Marcelo Ostria enero 3, 2019

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En América Latina hay dramas dolorosos que parecen eternos. Más de cuatro millones de venezolanos –un 13% de la población del país– ha abandonado su territorio, o procuró hacerlo, huyendo de la escasez y de la ausencia de libertades democráticas.

Este no es el único caso de un caudillo que imagina que es el salvador de su patria y la hunde: En Nicaragua la pareja gobernante ha resuelto retener el poder, reprimiendo con ferocidad a su pueblo. Y, a 60 años de la dictadura en Cuba, terminada la era de los Castro, se va desvaneciendo la esperanza –sin duda ingenua– de que el comunismo daría paso a reformas orientadas para alcanzar la democracia ahora ausente.

Este año habrá elecciones en Argentina, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Panamá y Uruguay. Esto, en otras épocas, podía abrir esperanzas de que, en ciertos casos, los comicios sean los que devuelvan al pueblo sus derechos y se consolide la institucionalidad democrática.

En El Salvador, quien sea electo presidente en febrero, enfrentará la violencia de las pandillas y la ola de miles de ciudadanos que engrosan las caravanas que pretenden llegar a Estados Unidos en búsqueda de seguridad y mejores condiciones de vida.

En Panamá no parece que habrá cambios notorios: Su economía respalda el vaticinio: El Fondo Monetario Internacional prevé un acelerado crecimiento de la economía panameña: un 6,3 % para este año, frente al 4,3 % de 2018.

Tampoco se espera en junio cambios en Guatemala. No hay renovación de líderes ni de ideas. Cristhians Castillo de la Universidad de San Carlos, dice que «no hay relevo generacional», y que «no hay los cambios de fondo en la clase política que en gran medida se demandó el 2015».

En Uruguay, al Frente Amplio, debilitado por casos de corrupción –su vicepresidente tuvo renunciar una vez descubierto-, ineficiencia y apoyo a las dictaduras de Maduro y Ortega, le será muy difícil retener el poder en octubre de 2019.

En Argentina habrá elecciones también en octubre, cuando no se habrán apagado los rescoldos de la generalizada corrupción del «kirchnerismo». Pero crece la insatisfacción por una muy difícil situación económica. No obstante, los esfuerzos del presidente Mauricio Macri por vencer las dificultades, podrían dar chances a su reelección.

En Bolivia se rechaza el empeño reeleccionista del presidente que ilegalmente pretende un cuarto período en el cargo. A esto, se añade el narcotráfico y la corrupción consentida, además de la activa defensa del presidente a Maduro y a Ortega, reiterando coincidencias con esas dictaduras.

Con este panorama, la democracia en nuestra región seguirá puesta a prueba.


 

Marcelo Ostria

Es diplomático de carrera, ex-embajador y escritor.

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