‘Ser Pilo Paga’ es el camino, solo hace falta mejorarlo

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Existe una máxima que debemos siempre recordar cuando se nos dice que el Estado debe dar tal o cual servicio de manera totalmente gratis para quienes lo demandan: “no existe almuerzo gratis”. Las cosas gratis no existen en esta vida y si existen es porque es tan abundante que nadie tendría ningún motivo para venderlo, por motivo a que los consumidores ya gozan de él. Por ejemplo, el aire. No existe demanda de este bien tan preciado, porque lo tenemos en abundancia.

Pero si existe una demanda de un servicio o un bien y se exige al Estado que este le sea entregado sin ningún costo, estas personas tienen que escuchar la máxima enunciada. Todo tiene un costo que alguien debe soportar. Normalmente se soportan por los impuestos que recolecta el gobierno, metiéndole la mano a los bolsillos de los individuos.

Ahora, cómo el Estado tiene deberes constitucionales de proveer ciertos servicios, es inevitable que este tenga que quitarle el dinero a unos, para entregárselos a otros. No hay de otra.

Lo que nos queda, es revisar cómo esos dineros pueden ser utilizados de la manera más eficiente posible. Y es acá donde quisiera referirme al uso de los dineros públicos para el acceso a la educación superior. Cuando el Estado interviene con dineros en un mercado lo puede hacer mediante el fortalecimiento de la oferta o el fortalecimiento de la demanda. Es decir, en la educación pública, sería con la creación o inversión de las universidades públicas o con el subsidio o incentivos de quienes demanda una educación superior, los estudiantes.

En Colombia se realizan las dos políticas. La última, del fortalecimiento a la demanda (también conocido como subsidio a la demanda), empezó a darse recientemente con la política de Ser Pilo Paga (SPP) y sus resultados han sido muy positivos. Según el Centro de Estudios Sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes, las personas elegidas tienen una alta eficacia académica, de organización y proyección de su futuro profesional y de perseverancia. Además que es valorado en alto grado por los mismos beneficiarios e instituciones educativas receptoras.

La idea de SPP es loable e inteligente: provee educación superior a las personas de escasos recursos más competentes para una carrera académica y hace que sean estas mismas personas las que tengan la elección sobre el instituto universitario que desean. Es un sistema de subsidio a la demanda.

Sin embargo existen varias críticas: el limitado acceso, que el dinero público se va a instituciones de élite y que está saliendo más caro de lo pensado al buscar volverlo una política pública –se esperaba que por año se gastaran en el programa no más de $500.000 millones de pesos por año, pero se están gastando un poco más de un billón de pesos.

El sistema no es perfecto porque tiene muchos limitantes y no aprovecha las tecnologías para su eficiencia y economía.

Para que sea más económico es necesario eliminar toda la burocracia que gira alrededor de esta política. Al ser una política de entrega de subsidios de educación, el registro de la información puede realizarse con tecnología Blockchain de acceso compartido entre la universidad elegida por el estudiante y el fondo que otorga el subsidio. Todas las demás responsabilidades de adaptación o necesidades adicionales del estudiante estarían a cargo de la institución de educación superior.

En el presente SPP, los gastos de inversión pueden aumentar si, por ejemplo, en un semestre una gran proporción de los becados escogieran estudiar medicina en la Universidad de los Andes (siendo la carrera más cara en Colombia con $21’912.000 pesos por semestre). Para que el programa no se encuentre en peligro de desfinanciación por aumentos de costos no calculados, la beca de SPP deberá ser de un monto fijo que sería calculado según el promedio de los costos universitarios de la región donde se encuentre. Si el estudiante tiene interés en estudiar una carrera o en una universidad que supere el valor de la beca entregada, podría adicionar la parte que le hiciera falta.

Ahora, el SPP es limitado a un número de 40 universidades a las que el becado puede aplicar. Este problema es el más fácil de corregir: solo se debe permitir que toda institución de educación superior, técnica, tecnológica y universitaria, compita para atraer a los beneficiarios del SPP para que estudien en sus instalaciones.

Como la beca es de un monto fijo, las instituciones de educación superior competirían no solo en cuanto a la calidad educativa que van a prestar, sino en los precios de sus servicios. Si existe un incentivo para los estudiantes de elegir esas carreras que puedan ser cubiertas completamente por el subsidio, las mismas universidades se verían inclinadas a reducir los costos de sus matrículas para competir.

Una competencia por precios y calidad llevaría a un círculo virtuoso de la prestación de una educación superior asequible y de altos estándares. Y la reducción de costos, podría ayudar a expandir este programa a una mayor cantidad de jóvenes de escasos recursos con ganas de estudiar.


 

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es candidato a la presidencia de Colombia para 2018 por el Movimiento Libertario. Educador, pedagogo y promotor de proyectos educativos. Director de proyectos empresariales y ángel inversionista de emprendedores sin capital suficiente para potencializar sus ideas y compañías.

1 comment

  1. Carolina 8 julio, 2017 at 07:20 Responder

    Ponerse de mezquinos con la educación de los colombianos cuantificado y pretendiendo ponerle un techo y condición en lugar de mirar como bajan sueldos de los parásitos del gobierno y muchos empleados del estado que debe superar el billón, es un descaro lo que se debe mirar con lupa es como malgasta el estado nuestro dinero en contratos, que se ha convertido en un cheque al portador cada vez que un político necesita dinero.

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