El “Socialismo liberal” es otra falsa utopía

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Muy a menudo las ideas malas y fallidas no mueren, simplemente reaparecen durante períodos de presuntas crisis sociales y políticas con un ropaje intelectual ligeramente diferente y que ofrecen “soluciones” que sólo provocarían el tipo de crisis para las que, de nuevo, ellos dicen tener las respuestas. El socialismo en sus diversas mutaciones “progresistas” representa una de las así llamadas soluciones para nuestra época.

La última manifestación de ello apareció el 24 de agosto del 2017, en un artículo en línea de la revista New Republic de John B. Judis, titulado “The Socialism America Needs Now.” [El socialismo que los Estados Unidos necesitan ahora.”] Él se siente animado por la difundida atracción, especialmente entre votantes jóvenes, que tuvo Bernie Sanders durante la campaña presidencial del 2016. Piensa que eso puede anunciar un renacimiento y una oportunidad renovada para una alternativa socialista, en el sistema político y económico actual de los Estados Unidos.

Habiendo viajado por décadas desde los años setentas al presente como socialista revolucionario, radical, a uno a la fecha más “moderado”, el señor Judis admite que el socialismo del estilo marxista del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, pasó de moda hace mucho. La experiencia embarazosa del “socialismo en la práctica” en la forma en que Lenin y Stalin crearon la Unión Soviética o el presidente Mao en China, ya no conduce a ningún lado.

DESDE LA PLANIFICACIÓN CENTRAL SOVIÉTICA AL “SOCIALISMO LIBERAL”

Parecía que la planificación central no funcionaba bien y que la variación “comunista” del tema socialista también tenía una tendencia a ser autoritario, con algunos problemas para la vida y la libertad humana. (Él tácticamente evita mencionar que los regímenes inspirados en el marxismo en el siglo XX asesinaron a más de 100 millones de personas -algunas estimaciones sugieren que el número puede haber estado más cercano a 150 millones o más, en nombre de la edificación del “brillante y bello futuro socialista.” (Ver mi artículo, “The Human Cost of Socialism in Power” [El Costo Humano del Socialismo en el Poder].))

Él dirige su mente e ideal hacia los partidos y regímenes “democráticos socialistas” en Europa Occidental de la era post Segunda Guerra Mundial o, como prefiere llamarlos el Sr. Judis -siguiendo a John Maynard Keynes- “socialismo liberal.” ¿Qué es lo que hace liberal a esta forma de socialismo? Es la creencia de que puede existir un “socialismo con rostro humano.” En otras palabras, una forma de socialismo “económico” que deja en su lugar a la política democrática con un respeto para un rango amplio de libertades personales y civiles.

Con anterioridad, tantas veces hemos escuchado eso. Mientras que el Sr. Judis desea sugerir que no existe una definición definitiva o verdadera de “socialismo” (al igual que sucede con “liberalismo” o “democracia”), el hecho es que, a lo largo de todo el siglo XIX y bien entrado el XX, virtualmente todos los socialistas condenaron y pidieron la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y se imaginaron en su lugar alguna forma de planificación central socialista dirigida por el gobierno, en nombre del “pueblo.”

En realidad, el Sr. Judis más o menos admite esto y que el único gran debate entre socialistas y comunistas a fines del siglo XIX y en el XX, ya estaba terminado en cuanto a cómo se lograría la utopía socialista, ya fuera por medio de la revolución violenta o por medio de elecciones democráticas. Los marxistas rusos, liderados por Vladimir Lenin, insistieron en que sólo la revolución y una “dictadura del proletariado” podían llevar al poder a los “trabajadores” y asegurar su triunfo permanente sobre la clase capitalista explotadora. Los socialistas democráticos alemanes optaron por medios democráticos para llegar al poder y rechazaron la dictadura de Lenin y luego la de Stalin.

