Problemas del socialismo liviano

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Si bien ciertamente no son equivalentes a los frutos amargos del “socialismo puro,” aun así son significativos y extensos.

El socialismo democrático está en surgimiento en los Estados Unidos, inspirado por la participación de Bernie Sanders en la elección presidencial del 2016 y las recientes victorias en las elecciones de medio período de promotores destacados, como Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib.

Pero, si bien el movimiento enfatiza el control “popular” versus el “estatal,” recubriendo la retórica socialista de un vocabulario democrático y comunitario, ¿qué tan diferente lo hace del movimiento de manifestaciones socialistas del pasado? ¿Qué puede presagiar para el futuro de la economía estadounidense y de la sociedad más amplia?

EL ANÁLISIS MÁS RECIENTE

En un nuevo reporte, The Opportunity Costs of Socialism (El Costo de Oportunidad del Socialismo), el Consejo de Asesores Económicos de la administración Trump explora estas preguntas, evaluando las implicaciones económicas y los costos de oportunidad del socialismo, ya sea de sus manifestaciones más extremas (por ejemplo, Venezuela) o de las variedades “más suaves” basadas en el mercado (por ejemplo, Noruega, Sanders).

Cuando se trata de la última variedad estadounidense, el reporte concluye que, si bien no tan extremos en su alcance o severidad, muchos de los costos del socialismo son bastante similares a los experimentos del pasado. “La evidencia histórica sugiere que el programa socialista de los Estados Unidos ocasionaría escaseces, o bien degradaría la calidad de cualquier producto o servicio que sea puesto bajo un monopolio público,” concluye el reporte. “El ritmo de innovación disminuiría y los estándares de vida en general tenderían a ser menores. Estos son los costos de oportunidad del socialismo desde una perspectiva estadounidense moderna.”

Dirigido por el economista Kevin Hassett, el análisis de apoyo para el Consejo de Asesores Económicos (CAE) incluye lo siguiente (para más, ver el reporte completo:

“Un cuerpo amplio de evidencia muestra cómo las altas tasas de impuestos, los monopolios estatales y el control centralizado del socialismo, desincentivan el esfuerzo y la innovación y reduce sustancialmente la cantidad y calidad del producto nacional. Esta evidencia incluye estimaciones de antes y después de las consecuencias de nacionalizar la agricultura y luego privatizarla; comentarios e interpretaciones de sobrevivientes de políticas fuertemente socialistas; estimaciones de antes y después de los efectos de la toma socialista de la industria petrolera; relaciones de comparaciones entre países en torno a la libertad económica, PIB por trabajador y otras variables macroeconómicas; comparaciones de las tasas de rendimientos entre universidades “gratuitas” y en las que hay que pagar matrículas; comparaciones de la mortalidad supeditada entre los Estados Unidos y países con programas de cuido de salud de un pagador único; y la aplicación de una gama amplia de literatura económica acerca de los efectos de aumentar las tasas impositivas.”

LA REACCIÓN IZQUIERDISTA

Críticos del reporte, como Dylan Matthews de Vox, han expresado estar confundidos acerca de las conexiones ideológicas e históricas que el informe teje ̶ particularmente sus discusiones acerca de líderes opresores como Stalin y Mao dentro del contexto del socialismo democrático. “Una porción importante del reporte está dedicada a aseverar que la agricultura colectivizada no funciona,” observa Matthews, “un punto que es rápidamente concedido por casi todos los que están a la derecha de Pol Pot.”

Tales afirmaciones, por supuesto, que son formuladas como una burla juguetona, pero dicen más acerca de los puntos ciegos de la izquierda estadounidense (y la de más allá) que lo que dicen acerca de la temeridad del reporte. El CAE está abierto y es honesto en cuanto a diferencias entre movimientos socialistas, pero, a la vez, es correctamente enérgico en cuanto al traslape en la ideología y sus implicaciones. Por ejemplo, la discusión acerca de la agricultura colectivizada tiene abundancia de lecciones acerca de nuestro predicamento moderno, no sólo el que Matthews espera.

