Pobreza y desigualdad

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El estancamiento de los ingresos de la clase media blanca y de los trabajadores asalariados en las economías avanzadas, puede ser explicado, en parte, por la competencia del Tercer Mundo; otra parte puede originarse en cambios tecnológicos. Desde el punto de vista del bienestar de la humanidad, las noticias son buenas. Aquellos que rehúsan ver qué tanto está haciendo la globalización por los pobres, deben de estar disimulando su anticapitalismo con una hoja de parra que cubre sus apetitos de corto plazo. La pobreza del mundo no está aumentando ni la desigualdad se está ampliando. El número de pobres, especialmente aquellos cuyo menester es mayor, se está reduciendo fuertemente, lo cual, por supuesto, significa que la desigualdad mundial está disminuyendo. Todo esto sucede en el marco de un crecimiento económico secular, temporalmente suspendido por la última crisis económica.

Las Naciones Unidas proclamaron sus Metas de Desarrollo del Milenio (MDM) en 1990: la primera era “reducir a la mitad la proporción de gente con un nivel de ingreso menor que $1 al día en el lapso entre 1990 y el 2015”. La meta fue satisfecha previo a lo previsto (Naciones Unidas, 2013) y ahora el consenso en la profesión de la economía es que, de hecho, la pobreza mundial ha estado en retirada durante más de cuarenta años. Uno de los primeros campeones en mantener este punto de vista fue Xavier Sala-i-Martin, de la Universidad de Columbia y de la Escuela de Economía Pompeu Fabra en Barcelona. Por más de una década, él ha venido luchando por lograr que las Naciones Unidas y el Banco Mundial admitan que la pobreza había venido cayendo mucho más rápidamente de lo que se esperaba; y los hechos están de su lado.
El último artículo que Sala escribió con Maxim Pinkovskyi (2009) ha sido innovador para mí desde su puro inicio. Yo solía estudiar a la pobreza, la desigualdad y el crecimiento (o la carencia de él) como fenómenos separados, a menudo enfrentados en diabólicos sacrificios entre sí. Ahora veo que sus efectos mutuamente reforzados salen a la luz cuando se estudian en conjunto, bajo la sombrilla conceptual de la distribución del ingreso: muy lejos de contravenirse, son factores complementarios en la evolución del bienestar humano. [1] Dicho esto, permítanme empezar centrando la atención en Sala-i-Martin y Pinkovskyi (P&S).

LA EVOLUCIÓN DE LA POBREZA EN EL MUNDO 1970-2006

Con las Metas de Desarrollo del Milenio (MDM), los estudios acerca de la pobreza en el mundo han venido surgiendo fuertes y velozmente. Se pueden clasificar en dos tipos: aquellos que utilizan encuestas dirigidas a la distribución del ingreso y aquellos que, como P&S, quienes usan las cifras del ingreso nacional per cápita. [2] Cualquiera que sea la fuente de los datos, la profesión normalmente aplica una definición convencional de pobreza absoluta, como un ingreso per cápita o un consumo per cápita inferior a $1 o $1.50 o $2 diarios. [3] Desde cualquier punto de vista civilizado, estos niveles de ingreso o consumo son sumamente básicos e insatisfactorios, de manera tal, que gente por encima de esas líneas así definidas, aun así deberían ser considerados como pobres. Sin embargo, el propósito del ejercicio es otro: es el de medir qué tan rápidamente, con qué números y por qué medios, los pobres están emergiendo de tan extrema miseria.

