¿Qué es el Comunismo?

0
331

Previo a la Revolución Rusa de 1917, “socialismo” y “comunismo” eran sinónimos. Ambos se referían a sistemas económicos en donde el gobierno era dueño de los medios de producción. Los dos términos divergieron fundamentalmente como resultado de la teoría y práctica política de Vladimir Lenin (1870-1924).

Al igual que la mayoría de los socialistas de esa época, Lenin creía que el socialismo no podía ser alcanzado sin una revolución violenta. Pero, nadie más prosiguió la lógica de la revolución tan rigurosamente como él. Después de decidir que la revolución no sucedería espontáneamente, Lenin concluyó en que debería ser diseñada por un partido cuasi-militar de revolucionarios profesionales, el cual él inició y condujo. Después de darse cuenta de que la revolución tendría muchos oponentes, Lenin determinó que la mejor manera de aplacar la resistencia era mediante lo que él llamó con franqueza, “terror” –ejecuciones masivas, trabajo esclavo y hambruna. Después de observar que la mayoría de sus conciudadanos se oponía al comunismo, aún después de su triunfo militar, Lenin concluyó en que la dictadura de un solo partido debería continuar, hasta que disfrutara de un apoyo popular sólido. En el caos de los últimos años de la Primera Guerra Mundial, las tácticas de Lenin mostraron ser efectivas para apoderarse y mantener el poder en el antiguo Imperio Ruso. A los socialistas que abrazaron los métodos de Lenin, se les llegó a conocer como “comunistas” y eventualmente llegaron al poder en China, Europa de Este, Corea del Norte, Indochina, y otros lugares.

El hecho más importante que hay que entender acerca de la economía del comunismo, es que las revoluciones comunistas triunfaron tan sólo en sociedades básicamente agrícolas. [1] Por tanto, la propiedad gubernamental de los medios de producción no pudo ser lograda mediante la expropiación de unos pocos industriales. Lenin reconoció que el gobierno tendría que apoderarse de las tierras de decenas de millones de campesinos, quienes con toda seguridad lo resistirían. Trató de hacerlo durante la Guerra Civil Rusa (1918-1920), pero echó para atrás a la luz del caos y de cinco millones de muertes por la hambruna. El sucesor de Lenin, Joseph Stalin, terminó el trabajo una década después, enviando a millones de los campesinos más afluentes (kulaks) a los campos de mano de obra esclava en Siberia, a fin de impedir la resistencia y someter al resto que pasaba hambre.

El mecanismo de “terror por la hambruna” de Stalin era simple. La colectivización redujo la producción total de alimentos. Los kulaks exiliados habían sido los agricultores más progresistas y, después de convertirse en empleados del estado, los restantes campesinos tenían pocos incentivos para producir. Sin embargo, las cuotas del gobierno para la producción de alimentos aumentaron drásticamente. La escasez surgió a partir de los estómagos de los campesinos. Lo explica Robert Conquest:

“La producción agrícola había sido reducida drásticamente y los campesinos expulsados por millones a la muerte y al exilio, con aquellos que permanecieron, reducidos a ser siervos, desde su punto de vista. Pero, el Estado ahora controlaba la producción de granos, no importando cuán reducida fuera su cantidad, Y prevaleció la granja colectiva.” [2]

En el Oeste capitalista, la industrialización era un subproducto de la productividad agrícola creciente. Al aumentar el producto por agricultor, se necesitaban menos agricultores para alimentar a la población. Aquellos que ya no eran necesarios en la agricultura, se movilizaron hacia las ciudades y se convirtieron en trabajadores industriales. La modernización y la producción creciente de alimentos iban de la mano. En contraste, bajo el comunismo, la industrialización estaba acompañada de una productividad agrícola decreciente. El gobierno utilizó los alimentos que extrajo dolorosamente de los agricultores, para alimentar a los trabajadores industriales y para pagar por exportaciones de otros países. Por supuesto, los nuevos trabajadores industriales eran antiguos agricultores que habían huido de las condiciones de tortura de las granjas colectivas. [3]

Uno de los conceptos básicos más importantes en economía es la frontera de posibilidades de producción (FPP), la cual muestra combinaciones posibles de, por ejemplo, trigo y acero. Si la frontera permanece constante, más acero significa menos trigo. En el mundo no comunista, la industrialización significaba un aumento constante hacia afuera de la FPP, impulsado por el cambio tecnológico (Figura 1). En el mundo comunista, la industrialización era un movimiento doloroso a lo largo de la FPP; o, para ser más preciso, se movió a lo largo de la FPP, en donde más bien hacía un movimiento hacia adentro (Figura 2).

