Nuevo Orden Mundial se fortalece con el coronavirus

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El coronavirus es el mayor golpe epidemiológico del siglo, más allá de los estragos económicos y geopolíticos que pueda causar al planeta por los próximos años, pero también el rito iniciático de lo que se viene para todas las sociedades mundiales hasta ahora independientes.

La consecuencia de este terrible caos sanitario-económico es que el ajedrez chino funciona eficientemente como un Caballo de Troya en versión laboratorio, insertándose en el centro de una agenda política que busca posicionar a alguien como la cabeza del nuevo gobierno mundial y que busca desplazar y hundir a varios países con destrucción virológica y eliminación de la gerontocracia para una reconfiguración generacional y evitar pagos de seguridad social a los ancianos. Indudablemente el marxismo cultural sostendrá como pieza ideológica el despotismo gubernamental unido, haciendo jaque mate a todo intento libertador.

La expresión Novus Ordo Seclorum es antigua y se refiere a una nueva era de inteligencias sin equilibrio de poderes. Aparece en el documento de los Catorce Puntos del Presidente norteamericano Woodrow Wilson después de la Primera Guerra Mundial. Luego, los presidentes Gorbachov y Bush usaron el término y Bill Clinton también lo planteó. Gordon Brown, Al Gore, Barack Obama, Pedro Sánchez, son líderes mundiales que han repetido como monos este concepto futurista, que responde indudablemente a ésta época, con gran convicción.
Henry Kissinger es un fanático del nuevo establishment. Y el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha dicho: “Sin unidad, seremos derrotados” como direccionando desde la torre que maneja, la posibilidad del consenso internacional.

Parece demasiada casualidad que todos estos políticos de vieja y nueva data articulen una unidad doctrinaria a pesar de sus diferencias tan arraigadas y liderazgos tan disimiles a través del tiempo.

El proceso de unificación continental como plataforma, se fundamenta en una alianza mundial basada en la justicia, la igualdad y la prosperidad de todos los países. Se sustentará en la universalización de paz y seguridad utilizando tecnología de punta para la estructuración de dicha visión para conquistar el plano político, ideológico, cultural, educativo y religioso con la aceptación o imposición trasversal del pensamiento único. El nuevo testamento del Nuevo Orden será la unidad global socializadora. Sus evangelios son la ideología de género, la legalización del aborto, la eliminación del dinero físico por ser antihigiénico y contagioso y la implantación del chip de geolocalización individual, personalizado y universal. El tesorero de esta nueva religión será el FMI. Y el generoso Bill Gates, será el sumo sacerdote que no necesita diezmos ni ofrendas para sus sermones bacteriológicos desde su majestuoso templo Microsoft, con predicaciones online.
Que China haya crecido progresivamente durante las últimas décadas en economía y poder no es coincidencia. Hoy es el país con mayores inversiones y préstamos internacionales y tiene gran influencia política. Pero, ciertamente, la hegemonía imperialista china ataca de nuevo, con olor a deslealtad. Esta desgracia se sospecha que es de laboratorio, ex-profeso, no casual.

Incluso, en las principales tecnologías los chinos son líderes en redes 5G, en inteligencia artificial y computación cuántica.

Además, China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: Química farmacéutica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones. La adormitada y envejecida Europa está muy relegada en esta competencia con estupor permanente.
Hasta la indoblegable Rusia de Vladimir Putin se ha visto sorprendida y quebrada por el inesperado golpe pandémico y se convierte en el quinto país del mundo en infectados. Ello, desnudará el verdadero liderazgo de su estratégico Jefe y veremos si sus políticas de salud, son tan robustas como sus políticas de seguridad y liderazgo euroasiático.
Mientras que la economía mundial entra en recesión y todos tiemblan, China Continental, sonriente, se ha posicionado comprando acciones y empresas a bajos precios y además conseguirá un crecimiento anual del PIB del 6 %, y convirtiendo el yuan en moneda digital. Esto, sin lugar a dudas, era un plan orquestado de antemano, premeditado, para eliminar países competidores.

Paralelamente y complementando el plan, se ha desarrollado una nueva forma de registrar el historial de un paciente, almacenando los datos mediante un tinte invisible, que se absorbe debajo de la piel al mismo tiempo que la vacuna. Los investigadores mostraron que este nuevo tinte, que consiste en nanocristales llamados puntos cuánticos, pueden permanecer durante al menos cinco años debajo de la piel, emitiendo una luz infrarroja que puede ser detectada por un teléfono de última generación. La nueva piel del futuro.

El proyecto del samaritano Bill Gates, propone la digitalización global con datos biométricos y tecnología blockchain para 7 billones de personas. ¿Cuál es el objetivo de tanta bondad? identificar y monitorear. De acuerdo a ello, esta identidad digital será necesaria para acceder a educación, salud, beneficios sociales, derechos políticos y realizar transacciones económicas de toda índole. No podremos comprar ni coca cola sin esta tecnología.

Este chip conectará nuestras huellas digitales, iris de los ojos, registros médicos, fecha de nacimiento, viajes realizados, historiales de empleo, licencias, raza, religión y antecedentes policiales, penales y cuentas bancarias.

Tendrá la característica “desde el nacimiento hasta la muerte” y de portabilidad permanente. El engaño global será que sin vacuna y sin chip nadie podrá vivir, acercándonos a la fantasía, o ciencia ficción.

Prácticamente hasta nuestra alma estará digitada en esa marca o sello tecnológico que nos recuerda, al 666 de Revelaciones o el Apocalipsis de Juan.

Pero en realidad, aquel ciudadano que no quiera implantarse este chip podría ser considerado un terrorista sanitario por los gobiernos, transformándose en un parásito social y perseguido por la nueva policía del pensamiento que será establecida como el Gran Hermano, con mil ojos y mil oídos, monitoreados a través de la red 5G y diferenciándolos discriminatoriamente en niveles de: Chusma, esclavos, súbditos o masas rebeldes.

Terrible porvenir el que se avizora.

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Abogado. Analista Político y Comunicador. Estudió Desarrollo Económico en Israel . Columnista en medios de comunicación y Analista en Digital TV Mundo y BHTV. De Lima.

alberto.bajak@gmail.com

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