No obstante, es el caso que, bien entrado el período post-Segunda Guerra Mundial, aquella era una disputa acerca de los medios políticos y no acerca de los fines ideológicos -la abolición del capitalismo y la imposición de la planificación centralizada- que permanecieron en ambas ramas del movimiento socialista. Los comunistas querían lograr esa transformación de la sociedad de un sólo golpe a través de medios violentos e imponiendo la dictadura. Los social-demócratas alemanes y los socialistas “Fabianos” en Gran Bretaña propusieron medios democráticos, con el socialismo llegando con mayor gradualidad y por medio de extensiones incrementales de control y planificación gubernamental, sobre más y más partes de la sociedad. Pero, para ambos, el resultado final sería el mismo: la dirección gubernamental centralizada de los asuntos económicos y del cambio social.

Al pasar la década de los años cincuenta a las épocas de los sesentas y setentas, más y más los socialistas “democráticos” de Europa Occidental aceptaron a regañadientes, el hecho de que la planificación central socialista integral era un fracaso, tal como era practicada en los países del bloque soviético dominados por Moscú; y que logró poca de la prosperidad que prometió la planificación gubernamental dirigida a brindar un escape de la pobreza, en países del “tercer mundo” de Asia, África y América Latina.

Además, la tiranía y la brutalidad del socialismo de estilo soviético hicieron que éticamente fuera difícil de defender. De tal forma que los socialistas democráticos se voltearon hacia el estado de bienestar intervencionista, para lograr sus fines de “justicia social” sin nacionalizar todos los medios de producción o planificar centralmente toda la actividad económica de la sociedad. (Ver mi artículo, “Barack Obama and the Meaning of Socialism” [“Barack Obama y el Significado de Socialismo”]). 
TURISMO DE JUSTICIA SOCIAL

No obstante, esos regímenes comunistas no eran tan repulsivos como para que los socialistas democráticos en Occidente no continuaran dándoles indulgencia moral y buenas esperanzas en cuanto a que, de alguna manera, el socialismo marxista finalmente funcionaría y cumpliría su promesa, en la China de Mao, la Cuba de Castro, o el Viet Nam de Ho Chi Min o en la sandinista Nicaragua, o en cualquier utopía fallida que podamos encontrar en la historia reciente. El sueño y la falsa ilusión colectivista constituyen una eterna primavera. Después de todo, incluso un régimen marxista rudo, burdo y áspero no es los Estados Unidos –por favor, ¡casi cualquier otra cosa diferente de los capitalistas Estados Unidos!

Incluso en la actualidad, los iluminados “progresistas” pueden llevar a cabo un viaje por la Cuba de Castro con el periódico izquierdista The Nation. ¡No se lo pierdan! Este noviembre del 2017 usted puede ir con The Nationy, con sus promesas anunciadas, a “aprender acerca de la Revolución Cubana con expertos que están en algunas de las ubicaciones centrales, incluyendo los Cuarteles de Moncada, el sitio en donde Fidel Castro y su banda de rebeldes hizo el primer asalto armado el 26 de julio de 1953.”

El peregrino político progresista hacia la tierra colectivista prometida estará pasando sus “días en reuniones con prominentes profesores cubanos, funcionarios de gobierno,” incluyendo “planificadores urbanos” y “trabajadores de la salud.” No se pierdan la oportunidad de visitar una de las restantes “utopías” socialistas, antes de que el capitalismo global tenga éxito en quitárselas.

Sin duda que estos turistas de la “justicia social” no serán llevados a la prisión de La Cabaña, en donde el Ché Guevara fue asignado por Castro al papel de fiscal general del estado contra los “enemigos del pueblo,” poco después de la entrada triunfal de Fidel a la Habana y de que tomara el poder en enero de 1959. En su papel, como juez y jurado sin limitación alguna, el Ché arbitrariamente envió a cientos a sus muertes, algunas veces literalmente con sus propias manos.

Probablemente tampoco les serán leídas frases del Ché, acerca de que “Mi entrenamiento ideológico significa que soy una de esas personas que cree que la solución a los problemas del mundo podrá ser encontrada detrás de la Cortina de Hierro.” Y que “No puedo ser amigo de alguien que no comparte mis ideas.” O que el Ché fue quien en 1960 estableció el sistema comunista de campos de trabajo forzado en Cuba. Esto no calzaría con el rostro heroico del Ché en sus camisetas, que, sin duda, estarán usando algunos de estos viajeros “progresistas” en su viaje hacia la utopía. Después de todo, Fidel y el Ché lo hicieron por “el pueblo,” y, bueno, ellos tenían “buenas intenciones.”

