Oregon quiere despenalizar todas las drogas

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En los últimos años, acabar con la prohibición de las drogas se ha convertido progresivamente en una idea a la que le ha llegado el momento. Después de décadas y de gastar miles de millones de dólares en impuestos que controlan aquello que las personas pueden y no pueden consumir, el gobierno no ha logrado mostrar absolutamente nada para justificar su “guerra contra las drogas”, aparte de una creciente población carcelaria.

Los partidarios más firmes de la prohibición, como el Fiscal General Jeff Sessions, aún pueden aferrarse obstinadamente a sus puntos de vista arcaicos, pero virtualmente no hay motivos por los que la continuación de la prohibición de las drogas pueda justificarse. De hecho, al igual que con la prohibición del alcohol, prohibir el uso de drogas ha resultado en un mayor consumo de las mismas. También ha hecho que el consumo de drogas sea más inseguro ya que la venta y distribución de drogas se realiza de manera clandestina para evitar la intervención del gobierno. Y cuando se pregunta la opinión general sobre el tema, la mayor parte del país ahora entiende que prohibir el uso de sustancias ilícitas simplemente no funciona.

Y mientras que la legalización completa de la marihuana ahora solo es cuestión de tiempo, es probable que la prohibición de todas las demás sustancias ilícitas no suceda pronto. A menos que vivas en Oregon donde habrá una nueva ley para despenalizar “drogas duras” que acaba de pasar el Congreso y llegará pronto al Senado.

La epidemia de opiáceos
Una de las consecuencias más devastadoras de la guerra contra las drogas ha sido la epidemia de opiáceos que esta ayudó a crear. Después de pasar años demonizando la marihuana, el gobierno, en su infinita sabiduría, comenzó a aprobar medicamentos basados en opiáceos para el tratamiento del dolor.

Para poner esto en perspectiva, la hierba se consideraba como una sustancia peligrosa, mientras que los derivados de la heroína ya venían siendo recetados los por médicos. Los opiáceos, como ahora sabemos, son extremadamente adictivos. Para quienes tienen seguro de salud, los opiáceos también son una droga relativamente barata, lo que los hace aún más propicios para el abuso.

Con el paso de los años, la prescripción excesiva de opiáceos como Oxycontin, Percocet y Codeine, han creado una gran cantidad de adictos que, una vez que se les retira la receta, se encuentran desesperados por la droga. Estos adictos están dispuestos a pagar por versiones de menor calidad de sus medicamentos recetados. Esto es, por supuesto, arriesgado ya que las drogas ilegales a menudo se fabrican en circunstancias cuestionables y se mezclan con otras sustancias para mantener bajos los costos de producción. Como resultado, los usuarios se vuelven extremadamente vulnerables a la sobredosis ya que están acostumbrados a tomar sus medicamentos recetados, y no las versiones de la calle. Solo en 2016, las tasas de mortalidad se dispararon a niveles históricos a medida que las sobredosis de opiáceos se elevaron por encima de 59,000.

Pero a medida que más Estados se han movido hacia la legalización de la marihuana, el uso de opiáceos dentro de esos estados en realidad ha disminuido. Si bien esto en sí mismo es un poderoso testimonio del potencial de la marihuana legalizada, hasta que otras drogas sean al menos despenalizadas, las bajas asociadas con la prohibición seguirán siendo un problema.

Afortunadamente, Oregon está liderando el camino en este tema en los Estados Unidos.

Legalizar todas las drogas
La semana pasada, las noticias estuvieron llenas de titulares que comentaban sobre la nueva legislación de Oregon que, de ser aprobada por el Senado estatal, permitiría reducir la penalidad por portar pequeñas cantidades de “drogas duras”. Bajo la nueva ley, los delincuentes por primera vez atrapados en posesión de metanfetamina, heroína o cocaína serán acusados de un delito menor en lugar de un delito grave. Esto significa que también estarían sujetos a tarifas más pequeñas y, lo que es más importante, menos tiempo tras las rejas.

Además, al reclasificar estas acciones como delitos menores, quienes cometen delitos por primera vez evitan tener que marcar la casilla de “delincuente” en las solicitudes de vivienda y trabajo. La caja pequeña de “verificar si ha cometido un delito” ha sido una de las barreras más grandes con las que los ex-convictos se encuentran después de ser liberados de su encarcelamiento. Ya con una brecha en su currículum profesional a cuestas y, a menudo sin ninguna vivienda asegurada, esta pregunta aleja a los exconvictos de una rehabilitación total.

La Gobernadora de Oregón, Kate Brown, comentó sobre la nueva ley que decía que era “un paso importante hacia la creación de un sistema de justicia más equitativo para prestar un mejor servicio a todos los residentes de Oregón”.

