Sofia Svensson noviembre 20, 2018

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Suecia parece que simultáneamente es ejemplo de democracia social y de políticas vigorosas promercado. 

Desde la educación y la inmigración hasta los impuestos e incluso la seguridad vial, no parece existir un fin a los ejemplos que nosotros, los suecos, les ofrecemos al resto del mundo. Pero, ¿qué es lo que hace a mi tierra un lugar excepcional ̶ y ¿qué tan relevante es, para el resto del mundo, la forma en que Suecia es manejada?

Hay momentos en que a usted se le perdonaría por pensar que los extranjeros estaban hablando de dos países diferentes. Para algunos es ejemplo de un multiculturalismo que ha salido mal, una nación próspera que lucha por acomodar a los recién llegados, después de aceptar más refugiados per cápita que cualquier otro país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Pero, otros piensan que los Estados Unidos deberían seguir el ejemplo de Suecia y estimular la inmigración para hacer a esta economía grande otra vez. El programa de la BBC, Newsnight, lo planteó con más crudeza en un reporte reciente, al preguntar si ¿Suecia es “un sueño utópico o una pesadilla multicultural”?

Los analistas ni siquiera pueden decidir qué sistema de gobierno tiene Suecia. Por una parte, el premio Nobel Paul Krugman llama al lugar un “infierno socialista” mientras que el colaborador en CapX Tim Worstall asevera persuasivamente que está lejos de ser tal cosa.

Bernie Sanders declaró en CNN durante el debate presidencial del partido demócrata, que el socialismo había sido maravilloso para los países de Escandinavia y que los Estados Unidos deberían emular su ejemplo.

Para fortuna de los escépticos ante Sanders, se han escrito numerosos libros “desacreditando” los mitos del socialismo nórdico y de una “utopía escandinava”. Al mismo tiempo, se ha citado a Suecia como “la sociedad más exitosa que el mundo jamás haya conocido”. La revista The Economist dice que el modelo escandinavo es, de hecho, un “supermodelo” del cual todo el mundo puede aprender.

Todas las personas parecen tener una opinión acerca de Suecia, pero, ¿cuál es la cierta? ¿Un infierno o una utopía? Y, ¿por qué la gente está tan obsesionada con mi país?

Único entre los países occidentales, durante la mayor parte del siglo XX Suecia se caracterizó por una virtual hegemonía política. Los socialdemócratas gobernaron al país entre 1936 y 1991, interrumpidos tan sólo durante cinco años por un gobierno de centro-derecha, entre 1976 y 1982.

Sin duda que cinco décadas de gobierno socialdemócrata dejaron su marca, tal vez con mayor claridad en relación con los monopolios estatales. Mientras que el monopolio de la inglesa BBC fue interrumpido en 1955, tomó otros 30 años para que el sistema público de difusión sueco encarara alguna competencia. Tan sólo recientemente, en el 2009, se acabó el monopolio estatal de las farmacias y, a la fecha, el estado todavía conserva un monopolio sobre el alcohol y el juego. Sí, en esta utopía/pesadilla, el estado administra los casinos (the state runs casinos).

Pero, eso está muy lejos de ser toda la historia. La década de 1990 vio a políticos de centro-derecha alejarse del estatismo de los social-demócratas. Se introdujeron escuelas libres, independientes del estado y, a diferencia de Gran Bretaña, se permitió que las empresas y las cooperativas se manejaran con fines de lucro. Lo mismo se dio con las prácticas médicas generales [General Practices] y otros servicios públicos ̶ no es exactamente el “socialismo” que Bernie tenía en mente.

Luego, se dio la “reforma tributaria del siglo.” La tasa máxima del impuesto sobre la renta se redujo de un 85 por ciento en la década de 1980, a un 51 por ciento. Posteriormente ha aumentado ligeramente y ahora es cercana al 60 por ciento. A pesar de ello, tal como se informó en CapX la semana pasada (was noted on CapX last week), el sistema impositivo de Suecia es altamente desarrollado, con mucho más impuestos y gastos en el nivel local, que en el sistema británico altamente centralizado.

Ciertamente, Suecia tiene altos impuestos al ingreso y un estado asistencial grande, pero, al mismo tiempo, permite escuelas con fines de lucro y tiene impuestos a las empresas entre los más bajos (22 por ciento) y de los menores impuestos a las ganancias de capital en la Unión Europea. De hecho, el Índice de Competitividad Tributaria Internacional del 2018 (2018 International Tax Competitiveness Index) de la Tax Foundation calificó a Suecia como séptimo, justamente detrás de Suiza.

Tal vez son las muchas contradicciones de Suecia las que desconciertan a la gente: parece que simultáneamente es ejemplo de democracia social y de políticas vigorosas promercado. Es un superpoder humanitario autoproclamado, aunque, a la vez, está clasificado en tercer lugar en el mundo en cuanto a exportación de armas per cápita. Y, tal vez a pesar de su población pequeña y su gobierno grande, el país ha tenido un impacto significativo en los negocios internacionales, la innovación tecnológica y la cultura.

Otro ejemplo interesante es la creación de nuevas empresas en Suecia. Estudios han encontrado (found) que, entre mayor es el gasto per cápita del gobierno de un país, tiende a ser menor, por trabajador, el número de empresas que se inician ̶ siendo la idea que los altos impuestos a los ingresos reducen las ganancias esperadas de los empresarios y con ello disminuye su incentivo para lanzar nuevas empresas.

No es así en Suecia, la cual sobresale en la promoción de nuevas empresas ambiciosas, tales como el servicio de streaming de música Spotify y la empresa de pagos en línea Klarna. Para un país de sólo 10 millones de personas, ciertamente está por encima de lo que le corresponde por su tamaño.

De hecho, Estocolmo es algo así como una fábrica de unicornios [Nota del traductor: se dice unicornio a un grupo dinámico de empresas que dan servicios complejos en el área de servicios de información y de tecnologías de información y comunicaciones], produciendo (producing), en términos per cápita, el segundo más elevado número de empresas de tecnología después de Silicon Valley. En general, en Suecia, por cada 1.000 empleados, se crean 20 empresas, en comparación con sólo cinco en los Estados Unidos, según datos (data) de la OCDE. En el Índice de Innovación Bloomberg del 2018 (2018 Bloomberg Innovation Index), Suecia encabeza la lista, en segundo lugar después de Corea del Sur.

Así que sus muchas contradicciones hacen que sea el objetivo perfecto, tanto de gente que quiere probar que altos estándares de vida se logran reduciendo los impuestos y reformas de libre mercado, pero, también, para gente deseosa de promover los beneficios de un estado de bienestar grande. En tanto que ninguna de ellas es refutada decididamente, habrá abundancia de lecciones desde Suecia.

Este artículo de CapX fue reproducido con permiso.


Traducción por Jorge Corrales.

Sofia Svensson

Sofia Svensson is a CapX intern and freelance writer.

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