 


Figura 1 Industrialización Normal y la FPP
[IMG]file:///C:/Users/JORGEC~1/AppData/Local/Temp/msohtmlclip1/01/clip_image001.jpg[/IMG]


Figura 2 Industrialización Comunista y la FPP
[IMG]file:///C:/Users/JORGEC~1/AppData/Local/Temp/msohtmlclip1/01/clip_image002.jpg[/IMG]


La otra característica distintiva de la industrialización Soviética fue que pocos productos manufacturados alguna vez llegaron a los consumidores. El énfasis estaba en la “industria pesada”, tales como acero y carbón. Esto es intrigante, hasta que uno se da cuenta de que el término “industrialización” es un nombre inapropiado. Lo que sucedió en la Unión Soviética, durante la década de los treintas, no fue una industrialización, sino una militarización, un crecimiento de los armamentos mayor que el de cualquier otra nación del mundo, incluyendo a la Alemania Nazi. [4] Así lo explica Martin Malia:

“Al contrario de las metas declaradas del régimen, era lo opuesto de un sistema de producción que creara abundancia para la satisfacción futura de las necesidades de la población; era un sistema de estrujamiento generalizado de la población, para que produjera más bienes de capital para la creación de poder industrial, para así producir siempre más bienes de capital, con el cual aumentar todavía más la fortaleza industrial y, en última instancia, para producir armamentos.” [5]

Los apologetas de Stalin alegan que Alemania le forzó a militarizarse. En verdad, Stalin no sólo inició la Segunda Guerra Mundial, siendo un aliado activo de Hitler en contra de Polonia, sino que también vio a la guerra como una oportunidad para la expansión comunista:
“[E]l gobierno de la Unión Soviética dejó claro, en su circular de la Internacional Comunista [Comintern] de setiembre de 1939, que el estímulo de la “segunda guerra imperialista” iba en los intereses de la Unión Soviética y de la revolución mundial, mientras que mantener la paz no lo era.” [6]

Una tontera, tal como pareció serlo después de la puñalada por la espalda de Hitler en 1941, la afirmación de Stalin era correcta. Después de la Segunda Guerra Mundial, la URSS instaló regímenes comunistas en toda la Europa del Este. Más significativo fue que la derrota de Japón creo un vacío de poder en Asia, lo que le permitió a Mao Zedong establecer una dictadura Leninista en China continental. Los títeres europeos siguieron estrechamente al modelo Soviético, pero su nivel de desarrollo previo a la guerra, permitió que la transición fuera menos letal. En contraste, Mao prosiguió políticas que eran aún más radicales que las de Stalin, culminando con el Gran Salto hacia Adelante (1958-1960). Treinta millones de chinos murieron de hambre en una repetición de la colectivización Soviética.

Después de la muerte de Stalin en 1953, se moderaron las políticas económicas de la Unión Soviética y de sus satélites en Europa. Se liberó a la mayoría de trabajadores esclavizados y las cárceles se convirtieron en prisiones para disidentes, en vez de empresas que cosechaban barato mediante recursos ocultos. Los regímenes comunistas pusieron un énfasis mayor en la producción de alimentos y de bienes de consumo, y menos en lo militar. Pero, su pedigrí económico permaneció siendo obvio. La prioridad era la fuerza militar y los bienes de consumo y los alimentos eran un añadido.

