Ludwig von Mises noviembre 28, 2017
restringir las importaciones

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La lógica probanza de las respectivas consecuencias del proteccionismo tarifario y del libre intercambio constituye la piedra maestra de la economía clásica. El teorema resulta tan claro, tan obvio y tan indiscutible que argumento alguno pudieron los enemigos del liberalismo oponerle que no fuera de inmediato demolido. La verdad, sin embargo, es que hoy tropezamos con barreras proteccionistas —cuando no se trata de expresas prohibiciones a la importación— por doquier. Incluso en la Gran Bretaña, la patria del librecambio, el proteccionismo progresa de modo incontenible.

La autarquía gana, día a día, más y más adeptos. Incluso países pequeños, como Hungría o Checoslovaquia, pretenden, al amparo de altas tarifas y de vetos a la importación, independizarse del resto del mundo. La política comercial exterior de los EE. UU. consiste en imponer los suficientes gravámenes aduaneros a toda mercancía producida barata en el extranjero hasta lograr igualar su precio con el correspondiente producto americano. Lo que resulta, en verdad, grotesco es que todos los países quieran restringir las importaciones y, al mismo tiempo, ampliar sus exportaciones.

Restringir las importaciones: perturba la división del trabajo

Tal política no puede sino perturbar la división del trabajo en el plano internacional y concomitantemente reducir la productividad laboral en general, y similares. El capital y el trabajo, a comienzos del siglo pasado, se movía libremente, en términos generales, dentro de cada nación, pero su desplazamiento de un estado a otro era francamente difícil.

Resultaba de ahí justificable, entonces, la distinción entre comercio interior y comercio exterior, ya que, en el primer caso, era posible el movimiento del capital y del trabajo, no siéndolo en el segundo. Es por eso que los clásicos planteáranse y aspiraran a resolver la siguiente pregunta: ¿Qué efectos produce el librecambismo de bienes de consumo entre dos países, supuesta la inmovilidad de capital y trabajo entre los mismos? Ricardo dio cumplida respuesta a la interrogante. La producción —dijo— distribúyese entre las diferentes naciones de suerte que cada país dedica sus recursos a fabricar aquello en que mayor ventaja competitiva tiene con respecto a los demás.

Aterrorizaba, entonces, a los mercantilistas el pensar que un país de pobres condiciones naturales productivas, en régimen libre, importaría más que exportara, perdiendo al final, por tal proceso, todo su dinero metálico; de ahí que recomendaran decretar tarifas proteccionistas y prohibiciones importadoras antes de que tan deplorable situación se produjera. Los clásicos demostraron que tales temores carecían, por entero, de base. Evidenciaron, en efecto, que, aunque una nación fuera inferior a todas las restantes, en la totalidad de sus ramas productivas, no por eso llegaría a importar más de lo que exportaba.

La escuela clásica puso de manifiesto, del modo más brillante e incontrovertible —hasta el punto de que nadie jamás se ha atrevido, abiertamente, a discutir el asunto— que incluso las naciones más favorecidas ganan importando de países peor dotados incluso aquellas mercancías que ellas podrían mejor producir, por cuanto, merced a tales. La enorme potencialidad productiva del capitalismo, cierto es, ha conseguido enmascarar, hasta ahora, el problema. Es indudable, sin embargo, que, hoy en día, todo el mundo viviría mejor en ausencia de tarifas proteccionistas que no hacen sino desplazar la producción de lugares donde la labor humana es más fecunda a otros donde lo es menos.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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