Ilya Somin noviembre 2, 2018

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La mayoría de las personas probablemente asumen que la respuesta es Adolf Hitler, arquitecto del Holocausto. Otros tal vez adivinen que fue el dictador soviético Joseph Stalin, quien de hecho pudo haber logrado asesinar más personas inocentes que Hitler, muchas de ellas como parte de terrorífica hambruna que se llevó más vidas que el Holocausto.

Tanto Hitler como Stalin fueron superados por Mao Zedong. De 1958 a 1962, su política del Gran Salto Adelante provocó la muerte de 45 millones de personas, lo que fácilmente lo cataloga como el episodio más grande de asesinato masivo jamás registrado.

El vasto, cruel y deliberado asesinato de millones.

El historiador Frank Dikotter, autor del reconocido libro La Gran Hambruna de Mao, recientemente publicó un artículo en History Today, resumiendo lo que pasó:

Mao pensó que podría catapultar a su país por encima de sus competidores llevando campesinos de todo el país a comunas populares gigantes. En la búsqueda del paraíso utópico, todo era colectivizado. A la gente se le arrebató sus trabajos, hogares, tierras y pertenencias.

En los comedores colectivos la comida que era distribuida de acuerdo a los méritos se convirtió en un arma usada para forzar a la gente a seguir cada orden que el partido emitía. Como los incentivos para trabajar fueron removidos, la coerción y la violencia fueron usadas para obligar a los campesinos hambrientos a realizar trabajos en proyectos pobremente irrigados mientras que los campos eran descuidados.

Lo que siguió fue una catástrofe de dimensiones colosales. Extrapolando las estadísticas de población publicadas, los historiadores han especulado que decenas de millones de personas murieron de inanición. Pero las verdaderas dimensiones de lo ocurrido recién están saliendo a la luz gracias a meticulosos reportes que el mismo partido compiló durante la hambruna. Lo que surge de esta enorme y detallada carpeta es una historia de horror en la que Mao emerge como uno de los mayores asesinos en masa de la historia, responsable de la muerte de al menos 45 millones de personas entre 1958 y 1962.
No es sólo el alcance de la catástrofe que empequeñece las estimaciones anteriores, sino también la forma en que muchas personas murieron: entre dos y tres millones de víctimas fueron torturadas hasta la muerte o asesinadas sumariamente, a menudo por la más mínima infracción.

Cuando un niño hurtó un puñado de granos en una aldea de Hunan, el jefe de la localidad Xiong Dechang forzó a su padre a enterrarlo vivo. El padre murió de la pena unos días después.

El caso de Wang Ziyou fue denunciado a la dirección central: una de sus orejas fue cortada, sus piernas fueron amarradas con el alambre de una plancha, una piedra de 10 kilogramos fue lanzada sobre su espalda y lo marcaron con una herramienta electrificante. Todo esto como castigo por excavar una papa.

Los hechos básicos del Gran Salto Adelante ya han sido conocidos por los estudiosos. El trabajo de Dikötter es notable por demostrar que el número de víctimas pudo haber sido incluso mayor de lo que se pensaba, y que el asesinato masivo fue más claramente intencional por parte de Mao, e incluyó un gran número de víctimas que fueron ejecutadas o torturadas, en lugar de “simplemente” haber muerto de hambre. Incluso las estimaciones conservadoras de 30 millones o más seguirían haciendo de este el mayor asesinato en masa en la historia.

Si bien los horrores del Gran Salto Adelante son bien conocidos por los expertos en el comunismo y la historia de China, rara vez son recordados por gente común fuera de China, y han tenido solo un modesto impacto cultural. Cuando los occidentales piensan en los grandes males de la historia mundial, rara vez piensan en esto.

En contraste con los numerosos libros, películas, museos y días conmemorativos dedicados al Holocausto, nos esforzamos poco por recordar el Gran Salto Adelante, o para asegurarnos de que la sociedad haya aprendido sus lecciones. Cuando prometemos “nunca más”, no solemos recordar que debería aplicarse a este tipo de atrocidades, de la misma manera que aquellas motivadas por el racismo o el antisemitismo.

El hecho de que las atrocidades de Mao resultaron en muchas más muertes que las de Hitler no necesariamente significa que él era el más malvado de los dos. El mayor número de muertos se debe en parte al hecho de que Mao gobernó durante mucho más tiempo a una población mucho mayor. Perdí a varios parientes en el Holocausto y no deseo disminuir su importancia. Pero la gran escala de las atrocidades comunistas chinas los coloca en el mismo estadio general. Por lo menos, merecen mucho más reconocimiento del que reciben actualmente.

