¿A que pretente jugar el centro democratico?

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Las elecciones del 2018 se acercan más y la antesala política nos muestra todo un popurrí de candidatos de todas las vertientes políticas y de todos los talantes. Todos y cada uno de los candidatos ya lanzados abiertamente pertenecen a la casta política tradicional sin ninguna excepción, y es evidente el clima de polarización que existe entre nuestra sociedad: es la misma tónica de siempre de odios y pasiones de nuestro tiempo, y de otros tiempos. Pateadores y Carracos durante la patria boba, golgotas y draconianos vs. Godos durante los tiempos del radicalismo, cachiporros contra chulavitas en la época de la violencia. Es nuestro eterno círculo vicioso, es nuestra historia a fin de cuentas.

Sin embargo, nos hemos de centrar en una colectividad política que tiene una historia reciente en el haber político del país: el uribismo, o mejor dicho, los principales líderes políticos que rodean la figura del ex presidente Álvaro Uribe Vélez quien para bien o para mal ha sido una de las personalidades políticas de mayor peso e influencia durante los últimos 15 años. Nadie preveía que en 2002 un desconocido político antioqueño que había seguido una modesta carrera política primero como alcalde de Medellín, luego gobernador del departamento de Antioquia, después como senador de la república por el partido Liberal (del cual a la larga se desmarcaría) se volvería tan relevante y ascendería a la presidencia como el primer presidente electo en primera vuelta, el primero elegido por fuera de los partidos tradicionales (pues su candidatura fue independiente) y el primero en ser reelegido en manera consecutiva después de una reforma constitucional de dudosa procedencia (que fue revocada por su sucesor). Así como tiene detractores, tiene seguidores, que son una masa considerable de personas que están identificadas con sus principios sociales y políticos, principios que obviamente son repudiados por la izquierda de una manera poco menos que enfermiza.

Uribe, consciente del peso político que tiene crea un partido propio; el “centro democrático”. Para los que no conozcan bien la situación colombiana el Centro Democrático o abreviado en sus dos iniciales, CD, pretende ser una alineación política que intenta en cierta manera alinearse en el centro político del espectro. Sin embargo, las propuestas del centro democrático son muy distantes del centro político del espectro: siempre hay un intermedio de socialdemocracia y subsidios, cosa que defienden algunos miembros de tal colectividad como José Obdulio Gaviria, mientras que otros apuestan a la necesidad de reducir la presión y la carga fiscal de la clase empresarial, cosa defendida por María Fernanda Cabal, Jorge Alfredo Ramos e Iván Duque. Pero en otros aspectos como libertades personales, el centro democrático se identifica con los sectores políticos de tendencia más conservadora. En política económica el centro democrático acierta en decir que se necesita al sector privado para que este sostenga al país. Proponen las mismas formulas liberales de plantilla que la derecha tradicional ofrece: bajar impuestos, reducir la presión fiscal y estimular el comercio interno, pero esto no solo basta para poder generar un desarrollo razonablemente estable. Sacan de la ecuación los monopolios, los cuales sostienen y defienden, y a la larga no se diferencian mucho de la izquierda en estas cuestiones proteccionistas, aunque son más sutiles en el discurso y no digan abiertamente que defienden los monopolios económicos existentes porque ello le generaría una pérdida de su caudal de votos.

El Centro Democrático además se queja y se lamenta de la recurrente situación de caos político en Venezuela, cosa que repercute en nuestro país. Es bien conocida la oleada de inmigrantes venezolanos que huyen hacia Colombia día tras día, ya se ha vuelto cosa del común ver a venezolanos en las calles pidiendo ayuda, profesionales bien formados limpiando vidrios de carros, sirviendo de meseros, vendiendo frappé y bebidas frías por las calles de las diferentes ciudades colombianas, vendiendo cachapas, pabellones y gastronomía venezolana en pequeños puestos que organizan para supervivir. Yo mismo he visto con mis ojos esta situación, algo que hace diez años atrás era impensable, está ocurriendo ante nuestros ojos. Y el centro democrático juega con ello, juega también con el pánico justificado de la sociedad colombiana que ve con zozobra como la institucionalidad (si es que tal cosa existe) colombiana se ha rendido ante los pies del terrorismo marxista y sus cómplices intelectuales y políticos que se han desenmascarado de una manera bastante desvergonzada. Y sin embargo, aunque saben del real y tangible peligro político que se cierne sobre nuestro país, no han podido lograr desarmar a la izquierda que ahora erigida ya en la cúspide de su éxito quiere consolidarlo. Aun se aferran a viejas prácticas y métodos de la política tradicional misma, porque todos ellos son políticos tradicionales que no les importan las ideas sino el sentimentalismo barato, o populismo baratero que es despreciado por la intelectualidad, que se siente amenazado por ese mismo fenómeno.

