regimen burocratico en colombia

Régimen burocrático en Colombia en la empresa privada

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El gerente de la empresa privada una sola directiva tiene que dar a aquellos subordinados autorizados para actuar con independencia funcional: que consigan el máximo beneficio posible. Nada más necesita decirles; el examen de las correspondientes cuentas evidenciará si la instrucción ha sido o no cumplida.

En cambio, el jefe de un departamento burocrático hállase en posición totalmente distinta. Puede, desde luego, decir a sus empleados lo que quiere que hagan; resúltale, por el contrario, muy difícil precisar si el deseado objetivo se consiguió del modo más económico. Tendría que hallarse omnipresente en todas las oficinas de él dependientes para asegurarse de que el fin apetecido había sido alcanzado con el menor gasto posible de medios y trabajo.

No vamos ahora a entrar en el tema de que la propia meta administrativa ambicionada no puede, sino sólo de modo aproximado, ser objeto de valoración numérica. Nuestras consideraciones limítanse a la mecánica interna del aparato burocrático, en modo alguno a sus efectos externos. Hablamos exclusivamente de los medios empleados en la consecución del efecto deseado.

El régimen burocrático en la empresa privada

Comoquiera que, a diferencia de lo que sucede en la empresa privada, no cabe en una organización burocrática contrastar costos y resultados, el superior en ésta ha de dirigir invariablemente a sus subordinados mediante instrucciones conminatorias. Pero tales obligatorias instrucciones sólo pueden prever los casos normales que regularmente se presentan. En los demás supuestos —sobre todo si se trata de desembolsar dinero— nada se puede hacer sin recurrir al jefe, procedimiento siempre tedioso y bastante ineficaz, en cuyo favor no cabe decir sino que resulta inevitable.

Porque los costos de la administración pública se dispararían, en efecto, si cada departamento central, cada oficina subalterna y cada despacho local pudiera libremente gastar lo que estimara oportuno. El mecanismo a que, consecuentemente, hay que recurrir resulta, a no dudar, insatisfactorio y deficiente, dando lugar a gastos innecesarios, mientras otros perentorios dejan de efectuarse, ya que, por su propia naturaleza, el sistema carece de la agilidad típica de la empresa privada para acomodarse a circunstancias continuamente mudables.

Donde más claramente se manifiestan los caracteres del régimen burocrático es, precisamente, en los representantes del mismo, en los burócratas. La contratación de trabajo en la empresa privada no supone conceder ni favores ni mercedes a nadie; es una pura transacción mercantil, en la que ambas partes, patrono y obrero, ganan. El empleador ha de procurar pagar salarios que correspondan al valor de mercado de la labor practicada por el trabajador.

De no proceder así, pierde al productor, quien va a buscar otro empresario que pague mejor. Ahora bien, el obrero, por su parte, para no ser despedido, tiene que cumplir con diligencia la tarea a él asignada justificando el jornal cobrado. Dado que el contrato de trabajo no encierra ni piedad ni gracia alguna del patrono con respecto al laborador, tratándose, por el contrario, como decíamos, de mera operación mercantil, no debe preocupar a éste la posibilidad de que aquél, por pura ojeriza, digamos, le eche a la calle.

El empresario que caprichosamente despide a un buen trabajador que se gana su paga, sufre en su propia carne las consecuencias, mientras el dependiente no tarda en hallar colocación similar. El empresario puede, por eso, sin peligro, facultar a sus directores para contratar y despedir obreros, ya que aquéllos, sometidos siempre al apremio de la cuenta de pérdidas y ganancias, tienen que cuidarse de que su respectivo sector produzca el mayor beneficio posible y, consecuentemente, su propio interés indúceles a procurar no les abandonen los buenos empleados. Si por pura malevolencia despiden a quien debían haber retenido; si actúan, no por consideraciones objetivas, sino caprichosamente, ellos mismos se perjudican. El jefe cuya sección, por tales motivos, baja de rendimiento está hipotecando su propio futuro. Cabe, así, sin problemas ni fricciones, incorporar el factor humano de producción al proceso fabril.

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Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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