Occidente no se fundó bajo principios cristianos

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Si hay un común denominador que ningún cristiano podría negar que hace parte de sus principios fundamentales son los Diez Mandamientos, después de todo, son de importancia tan crucial que el mismísimo Dios sintió la obligación de escribirlos físicamente, con su propio dedo, y, además, en piedra, en dos tablas de piedra (Éxodo 31:18). ¡Incluso los escribió dos veces! Ya que en la primera ocasión fueron rotas por la furia de Moisés al ver a su pueblo danzando y adorando a un becerro (Éxodo 32:19). Dios no escribió unos nuevos Diez Mandamientos en la segunda ocasión como sugieren algunos cristianos, escribió los mismos (Deuteronomio 10:1-2).

Los Diez Mandamientos son los únicos pasajes de la Biblia que “sabemos” que Dios escribió, por ello, como mínimo, deben contener la máxima sabiduría y perfección en la escritura nunca antes vista. Pasemos ahora verlos (Éxodo 20: 1-26):

  1. No tendrás otros dioses delante de mí.
  2. No te harás imagen.
  3. No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios.
  4. Acuérdate del día sábado para santificarlo.
  5. Honra a tu padre y a tu madre.
  6. No cometerás homicidio.
  7. No cometerás adulterio.
  8. No robarás.
  9. No darás falso testimonio contra tu prójimo.
  10. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa que sea de tu prójimo.

Los primeros cuatro mandamientos son irrelevantes para cualquier civilización, son irrelevantes para su progreso y prosperidad, no tienen nada que ver con la moralidad. El primero prohíbe cualquier creencia en un Dios distinto al Dios Judeo-cristiano, por ejemplo, lo que sería hacer parte de los más de mil millones de hinduistas que creen en otros Dioses. El segundo específica que no nos hagamos una imagen de él —como si tuviera sentido hacerlo—. El tercero prohíbe hacer cosas como decir: “¡Maldito sea Dios!” y el cuarto prohíbe trabajar el sábado. Vale recordar que para quien incumpla los primeros siete mandamientos la pena es la muerte. (Le 20:2; Dt 13:6, 10, 13-15; 17:2-7; Nú 25:1-9), (Nú 15:32-36; Éx 31:14; 35:2), (Nú 35:30, 31), (Le 20:10; Dt 22:22), (Dt 22:21), (Dt 22:23-27), (Éx 21:15, 17).

¿Resultan vitales estos mandamientos para el desarrollo y sostenimiento de una civilización? No.

Los siguientes mandamientos sí son morales, en el sentido de que tratan de nuestro comportamiento con otros seres humanos. Sin embargo, resulta muy difícil demostrar —si no imposible— que alguien haya honrado a sus padres o se haya abstenido de asesinar o ser infiel en razón de ellos. La mayoría de personas en el mundo viven sus vidas sin asesinar, pero no porque este escrito en la Biblia. Peor todavía, no omitamos que el décimo mandamiento prohíbe codiciar el siervo (esclavo) del prójimo, de forma que Dios estaba en total acuerdo con la esclavitud, con la propiedad de seres humanos (Génesis 14:14, 15), (Éxodo 21:7-11), (Deuteronomio 15:12). Por otra parte, y aún más importante, es el hecho que prácticamente todas las culturas y civilizaciones antiguas que precedieron en siglos y hasta milenios al judaísmo y el cristianismo ya prohibían el asesinato y el robo. Por implicancia, que prohíbas el asesinato y el robo, quiere decir que defiendes la vida y la propiedad. Sí, como toda sociedad mínimamente civilizada.

El Código de Hammurabi que fue escrito en 1750 a. C. por el rey de Babilonia ya prohibía el homicidio y el robo. Igualmente las antiguas Leyes de Manu. Sobre el robo decían: “La primera vez que se descubre a un ladrón se le deben amputar dos dedos. La segunda vez, una mano y un pie. Al tercer robo, el ladrón debe sufrir la muerte” (9.277).

Los ejemplos sobre esto en textos antiguos y variadas religiones abundan, así como la llamada regla de oro: “No hagas a los demás lo que no quieres que los demás te hagan” que se encuentran en el confucionismo, budismo, jainismo, etc. Cualquier sociedad, incluso primitiva, para poder existir, debe prohibir y condenar prácticas como el homicidio y el robo. Escribe Sam Harris:

Hay razones biológicas obvias por las que la gente tiende a tratar bien a sus padres, y a pensar mal de los asesinos, adúlteros, ladrones y mentirosos. Es un hecho científico que las emociones morales —como un sentido del juego justo o aborrecer la crueldad— preceden a cualquier exposición en las sagradas escrituras. De hecho, hay estudios entre primates que revelan que esas emociones (o cierta forma de ellas) preceden a la humanidad misma. Todos nuestros primos primates sienten debilidad por los miembros de su misma especie y suelen mostrarse intolerantes ante el asesinato y el robo. Tampoco les gusta mucho el engaño o la traición sexual.[1]

De modo que no hay nada realmente importante que sea exclusivo del cristianismo en los Diez Mandamientos. Por último, si damos una mirada al décimo mandamiento es simplemente irrelevante que codicies el asno o el BMW de tu prójimo —aunque algunos cristianos han usado este mandamiento para sostener que Dios condena la envidia y, por tanto, son claramente diferenciables de algunos socialistas—.