Y entonces, vamos al punto. A la pregunta del millón: ¿a qué pretende jugar el centro democrático? Pues está lejos de ser un partido con posiciones de centro, y así como lo dice Fernando Londoño esto es cualquier cosa menos un partido de Centro. Uribe mismo incluso interpela en contra del Neoliberalismo, cuando sabemos de buena cuenta que eso no es más que un vulgar mito sostenido por la izquierda, un término comadreja usado como comodín para atacar. Se atreven a hablar de un capitalismo popular y en ello no se sabe de qué capitalismo hablan, o que doctrina económica defienden. Hablan de bajar impuestos, si, loable y necesaria tal cosa pero no son claros en cuanto se debe de reducir la presión del estado sobre la sociedad. Algunos siguen la línea y doctrina de que es necesario redirigir o ayudar a la economía y al sector privado, y las dudas se aumentan. Pero nadie mira estos detalles: sus adversarios solo sostienen que son inmorales corruptos y criminales, sus adeptos responden arguyendo que ellos son la respuesta, la salvación ante el inminente desastre del castrochavismo, otro neologismo que solo es más una palabra que relativiza el verdadero enemigo político que es el socialismo, y especialmente el socialismo venezolano que ha santificado la izquierda colombiana, los medios y aun nuestro propio gobierno de manera directa o indirecta.

Viendo entonces esta amalgama extraña de ideas, tan distantes una de otras: bajar impuestos, estimular la economía, sostener al estado de bienestar, a cualquiera le siembran dudas razonables de lo que defiende y representa el centro democrático. Sus ideas no van más allá de lo establecido previamente en la política. No innovan. No van hacia adelante, solo hacia atrás, siguiendo los viejos esquemas de la derecha tradicional latinoamericana más caduca. Es que ni se atreven a defender las libertades mínimas como la libertad de expresión, pues de buena cuenta se sabe que el centro democrático ha pasado un aberrante proyecto de ley que busca regular las redes sociales para evitar las “difamaciones” y “calumnias”. Y ello podría ser paradójico, pero es peligroso de por si en el ambiente que estamos viviendo en este momento, además de irónico porque el centro democrático recurrentemente se queja y denuncia la falta de libertad de expresión en el país vecino.

Entonces, vuelvo e insisto: ¿a que juegan?

Es en estos momentos de incertidumbre, de desconfianza política que se necesita ser claros. Y aunque tengan muchos adeptos que creen ciegamente en sus discursos, el centro democrático no es lo suficientemente claro, al menos para mí. Muchos libertarios pueden presumir que siendo el centro democrático la opción más real y factible terminarían optando por adherirse a ella y eso es caer en una peligrosa trampa. Si hubiera una coherencia plena de defensa de libertades económicas y políticas, cualquiera podría estar en la libertad de apoyarlos, pero si miran los detalles de una manera objetiva y directa, el centro democrático es muy equidistante de lo que proponemos y lo que buscamos para la sociedad. Reducir impuestos, eso lo puede hacer cualquiera. Y así no guste lo que voy a decir, el centro democrático no busca una apertura real en ningún sentido, solo maquilla sus propuestas con un barniz de liberalismo pero que no es más que el cliché atascado de la clase política de la derecha tradicional. Ordoñez propone también lo mismo, bajar impuestos, reducir la presión fiscal ¿eso lo hace automáticamente un liberal en el sentido estricto de la palabra? No. No lo hace liberal. Así como el centro democrático no es necesariamente un partido de corte liberal en el término real y estricto de la palabra.

Tenemos un año. 2018 es el año decisivo para nuestro país, y aunque no nos guste la nueva realidad que estamos viviendo tenemos que afrontarla. Pero vuelvo y repito la pregunta. ¿A que pretende jugar el centro democrático? La verdad, no creo que en un largo tiempo haya respuesta.

Editor y colaborador Mises Colombia | + posts

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

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