:

“Desafortunadamente, debido a que el crecimiento económico es un cambio económico que requiere de un traslado temporal de recursos y de trabajadores de las viejas industrias que ya no son rentables, hacia nuevas industrias, la prevención de todas las declinaciones de los ingresos no pueden ayudar sino impedir al crecimiento económico. Entonces la economía se osifica, se hace estática y moribunda. De forma que la protección completa a todos los ciudadanos, en todo momento, del riesgo de una caída en los ingresos, significa no sólo ser gobernados por un gobierno inmensamente poderoso, virtualmente sin frenos a su discrecionalidad, sino, también, la erradicación de todos los prospectos de crecimiento económico. Inevitablemente, al final de este camino pavimentado con la buena intención de proteger de las pérdidas a todos los productores, yace no sólo la servidumbre sino también una pobreza extendida.”

¿Es poco serio afirmar que el mercado resolverá nuestros problemas? Boudreaux explica por qué (Boudreaux explains why), en vez de ser poco serios, aquellos quienes promueven el proceso de descubrimiento empresarial están ubicando a la sociedad en una supercarretera para aliviar las dificultades:

“’Dejar que el mercado lo maneje’ es rechazar una forma que sirve para todo, la regla centralizada de los expertos. Es el endoso de un acuerdo inconmensurablemente complejo para lidiar con el asunto a mano. Recomendar al mercado en vez de la intervención gubernamental es reconocer que nadie, ni siquiera el que recomienda, así como cualquier otro, es capaz de poseer la información y conocimiento suficientes para determinar, e incluso prever, cuáles métodos particulares son los mejores para resolver el problema.

De hecho, recomendar el mercado es recomendar que se deje a millones de personas creativas, cada una desde distintas perspectivas y con diferentes pedacitos de conocimiento e ideas, que cada cual voluntariamente contribuya con sus propias ideas y esfuerzos para lidiar con el problema. Es recomendar no una solución única, sino, en vez de ello, un proceso descentralizado que provoca que haya muchos experimentos que compiten entre sí y, descubrir de tal forma las soluciones que mejor funcionan bajo las circunstancias.”

Kurmanaev asistió a una actividad realizada por el Banco Central de Venezuela. Él esperaba aprender cómo el banco planeaba mejorar la economía. En vez de ello, a las 10 de la mañana, se encontró en medio de una fiesta en la playa, en la cual fluían el vodka y el ron. Nelson Merentes, cabeza del banco, estaba allí. Kurmanaev se encontró con Merentes “agitando las maracas y bailando con un grupo de jovencitas en tallados pantaloncitos de mezclilla.”

Una anécdota prueba muy poca cosa, pero, en Camino de Servidumbre, Friedrich Hayek muestra (Friedrich Hayek shows) por qué, bajo el colectivismo, “los peores se colocan a la cabeza” (worst get on top.)”

¿Qué mejor receta para el desastre podría uno desear? Los “peores” planificando las vidas de otras personas.
MITO 3: LA ECONOMÍA PROSPERA BAJO EL SOCIALISMO

Kurmanaev observa esto acerca de la economía venezolana:

“Para finales del 2018, se habrá encogido en un estimado del 35% desde el 2013, la contracción más fuerte en los 200 años de historia del país y la recesión más profunda de cualquier lugar del mundo, en décadas. Entre el 2014 y el 2017, la tasa de pobreza se elevó de un 48% a un 87%, de acuerdo con una encuesta llevada a cabo por las universidades más importantes del país. Casi nueve de cada 10 venezolanos no ganan lo suficiente como para satisfacer sus necesidades básicas. Los niños se mueren de desnutrición y de las escaseces de medicinas…

Caracas por mucho tiempo ha sido una ciudad peligrosa y, a la vez, vibrante, pero la crisis la ha transformado en un estudio de cine para zombis. Cuando me trasladé a mi vecindad del Chacao, en la parte este de la ciudad, las calles estaban llenas de puestos de comida, cafés y negocios manejados por inmigrantes portugueses, italianos y sirios. Grupos de jóvenes y viejos se la pasaban en las calles, tomando cerveza o conversando hasta la madrugada.

