Siete mitos acerca de la seguridad social

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Las políticas acerca del Seguro Social y la política propiamente, son lo suficientemente traicioneras incluso cuando todos están de acuerdo con respecto a los hechos. Si vemos al Seguro Social desde el punto de vista de la seguridad financiera, ya no podemos más complacernos con estos siete mitos.

Entre los temas de política pública, el Seguro Social está especialmente aquejado de mitos y de leyendas urbanas. Estos mitos inhiben la introducción de la legislación necesaria para cerrar su déficit financiero sustancial. Todos, la prensa, el público y quienes formulan políticas, harían bien desengañándose a sí mismos de las siguientes patrañas altamente circuladas.

MITO 1: EL SEGURO SOCIAL NO ES UN PROGRAMA DE AYUDA SOCIAL.

Este es uno de los mitos más desconcertantes que ha circulado últimamente. Uno lo encuentra en los medios sociales, en páginas de opinión de los periódicos (op-ed pages) e incluso en miembros del Congreso de los Estados Unidos (members of Congress). El Seguro Social no sólo es un programa de ayuda social, es el mayor y el más prototípico de los programas federales de asistencia social. Virtualmente cualquier glosario (glossary) de la terminología del presupuesto federal (federal budget) señalará que el Seguro Social es el ejemplo principal de una ayuda social (específicamente, una ayuda social es un programa en donde es obligatorio darle pagos a beneficiarios, según un criterio de elegibilidad fijado en una ley, sin requerir que una legislación anual apropie los fondos). Aquellos que objetan que el Seguro Social sea referido como una ayuda social, están tratando en efecto de cambiar la definición, para dar a entender algo distinto de lo que siempre ha sido. El que un programa sea una ayuda social no tiene nada que ver con que los beneficiarios hayan hecho contribuciones previas a él. De hecho, en el caso del Seguro Social, es precisamente el acceso a la ayuda que el individuo recibe de beneficios que surgen de esas contribuciones, lo que lo convierte en un programa de ayuda social.

MITO 2: EL SEGURO SOCIAL NO ESTARÍA EN PROBLEMAS FINANCIEROS SI LOS POLÍTICOS NO SE HUBIERAN ROBADO Y GASTADO SUS DINEROS.

En la realidad hay un pequeño grano de verdad que subyace en este mito; específicamente, por ley los fondos de las reservas del Seguro Social se invierten en valores del Tesoro de los Estados Unidos, que financian el gasto del gobierno federal. Es más, economistas (economists) que han estudiado el tema, generalmente concluyen en que el acceso del gobierno a estos ingresos estimuló un gasto federal mayor que el que de otra manera se habría dado. Pero, este fenómeno no tiene nada que ver con el déficit del Seguro Social. El Seguro Social es aún dueño de todo ese dinero y gana intereses con él. Siempre que los ingresos tributarios del Seguro Social sean menores que sus obligaciones para los beneficiarios, como lo ha sido desde el 2010 (they have since 2010), el Seguro Social acude tanto a los intereses como al principal de sus fondos fiduciarios, para pagar a sus beneficiarios. El déficit del Seguro Social existe, aunque el gobierno reembolse esos fondos al Seguro Social, no porque no lo haga. Los problemas financieros (financing problems) surgen, en vez de ello, por el hecho de que el pago en beneficios excede al ingreso (incluyendo intereses) que genera el programa.

MITO 3: LOS PARTICIPANTES HAN PAGADO POR SUS BENEFICIOS.

De nuevo, hay un grano de verdad en este mito. Los trabajadores cubiertos por el Seguro Social contribuyen con impuestos sobre la planilla, lo que establece un derecho a beneficios para ellos mismos y para ciertos dependientes. No obstante, esto no significa que ellos hayan pagado el monto total de sus beneficios futuros. Muchos beneficiarios reciben más en beneficios, que lo que alguna vez podrían cubrir sus propias contribuciones, en tanto que otros reciben menos. Pero, más importante, el Seguro Social tiene un déficit precisamente porque, en el agregado, los trabajadores no han pagado por la totalidad de sus beneficios: los beneficios totales programados exceden en mucho lo que pueden financiar los aportes de los trabajadores por impuestos, más los intereses. De forma que, la existencia de los beneficios ha sido ganada, pero no las cantidades programadas. Los beneficios programados necesitarían reducirse sustancialmente de lo que determina la ley vigente (Benefit schedules would need to be substantially reduced from current law) para lograr que se emparejen con las cantidades de beneficios que los trabajadores en la realidad han fondeado.

MITO 4: EL SEGURO SOCIAL ES SOLVENTE HASTA LA DÉCADA DEL 20130, DE MANERA QUE TODAVÍA HAY TIEMPO PARA ARREGLARLO.

Uno de los aspectos más errados de gran parte de los reportajes de la prensa (press reporting) acerca de las finanzas del Seguro Social, es la rutinaria referencia a su fecha proyectada de insolvencia (2034 en el último reporte), como indicador de su situación financiera. Qué tan pronto se acaban los fondos de reservas del Seguro Social y qué tan pronto debemos actuar, son dos cosas enteramente diferentes. Para el momento en que los fondos de reservas se acaban, los ingresos anuales y los costos estarán tan distantes entre sí (so far apart), que no hay una oportunidad realista de tener una legislación que cierre el déficit. Por ejemplo, incluso si a todos los nuevos pensionados en el 2034 se les negaran los beneficios, retrasar la acción correctiva hasta ese momento, dejaría al Seguro Social sin los ingresos suficientes como para poder continuar enviando los cheques a tiempo, para aquellos que previamente los recibían. Cuándo debemos actuar es función de por cuánto tiempo más el problema es todavía solucionable. La ventana de oportunidad para corregirlo se está cerrando en estos momentos, si no es que se cerró.