Las líneas divisorias arriba mencionas tratan de medir la pobreza absoluta y de si está reduciéndose. Mucha gente en la comunidad científica y entre economistas políticos prácticos preferiría que nosotros nos enfocáramos en la pobreza relativa. [4] A pesar de ello, desde mi punto de vista, la pobreza relativa es una noción menos defendible que la absoluta, pues trata de contar el número de personas cuyo consumo está por debajo de la mediana de sus ingresos, usualmente un 60% del ingreso de la persona que, en términos del ingreso, está exactamente en la mitad de la población. Ahora bien, éste no es tanto una definición de pobreza, como sí un indicador controversial de desigualdad: por definición, siempre habrá gente por debajo de la mediana y esta pobreza relativa sólo disminuirá en tanto la población se agrupe alrededor del centro. También, por definición, la pobreza relativa nunca desaparece, de manera tal que siempre habrá una parte de la población proclamando su derecho a tener un ingreso suplementado por la sociedad, sin que se tome en cuenta su capacidad para mejorar su propia condición. En todo caso, ¿quién es la ‘sociedad’? Mejor dejar para otro día la discusión del alegato supuesto de todos ellos para convertirse en ‘participantes plenos de lo que la sociedad tiene para ofrecer’ o para aspirar a una ‘ciudadanía plena’. Aquí lo que simplemente anotaré es lo que eso ha significado en la práctica de las sociedades avanzadas: la creación de una cultura de dependencia en una sub-clase que se auto-perpetúa, un desarrollo que no es atribuible al mercado libre, sino a las políticas promovidas por el liberalismo social [estatismo socializador] de las élites intelectuales. [5] Mi intento será más reducido y modesto. Estaré contento con medir el número de aquellos quienes, por medio del progreso económico, han emergido de la pobreza absoluta y con ello han logrado un mundo más igualitario.

Ahora bien, medir la pobreza y la desigualdad en el mundo es un ejercicio que demanda la utilización de una extensa gama de métodos estadísticos. Permítanme concentrarme en Pinkovskiy y Sala-i-Martin (2009), quienes estudiaron las cifras de pobreza mundial, calculando el PIB per cápita en 191 países durante los años 1970-2006. [6] Iré directamente a tres de sus gráficos de su artículo del 2009, el cual reproduzco con el permiso debido.

El gráfico 1 muestra cómo ha cambiado la distribución del ingreso en el mundo durante esos 33 años. Las dos líneas rojas verticales muestran el ingreso anual de las personas que obtenían $1 y $2 per cápita por día: la última es de $730 al año. [7] La curva azul para 1970 incluye un número mayor de personas bajo ella y a la izquierda de las líneas rojas verticales y, por lo tanto, están en una pobreza espantosa. También muestra dos montículos de desigualdad alrededor de los $1.000 y $4.000. Agrego a esto que la curva está ampliamente extendida, en sí otro signo de desigualdad. Entre más nos movemos a lo largo de los años, menor es la cantidad de gente a la izquierda de las líneas rojas y mayor es la concentración alrededor de la mediana: las personas están mejorando y las amplias divergencias en ingreso se están comprimiendo.

GRÁFICO 1: NÚMERO DE PERSONAS CON INGRESOS DE $X AL AÑO


Puede ser obtenido en http://www.econlib.org/library/Colum…tzpoverty.html

Ahora en lo referente al número de personas. Entre 1970 y el 2006, la población mundial creció en unos 2.88 billones, de manera que el número de pobres debería de haberse incrementado, aun cuando, en general, la situación personal hubiera aumentado. Sin embargo, P&S calcula que el número de aquellos con $1 al día se redujo en 617,100 y el de aquellos con $2 diarios declinó en 782.900. ¡Tremenda caída! [8] Lo que muestra el gráfico 2 es cuánta gente queda con un ingreso igual o menor a $1 al día. De acuerdo con P&S, hay 350.400: la caída es abrupta. Los números para aquellos con $2 diarios, son 847.000 y para los de $3 al día, 1.39 billones.

 

Evidentemente estos son número aún muy elevados y sugieren las condiciones muy crueles bajo las cuales vive tanta gente desde el punto de vista del bienestar. Aun así, el progreso ha sido inesperado y enorme.