Así como es posible encontrar versículos de la biblia para justificar ciertas posiciones ideológicas, por ejemplo, sostener que la cultura de trabajo es una virtud del cristianismo porque Dios fue el primer trabajador de la historia, trabajando seis días y descansando el séptimo (Génesis 1:1-15) y luego, tras la caída del hombre al pecar, ordeno a Adán trabajar —como castigo— para ganarse la vida por comer del fruto del árbol prohibido (Genesis 3:17–19). Uno también podría nombrar variados versículos que ningún moderno cristiano —educado bajo valores seculares occidentales— aceptaría, a saber, golpear a un hijo con una vara cuando se descarrié (Proverbios 13:24, 20:30, 23:13-14) y en caso de que replique, asesinarlo (Éxodo 21:15, Levítico 20:9, Deuteronomio 21:18-21, San Marcos 7:9-13 y San Mateo 15:4-7). Tampoco estarían de acuerdo con la lapidación por herejía, adulterio, homosexualidad, trabajar en día festivo, brujería, etc. (Deuteronomio 13:6). Ni la esclavitud (Levítico 25:44-46), (Efesios 6:5), (1ª a Timoteo 6:1-4). O vender a su hija en esclavitud (Éxodo 21:7-11). También en el “Buen libro” podemos encontrar pedofilia y a la vez incesto y poligamia porque fue con sus dos hijas, las cuales quedaron embarazadas (Génesis 19:34-35), igualmente hay relatos de infanticidio y múltiples genocidios que para suerte de nosotros nunca ocurrieron más allá de la imaginación de los hombres que escribieron la Biblia.[2] Destaco además que en general he dejado de lado lo que dice la biblia sobre la sodomía y la mujer.

Los cristianos tampoco pueden evadir estas cuestiones sosteniendo que Jesús trajo un nuevo y distinto evangelio basado en el amor y la tolerancia, ya que él dijo estar de acuerdo con la antigua ley, la cual no venía a abolir, sino a cumplir (Mateo 5:17) sin quitarle ni jota ni tilde (Mateo 5:18-19). Es cierto, Jesús dijo; “Amaos los unos a los otros” (Juan 13:34), empero, eso ya lo había dicho Buda, Zoroastro, Epicteto, Confucio, etc, y todos dejaron grandes enseñanzas sobre el amor, incluso sobre el amor hacia los animales para los cuales la Biblia solo tiene una carnicería.

Por último, lo que es posible inferir de todo lo anterior, es que si los principios del mundo occidental son los Diez Mandamientos de la Biblia Hebrea, ha quedado claro que no tienen nada de exclusivo del judaísmo y el cristianismo, han estado presentes en variadas culturas de diferentes e independientes momentos históricos, del mismo modo, si admitiéramos entonces que los principios que guían el mundo occidental están condensados no solo en los Diez Mandamiento sino además, en el resto de la Biblia Hebrea (Antiguo Testamento) y Cristiana (Nuevo Testamento), se ha logrado establecer satisfactoriamente como muchos pasajes de la misma son la antítesis del pensamiento occidental —compromiso con la razón y dignidad humana—,[3] por lo cual, nos vemos abocados a una alternativa un poco incómoda para los cristianos, que no son verdaderos cristianos en tanto que hacen una lectura sesgada, negligente, superficial y a conveniencia de su libro para hacerlo compatible con su vida en la modernidad, mientras hacen vista gorda de todas las barbaridades que contiene. El dominio de la tradición cristiana y sus valores serían una tragedia que solo puede llevarnos a una nueva edad media.


[1] S, Harris. (2007) “Carta a una nación cristiana” Editorial paradigma. Madrid. (p. 20).

[2] S. Pinker. (2014) “Los ángeles que llevamos dentro: el declive de la violencia y sus implicaciones” Barcelona; Buenos Aires; México: Paidós, 2014. (p. 35-41).

[3] A, Bernstein. (2010) “La Tragedia de la Teología: Cómo la Religión causó y extendió la Edad Oscura”. Objetivismo.org. Disponible en:

https://objetivismo.org/la-tragedia-de-la-teologia/

 

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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