La crítica más frecuente al bloque Soviético ha sido, por largo tiempo, su fracaso para usar los incentivos. Esta es una verdad a medias. [7] Tal como lo explica Hedrick Smith, en The Russians, el liderazgo del partido utilizó incentivos en los sectores en donde realmente querían resultados:

“No sólo los esfuerzos de defensa y en lo espacial obtuvieron una máxima prioridad y recursos financieros, sino que también operaron con un sistema diferente en el resto de la economía. Samuel Pisar, un estadounidense abogado, escritor y consultor en asuntos de comercio Este-Oeste, hizo una observación que, para mí, es aguda en cuanto a que el sector militar es ‘el único sector de la economía Soviética que opera como si fuera una economía de mercado, en el sentido de que los clientes extraen del mecanismo económico, el tipo de armamentos que quieren… Los militares, tal como los consumidores en Occidente… pueden decir, ‘No, no, no, eso no es lo que queremos’.’” [8]

En cierto sentido, el colapso del comunismo no habría sorprendido a Lenin. Lenin sabía que el partido necesitaba del terror hasta que tuviera un apoyo popular sólido. Cuando Mikhail Gorbachev asumió el poder, ese apoyo no se había materializado, incluso en la Unión Soviética, mucho menos en los satélites europeos. Gorbachov desmanteló el aparato de terror con una velocidad brillante, deshaciendo siete décadas de intimidación en apenas unos pocos años. El resultado fue un final rápido del comunismo en los satélites en 1989, seguido de la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Una cobija de retazos de nacionalismos probó ser más popular que lo que alguna vez fuera el Marxismo-Leninismo.

Gran parte, pero no todo, del antiguo bloque soviético goza ahora de una libertad política y económica más marcada –los cambio son visibles, respectivamente, en el estudio Economic Freedom of the World (EFW) [Libertad Económica en el Mundo] y las clasificaciones de países de la Freedom House (FH) (Cuadro 1). En 1988, las repúblicas de la Unión Soviética tenían calificaciones menores a 1. [9] En el mismo año, Freedom House clasificó a todo el bloque Soviético como “no libre,” excepto a Polonia y Hungría, como “parcialmente libres”.


Cuadro 1 Surgimiento en Libertad Económica (EFW) y en Libertad Política (FH)


País Libertad Económica 2002
Puntuación
Libertad Política 2002
Clasificación

Bulgaria 6.0 F
República Checa 6.9 F
Estonia 7.7 F
Hungría 7.3 F
Letonia 7.0 F
Lituania 6.8 F
Polonia 6.4 F
Rumanía 5.4 F
Rusia 5.0 PF
República Eslovaca 6.6 F
Ucrania 5.3 PF

Fuentes: http://www.freetheworld.com/2004/2004dataset.xlshttp://www.freedomhouse.org/ratings/allscore04.xls.
Notas: La puntuación del EFW varía entre, 0–10, siendo 10 la más libre. Freedom House clasifica a los países como libres (F), parcialmente libres (PF) y no libres (NF)

 


Las reformas de mercado libre han sido fuertemente criticadas, en especial reformas que han sido ridiculizadas con el término “terapia de choque”. Sin embargo, los países que hicieron mayores reformas han visto el mayor aumento de sus estándares de vida y aquellos que han resistido el cambio, les continúa yendo mal. [10] Los críticos lamentan grandes declinaciones en la producción medida, pero mucho de la “producción perdida” consiste de productos para los cuales, antes que nada, había muy poca demanda de los consumidores. Muchas de las antiguas naciones comunistas sufrieron hiperinflación, pero tan sólo -ignorando cualquier consejo económico prudente- porque imprimieron dinero para cubrir déficits presupuestarios masivos. La receta de la “terapia de choque” habría sido recortar el gasto del gobierno y que se vendieran más activos del estado.

China, para alejarse del comunismo, escogió otro camino. Después de la muerte de Mao en 1976, sus sucesores esencialmente privatizaron la agricultura, permitiendo que se iniciara un desarrollo relativamente normal. La libertad económica se incrementó significativamente, pero China permanece siendo una dictadura de un sólo partido político. Algunos atribuyen su impresionante crecimiento económico a esta combinación de una libertad económica moderada y un gobierno autoritario. Sin embargo, el crecimiento refleja en gran parte la pobreza abyecta de la China Maoísta; es más fácil duplicar la producción, si usted empieza casi de cero.

