¿Un salario mínimo para todas las regiones?

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Pese al bajo crecimiento que está viviendo el país, parece que el desempleo no se ha afectado. Según el último reporte del DANE, se registra una tasa de desempleo de 8,9%, un número nada malo a comparación con los meses y años anteriores.

Deberíamos entonces estar contentos –positivos—de estas buenas noticias. Según el presidente Santos,  es precisamente el pesimismo de los medios de comunicación la razón de que el país esté yendo por un mal camino. Para él, el asunto no se trata de economía, sino de actitud ante la vida; como si una “buena actitud” consistiera en quedarse ciego ante la realidad.

Pero volvamos al tema del desempleo. Puede ser una buena noticia, pero solo si nos quedamos con el dato, sin analizarlo, sin profundizarlo. Primero preguntémonos cómo el DANE mide esto.

Prácticamente para esta entidad todo lo que se mueva puede estar empleado: primero, cualquier persona que haya trabajado una hora remunerada en la semana se considera ocupado. Segundo, cualquier persona que no haya trabajado esa semana, pero “tenía trabajo”. Tercero, cualquier trabajador familiar sin remuneración que haya trabajado por lo menos una hora en la semana.

Resulta entonces que, al contrario de lo que se pensaba, es más bien difícil considerarse desempleado a ojos del DANE. Con estos parámetros, cualquier vendedor de cigarrillos en una esquina es considerado ‘ocupado’, cualquiera que se suba a un bus a ofrecer esferos, dulces, galletas es para el Estado una persona con empleo.

Es por eso que la informalidad en Colombia es casi la mitad de todas las personas que se consideran ‘ocupadas’, siendo Bogotá el lugar con menos informalidad.

La informalidad es entonces un problema. No es serio decir que en Colombia existe un poco menos de 9% de desempleo. Las personas, lógicamente, si no encuentran un trabajo formal en una empresa constituida buscarán hacer algo que les reporte un sustento así sea mínimo; como puede ser la venta informal, como en una esquina de una ciudad o en el transporte público, o cualquier otra cosa de manera independiente.

Vivimos en un país en el que la mitad de las personas con edad de trabajar no cotizan a pensiones (según el DANE solo el 46% de toda la población ocupada cotiza a pensiones), sencillamente porque o no pueden costearlo o porque sus trabajos son tan esporádicos que saben que nunca lograrán cumplir las semanas o el monto de ahorro suficiente.

Esto tiene varias consecuencias. Una es la cantidad de impuestos que las empresas tienen que pagar al Estado. Según el Banco Mundial, Colombia es el noveno país en el mundo que más impuestos cobra por utilidades comerciales con un 69,8%. De manera sencilla, por cada 100 pesos de ingresos que logra hacer una empresa, 69 pesos se los lleva el Estado, sencillamente por existir; el Estado es el accionista más cómodo que pueda existir: no invierte en el negocio, pero se lleva la mayor tajada.

Las empresas entonces en vez de utilizar estos ingresos para inversión, ahorro o contratación de mayor personal para crecer, se lo deben dar a su ‘accionista mayoritario’.

Una segunda causa son los elevados costos no laborales asociados a la nómina y un salario mínimo muy cercano al salario medio.

Un empleador no tiene solo que pagar a sus empleados el salario, es necesario además pagar unos impuestos de nómina, una parte de la seguridad social y prestaciones sociales como subsidio de transporte, prima, cesantías, intereses a la cesantía, vacaciones y dotación. En últimas, un empleado que gane el salario mínimo, no solo cuesta $737.717 pesos, cuesta algo más o menos de 1’118.400 pesos.

Pago real de un trabajador con salario mínimo
Salario mínimo 737.717
subsidio transporte 83.140
Caja de Compensación (4%) 29.508
Pensión pagado por empleador (12%) 88.526
Arl que varía según riesgo (promedio 2,5%) 18.442
Cálculo de prima por mes 61.476
Calculo de cesantías por mes 61.476
Intereses a las cesantías 7.377
Vacaciones 30.738
Total 1.118.400

 

Lo más difícil de todo lo anterior, es que tales condiciones laborales se exigen en todo el territorio nacional, sin tener en cuenta el crecimiento desigual de cada uno de los territorios, su nivel de pobreza, de producción o contexto cultural, social y económico particular. No es raro entonces ver que los niveles de informalidad se encuentran en los lugares con mayores dificultades económicas. No es sorprendente entonces ver que en Riohacha existe un nivel de informalidad que supera el 60%, por poner un solo ejemplo.

Existe una gran disparidad de niveles de vida en un territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados con más 48 millones de habitantes. No es posible aplicar una misma norma o nivel a tantas diferencias.

Por eso, antes de abogar por la eliminación del salario mínimo, que en estos tiempos en que nos domina lo políticamente correcto, podría considerarse fácilmente escandalosa y no tiene ni una posibilidad de ser discutida, por lo menos sí sería necesario empezar el debate para tener, no uno, sino distintos salarios mínimos dependiendo de la región.

Y lo mejor, que cada una de las regiones sea la que determine, primero, si quiere o no tener salario mínimo, y segundo, qué nivel de salario mínimo sería adecuado para sus habitantes.

La cuestión no es de igualar por la fuerza, sino de aceptar y asumir la realidad de que cada zona, lugar, región es distinta y necesita de normas diferenciadas. Si no lo asumimos, estaremos cometiendo el mismo error de Juan Manuel Santos de querer tapar el sol con las manos.


 

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es candidato a la presidencia de Colombia para 2018 por el Movimiento Libertario. Educador, pedagogo y promotor de proyectos educativos. Director de proyectos empresariales y ángel inversionista de emprendedores sin capital suficiente para potencializar sus ideas y compañías.

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