Alex Ocampo marzo 26, 2017

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Hace poco en Colombia el fantasma de la financiación ilegal en campañas políticas, volvió con la acusación de que la campaña del actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió dinero de la mega corrupta Odebrecht. Este hecho nos recuerda al caso 8.000, el cual  salpicó al entonces presidente de Colombia, Ernesto Samper, cuya campaña había recibió dinero del narcotráfico. Al igual que Samper, Santos alega no haber estado al tanto de esa financiación ilegal. Como reza el título del post, jugando al abogado del diablo, diré que muy posiblemente, Santos no sabía del asunto, no porque lo consideré una persona Honesta, sino, por el sistema político en sí.

En Colombia una Campaña presidencial es extremadamente costosa, los candidatos que suelen ganarlas invierten grandes cantidades de dinero, muy superiores a lo que van a ganar con su sueldo en esos 4 años, igualmente pasa con gobernadores, alcaldes, y cualquier otro cargo político de elección popular. De lejos la campaña más costosa es la presidencial, las cantidades de dinero que invierte un presidente son muy altas, por lo que difícilmente alguien podría pagársela con su propio dinero, por lo tanto, es necesaria la donación de recursos para lograr conseguir la victoria electoral. La cantidad de dinero recolectada es demasiado alta como para que una sola persona, el candidato presidencial, pueda administrarla, verificar su legalidad, etc.

En consecuencia de ello, los candidatos contratan personas que se dedican únicamente a la administración del dinero que entra en la campaña, de manera que el problema en este caso no se trata sobre, si el presidente sabe o no de donde entra el dinero ya que esa responsabilidad esta delegada, fácilmente le pueden decir sus administradores que todo está en orden, mintiéndole acerca de si hay financiación ilegal o no.

El problema no es si el presidente acepta o no dinero ilegal, el problema es el poder que tienen nuestros políticos que atraen a los empresarios parasitarios (los que no quieren competir en el libre mercado y buscan los favores del estado) y criminales (especialmente narcotraficantes), los cuales intentan poner en el poder político a un representante que luche por sus intereses particulares, mas no, por los de los ciudadanos. Mientras los políticos de nuestro país tengan ese poder descomunal sobre la economía y la vida de los ciudadanos, seguirá existiendo el perverso incentivo para que las personas más inescrupulosas busquen y lleguen al poder, en otras palabras, sus intereses particulares continuarán desangrando el resto del país.

Si lo que queremos en Colombia es acabar con la corrupción evitando episodios como el financiamiento ilegal de campañas políticas, tenemos que luchar por reducir el tamaño del estado, reducir el número y poder de nuestros políticos, no solamente nos perjudican robándose el dinero de los contribuyentes y pagando favores (clientelismo o como decimos en Colombia, en lagartería), también nos perjudican con sus malas decisiones usando nuestro dinero y no el de sus bolsillos, es decir, sus desastres los pagamos nosotros, y no ellos. Mientras sea así de rentable ser político, seguirá  siendo una muy buena inversión serlo.

Hay que ser muy ingenuo para creer que personas que van a ganar mucho menos de lo que han invertido en sus campañas, van a trabajar en pro de los ciudadanos, ellos trabajaran para los que los financiaron primero, y después, si queda algo, para el resto del país. No importa si la campaña se financia legalmente o ilegalmente, ya que en Colombia hay un dicho que dice “hecha la norma, hecha la trampa”, igualmente, empresarios parasitarios y criminales se las ingeniaran para seguir financiando al político que mejor convenga, en vez de estar cuidando al zorro para que no se coma las gallinas, deberíamos deshacernos del zorro.

Es un liberal que fue de derecha y luego de izquierda, finalmente se toparía con el camino libertario. Aunque es ingeniero de profesión, es profundamente estudioso de la economía austríaca y política actual.

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