GRÁFICO 2: ESTÁNDAR DE MEDICIÓN DE LA POBREZA EN EL MUNDO DE $1 AL DÍA.
Puede ser obtenido en http://www.econlib.org/library/Colum…tzpoverty.html

EL EFECTO DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO SOBRE LOS ESTÁNDARES DE VIDA DE LOS POBRES

Para aquellos quienes no están contentos con medir la pobreza con el ingreso o el consumo per cápita, los resultados arriba referidos parecerían ser desafortunadamente incompletos. En 1990, las Naciones Unidas lanzaron un nuevo índice bajo la inspiración de Mahbub ul-Haq y Amartya Sen, el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Este indicador, publicado ahora anualmente bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, trata de dar una visión más exacta de lo que significa ser pobre y de las cosas a las cuales uno debería de ponerle atención si es que se desea que los pobres progresen hacia una vida mejor. El IDH es una combinación de tres índices: (1) La esperanza de vida al nacimiento, como un indicador de una vida larga y sana; (2) El promedio de años de escolaridad en un momento dado más un promedio esperado de años de escolaridad, como una representación de la adquisición de conocimiento; y (3) El Ingreso Nacional Bruto per cápita, como un indicador de un estándar de vida decente. [9]

Un cierto número de críticos ha querido agregar una cuarta dimensión al IDH y llamarlo IDDH (esto es, el ‘IDH de la desigualdad’) con base en que la desigualdad reduce el bienestar de los pobres. Ahora bien, en tanto que la desigualdad surge de barreras para que haya un tratamiento igual ante la ley, el agregado es apropiado, pero sería mejor incluido en un índice de libertad económica del tipo compilado por el Instituto Fraser en Canadá o por la Fundación Heritage en los Estados Unidos. Sin embargo, si el nuevo índice es usado para exigir la intervención estatal para deshacer diferenciales de ingresos que surgen a partir de la operación del mercado libre, entonces, la aspiración, si bien es entendible, se logra mejor por medio de un mayor crecimiento.

El caso de la India ha revelado destacadamente la diferencia entre los dos enfoques, uno de ellos enfatizando el desarrollo humano; el otro, el crecimiento económico. La polémica se ha centrado alrededor de dos libros recientes: uno de Amartya Sen y su colaborador de muchos años, Jean Drèze (2013), acerca de la India y sus contradicciones; y el otro de Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya (2013), acerca de cómo el crecimiento es importante para los pobres y qué tan importante para el crecimiento lo es la desregulación. Sen, comentando acerca de su libro con Drèze, ha subrayado la necesidad de tener más servicios públicos en la India:

La carencia del cuidado de la salud, la falta de disposición de escuelas tolerablemente buenas y de otras facilidades básicas para el bienestar humano y las libertades fundamentales, mantienen a una mayoría de indios encadenados a sus vidas deprimidas, de una forma raramente vista en otras naciones que se auto-respetan y que están tratando de ir hacia adelante en el mundo.

Él ensalzó los buenos efectos de un programa de intervención pública en Kerala [estado del suroeste de la India] y aún en Bangladesh, un país cuyo ingreso per cápita es notablemente menor que el de India, pero cuyo índice de desarrollo humano es mayor.

Por el contrario, Bhagwati ha lamentado que el espíritu de 1991, el programa de desregulación del gobierno de India que puso a ese país en una muy necesitada ruta de crecimiento, parece haberse perdido. Tan sólo algunos estados, como Gujarat, están poniendo sus esfuerzos en liberar a los negocios y poner orden en la burocracia estatal con muy buenos resultados. En su libro con Panagariya, Bhagwati solicitó derribar al ‘Rajá de la Regulación’, el omnicomprensivo imperio administrativo que fue dejado por los británicos.

No podemos dejar de hacer el suficiente énfasis en que nuestro análisis, si bien dirigido a la experiencia del desarrollo de India y en resaltar la centralidad del crecimiento para reducir la pobreza, tiene una lección clara para las agencias de ayuda y de desarrollo, así como para las ONGs que trabajan continuamente para terminar con la pobreza en todo el mundo.