El Gobernador Brown y otros partidarios de la nueva legislación esperan que al brindar a estos delincuentes por primera vez una mejor oportunidad de éxito posterior al encarcelamiento, disminuyan la reincidencia, especialmente en los vecindarios más vulnerables. La portavoz de la Cámara de Oregón, Tina Kotek, se refirió a este aspecto particular y dijo: “Las sentencias por delitos graves por montos pequeños de cantidad de usuarios a menudo tienen graves consecuencias, incluidas barreras a la vivienda y al empleo, que tienen un impacto desigual en las comunidades minoritarias”.

Además, al eliminar los cargos por delitos graves asociados para los infractores por primera vez, la nueva ley alienta a las personas que padecen adicción a buscar ayuda sin temor a represalias legales.

El director de estrategia de comunicaciones de Policy Alliance, Jag Davies, abordó este beneficio en particular, diciendo: “El paso como delito menor de la posesión podría facilitar que las personas que, de otra manera, estarían demasiado asustadas del castigo obtengan ayuda en la búsqueda de la atención médica necesaria …”

La despenalización podría generar mucho exceptisismo, pero en realidad podría resultar en una disminución del consumo de drogas y, por lo tanto, una disminución de la adicción, tal como ya sucedió en los Países Bajos y Portugal.

Hay mejores maneras

En Ámsterdam y en otros lugares de los Países Bajos, no es raro ver grandes carteles con las palabras: “No serán arrestados por usar drogas”. Hace unos años, los Países Bajos modificaron su política de drogas y permitieron la posesión de ambos productos, drogas blandas como la marihuana y drogas más duras como la cocaína y la heroína. Por supuesto, esto no significa que los turistas y residentes tengan la libertad de consumir con la frecuencia que deseen. La ley permite que los residentes posean hasta cinco gramos de cannabis y un gramo de heroína o cocaína sin miedo al castigo.

Los volantes y carteles que publicitan la legalidad de las drogas en toda Ámsterdam se utilizan en realidad con fines educativos. Cuando, por ejemplo, un lote de heroína enmascarado como cocaína comenzó a causar hospitalizaciones e incluso muertes en toda la ciudad, se colocaron carteles que informaban tanto a los residentes como a los turistas acerca de la situación y les indicaban qué tratamiento médico debían buscar si caían víctimas del surgimiento de esta droga.

Dado que muchos adictos a menudo evitan el tratamiento debido al temor de ser atrapados y terminar entre rejas, el enfoque de los Países Bajos ha ayudado a calmar este temor y alentó a los consumidores de drogas a la asistencia médica sin temor a ser arrestados. Por extraño que parezca, aunque los defensores de la prohibición vean a los Países Bajos como un refugio para la ambigüedad moral, el consumo de drogas es en realidad más bajo que en los Estados Unidos.

Cuando se preguntó específicamente sobre la marihuana, el 44 por ciento de los estadounidenses y el 26 por ciento de los holandeses admitieron haber probado la droga. Los estadounidenses también tuvieron una mayor tasa de consumo de cocaína, con un 26 por ciento de los encuestados respondiendo que habían probado la droga en comparación con el 14 por ciento reportado por los holandeses.

Cuando Portugal decidió despenalizar el consumo de drogas, tuvo un éxito similar al de los Países Bajos. En 1991, más del uno por ciento de la población de Portugal estaba enganchado a la heroína. De hecho, se decía que la epidemia era una de las peores del mundo y era difícil encontrar una familia en Portugal que no se hubiera visto afectada negativamente por el consumo de heroína de alguna forma.

En 2001, Portugal despenalizó el consumo de drogas y optó por buscar vendedores en lugar de usuarios. Sin penas criminales asociadas con el uso de drogas, aquellos que sufren de adicción pueden ser tratados como pacientes que sufren una enfermedad en lugar de ser criminales.

La ley no es perfecta ya que exige el tratamiento de drogas para aquellos atrapados con drogas. Pero el tratamiento ordenado por el Estado todavía es muy superior a las sentencias de prisión estipuladas. Desde que se implementó la ley, el número de casos de drogas por año ha disminuido en un 75%. El número de casos de VIH inducidos por drogas también ha disminuido en un 95% desde que se implementaron los estándares de despenalización.

Este cambio en la política también ha ayudado a des-estigmatizar el consumo de drogas y ha ayudado a las sociedades a ser más comprensivas con la difícil situación de la adicción.

El proyecto de ley de Oregón aún debe pasar el Senado estatal antes de que pueda llegar al escritorio del gobernador para firmarlo. Sin embargo, el fuerte apoyo del gobernador Brown al proyecto de ley es extremadamente alentador y señala un cambio en los tiempos. El país no solo está empezando a ver que legalizar la marihuana tiene una gran cantidad de beneficios, sino que también está empezando a comprender que la prohibición en su conjunto está dañando a la sociedad, en lugar de ayudarla.

*Este artículo fue originalmente publicado en FEE.org el 22 de Julio de 2017 y ha sido traducido al español por Viviana Cartagena.

Author profile
Brittany Hunter

es editora asociada en la Fundación de Educación Económica. Brittany estudió ciencias políticas en la Universidad Utah Valley, con una especialización menor en estudios constitucionales.

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