El Socialismo desde sus primeros manifiestos, ha destacado por ser una ideología colectivista, donde las personas (en este caso los ciudadanos de un país) dejan de lado sus intereses personales para ir en pos del llamado “bien común”.

En la universidad te dicen que si no crees en los planes sociales, serías básicamente un mezquino, una mala persona que no es capaz de velar por el bienestar de quién más lo necesita. Te dicen que bienes como la salud, la educación y la vivienda no deberían ser un negocio, que deberían estar al alcance de todos. Te dicen que los empresarios y conglomerados amasan enormes fortunas mientras gran parte de la población tiene cada vez menos, que reduciendo la “brecha” entre éstos y los pobres, la sociedad sería mucho más justa.

Y por el otro lado, no gastan mucho tiempo explicando que quienes pagan por esos planes sociales (en carácter de coacción) son los contribuyentes, es decir; las personas más productivas del país (empresas y empleados que declaran sus ingresos) deben mantener a las menos productivas, población que termina siendo una enorme carga para la sociedad, ya que es más lo que le cuestan al país de lo que aportan.

Tampoco profundizan en que las personas y empresas productivas no están obligadas a quedarse en el país. La historia ha demostrado que mientras más planes sociales y dinero gastado por el Estado, es mayor la carga impositiva que se le genera a éste sector, el cual al no ver beneficios de su propio trabajo, toman la sensata decisión de marcharse a un país que se ajuste a las condiciones que buscan. Mientras menos empresas, hay menos contribuyentes. Mientras menos contribuyentes, hay menos dinero. Mientras menos dinero, se recurre a incrementar la deuda externa, se imprime dinero que excede la riqueza real del país, se devalúa la moneda y adiós a la economía. Bienvenida la crisis y la bancarrota.

Resultado: Empobrecimiento de la clase media y el descenso de las clases bajas a la miseria absoluta.

La naturaleza humana siempre busca perseguir las ambiciones propias, de aspirar a más. De poseer lo mejor, de disfrutar de aquella libertad que proporciona el fruto del trabajo duro y el esfuerzo. Esto no debe confundirse con la avaricia, ya que la gente avara nunca puede satisfacer realmente sus ambiciones y muchos terminan en la ruina debido a sus comportamientos auto-destructivos.

La realidad puede sonar mal para muchos, pero eso no le quita verdad alguna. Esa verdad es que no tienes que hacerte cargo de otras personas por obligación (impuestos). Las personas altruistas siempre ayudan a los más necesitados por propia vocación, por decencia, por ser buenos ciudadanos. Invierten de su propio dinero para apoyar al prójimo. En cambio, a ninguna persona que pregona el Socialismo se le ha visto sacando de su propio bolsillo para comprar un mercado a los vecinos que pasan hambre, ni quitándose la comida de la boca para dársela a alguien más. En cambio, desean hacer caridad con dinero que no es suyo.

Claro, así cualquiera.

Los planes sociales son un cúmulo de corrupción y despilfarre de dinero que ciudadanos se esforzaron para conseguir. El Socialismo es la ideología del resentimiento social y la envidia.

El sentimiento ruin que no busca replicar el éxito de otra persona, o tener lo que el otro ha conseguido. Todo lo contrario, desear que lo pierda todo.

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2 comments

  1. ioan tiganas 26 diciembre, 2018 at 07:36 Responder

    El Socialismo desde sus primeros manifiestos, ha destacado por ser una ideología colectivista, donde las personas (en este caso los ciudadanos de un país) dejan de lado sus intereses personales para ir en pos del llamado “bien común”…..??….,,,>>.facil,y si que ..como sea es un bien comun>>global,,y en total..social es lo material,la materya…atmosfera,el agua,materya..mente social…nunca dejas de lado sus intereces personales..

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