Bhagwati se ha quejado fuertemente de que Sen no se le une en su batalla, lo cual es una lástima, dado que el asunto en juego es de tanta importancia. A la luz de los resultados de Sala-i-Martin arriba reseñados, pienso que el crecimiento es la variable estratégica. La ayuda internacional, tanto pública como privada, puede ayudar cuando es dirigida hacia las bases comunitarias, y no hacia los gobiernos, que a menudo se convierte en ayuda para Suiza. La intervención indiscriminada de parte de los oficiales locales, aun cuando no son corruptos, usualmente constituye un freno para hacer negocios y para la oferta de servicios públicos. [10]

Sen y Drèze enfatizan lo que las autoridades públicas pueden hacer, pero que a menudo no lo hacen. El crecimiento tiene aspectos positivos, pero no se dirige a resolver todas o la mayoría de las necesidades de los pobres. Pero, ¿qué y si el desarrollo humano muestra estar altamente correlacionado con el PIB per cápita? Hay evidencia de que tal puede ser el caso. A mí me parece que Sen debería de reconocer que, liberando la economía y abriéndola al comercio e inversión extranjeros, es más eficiente en la lucha contra la pobreza, que con los remedios administrativos que él propone. Tal como dice el lema, ‘es mejor el comercio que la ayuda’.

LA EVOLUCIÓN DE LA DESIGUALDAD EN EL MUNDO 1970-2006

La otra estadística que debemos de hacer explícita en nuestra discusión es la medida de desigualdad (aunque está implícita en aquella de pobreza). Hay muchas formas distintas de medir esta dimensión de la distribución del ingreso y P&S analizan muchas de ellas. Escogeré enfocarme en el coeficiente de Gini, el cual es la medición clásica. Cuando el número de Gini es 0, se dice que es una situación de perfecta igualdad; y, cuando es 1, es de perfecta desigualdad. [11] El gráfico 3 muestra una fuerte caída del coeficiente de Gini entre 1970 y el 2006 y, por lo tanto, refleja una reducción dramática de la desigualdad en el mundo. La línea muestra un ligero traspié al final de los noventas, pero luego progresa establemente. Los autores consideran a esta mejoría principalmente como el resultado del movimiento de la población china desde una baja productividad agrícola hacia las ciudades de alta productividad, de una menor migración rural-urbana dentro de la India y de un crecimiento decidido en América Latina y en África Sub-Sahariana.

GRÁFICO 3: NÚMERO DE PERSONAS CON INGRESOS DE $X DE INGRESO ANUAL
Puede ser obtenido en http://www.econlib.org/library/Colum…tzpoverty.html

Sin embargo, incorporar información de la distribución a lo interno de los países es algo problemático, porque los datos tan sólo están fácilmente disponibles para el mundo avanzado. Las circunstancias políticas pueden también afectar la tendencia. Es así como hubo un gran incremento en la pobreza y en la desigualdad cuando se disolvió la Unión Soviética y se convirtió en la Federación Rusa. Un ejemplo de otro tipo es aquel de Nigeria, en donde, por muchos años, los ricos se enriquecieron más y más, en tanto que la población en general retrocedió, pero una reciente reforma política ahora parece haber invertido la tendencia.

Es un resultado bastante bien conocido en la economía del crecimiento, que los países en distintos momentos de su progreso tienden a converger a la tasa de crecimiento de los más avanzados. El laureado con el Premio Nobel, Robert Lucas (2009), trazó cuarenta años de crecimiento con base en el ingreso per cápita de 1960 para 112 países. Naciones que en aquel año eran pobres, mostraron subsecuentes tasas de crecimiento ampliamente dispersas, desde un progreso milagroso en Asia Oriental, al estancamiento y crecimiento negativo en África y en América Latina; y países que eran ricos en aquel año, mostraron tasas de crecimiento de alrededor de un 2% entre 1960 y el 2000. La imagen resultante fue la de un triángulo sobre su lado, convergiendo hacia el vértice entre Estados Unidos y la Unión Europea. [12]

Lucas luego procedió a relacionar dicha convergencia con ‘el grado de apertura’ de los países atrasados. La definición de apertura que él utilizó es poco exigente, pero aun así se refleja en las tasas de crecimiento de los más atrasados de los 112 países: los cerrados tendían a quedarse estacionados en sus niveles de ingreso de 1960, en tanto que, los que se abrieron, crecieron rápidamente. [13]

