Libertarios de Antioquia octubre 27, 2018

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No es sorprendente encontrarse con afirmaciones como que la educación es el motor del desarrollo, que la cultura es primero, que primero es la regulación, y luego si se desarrolla el mercado y crece la economía, entre otros. Esto aplica incluso para los socialdemócratas, la “Tercera Vía” con su disparate de la “Economía Naranja”, los conservadores de corte “social”, y otros tantos.

La verdad es que Nueva York tiene a Broadway, y California a Hollywood, porque lo primero que hubo fue libertad de negocios, libertad para hacer empresa, y en la medida en que las economías fueron creciendo y se hicieron más complejas y con mayor valor agregado, como consecuencia se fueron desarrollando las industrias del entretenimiento y la cultura.

¿Por qué no se da al revés? Porque la cultura está aguas abajo de la economía.

Un buen ejemplo

Un buen ejemplo, es que el siglo de oro de la pintura holandesa se dio en su mayor parte, después de que los países bajos, se independizaran del Reino de España. Los holandeses, libres para comerciar, se fueron haciendo ricos, y con ello el apetito por la cultura y las finas artes, aumentó. No se nos puede pasar por alto, que, en Holanda, se creó la primera empresa por acciones del mundo, y su flota mercante, llegó a dominar los mares y a tener alrededor de 10.000 embarcaciones registradas. La nueva clase burguesa, contrató entonces a grandes artistas como Johannes Vermeer, cuyo talento no ha sido igualado en la dimensión del manejo del color y la luz.

La riqueza de Holanda

La Holanda, de calles pintorescas, edificios estrechos y canales acuáticos, es ni más ni menos, que el recuerdo bien preservado de un pasado rico, que se mantiene en el presente, y el cual es un referente estético. Pero esos mismos edificios de postal, son las antiguas bodegas que sustentaron el comercio internacional, y que hoy son costosas viviendas en donde alguna vez vivieron comerciantes y familias dedicadas a los negocios, y cuya herencia para la moderna Holanda, es un paisaje urbano que sorprende a los transeúntes anticapitalistas de todas partes, cuya miope fijación estética que no reconoce la ética fundacional, no conecta el pasado industrial y comercial, con el presente de bienestar material, riqueza cultural y libertades individuales, por lo cual es tan destacado Holanda como país y sociedad.

Holanda no es el país con los impuestos más bajos del mundo, aunque si son mucho menores que en Colombia, y tiene una cierta fijación con la planificación central, especialmente, porque el Mar del Norte es su vecino, y las tierras del país están por debajo del nivel del mar. Sin embargo, Holanda. está por encima de países como Estados Unidos en protección de la propiedad privada, y algunas libertades económicas. Son respetuosos de la diversidad política, y, sobre todo, saben que sin empresas privadas no hay impuestos para sostener el Estado de bienestar, que desde los años 70 se ha venido recortando. Sin libertades económicas, Holanda no sería el primer productor mundial de papas, un tubérculo de origen andino.

Y como para que los defensores de la educación “pública”, se muerdan un codo, la Universidad de Wageningen, tiene montones de alianzas con empresas privadas y sus estudiantes han generado muchas empresas basadas en investigaciones cuyo único propósito es la aplicación comercial, para aprovechar que hay libertad de mercados, y el puerto de Rotterdam, donde nació Erasmo, el autor del Elogio a la Locura; y que los conecta con el mundo entero.

Educación: el fetiche de la izquierda, la panacea para curar todos los males sociales


Figura No. 1: Test de IQ. Foto: Película Idiocracy (2006), dirigida por Mike Judge.

Con respecto a la educación, pues primero hay que aclarar que nuestro sistema educativo de primaria y secundaria, está diseñado para formar soldados, obreros y ciudadanos obedientes. Fue un sistema desarrollado por los ingleses para alimentar la revolución industrial; y fue perfeccionado hasta el colmo de la precisión por los alemanes, de donde copiamos muchas cosas. Vivir la vida en porciones de tiempo medidas por un timbre o campana, estar siempre sentados en pupitres con filas bien ordenadas, y nunca cuestionar el profesor, son básicamente los deseos más ardientes de la izquierda para nuestros niños.

Individuos obedientes que no cuestionan, son perfectos para un mundo estancado, en donde no se espera que haya innovación. Por eso Cuba es una foto de los años 50. ¿Y por qué nos quejamos si las universidades en general no producen nada de innovación? El problema de las universidades públicas y privadas, es el mismo, y no es plata, sino individuos que llegan a leer traducciones de libros viejos, de tecnologías que ya están consolidadas y no representan ninguna ventaja competitiva a nivel empresarial. El estudiante, no explora, porque el Estado no puede consentir individuos libres que puedan cuestionar, y el gran empresario privado no puede permitir la competencia.

El resultado

El resultado es previsible, una permanente decadencia de la economía y la sociedad, porque no se crea nada, y la iniciativa se corta y se castiga. Pertenecemos a un modelo de economía altamente intervenida, de altos impuestos y grupos empresariales con privilegios, y esclavizados al despótico dios Estado, al cual por ningún motivo podemos dejar de servir. Es así como abierta o cerrada, la economía se destruye, porque no hay creación de nueva información, o no se desecha la que no sirve. Tenemos empresas de bajo valor agregado, con máquinas nuevas de tecnologías viejas, con salarios pequeños a causa de la poca cantidad de capital y conocimiento por trabajador.

