Rothbard viviseccionó la nueva izquierda

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Recién he culminado el monumental tratado de ius natural y derecho natural de Murray Rothbard, “La ética de la libertad” (1982). Ha sido una gran sorpresa encontrarme con un postfacio del año 1990, en la edición en español de 1995, donde Rothbard expone y advierte sobre las nuevas caretas de la izquierda.

Debido a que la nueva izquierda esta más viva que nunca, no podemos hablar de disección, que suele entenderse como el análisis detallado de lo muerto. Por eso es preferible usar el término vivisección, que estudia el funcionamiento de lo vivo.

Rothbard comenta con gran alegría el colapso del social-comunismo en la Unión Soviética y en la Europa del Este (1989-1990). Aquel hecho es uno de los más cruciales del siglo XX, el fracaso rotundo de la ideología comunista. Ya no pueden decir que no lo intentaron o que no tuvieron suficiente tiempo.

Aquella visión economicista y etapista del hombre y de la historia había llegado a su fin. Empero, desde luego, no era el fin de la izquierda en general, solo, al menos, de la izquierda ortodoxa marxista-leninista en particular. La izquierda socialdemócrata, llamada también socialismo reformado, en alguna medida siempre ha estado en auge y en total vigencia hasta nuestros días. Cuenta Rothbard:

Evidentemente, tras el derrumbamiento del bloque socialista, nadie en Estados Unidos, sea cual fuere su posición en el abanico ideológico, habla ya de «socialismo» o de «planificación central» y todos pagan al menos un tributo verbal a la importancia del «mercado». Pero si bien el «socialismo» y la «planificación central» han muerto, no puede decirse lo mismo, sino al contrario, del estatismo y el intervencionismo. La idea dominante es que debe preservarse la cáscara del mercado paralizándole cada vez más en nombre de una plétora de objetivos intervencionistas. (IbÍd. p. 370-71).

Sin embargo —dice Rothbard—, la verdadera amenaza no viene del lado economicista, no viene de una justificación que en algunos aspectos considere la planificación económica superior al libre mercado. No son, en ningún sentido, los argumentos económicos los que sustentan cada vez más mayor intervencionismo en la economía, son, en realidad, argumentos en primer lugar sociales y, en segundo lugar, morales, que a la postre, indirectamente dan lugar a la intervención.

La izquierda ortodoxa intervenía y extinguía el mercado argumentando que una economía planificada iba ser un mayor estadio de producción y bienestar humano. En cambio, desde muchos años antes a este fracaso anunciado por Mises en su artículo de 1920, “El Cálculo Económico en el Sistema Socialista”, la izquierda reformada (socialdemócrata) llenaba el espacio de los valores y la cultura abandonado por los liberales clásicos desde el siglo XIX:

Debido al abandono del campo de la ética por parte de los «liberales», el terreno de la moral ha sido invadido por la nueva ralea izquierdista y estatista, que dispensa sin pudor sus elogios y vituperios sin que sus adversarios puedan ofrecerles respuestas convincentes. Frente a las propuestas intervencionistas, por más extravagantes que sean, conservadores y liberales sólo pueden mencionar débilmente lo desorbitado de su coste económico, combate de retaguardia condenado al fracaso. (IbÍd. p. 372).

La izquierda no tuvo que hacer mucho esfuerzo para lograr una hegemonía intelectual y moral, simplemente ocupó el espacio abandonado por los economistas utilitaristas y positivistas que renunciaron a los juicios de valor para hacer “verdadera ciencia”.

Lograda la victoria izquierdista en el campo más importante, el campo de los valores, solo hacía falta culpar cualquier posición de inmoral, extremista, egoísta o intolerante para que fuese rechazada de plano. Pocos liberales y libertarios como Rand y Rothbard harían frente en el mismo plano, el de los valores.

Habiendo establecido que la nueva izquierda ya no trabaja en el campo económico sino cultural, pasemos a dilucidar los tres ámbitos donde funciona y trabaja arduamente este movimiento según Rothbard.

Victimología oficial

En este terreno que trabaja la nueva izquierda se considera que hay ciertos grupos que históricamente han sido Opresores y otros Oprimidos. De acuerdo con esto, es necesario corregir estas injusticias «reparando y compensando» a los Oprimidos. ¿Cómo? Responde Rothbard:

De ahí que el deber del Estado consista en derramar riquezas, empleos, puestos y privilegios innumerables sobre esas Víctimas, a cargo, por supuesto, de los pretendidos Opresores. Se trata de una forma particularmente grotesca de reparación o compensación, ya que los «Opresores» no han causado personalmente ningún perjuicio a nadie y las «Víctimas» jamás han sufrido por culpa de ellos. Privilegios y penalidades se distribuyen con el único pretexto de que grupos similares podrían haber sido víctimas u opresores en el pasado —un pasado a veces muy lejano. (IbÍd. p. 373).