LA OBSESIÓN CON LA DESIGUALDAD EN EL MUNDO AVANZADO

El tema de la desigualdad es la fuente de mucha confusión entre críticos bien intencionados del sistema capitalista. Lo que hasta el momento he descrito acerca de las consecuencias del mercado libre es más bien positivo, diría yo. Pero el capitalismo es un sistema que los intelectuales aman odiar, entre economistas en escabeche, en universidades de alto prestigio de los Estados Unidos, en las Escuela de Inglés, Sociología y de Economía de las universidades inglesas, sin dejar de mencionar a la mayoría de los economistas de Europa continental.
Un ejemplo de la miopía que afecta a algunos de los más distinguidos científicos sociales es el libro recientemente publicado por Angus Deaton (2013). Este profesor de Princeton es un mundialmente famoso demógrafo, quien ha hecho de la medición de la pobreza una de sus especialidades. Su nuevo libro presenta lo mejor de lo suyo, especialmente por su uso de gráficos claros para dilucidar conceptos complejos y descubrir realidades ocultas. Es una historia acerca de cómo grandes jirones de la humanidad se han escapado de la pobreza, de la hambruna, de la enfermedad, de la muerte prematura y de una discriminación injusta –y cómo el progreso médico y el económico lentamente están elevando a la totalidad de la humanidad, de manera que puedan escapar de una vida ‘solitaria, pobre, desagradable, salvaje y breve’. El mundo es decididamente un mejor lugar para vivir de lo que era en el pasado y el análisis de Deaton de por qué ello es así y de cómo llegamos a aquí, hace que este libro decididamente valga la pena leerse.

Sin embargo, su subtítulo es desconcertante: “Salud, Riqueza y los Orígenes de la Desigualdad”. ¿Por qué siempre la desigualdad ha de deplorarse? Es justo si él estuviera tratando con la explotación, mucha de la cual existe en el mundo, referida al poderoso uso de la política para obtener ventajas indebidas; pero no, si es que él está condenando la fuerza que en sí materialmente está ayudando a las personas a ser más iguales. “La desigualdad mundial de hoy fue, en un sentido amplio, creada por el éxito del crecimiento económico moderno” (página 4); y por el progreso de la medicina, podría haber agregado, pues “no es tan sólo ingreso, sino también salud” lo que está creando desigualdades (página 6). Pero ahora viene una frase que indica una cierta confusión de pensamiento: “las desigualdades de la salud son una de las grandes injusticias en el mundo de hoy” (página 7). Si eso es una injusticia, entonces, ¿qué sería lo justo? Si es una injusticia, ¿a quién se debe acusar de ella? Los avances médicos no pueden ser extendidos inmediatamente a todo el mundo. Aún me acuerdo cuando en mi juventud, antibióticos vitalmente necesitados tenían que ser comprados en el mercado negro de España. Puede ser que los ricos se benefician de primeros, pero no siempre. Deaton por sí mismo admite que sería absurdo detener el uso de nuevo conocimiento médico, hasta que estuviera a la disposición de todo el mundo. La idea de que los servicios médicos deberían de ser gratuitos en el lugar en donde se brindan, tal como lo son en Inglaterra, no es algo evidentemente bueno per se para el progreso de la buena salud.

Debido a la influencia de Amartya Sen, Deaton define a la libertad en el más amplio de los términos, de manera que cualquier obstáculo para la realización plena de las capacidades individuales es un ejemplo de opresión. La libertad individual es “la libertad de vivir una buena vida y de hacer las cosas que hacen que la vida valga la pena vivirla”. Y él agrega, estirando innecesariamente el significado de libertad, que: “La ausencia de libertad es pobreza, privación y mala salud”. (Página 2). ¿Puede el bienestar ser visto como una parte de la libertad individual? Yo lo dudo. Fue Isaiah Berlin quien memorablemente dijo en 1958, que la libertad es ser libre de la coerción; y agregó, “Libertad es libertad, no es igualdad o equidad o justicia o cultura, o felicidad humana o una conciencia tranquila”. (Página 125).
Yo no quiero detener a alguien de leer el último libro de Deaton, pleno de pensamientos interesantes y de datos acerca del gran escape de la humanidad de las garras de la pobreza, pero Deaton, aparte de lamentarse por la persistencia de algunas desigualdades, no es lo suficientemente claro acerca de cuándo las desigualdades son bienvenidas como el peldaño para el progreso.