¿Por qué casi nunca regresamos a ver al Gran Salto Adelante?

¿Qué explica esta negligencia? Una respuesta posible es que la mayoría de las víctimas eran campesinos chinos, personas cultural y socialmente distantes de los intelectuales occidentales y figuras de los medios que tienen la mayor influencia sobre nuestra conciencia histórica y nuestra cultura popular. Como regla general, es más fácil empatizar con las víctimas que parecen similares a nosotros.

Pero un factor aún más grande en nuestro relativo descuido al Gran Salto Adelante es la tendencia generalizada a minimizar los crímenes cometidos por regímenes comunistas, a diferencia de los autoritarios de derecha. A diferencia de la época de Mao, hoy en día muy pocos intelectuales simpatizan con el comunismo. Pero muchos de ellos se rehúsan a aceptar que fue un mal tan grande, temerosos quizás de que otras causas de izquierda queden manchadas.

En China, el régimen admitió en los últimos años que Mao “cometió errores” y permitió cierto grado de discusión abierta sobre esta historia. Pero el gobierno no está dispuesto a admitir que el asesinato en masa fue intencional y continúa reprimiendo y persiguiendo de vez en cuando a los disidentes que señalan la verdad. Esta renuencia es un resultado obvio del hecho de que el Partido Comunista aún gobierna China. Aunque han repudiado muchas de las políticas específicas de Mao, el régimen todavía deriva gran parte de su legitimidad de su legado.

Experimenté la ambivalencia oficial de China en este tema de primera mano, cuando di una charla sobre el tema mientras enseñaba un curso como profesor visitante en una universidad china en 2014.

¿Por qué es tan importante?

Tanto para chinos como para occidentales, el desconocimiento de la verdadera naturaleza del Gran Salto Adelante tiene costos importantes. Algunos sobrevivientes del Gran Salto Adelante aún están vivos en estos días. Ellos merecen reconocimiento por esa horrible injusticia que sufrieron. También merecen una compensación por sus pérdidas y la imposición de un castigo apropiado a los autores restantes.

Además, nuestro continuo e histórico punto ciego sobre los crímenes de Mao y otros gobernantes comunistas nos lleva a subestimar los horrores de tales políticas, y hace que sea más probable que puedan ser revividas en el futuro. La historia horrenda de China, la URSS y sus imitadores, debieron haber desacreditado permanentemente al socialismo tan completamente como el descrédito del fascismo por parte de los nazis. Pero hasta ahora no lo ha hecho del todo.

Recientemente, el gobierno socialista de Venezuela impuso el trabajo forzoso a gran parte de su población. Sin embargo, la mayor parte de la cobertura mediática de esta injusticia omite notar la conexión con el socialismo, o que la política tiene paralelismos en la historia de la Unión Soviética, China, Cuba y otros regímenes similares. Un análisis incluso afirma que el problema real no es tanto el “socialismo qua socialismo” sino más bien el “socialismo particular de Venezuela”, que fusiona las malas ideas económicas con una marca distintiva de acoso de los hombres fuertes “y es propenso al autoritarismo y la mala gestión. “

El autor simplemente ignora el hecho de que el “abuso del hombre más fuerte” y la “mala administración” son típicos de los estados socialistas de todo el mundo. Las naciones escandinavas, citadas a veces como ejemplos de socialismo exitoso, no son realmente socialistas en absoluto, porque no cuentan con la propiedad gubernamental de los medios de producción, y en muchos sentidos tienen mercados más libres que la mayoría de las otras naciones occidentales.

La trágica situación de Venezuela no sorprendería a nadie familiarizado con la historia del Gran Salto Adelante. Haríamos bien en darle finalmente al episodio de asesinato masivo más grande de la historia la atención que merece.

*Este atículo fue originalmente publicado en FEE.org el 3 de Agosto de 2016 y fue traducido el español por Juan Martín Salvador.

Ilya Somin

ILYA SOMIN es profesor de leyes de la Universidad George Mason. Su investigación se centra en el derecho constitucional, las leyes de propiedad y en el estudio de la participación política popular y sus implicaciones para la democracia constitucional.

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