Ahora, al anochecer las calles de Chacao permanecen vacías. La mayoría de las luces de la calle ya no funcionan y la única gente que está afuera de sus casas después de la 8 de la noche, son muchachos escarbando entre bolsas de basura.”

Inicialmente, el socialismo parecía que produciría un almuerzo gratis.

“[L]os pobres obtuvieron casa y comida gratuita. Cada año, para viajar y hacer compras, la clase media obtuvo hasta $8.000 de asignaciones casi gratuitas mediante tarjetas de crédito. Y los ricos y los políticamente conectados sacaron hasta $30 miles de millones al año. de dólares fuertemente subsidiados por medio de compañías fantasmas.”

El profesor Boudreaux explica el colapso inevitable de una economía sin “derechos de propiedad privada, libertad de contratación, regla de la ley y soberanía del consumidor”:

“Indispensable para la creación, mantenimiento y crecimiento de una prosperidad difundida, es un sistema económico que utiliza los recursos escasos tan eficientemente como sea posible, para crear los bienes y servicios que satisfacen las demandas de los consumidores tanto como sea posible. En el grado en que un sistema económico estimula, o incluso permite, que los recursos sean desperdiciados, ese sistema falla en lograr el máximo posible de prosperidad. Si, digamos, grandes depósitos de petróleo que se encuentran bajo la superficie permanecen sin detectar, debido a que el sistema económico no recompensa adecuadamente el esfuerzo humano para encontrar y extraer tales depósitos, entonces, la gente se la pasará sin el combustible, los lubricantes, los plásticos, las medicinas y otros productos útiles que podían haber sido -pero no lo son- producidos a partir de este petróleo.”

A PARTIR DE LAS CENIZAS

Churchill estaba en lo correcto (Churchill had it right): “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia. Su virtud inherente es que comparte la miseria por igual, excepto para aquellos que manejan el gobierno.”

Kurmanaev reporta cómo el impacto del socialismo sobre la psique del venezolano es visible a todo su alrededor, “en la piel flácida de los vecinos, en los ojos parpadeantes de los conserjes y de los guardas de seguridad, en las peleas de los niños por apoderarse de los mangos de un árbol vecino.” Continúa él,

“Es profundamente deprimente observar a la gente que uno conoce, hacerse más delgada y desmoralizada día tras día, año tras año. Cuando miro hacia atrás, a mis cinco años en Venezuela, lo que hace que más me emocione no es cubrir huelgas, protestas violentas en las calles o pandillas armadas. Es el lento decaimiento de las personas que he encontrado cada día.”

A pesar de ello, Kurmanaev comparte esta historia que rompe el corazón, pero que es esperanzadora:

“Un día, vi a un demacrado trabajador de construcción de edad mediana en una vieja y golpeada motocicleta, acercarse a un muchacho que estaba escarbando en una bolsa de basura en la calle. El hombre le dijo, “¡Muchacho!” con un acento rasposo de clase trabajadora, abrió su desgastado salveque, sacó la única cosa que tenía adentro -un contenedor de plástico con pasta y frijoles- y se lo entregó al joven. Posiblemente era la única cosa que el trabajador tenía para comérsela como su cena.”

La historia de Kurmanaev me recordó de Viktor Frankl El Hombre en Busca de Sentido ( Man’s Search For Meaning). Frankl cuenta acerca de presos en un campo de concentración, quienes aún tenían el poder de “elegir su propio camino” al “regalar su último pedazo de pan.”
Frankl enseñó que siempre existe una elección por hacer. Los venezolanos parecen ser prisioneros de la cleptocracia de Maduro. La política de la envidia ha permitido su largo declive y sólo ellos tienen el poder para abandonar su mentalidad socialista. Al así hacerlo, saldrán de su pesadilla nacional.

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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