Durante el siglo XX, socialistas confesos asumieron el poder alrededor del mundo, pero sólo los seguidores de Lenin se aproximaron a la meta original de abolir la propiedad privada de los medios de producción. La dictadura y el terror eran los medios necesarios y pocos políticos no comunistas los abrazaron. La disposición de los comunistas de llevarles la guerra a sus propios pueblos, los hace diferentes.

 


ACERCA DEL AUTOR
Bryan Caplan es profesor asociado de economía de la Universidad George Mason. Su página Web es www.bcaplan.com.


LECTURA ADICIONAL
INTRODUCTORIA
Becker, Jasper. Hungry Ghosts: Mao’s Secret Famine. New York: Holt, 1998.
Borkenau, Franz. World Communism: A History of the Communist International. New York: Norton, 1939.
Conquest, Robert. The Harvest of Sorrow: Soviet Collectivization and the Terror-Famine. New York: Oxford University Press, 1986.
Lenin, Vladimir. “What Is to Be Done?” En Collected Works, vol. 5. Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1961. Pp. 347–530.
Malia, Martin. The Soviet Tragedy: A History of Socialism in Russia, 1917–1991. New York: Free Press, 1994.
AVANZADA
Applebaum, Anne. Gulag: A History. New York: Doubleday, 2003.
Courtois, Stéphane, et al. The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression. Trad. Jonathan Murphy y Mark Kramer. Cambridge: Harvard University Press, 1999.
Fu, Zhengyuan. Autocratic Tradition and Chinese Politics. New York: Cambridge University Press, 1993.
Landauer, Carl. European Socialism: A History of Ideas and Movements. Westport, Conn.: Greenwood Press, 1976.
Mises, Ludwig von. Socialism. 1922. Traducido del Alemán por J. Kahane. Indianapolis: Liberty Fund, 1981. Disponible en línea en: http://www.econlib.org/library/Mises/msS.html
Pipes, Richard. The Russian Revolution. New York: Vintage Books, 1991.



NOTAS AL PIE DE PÁGINA
[1] El comunismo en las economías relativamente avanzadas de Alemania del Este y Checoslovaquia fue impuesto por las fuerzas de ocupación de la Unión Soviética, no por la revolución.
[2] Robert Conquest, Harvest of Sorrow (New York: Oxford University Press, 1986), p. 187.
[3] Aún menos suerte tuvieron los millones de trabajadores esclavizados en las minas y en los campos de las explotaciones forestales de Siberia. Las tasas de muerte fueron muy elevadas. Al contrario de la opinión en Occidente, la mayoría de los exiliados eran campesinos, no antiguos miembros del partido.
[4] Stanley Payne, A History of Fascism, 1914–1945 (Madison: University of Wisconsin Press, 1995), p. 370.
[5] Martin Malia, The Soviet Tragedy: A History of Socialism in Russia, 1917–1991 (New York: Free Press, 1994), p. 209.
[6] Payne, History of Fascism, p. 361.
[7] Ver Bryan Caplan, “Is Socialism Really ‘Impossible’?” Critical Review 16, no. 1 (2004): 33–52.
[8] Hedrick Smith, The Russians (New York: Ballantine Books, 1974), pp. 312–313.
[9] En línea en: http://oldfraser.lexi.net/publicatio…bles/a1-1.html.
[10] Shleifer y Treisman [“A Normal Country: Russia After Communism,” en Journal of Economic Perspectives, Vol. 19, No., 1, invierno de 2005) señalaron que el crecimiento medido del post-comunismo no tiene relación con la tasa de reforma, sino que, agregaron, que el producto medido está exagerado. Se deduce que el verdadero crecimiento aumentó más en países que hicieron mayores reformas.


Traducción por Jorge Corrales.

+ posts

Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

Leave a reply

Ir a la barra de herramientas