Aquí vemos que el fundamento no es económico —como lo sería uno marxista—, pero, inevitablemente tiene perjudiciales consecuencias económicas, más intervención del Estado en forma de redistribución de la riqueza hacia estos grupos enmarcados como Oprimidos, y políticas de ingeniería social en forma de privilegios, a saber, la conocida acción afirmativa de cupos para universidades y empleos para estos. Por último, quizá lo más importante, es que la reparación de esas injusticias —y pienso que nadie negaría que han existido injusticias a lo largo de la historia hacia negros, mujeres y homosexuales— se logra creando una nueva y más aberrante injusticia; personas del presente que no cometieron injusticias deben compensar a personas del presente que nunca las sufrieron.

Otro problema no menos importante que destaca Rothbard es ¿hasta cuándo? ¿cuándo cesarán las reparaciones? ¿cuándo se considerará que ya no son “Oprimidos”? ¿cuándo ellos mismos lo digan?

Finalmente, Rothbard —que no dejaba nada a la suerte—, nos da una lista de las Víctimas Oficiales (declaradas por el Estado) a su fecha: negros, judíos, asiáticos, mujeres, jóvenes, viejos, «sin casa», homosexuales, disminuidos. ¿y los Opresores? «blancos varones, de mediana edad, heterosexuales, cristianos, no disminuidos y que disfrutan de una morada».

Es bastante interesante que se mencione a los «sin casa» hoy llamados sin techo, que junto con los parados (desempleados), excluidos, inmigrantes y refugiados, conforman la nueva lista de Víctimas Oficiales. El filósofo de Izquierda Slavoj Žižek les llama «diferentes posiciones proletarias».[1]

Ecologismo

Nuevamente pero ahora, en nombre del medio ambiente, el Estado interviene en la economía para restablecer el equilibrio entre el hombre y la naturaleza. En medio del amor hacia la naturaleza se desprecia al ser humano, pues lo que se busca es devolver la humanidad a un estado pre-capitalista, en completa miseria, pero en armonía con el medio ambiente:

Lo que los ecologistas se proponen es restablecer el orden del mundo devolviéndolo a su estado anterior al hombre, o por lo menos hacer todo lo posible en tal sentido: en una palabra, dificultar, si no interrumpir, la producción y el consumo, por no hablar del desarrollo y el crecimiento. (IbÍd. p. 375).

De este modo el ecologismo como bandera de la nueva izquierda, en nombre del medio ambiente lleva a cabo toda una serie de intervenciones y regulaciones contra lo que llama el “estilo de vida burgués”, su automóvil de gasolina o gas, su aire acondicionado, su desodorante en spray, sus bolsas de plásticos o su DDT, etc.

Se considera que en este terreno es donde más ha avanzado la nueva izquierda, ya que gracias a este ha logrado imponer regulaciones ambientales a nivel mundial. Por su peligroso poder e influencia global, los movimientos ecologistas han recibido el nombre de Dragón Verde y, como tragicomedia, el nombre de sandias, verdes por fuera y rojos por dentro.

Puritanismo

Este último campo en el que trabaja la nueva izquierda consiste en proteger a los ciudadanos de sí mismos. Igual que en los casos anteriores, los fundamentos no son económicos, siempre son del tipo moralista-bienestarista, sin embargo, inevitablemente sus consecuencias son control e intervención económica. Explica Rothbard:

Lo que el nuevo puritanismo parece perseguir es poner fuera de la ley todas las actividades que no son oficialmente «buenas para usted», o que implican el menor elemento de riesgo. (IbÍd. p. 375).

Estas medidas se ejercen en forma paternalista, prohibiendo lo que el Estado y su administración considera malo o peligroso para nosotros, desde el cigarrillo y el alcohol, hasta las drogas. La característica de este nuevo puritanismo es la prohibición por nuestro bienestar. Hay que decir sobre esto, que al presente ha evolucionado. Actualmente en muchos ámbitos de la vida personal como lo que comemos, el Estado optó por un paternalismo suave, llamado paternalismo liberal o “libertario”, que no consiste en prohibir sino en persuadir, no prohíbe el alimento dañino para nuestra salud X, solo obliga a que los alimentos poco sanos sean puestos en las zonas donde probablemente no miraremos en el supermercado y, al contrario, los alimentos sanos son puestos a la altura de nuestro rostro, lo que hace más probable que los tomemos. Actualmente el Estado opera mediante la psicopolítica, explotando los sesgos y heurísticas de la psique humana.[2]

Conclusión

La unión de algunos de estos tres principales campos de trabajo de la nueva izquierda puede dar lugar a que se amplié a un marco de actividad mayor. La censura que actualmente padecemos, la corrección política, la intolerancia de los “tolerantes”, nace de la unión del puritanismo y la victimología oficial. Perfectamente explicado por Rothbard:

El nuevo puritanismo se lleva bien con la victimología oficial, ya que se sirve de una censura social, e incluso legal, contra ciertas investigaciones científicas, o la expresión de opiniones que podrían, en la terminología oficial, «chocar» contra, o simplemente «desconocer», la sensibilidad de las comunidades de víctimas. La prohibición llega incluso a proscribir explícitamente practicar el humor, e incluso el ingenio, a costa de ellas. En Estados Unidos, como consecuencia de estas presiones, la palabra y el escrito se hacen cada vez más afectados y melindrosos, sensiblemente más graves, solemnes y aburridos, y todos tratan de evitar la expresión de cualquier opinión que no encaje en el Nuevo Pensamiento Oficial. Las expresiones atrevidas, en la discusión o en los escritos, sólo se permiten socialmente si se dirigen contra el macho blanco, cristiano, etc. El Opresor. (Ibíd. p. 376).

El nuevo puritanismo quiere proteger a los ciudadanos, y específicamente se dirige para proteger la sensibilidad de cualquiera de estos grupos oficialmente denominados Oprimidos. Así, se restringe y regula (censura) el mercado de la comedia, el cine, la escritura, etc. En harás de la uniformidad del pensamiento, el pensamiento único, el pensamiento que el Estado considera bueno para la salud de su sociedad.

En todos los casos se observa una forma de estrategia gradualista, paso por paso, que solo puede concluir hasta el control total de toda actividad económica en manos del Estado (Comunismo). Es una revolución silenciosa y gradual. Ello, en el supuesto que realmente los sectores socialdemócratas quieran llevarnos al comunismo.[3]

Sin embargo, es siempre fácil y peligroso en el debate político caer en la falacia de pendiente resbaladiza o efecto dominó. Que el Estado obligue a un empleador a tener mínimo un 30% de mujeres como empleadas, o incluir cuotas de negros y homosexuales en el cine o que prohibiera el uso del DDT —el pesticida de bajo costo que casi extingue la malaria en el mundo con poca evidencia de daño al medio ambiente—, o que prohíba la producción y consumo de heroína en harás de su paternalismo. No significa automáticamente que vayamos directo hacia el comunismo y su economía planificada, del mismo modo que permitir la clonación no va dar lugar a un ejército de clones como sugieren algunos sectores conservadores.

Para hacerlo más claro, se dice que permitir A da lugar a Z, permitir que el Estado se haga cargo de la industria del alcohol (A), dará lugar a que el Estado se haga cargo de todas las industrias (Z) (comunismo). Precisamente esta falacia omite todos los subsiguientes pasos intermedios de A para llegar a Z, es decir, B, C, D…W, X, Y. Que se dé A, no se sigue automáticamente Z, bien puede suceder que se detenga en el paso H, y se siga manteniendo el intervencionismo económico rampante.

De cualquier forma, no hay que olvidar la gran enseñanza de Mises. Mises dijo: “El camino del medio (intervencionismo) nos lleva al socialismo”. ¡Sin duda! Debemos estar alertas. Pero no omitamos que puede detenerse y revertirse. En razón de lo mencionado, la metáfora de la «rana hirviendo», aunque muy instructora y persuasiva en el debate público, no es necesariamente válida y, por tanto, una gran afirmación como esta debe ser probada. La idea, en síntesis, es que si introducimos la rana en agua hirviendo abruptamente esta saltará al instante —lo que sería introducir el comunismo por la fuerza—, por ello, la mejor manera, es introducir la rana en agua fría —donde se siente cómoda— y desde allí, comenzar a subir la temperatura gradualmente y llevarla a la ebullición lentamente.


 

[1] Žižek, Slavoj (2014) “Pedir lo imposible”. Editorial: Madrid: Akal. (p. 68).

[2] Para comprender cómo el Estado explota la psique humana véase J, Bermeo. (2016) “Diálogo con Slavoj Žižek y Byung-Chul Han sobre el comunismo y la revolución” Instituto Mises. DISPONIBLE EN:

http://www.miseshispano.org/2017/02/dialogo-con-slavoj-zizek-y-byung-chul-han-sobre-el-comunismo-y-la-revolucion/ Desde el título “Conclusiones, hacia una alteridad con el libertarismo” en adelante.

[3] Sobre si existe o no un proceso de hegemonía y conquista consciente y dirigido al sonido del tambor por parte de la nueva izquierda para llevarnos al comunismo véase J, Bermeo. (2017) “Mitos y verdades sobre el marxismo cultural” Instituto Mises. DISPONIBLE EN:

http://www.miseshispano.org/2017/11/mitos-y-verdades-sobre-el-marxismo-cultural

 

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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