Por supuesto, en tanto estos peregrinos políticos se sienten complacidos en visitar estos lugares y disfrutar de la satisfacción moral, de que los pocos regímenes comunistas que aún permanecen en el mundo están todavía tratando de lograr un “mundo mejor,” incluso si lo hacen con el puño pesado de la dictadura, la censura del arte, la música y los puntos de vista políticos, el aprisionamiento de los oponentes políticos y la tortura y ejecución de los “enemigos del pueblo” (ante eso una mayoría de todos ellos se hace de la vista gorda), ellos prefieren vivir en sus propios países de Occidente y soñar la fantasía del “socialismo liberal” tan claramente como lo está haciendo el Sr. Judis.
EL SOCIALISMO LIBERAL COMO EL ESTADO REGULADOR Y REDISTRIBUTIVO

¿Qué es, precisamente, este socialismo democrático o “liberal” al cual el Sr. Judis espera que una generación más joven de estadounidenses se adhiera en los próximos años? Resulta ser la misma “utopía” del estado de bienestar intervencionista, que países occidentales han estado siguiendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque, lo admito, en grados diferentes, en lugares distintos alrededor del mundo.

El Sr. Judis quiere que el gobierno intensiva y extendidamente regule, ordene, restrinja y dirija los diversos aspectos de las empresas privadas en sociedad, al tiempo que asegure que la sociedad estadounidense pueda todavía tomar ventaja de los incentivos de interés propio e innovaciones que puedan mejorar las condiciones materiales de vida. Pero, la dirección, la forma y el alcance que les serán permitidos a las empresas privadas para hacer esas cosas productivas e innovadoras con sus negocios, estarán confinadas y restringidas dentro de aquellas avenidas que sirven a los valores y propósitos “superiores” y “no de mercado” de la “sociedad”.

En concordancia con el estado regulador e intervencionista debe existir el estado de bienestar redistributivo. El ingreso y la riqueza excesivos e innecesarios de los empresarios e inversionistas del sector privado de los Estados Unidos, deberán ser gravados -fuertemente- para asegurar un igualitarismo material mayor y para que den los fondos para todos los servicios sociales y redes de seguridad brindados por el gobierno, que “llevarían un beneficio inconmensurable a los estadounidenses comunes. Un buen lema es la seguridad económica –algo de lo cual se carece para todos, excepto para los estadounidenses más ricos.”

En este punto, debe entonces pensarse en ¿qué es lo que diferencia al “socialismo liberal” del Sr. Judis, del ya existente estado de bienestar intervencionista moderno de los Estados Unidos? Resulta que todo es un asunto de intenciones y de los beneficiarios esperados. Desde el punto de vista del Sr. Judis, los liberales modernos de la corriente principal en los Estados Unidos han perdido su rumbo; demasiado frecuentemente duermen con el enemigo (piensen en Bill y Hillary Clinton) al colaborar excesivamente con empresarios y banqueros para beneficio de estos últimos; los liberales y progresistas estadounidenses han dejado de enfatizar lo suficiente acerca de “justicia económica” para el corazón de los Estados Unidos, con su enfoque primordial creciente en “políticas de identidad.” 
EL SOCIALISMO LIBERAL Y LA POLÍTICA DEMÓCRATA SIN ROMANTICISMO

También, a diferencia de comunistas y muchos radicales socialistas y algunos progresistas, el Sr. Judis pide que se muevan hacia su noción de un mejor futuro socialista, por medio de una participación más activa en el Partido Demócrata. La tarea consiste en impulsar y empujar más hacia a izquierda a los modernos liberales de la corriente principal del Partido Demócrata [Nota del traductor: liberal en los Estados Unidos significa estatista intervencionista], en donde muchos ya saben en sus corazones lo que es correcto. Y usar al Partido Demócrata como vehículo para hacer propaganda y persuadir a más gente en la sociedad de que el socialismo es bueno y justo y lo mejor para ellos.