La razón

La razón de que la izquierda insista en la mentira de la educación pública, es para poder mantener el dominio sobre los ciudadanos, y si hablan de desarrollo, por pura ignorancia de las relaciones de causalidad, es preferible que primero se forme al individuo como un pequeño pedazo insignificante de la masa, en donde se le enseña que tratar de destacarse es malo. El problema es que, si no hay creadores, no hay economía, y la retroalimentación negativa, entre disminución de la riqueza y radicalismo del Estado se incrementa, hasta el punto en que el sistema de destruye como en Cuba, Venezuela, la URSS y la RDA. Colombia con sus regulaciones imposibles y altos impuestos, está en el inicio de la etapa final, en la que los más radicales se toman el poder y aceleran el ciclo de perdida.

La imposición de la idea sobre la realidad

La izquierda simplemente cree que el mundo que pretende imponernos es la mejor solución, y lo cree de verdad, completamente convencida, tanto que está dispuesta a matar a quienes no piensa así. Los casos de Hitler, Mussolini, Pol Pot, Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro, El Che, las FARC, el ELN, entre otros; son ejemplos de que una forma de pensar, cuya teoría nunca está equivocada, y lo malo es la realidad y la evidencia empírica. Quizá el mejor caso que he podido constatar de que los marxistas no son capaces de aceptar ni sus propias conclusiones, cuando ellos mismos recaban los datos, es el de Walter Scheidel.

Scheidel publicó en 2017 un libro que se llama El Gran Nivelador (en inglés, The Great Leveler). En este libro, Scheidel llega a la conclusión de que la única forma de lograr la igualdad (ideal del desarrollo económico y cultural de la izquierda ideológica), es a través de los cuatro jinetes del Apocalipsis: Hambruna, Guerra, Enfermedad y Catástrofes Naturales. Lo curioso es que el autor, no nota la relación de causalidad entre los regímenes socialistas, y la hambruna acompañada de canibalismo causada por Lenin en el Holodomor. El marxismo y la izquierda en general, padecen una compasión patológica, que, en parte, les impide ver el mundo como es, y por eso intentan darle forma a la proyección que hacen de sus ideas en él, sin importar el costo.

Para el marxista y el izquierdista, la implantación de la idea vale cualquier sufrimiento, empezando por la destrucción del individuo, y por eso las purgas nunca acaban, porque siempre hay alguien a la “derecha”, siempre hay alguien que se “desvía”.
Luis Germán Contreras Mejía

Para entender las relaciones de causalidad, uno primero está obligado a hacer pequeños experimentos, para poder comprobar si las premisas políticas o económicas, tienen validez de aplicación, es decir, si lo que se propone como causa de un fenómeno, en realidad es la causa de ese fenómeno y en qué grado dentro de su infinita complejidad.

Entonces… ¿Cuál es el problema?

El problema con la izquierda, y los marxistas, es que ni obteniendo resultados negativos una y otra vez, se cuestionan su teoría, que fundamentalmente cree en postulados como la explotación laboral, el valor trabajo o la plusvalía, que ya fueron refutados teóricamente hace más de 100 años, y en la práctica, durante todo el siglo XX.

El mejor método

¿Cuál es el mejor método para comprobar las premisas? El libre mercado. Individuos dispuestos a arriesgar su propio dinero, en pequeños emprendimientos, son quienes mejor pueden comprobar si las propuestas que hacen tienen validez. Una empresa o producto pueden fracasar, y eso implica, si las reglas de juego son las mismas para todos, que quizá la propuesta no era verdadera, y hay que desecharla. El empresario, por más que quiera, no puede imponerle su voluntad a la realidad, pero la izquierda cuando se hace del poder, si puede usar la violencia, y el resultado es el que ya conocemos, pero que ellos no aceptan, aunque la realidad siempre se imponga.

La educación y la cultura son manifestaciones espontáneas de las necesidades económicas, que, si bien retroalimentan el sistema para que crezca, no son su inicio. Lo son: la libertad de mercados y la libertad del individuo para emprender, en un marco institucional en el que las reglas sean las mismas para todos y la carga impositiva sea baja.

Cultura viene de cultivo, y si no se quiere sembrar, porque el Estado se te lleva todo, entonces no hay nada que cosechar; ni alimentos, ni tiempo libre, ni ocio para el pintor o el escultor, pagado con el ahorro que genera el excedente agrícola, la especialización de la mano de obra, y el aumento de capital por trabajador, más la innovación para mejorar la productividad.

No más escultores, escritores, y violinistas en el campo. Si al libre mercado, si al crecimiento económico, menos Estado, menos regulaciones y más cultura, con mejor educación que no sea adoctrinamiento.

 


Este artículo fue escrito por Luis Germán Contreras Mejía:

Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín (Medellín Antioquia, Colombia). Aficionado a la historia y la psicología; desde que conoció el Dr. Jordan Peterson a través de YouTube en 2015. Estudioso de la “Escuela Austríaca de Economía”. Empresario independiente y uno de los fundadores de “Libertarios de Antioquia” y “Antioquia Libre y Soberana”.

Este artículo apareció por primera vez en el Blog “Emprender Colombia / Entrepreneurship Colombia“.

Somos “Libertarios de Antioquia” y “Antioquia Libre y Soberana”, movimientos de inspiración libertaria para conseguir la independencia de Antioquia (Colombia) por medios pacíficos.

Estudiosos de la “Escuela Austríaca de Economía”; donde se encuentran nombres como el de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Jesús Huerta De Soto, Miguel Anxo Bastos, Juan Ramón Rallo, Peter Schiff, entre otros; de la historia en general, y de la psicología clínica y social promovida por el liberal clásico, Dr. Jordan B. Peterson.

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