EL UNO POR CIENTO MÁS ALTO

El objetivo de esta columna es mostrar lo que el sistema de libre mercado, en tanto que se le permita ser libre, ha logrado para los pobres del mundo, desde el punto de vista del ingreso, bienestar e igualdad. Cuando Deaton habla de igualdad, básicamente y con misericordia trata del mundo como un todo. Esto le conduce a una visión con matices de lo que las revoluciones de la medicina e industrial han hecho por los pobres.

Sin embargo, la moda entre la gente de izquierda en los Estados Unidos y en Europa, entre las ricas y malas consciencias reunidas en Davos, es de un tono diferente: ellos se preocupan acerca de lo que los mercados le otorgan al rico y que se lo niega a las clases medias. A pesar de lo que puedan decir los defensores de una mejor vida para los pobres, el tópico del día es acerca de una desigualdad que se extiende.

Prueba de esto es la edición del verano del 2013 del Journal of Economic Perspectives: empieza con un simposio acerca de la desigualdad dentro de las naciones del mundo avanzado. Vale la pena leer acerca de ese simposio, a fin de obtener una sensación acerca del estado de la opinión profesional entre economistas.

El artículo descansa en dos campos. El más numeroso es el lado que demanda la redistribución política, principalmente por la vía de los impuestos, para corregir una desigualdad creciente, que en especial ha favorecido al uno por ciento más elevado o al 0.1 por ciento más alto de la población. La minoría defiende la distribución construida por el mercado como siendo aceptablemente eficiente y justa.

Los intervencionistas no sólo apuntan hacia el ingreso creciente de los muy ricos, sino también hacia el ingreso real estacionario de la clase media y a la carencia de movilidad hacia arriba, particularmente en los Estados Unidos. Su argumento principal es que es injusto ver qué tan bien le va a tan pequeño grupo de gente ‘privilegiada’; que son realmente buscadores de rentas ayudados por sus amigos políticos; que esta desigualdad crea un peligro de inestabilidad en democracias avanzadas; y aún que hasta lleva las semillas de la muerte del sistema capitalista. Acerca de este último punto, hay una representación en el simposio de la llamada ‘Escuela de París’. Ella mantiene que, en un estilo marxista con una pizca de keynesianismo, la dinámica del capitalismo es la de condenarse a sí mismo hacia su auto-destrucción. Quien preside la escuela es el profesor Thomas Piketty, quien, con la ayuda de una erudición sin límite, trata de mostrar que, bajo un capitalismo sin regulación, el rendimiento del capital tiende a exceder la tasa de crecimiento de la economía y que, por tanto, conduce a una economía rentista; y que tal economía está condenada al estancamiento y a la decadencia. La única solución es gravar con impuestos al rico. [14]

Del lado de quienes escriben en defensa de las grandes ganancias del uno por ciento, encontramos principalmente a Gregory Mankiw (2013). Él relata la evidencia notoria de la participación creciente del ingreso nacional obtenido por el uno por ciento más alto, durante el período 1973-2010. Algo de eso puede deberse a que han tenido éxito en la búsqueda de rentas, tal como dicen Bivens y Mishel (2013) que sucedió en el sector financiero. Pero, dice Mankiw, “el tema clave es la extensión en que los altos ingresos del 1 por ciento más elevados reflejan una alta productividad, en vez de alguna imperfección del mercado” (página 35). Él destaca el efecto de las tecnologías digitales apalancando al talento de las estrellas del entretenimiento para multiplicar sus ganancias. [15] La dificultad para grandes números de la población de adaptarse a nuevos sistemas de producción o para adquirir el capital humano necesario para hacerlo bien en tales casos, también debe ser parte de la explicación; y la competencia de los pobres del Tercer Mundo es un hecho que debe ser generosamente aceptado.

Una conclusión apropiada para estas polémicas apareció en la sección de Correspondencia de la misma revista, en el número correspondiente a diciembre del 2014: Robert Solow publicó una carta criticando a Mankiw, quien respondió con aspereza, pero con mucho sentido común.