En otras palabras, el Sr. Judis pide que se usen los métodos de los primeros socialistas democráticos de Alemania y de los Fabianos británicos, pero, que lo hagan tan sólo de forma que no parezca que están amenazando o subvirtiendo todas las instituciones de la sociedad existente, diferente de cómo aquellos primeros grupos lo hicieron con su llamado por la abolición total del capitalismo.

El “socialismo liberal” del Sr. Judis es realmente el estado de bienestar intervencionista puesto -“democráticamente”- en las manos elegidas “correctas”, de forma que aquellos que se encargan y administran la maquinaria gubernamental harán lo que él quiere que la autoridad política haga, en vez de lo que actualmente está siendo hecho por los establecimientos, tanto de Republicanos, como del Partido Demócrata.

Una vía para que el Sr. Judis pueda defender más fácilmente su deseo e ideal es sugerir que el sistema político-económico existente en la actualidad en los Estados Unidos es de mercado libre, un capitalismo “neo-liberal”, en vez de lo que el economista italiano, Vilfredo Pareto (184801923) una vez llamó con mayor exactitud: “socialismo burgués”. Esto es, un sistema gubernamental de regulación, redistribución, favores y privilegios que beneficia a muchos en los sectores de la empresa privada de la sociedad, en vez de más de un “socialismo proletario” que simplemente tomaría de “los ricos” para dárselo a “los trabajadores” y a “los pobres.”

Lo que alguna veces se menciona como “capitalismo de los amigotes” es exactamente el “socialismo burgués” de Pareto. Pareto también entendió con claridad asombrosa en la década de 1890, uno de los discernimientos de la moderna teoría de la Elección Pública, cual es que una “democracia participativa” de la comunidad como un todo es, en una sociedad compleja, una ilusión teórica y práctica. La política en una sociedad sin limitaciones siempre termina siendo un concurso entre grupos de intereses especiales capaces de ganar beneficios concentrados por la intervención estatal y la redistribución que se esparce a expensas del resto de la sociedad.

En las sociedades democráticas toma la forma de coaliciones de grupos de interés que tienen éxito en ofrecer contribuciones para las campañas y votos a los políticos que desean ser electos a cargos públicos, quienes luego satisfacen sus promesas de campaña hechas a aquellos grupos, una vez que se encuentran en los salones verdaderos del poder político.

En sociedades totalitarias, tal como la antigua Unión Soviética, asumió la forma de posiciones jerárquicas dentro del Partido Comunista y dentro de la burocracia planificadora central, incluyendo a los gerentes de empresas estatales, quienes tenían el poder de tomar decisiones en cuanto al acceso y uso de los medios de producción socializados. Es así como la “sociedad sin clases” comunista poseía una de las más intrincadas redes sociales de poder, privilegio, favoritismo y saqueo jamás vistos en la sociedad humana.

Esta “política sin romance” ( “politics without romance”), para usar la frase del premio Nobel, James M. Buchanan (1919-2013), muestra por qué la noción de que “el pueblo” es dueño, controla, regula y supervisa la dirección colectiva de una economía, es simple ilusión y engaño con respecto a la realidad de cómo y por qué funciona el poder político, de la forma en que lo hace.

Lo que el Sr. Judis y demasiadas personas quienes comparten sus puntos de vista acerca del capitalismo y de alguna forma de socialismo -“liberal” o lo que sea- fracasan en comprender, es que cualquiera y todas las formas de planificación, regulación y redistribución política, de hecho le quitan el poder y la toma de decisiones de las manos del pueblo, sobre el cual ellos expresan sus preocupaciones.

LA VERDADERA PARTICIPACIÓN LIBERADORA BAJO EL LIBERALISMO DE LIBRE MERCADO

Es la economía abierta, competitiva, de mercado, la que, precisamente, le da a todos y a cada uno de los individuos una amplia independencia y libertad en torno a sus asuntos personales. Es el mercado el que nos permite a cada uno de nosotros efectuar muestras propias elecciones acerca de la profesión, la ocupación o el llamado a producir lo que se aspira. Es el mercado el que permite a todos y a cada uno de nosotros que tenga libertad para ganar un ingreso y gastar ese ingreso en lo que pensamos son los mejores, en términos de los valores, las creencias y los deseos que pensamos pueden tener el mayor sentido y llevar felicidad a nuestras vidas individuales.

