Todos aman a este libro, pero quién de verdad lo ha leído

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Nunca he completado la lectura de Camino de Servidumbre, de F.A. Hayek. Me siento completamente cómoda admitiéndolo. Aun así, como muchos que se ven intrigados por las ideas de Hayek, pero carecen de la fuerza de voluntad para leer el libro completo, siempre pongo en mi lista a Camino de Servidumbre, como una de las lecturas más influyentes.

Para estar claros, he leído unos pocos capítulos que me fueron asignados por mi simbólicamente libertario profesor de ciencias políticas. Asumí que había interpretado correctamente su mensaje. Los tres capítulos que leí estaban llenos de aspectos destacados y grandes citas acerca de la importancia del individuo. Pero, con todos los otros libros que hay allí afuera en el mundo, ¿por qué era tan importante terminar de leer este libro?

No fue sino hasta que mi mentor actual me preguntó acerca de mi incapacidad para leer completamente uno de los libros económicamente más relevantes de todos los tiempos, cuando me di cuenta de que me había privado a mí misma de una educación, al no terminar la lectura del importante trabajo de Hayek.

Como un asunto de orgullo para un miembro de la generación del milenio y como también quería recuperar el conocimiento que tontamente había alejado de mi persona como estudiante universitaria, decidí dedicar los siguientes dieciséis días tanto para leer como para bloguear acerca de Camino de Servidumbre.
EL INDIVIDUO CONSTRUYÓ AL MUNDO MODERNO

Tanto los defensores del capitalismo del laissez faire como los pensadores libertarios, constantemente lanzan a su alrededor la frase “camino de servidumbre.” Y, si bien la mayoría entiende su negatividad general hacia el socialismo, la frase está tan arraigada en el idioma de la libertad, que pocos, a menudo, se toman el tiempo para explorar verdaderamente lo que Hayek estaba tratando de decirnos.

En el capítulo inicial del libro, “El Camino Abandonado,” Hayek es claro en cuanto a que ese camino se refiere al rechazo “progresista” del individualismo en la sociedad. De mayor importancia, él continúa describiendo cómo este rechazo de la santidad del individuo tiene, y continúa teniendo, impactos negativos sobre la sociedad.

Durante un tiempo, el mundo occidental había florecido bajo los ideales del siglo XIX acerca del capitalismo de libre mercado. Por primera vez en la historia, a un individuo se le permitió proseguir su camino preferido, sin que el estatus de su nacimiento le frenara. Todo lo que necesitaba era una idea y la ambición necesaria para hacer que esa idea se convirtiera en una realidad.

Como resultado, vimos una revolución en el pensamiento y una revolución industrial incomparable ante cualquier otra cosa que el mundo haya experimentado. De hecho, aún con el surgimiento de la Internet, todavía el mundo no ha progresado tan dramáticamente como lo hizo durante esa revolución del laissez faire.

Y si bien este período le llevó al mundo la sabiduría de Adam Smith y la rebelión de la Revolución de los Estados Unidos, no conservaron su ímpetu popular al irse aproximando el siglo XX.

Tal como lo expone Hayek:

“Todavía creemos que hasta hace muy poco estábamos gobernados por lo que se llamaba vagamente las ideas del siglo XIX o el principio del laissez-faire. En comparación con algunos otros países, y desde el punto de vista de los impacientes por apresurar el cambio, puede haber alguna justificación para esta creencia. Pero aunque hasta 1931 Inglaterra sólo había seguido lentamente el sendero por el que otros conducían, también nosotros habíamos avanzado tanto, que únicamente quienes alcanzan con su memoria los años anteriores a la primera guerra saben lo que era un mundo liberal.”

Si en 1944 Hayek pensó que el mundo ya había abandonado y olvidado al verdadero liberalismo, difícilmente puedo imaginarme que diría él en la actualidad. Y es cierto que él estaba escribiendo un libro acerca de una planificación económica durante el período de guerra, tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido. Los precios y los salarios eran controlados. La censura estaba vigente. El racionamiento y las cuotas gobernaban la producción y distribución de todos los bienes y servicios esenciales. Pero, aún dado todo esto, el gobierno consumía una parte mucho más pequeña del nivel de producción nacional en general, comparado a como lo es hoy.

En el 2017 estamos tan distantes de aquello, que ni siquiera el individuo es una consideración a tomar en cuenta a la hora de contemplar llevar a cabo una política económica. En efecto, el individuo “egoísta” “ambicioso” es a menudo el villano en las economías modernas, que a ese parecer siempre opera en contra de los antojos del colectivo. En la actualidad términos como “obligaciones individuales” se utilizan para transmitir a cada persona la “responsabilidad social” de ocuparse del colectivo.

Ha llegado a ser muy común este sentimiento anti-individualista, pero no siempre lo era así. Como nos lo recuerda Hayek en este capítulo introductorio, los más impresionantes pasos hacia el progreso humano y económico fueron efectuados cuando al individuo se le era permitido innovar y crear sin preocuparse por una interferencia del estado con base en la protección del bien superior. Pero, aunque las implicaciones positivas de una sociedad pro-individualista fueron demostradas con las innovaciones creadas durante esa época, aún así la sociedad se estaba alejando lentamente de ello.

“Estamos abandonando rápidamente no sólo las ideas de Cobden y Bright, de Adam Smith y Hume e incluso de Locke y Milton, sino una de las características de la civilización occidental… No sólo el liberalismo de los siglos XIX y XVIII, sino el fundamental individualismo que heredamos de Erasmo y Montaigne, de Cicerón y Tácito, Pericles y Tucídides, se han abandonado progresivamente.”

De nuevo, me pongo a pensar, qué podría decir Hayek si estuviera con vida en la actualidad y alrededor para ver cómo el pensamiento de grupo y el colectivismo han moldeado nuestras políticas modernas.

Entonces, este capítulo prepara el escenario. Él llama liberalismo al sistema que hizo nacer el mayor logro humano jamás visto en la historia. Fue el individualismo el que provocó el efecto más espectacular. Si usted entiende eso -y hoy día amplia cantidad de gente no lo entiende- usted está preparado para ver cómo el abandono de este sistema e idea conduce no sólo a la desintegración de la libertad, sino incluso a lo que llamamos civilización.

Así que, bueno, este libro es una advertencia, no sólo en contra de un partido sino de todas las posiciones ideológicas que rechazan al individualismo, a cambio de una u otra versión del estado planificador.

Ahora, ¡adelante al capítulo dos!


 

Author profile
Brittany Hunter

es editora asociada en la Fundación de Educación Económica. Brittany estudió ciencias políticas en la Universidad Utah Valley, con una especialización menor en estudios constitucionales.

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