MITO 5: DEBIDO A QUE EL SEGURO SOCIAL SE FINANCIA A SÍ MISMO, NO AUMENTA EL DÉFICIT DEL PRESUPUESTO FEDERAL.

Es cierto que técnicamente el Seguro Social está “fuera del presupuesto” y que tiene separadas su propia base impositiva y su fondo de reserva. Pero, debido a que las reservas están invertidas en valores del Tesoro federal, el fondo general del gobierno juega un papel sustancial en el financiamiento del Seguro Social. En años previos al 2010, cuando el Seguro Social tenía un superávit, sus operaciones redujeron el endeudamiento federal con el público. Desde el 2010, cuando los costos del Seguro Social han excedido a sus ingresos provenientes de impuestos, el gobierno federal ha estado teniendo déficits mayores, al tener que fondear los pagos que le debe al Seguro Social, para que el programa pueda continuar pagando la plenitud de beneficios. Una analogía con las finanzas personales puede ayudar. Suponga que, durante un mes, usted le carga algo a su tarjeta de crédito, luego, en meses posteriores, usted paga la deuda de la tarjeta de crédito, más los intereses. En cierta forma, en ese primer mes usted simplemente pidió prestado dinero de su banco, luego, en los meses siguientes, lo pagó de regreso. Pero, durante los meses que en que está pagando esa deuda de la tarjeta de crédito, usted tangiblemente experimenta una nueva y verdadera tensión financiera, a pesar de que previamente usted estaba en el lado receptor del crédito. Es lo mismo con el presupuesto federal. El hecho de que, en el pasado, el presupuesto federal se benefició con los superávits del Seguro Social, no hace que sea menos real que, durante el período en que se paga de regreso al Seguro Social, los gastos en curso empeoren el déficit.

MITO 6: GRAVAR CON IMPUESTOS A LOS RICOS, SI SE ELEVA EL TOPE DE SALARIOS GRAVABLES, ARREGLARÁ EL PROBLEMA.

Existe un tope legal a los ingresos anuales del trabajador que pueden estar sujetos a los impuestos para el Seguro Social ─$128.400 ($128,400) este año y que se indexan para que crezcan automáticamente en la mayoría de los años. Por encima del tope, los trabajadores no pagan impuestos adicionales, pero tampoco obtienen beneficios adicionales, reflejando el diseño del programa como un piso para la protección del ingreso, en vez de ser el beneficio de una pensión que abarque todo. Siempre que se discute el déficit del Seguro Social, usualmente alguien sugiere que se eleve ese tope, para recolectar más impuestos de los ricos. Ciertamente eso se podría hacer en el contexto de un plan de solvencia, pero no resuelve gran parte del problema. Elevar de una sola vez el máximo gravable, del nivel de hoy hasta alrededor de $350.000 en el 2022 ($350,000 in 2022), sólo eliminaría alrededor del 14% (about 14%) del déficit estructural, en parte porque los beneficios de los trabajadores están ligados a las contribuciones impositivas y, por tanto, el incremento en el impuesto elevaría los beneficios para los ricos. Por supuesto que ese costo aumentado podría ser impedido, si se cambia la fórmula de beneficios para los de ingresos más altos; sin embargo, el punto permanece que, sin cambios en la fórmula de beneficios, un incremento en el tope impositivo, por sí mismo, no logra mucho.

MITO 7: LA PRIVATIZACIÓN DEL SEGURO SOCIAL ES UNA OPCIÓN VIVA.

En temporadas electorales (election seasons) siempre hay partidarios alegando que el Seguro Social está en riesgo de ser “privatizado.” Eso nunca fue cierto y el alegato ahora es particularmente absurdo. Hace muchos años, cuando el Seguro Social tenía superávits, presidentes como Bill Clinton y George W. Bush, sugirieron que a los trabajadores se les diera la opción de ahorrar en cuentas personales, para proteger que ese dinero se usara en el financiamiento del gasto federal (ver mito 2). Ninguna de esas propuestas involucraba la privatización, sino que, en vez de ella, habría permitido que los individuos ahorraran dentro de un sistema públicamente administrado. Esa oportunidad se desvaneció en el 2010, cuando el Seguro Social empezó a tener déficits de efectivo. Desde ese entonces, no ha habido un superávit de contribuciones al Seguro Social que se pueda ahorrar y cada dólar en impuestos del programa ahora recolectado, inmediatamente sale por la puerta, para pagar los beneficios actuales. A pesar del hecho de que, por mucho tiempo, este ha sido un asunto muerto, continúan ocasionalmente apareciendo los temores de una “privatización.”

El desaparecido senador Daniel Patrick Moynihan acostumbraba a decir que “todo mundo tiene derecho a sus propias opiniones, pero ellos no tienen derecho a sus propios hechos.” Las políticas acerca del Seguro Social y la política propiamente, son lo suficientemente traicioneras incluso cuando todos están de acuerdo con respecto a los hechos. Si vemos al Seguro Social desde el punto de vista de la seguridad financiera, ya no podemos más complacernos con estos siete mitos.

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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