Es la sociedad libre, de libertad individual y asociación voluntaria, lo que brinda en verdad oportunidades de participación para formar agrupaciones casi que de cualquier tipo, para promover fines que van más allá de la arena estrecha de las transacciones de mercado, a fin de mejorar nuestras vidas materialmente, socialmente, culturalmente y espiritualmente. Para más acerca de esto, ver mi artículo “Individual Liberty and Civil Society”[“Libertad Individual y Sociedad Civil.”]

En este punto, sin duda que el Sr. Judis preguntaría con razón, ¿y qué con aquellos que no son capaces de proveer por sí mismos, debido a la tragedia personal, a circunstancias desafortunadas o simplemente por mala suerte? ¿No es esa la razón por la que sociedades ilustradas y decentes se han movido “hacia la izquierda,” para establecer y proveer financiamiento para aquellos que no están en capacidad personal de satisfacer las cosas esenciales de la vida cotidiana y para que tengan oportunidades de llenar sus potencialidades como seres humanos? ¿No es el estado de bienestar del “socialismo liberal” la necesidad inescapable para tener una sociedad humana?

El liberal clásico responde que estas inquietudes pueden ser mejor y más exitosamente resueltas y servidas por medio de instituciones y asociaciones voluntarias de la sociedad civil, en comparación con dejar esas tareas al gobierno. En el siglo XIX y a principios del XX, antes del estado de bienestar moderno, todos esos “problemas sociales” eran manejados, con efectos amplios y positivos, por organizaciones de caridad, filantropías y organizaciones con fines de lucro, en lugares como Gran Bretaña y Estados Unidos. El que sus actividades y éxitos sean virtualmente desconocidos para la mayoría de la gente, muestra el grado al cual su historia y nobleza social se han hundido en un agujero en la memoria de la mala interpretación y de la Incomprensión colectivista, acerca de lo que una sociedad de libertad hizo y pudo brindar (para más acerca de esto, ver mi artículo “A World Without the Welfare State” [“Un Mundo sin el Estado de Bienestar”.]

Asimismo, la transferencia al gobierno de esa responsabilidad sobre el bienestar, reduce a todos y a cada uno de quienes lo reciben, a ser protegidos del estado. Son los políticos y los burócratas quienes deciden la educación que sus hijos recibirán en las escuelas del gobierno; son ellos quienes determinan las posibilidades de retiro que usted tiene, la salud a la cual usted tendrá acceso y a su tipo, los salarios y condiciones de trabajo bajo las cuales se le podría permitir a usted ser empleado o desempleado y las formas y tipos de asociaciones de las cuales usted puede ser parte, así como de las actividades y membresías que a usted le son permitidas.

El “socialismo liberal” con el cual sueña el Sr. Judis, no es el camino hacia la liberación, sino en dirección a una servidumbre continua hacia aquellos con el poder político y quienes tienen la arrogancia de imaginarse que saben mejor que aquellos individuos, cómo es la gente debe cuidar sus propias vidas. (Ver mi artículo, “Democratic Socialism Means Loss of Liberty”) [“Socialismo Democrático Significa una Pérdida de Libertad”].

Uno habría pensado que, después de más de siete décadas de un estado de bienestar intervencionista, como alternativa “socialista liberal” de la izquierda política a la planificación central socialista del marxismo, se habrían dado cuenta de que es simplemente otra restrictiva y corrupta manifestación de la inviabilidad de cualquier sistema de control y mando colectivista.

El programa del Sr. Judis para unos Estados Unidos socialistas, también muestra la bancarrota intelectual de aquellos “de la izquierda.” La transformación revolucionaria de la sociedad, la cual ellos anhelan, termina siendo nada más que el estado de bienestar intervencionista ya existente, excepto con el deseo de que la gente que está de acuerdo con el Sr. Judis sean los que estén al mando del poder político, en vez de serlo aquellos con los cuales él está en desacuerdo.

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es Profesor Distinguido BB&T de Ética y de Liderazgo de Libre Empresa en La Ciudadela en Charleston, Carolina del Sur. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica (FEE) del 2003 al 2008.

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