“El CAE no espera que, en los Estados Unidos, las políticas socialistas den lugar a escaseces de alimentos, debido a que los socialistas ya no promueven más la nacionalización de la producción de comida,” concluye el reporte. “Más bien, la experiencia histórica con la agricultura es relevante, porque involucró desincentivos económicos, planificación centralizada y un monopolio estatal sobre un sector que era amplio cuando el socialismo se introdujo ̶ similar al cuido de la salud de la actualidad.”

Los socialistas democráticos de los Estados Unidos ciertamente son únicos en cuanto a que no rechazan al mercado en su totalidad ̶ en vez de ello, escogen un nuevo instrumento y les dan otro nombre a sus preferencias de un control de arriba hacia abajo, en el marco de los éxitos del capitalismo. “Los socialistas democráticos entienden que su utopía colectiva no puede funcionar sin la información y el desempeño generado por los mercados privados,” escribe Richard Epstein de la Institución Hoover, en una respuesta al reporte. “…No obstante sus palabras osadas, ellos sienten que la abolición de toda la propiedad privada es un paso que está demasiado lejos. Así que tratan de eliminar paulatinamente esa estructura en la búsqueda de una equidad mayor.”

Por tanto, continúa Epstein, encontramos una variedad peculiar de “socialismo suave” y de un colectivismo “basado en el mercado,” que no por ello es menos autoritario en sus concepciones e impulsos básicos:

“Elizabeth Warren tiene un esquema halado del pelo para hacer que las empresas rindan más cuentas, permitiendo que funcionarios gubernamentales nombren una fracción de los directores de las empresas, sin explicar cómo algún director puede simultáneamente mantener sus obligaciones fiduciarias ̶ la obligación legal más alta, la de actuar en el mejor interés de una parte, y la regla que mantiene vigente a nuestro derecho corporativo ̶ hacia partes con intereses adversos. Bernie Sanders constantemente promueve el Medicare para todos y la matrícula gratuita para todos en las universidades, sin entender en ningún momento que, con un precio de cero dólares, la oferta y la demanda estarían perpetuamente descontroladas. La demanda del consumidor se dispararía ante la promesa de bienes gratuitos, en tanto que la oferta de bienes y servicios se encogería, dada la necesidad de ingresos para cubrir salarios y gastos de capital. Cuando los controles públicos de los precios o de los salarios aseguran que las demandas necesariamente sobrepasen a la oferta, sólo surgen dos respuestas en paralelo. Se forman colas y la calidad declina.”

LOS COSTOS HUMANOS DEL SOCIALISMO

En cada ejemplo, nos vemos obligados a ver los mismos costos de oportunidad de una innovación que se retrasa y de estándares de vida menores. Si bien ciertamente no son equivalentes a los frutos amargos del “socialismo puro,” aun así son significativos y extensos. Todavía más, ellos siembran semillas en el suelo de una cultura más amplia con frutos que es seguro que permanezcan, razón por la cual hacemos bien, también, de tomar en cuenta los costos humanos, que yacen detrás de la superficie de esos tipos de resultados y variables.

Más allá de la lenta y tenue desintegración de la riqueza y la propiedad, de la innovación y del derecho legal a la posesión de una cosa, ¿qué es lo que está en juego? En un nivel humano más profundo -en los niveles de la creatividad humana, las relaciones y del ingenio- ¿qué es lo que está en riesgo con la creciente administración detallada de las estructuras de propiedad de las empresas y con los subsidios y la consolidación de industrias y lugares de trabajo?

Aun si el “mercado” o la “democracia” no están siendo directamente desmantelados o totalmente suprimidos o cerrados en aras de un control al estilo venezolano, los efectos en cadena, sociales y de relaciones, de las políticas intervencionistas reflejarán a los económicos. Los costos de oportunidad serán materiales, pero, ante todo, porque ellos son, también, sociales y espirituales.

Cualquiera que sea el caso -y lo que sea que pensemos acerca de la definición de “socialismo”, “democrático” o “populista” o “basado en el mercado” o cualquier otra cosa- ello debería estar en el primer plano de nuestra consideración: luchar contra los obstáculos para una creatividad individual auténtica, un intercambio y relación humana libres y lo que sea que proyectos ideológicos busquen reemplazarlos.


Este artículo se reimprimió con el permiso del Acton Institute.

Traducción por Jorge Corrales.

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