CONCLUSIÓN

En tanto que la mejoría en la situación de un miembro de la sociedad no sea al costo de la de cualquier otro miembro, en principio no veo razón para quejarse o interferir. En cualquier sociedad libre es crucial separar al vicio de la envidia de la virtud de la emulación.

REFERENCIAS
Alvaredo, Facundo; Atkinson, Anthony B.; Piketty, Thomas; y Saez, Emmanuel (2013): “The Top 1 Percent in International and Historical Perspective”. Journal of Economic Perspectives, Vol. 27, No. 3, verano, p. p. 3-20.
Berlin, Isaiah (1959, 1969): “Two Concepts of Liberty”, en Four Essays on Liberty. Oxford.
Bhagwati, Jadish y Panagariya, Arvind (2013): Why Growth Matters: How Economic Growth in India Reduced Poverty and the Lessons for Other Developing Countries. Columbia,
Bivens, Josh y Mishel, Lawrence: “The Pay of Corporate Executives and Financial Professionals as Evidence of Rents in Top 1 Percent Incomes”. Journal of Economic Perspectives, Vol. 27, No. 3, verano, p. p. 57-78.
Dalrymple, Theodore (2001): Life at the Bottom: The Worldview that Makes the Underclass. R. Dee.
Deaton, Angus (2013): The Great Escape. Health, Wealth, and the Origins of Inequality. Princeton.
Drèze, Jean y Sen, Amartya (2013): An Uncertain Glory. India and its Contradictions. Princeton.
Feldstein, Martin S. (1998): “Income Inequality and Poverty”. NBER, Working Paper 6770.
Kaplan, Steven N. y Rauh, Joshua: “It’s the Market: The Broad-Based Rise in the Return to Top Talent”. Journal of Economic Perspectives, Vol. 27, No. 3, verano, 2013, p.p. 35-56.
Lockwood, B. (1988): “Pareto Efficiency”, The New Palgrave Dictionary of Economics, Vol. 3, p. p. 811-813.
Lucas, Robert E. Jr. (2009): “Trade and the diffusion of the Industrial Revolution”, AER: Macroeconomics, Vol. 1, No.1, p. p. 1-25.
Mankiw, Gregory N. (2013): “Defending the One Percent”. Journal of Economic Perspectives, Vol. 27, No. 3, verano, 2013, p. p. 21-34.
Milanovic, Branko (2013): “The return of patrimonial capitalism. A review of Thomas Piketty’s Capital in the 21st century“. MPRA. A ser publicado en The Journal of Economic Literature en junio del 2014.
Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Xavier (2009): “Parametric Estimations of the World Distribution of Income”. NBER.
Sachs, Jeffrey D. y Warner, Andrew M. (1995): “Economic Reform and the Process of Global Integration”, Brookings Papers on Economic Activity (1), 1-95.
Sen, Amartya K. (2002): “The Possibility of Social Choice”, en Rationality and Freedom. Harvard.
Solow, Robert y Mankiw, Gregory (2013): “The One Percent”, Correspondence. Journal of Economic Perspectives, Vol. 28, No. 1, invierno, 2014, p. p. 243-248.
Tooley, James (2009): A Personal Journey into How the World’s Poorest People Are Educating Themselves. Cato.
United Nations (2013): The Millennium Development Goals Report. UN.

NOTAS
[1] “Si bien la pobreza, la desigualdad y el crecimiento son tres formas distintas de mirar al mismo objeto (la distribución del ingreso), los investigadores tradicionalmente han analizado a los tres de forma separada. El crecimiento (del PIB per cápita) usualmente se relaciona con el cambio porcentual de la media de la distribución. La pobreza se refiere a la parte integral de la distribución a la izquierda de una línea particular de pobreza. La desigualdad trata de la dispersión de la distribución.” (Página 2) Por tanto, las tres preguntas deberían de verse como componentes de una pregunta central acerca de la mejoría del bienestar humano. Déjenme decirles que, cuando leí este pasaje, para mí fue, en ese momento, un ¡eureka!
[2] Aunque Sala-i-Martin se inclina al ingreso per cápita como una medida de pobreza, él confronta sus resultados con varios otros métodos, entre los cuales aquellos que descansan en encuestas. La foto final no es tan diferente.
[3] Estas cantidades conceptuales de $1, $1.50 o $2 al día por supuesto que están corregidas por la inflación y por el poder adquisitivo en diferentes sociedades.
[4] Dice Deaton (2013), página 184: la pobreza en un país avanzado “es acerca de no tener lo suficiente para participar plenamente en la sociedad, acerca de familias y sus hijos no siendo capaces de vivir vidas decentes al lado de vecinos y amigos.” La conclusión del profesor Deaton es que “es muy difícil justificar cualquier otra cosa excepto una línea de pobreza relativa” en países ricos como los Estados Unidos. Yo me permito diferir.
[5] Ver Dalrymple (1990).
[6] Pinkovskiy y Sala-i-Martin se aproximan a la población ajustando los datos con una curva de campana normal o de distribución ‘paramétrica’ –lo cual no es disparatado bajo el supuesto de que la muestra es muy grande. Sala compara estos resultados con el método llamado kernel ‘no paramétrico’, después de dividir a la población en quintiles y encontrar que son muy similares. [El Kernel es una función de ajuste no paramétrico de la densidad de probabilidad].
[7] Este es un gráfico semi-logarítmico, en donde se comprime el rango completo de ingresos anuales per cápita en el eje de las x, de manera tal que la distancia entre $50 y $500 al año es la misma que la que hay entre $500 y $5.000.
[8] Si estimamos que de 1970 al 2006, unos 617 mil del grupo de $1 al día deben de haber subido al grupo de $2 al día, y que en el 2006 ese grupo fue más pequeño en unos 783 mil, la reducción bruta del grupo de $2 al día debe de haber sido cercana a 1.4 billones, a pesar del crecimiento de la población mundial de cerca de 6.5 billones.
[9] Antes de su reforma en el 2010, el IDH era una medida burda de las ‘funcionalidades’ de los pobres (para usar un concepto de Amartya Sen) o del tipo de vida que llevaban en el presente. El nuevo IDH incluye índices acerca de la posibilidad de una vida mejor en el futuro para los pobres, por lo tanto, trata de aproximarse a lo que Sen llama los ‘potenciales’ que tienen los pobres. Acerca de ‘funcionalidades’ y ‘potenciales’, vea el enfoque algo diferente de Sen en su conferencia del Premio Nobel (1998, 2002), páginas 86-90 y passim.
[10] El estado desastroso de las escuelas públicas en muchos estados de África, India y China es un ejemplo triste de la ineficiencia de los servicios nacionalizados, tal como lo atestigua Tooley (2009).
[11] El coeficiente de Gini es una distribución de probabilidades que muestra la diferencia entre una línea de igualdad perfecta y el porcentaje observado de ingreso total cumulativamente asignado a cada porcentaje de la población, empezando desde el más bajo: tal como cuando uno dice que el 5% del ingreso total es recibido por el 20% más bajo de la población y así hacia arriba. El demógrafo de Princeton Angus Deaton (2013, página 187) utiliza el equivalente matemático: la mitad de la diferencia de medias entre dos puntos seleccionados al azar, con respecto al ingreso promedio.
[12] Ver el gráfico 1 en Lucas (2009, página 2): un “patrón triangular […] familiar para los estudiantes del crecimiento” que refleja la convergencia de los extremos de alto y bajo crecimiento en los países en desarrollo hacia los de Estados Unidos y la Unión Europea.
[13] Lucas utiliza la definición de apertura de Sachs y Warner (1995): el país debe mostrar tasas efectivas de protección menores al 40%; menos de un 40% de las importaciones deben estar limitadas por cuotas; que no hay controles o mercados negros en divisas; que no haya oficinas de mercadeo de las exportaciones del tipo que aún existe en África legado por los poderes coloniales; y que no sean socialistas del tipo de Europa Oriental. Lucas (2009), página 3.
[14] Ver Alvaredo, Atkinson, Piketty y Saez (2013). También de interés funerario está la crítica de Branco Milanovic (2013) del libro de Piketty, Capitalism in the 21st Century.
[15] Este es también el argumento de Steve Kaplan y Joshua Rahu (2013).

Traducción por Jorge Corrales

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