Nos quieren matar de hambre por el COVID-19

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Deben tomarse medidas de precaución para limitar la expansión del COVID-19, pero sobre reaccionar puede, en última instancia, matar más gente que salvar.

Dada la diseminación de desinformación acerca del COVID-19, Just Facts está brindando un conjunto de hechos rigurosamente documentados acerca de esta enfermedad y sus impactos. Ellos incluyen algunos hechos cruciales que han estado ausentes o sido mal reportados, en mucho por la cobertura de los medios de este tema.

El Centro para el Control y la Prevención de la Enfermedad de los Estados Unidos (CDC) enfatiza (emphasizes) que “esta es una situación que emerge, evolucionando rápidamente,” y, por tanto, este artículo se actualizará cuando haya nuevos datos disponibles. [Nota: una actualización de estos datos naturalmente cambiantes se encuentra en https://www.justfactsdaily.com/vital…bout-covid-19/]

Por una parte, los hechos muestran que

  • Si el número de personas con infecciones activas del COVID-10 es, en la actualidad, 10 veces el número de personas que se ha diagnosticado con él, el estadounidense promedio tendría que encontrarse con 2.200 personas para ponerse en contacto con una persona que ya lo tiene.
  • Las muertes por el COVID-19 en los Estados Unidos son ahora el 0.07% de las muertes anuales provocadas por algunas causas típicas de muerte inesperada, incluyendo gripe, sobredosis por drogas y accidentes.
  • La tasa de mortalidad de personas que contrajeron el COVID-19 es incierta, pero probablemente cercana a las cifras sobre gripe estacional comúnmente reportadas por la prensa.


Por otra parte
, el COVID-19 es altamente transmisible, lo cual significa que puede extenderse como el fuego si no hay medidas extraordinarias para contenerlo. Esto aumentaría grandemente su mortalidad.

Sin embargo, medidas precautorias a menudo tienen impactos económicos y de otros tipos que puede costar vidas, y sobre reaccional puede, en última instancia, matar más gente que salvar.

CASOS ACTIVOS REPORTADOS

Según la CDC, un total de 15.219 personas (15,219 people) se ha diagnosticado en Estados Unidos con COVID-19, al ser las 4.00 p.m. tiempo del este, el 19 de marzo del 2020. La población de los Estados Unidos es de 329 millones de personas (329 million people), lo cual significa que una de cada 22.000 (22,000) personas ha sido diagnosticado con el COVID-19. La enfermedad no se ha dispersado por igual en toda la nación, así que esa cifra puede ser más alta en algunas áreas y menor en otras.

Los casos reportados no incluyen personas que pueden estar transportando la enfermedad, pero que todavía no han sido diagnosticadas. Debido a que su período de incubación (incubation period) es de 2 a 14 días, el número de gente que ha sido infectada, puede exceder sustancialmente al numero que ha sido diagnosticado.

También, la vasta mayoría de gente que contrajo el COVID-19 sólo experimenta síntomas ligeros o sin ellos, y algunos de ellos puede que nunca se diagnostiquen. Esto significa que la contabilidad de casos subestima más allá del número verdadero de personas que han sido infectadas. Un estudio de febrero del 2020 (February 2020 study) en el the Journal of the American Medical Association, basado en datos de China, encontró que el 81% de los casos reportados de COVID-19 son “ligeros.” La verdadera porción de esos casos es incluso mayor, pues, como explica el artículo, hay “dificultades inherentes al identificar y contar los casos livianos y asintomáticos.”

Un caso extraño en que se pueden contar casos asintomáticos es el del barco de cruceros Diamond Princess, pues todos los pasajeros (passengers) fueron examinados para el COVID-19. Entre aquellos que dieron positivo, un 51% (51 percent) no tenía síntomas cuando se sujetaron a prueba. El número de esa gente que luego desarrolló síntomas actualmente no está disponible.

A la inversa, mucha gente que fue infectada en cierto momento, se están recuperando (recovering). El resultado de todo esto es que el número de personas activamente infectadas es menor que el total de casos reportados y no diagnosticados.

Dicho todo esto, si el número de gente con infecciones activas del COVID-19 es 10 veces el número de gente diagnosticada con él, el estadounidense promedio tendría que entrar en contacto con 2,200 personas, para estar en contacto con una persona que sí tiene el virus.

MUERTES

A las 4 p.m. del 19 de marzo del 2020, un total de 201 residentes de Estados Unidos ha muerto por el COVID-19 (died from COVID-19). Entre estas muertes, 74 ocurrieron en el Estado de Washington, y al menos 35 de ellas están asociadas con un solo asilo de ancianos cerca de Seattle (near Seattle).

Para poner esas cifras en perspectiva:

  • Alrededor de 12.469 personas en los Estados Unidos murió de fiebre porcina (died from the swine flu) desde el 12 de abril del 2009 al 10 de abril del 2010. A diferencia del COVID-19, que principalmente mata (mainly kills) a personas de edad mayor con problemas preexistentes de salud, un 87% (87 percent) de la gente muerta por la fiebre porcina tenía una edad menor a 65.
  • Un promedio de 37.000 personas (37,000 people) en Estados Unidos ha muerto de influenza (died from influenza) (“la gripe”), en cada año durante los últimos nueve años.
  • Alrededor de 67.000 personas al año muere de sobredosis de drogas (die from drug overdoses) en Estados Unidos.
  • Alrededor de 170.000 personas al año muere de accidentes (die from accidents) en Estados Unidos.

En resumen, las muertes por el COVID-19 son ahora el 0.07 % (0.07 percent) de las fatalidades anuales de algunas causas típicas de muertes inesperadas, incluyendo la gripe, sobredosis de drogas y accidentes.

TASAS DE MORTALIDAD

El reporte de la media inicial de una tasa de mortalidad de 2 a 3% por el COVID-19 está inflado, y la cifra verdadera puede ser más cercana a aquella de la gripe, que ha promediado alrededor de un 0.15 por ciento (averaged about 0.15 percent) durante los últimos nueve años en Estados Unidos. Un grado amplio de incertidumbre rodea a este tema, debido al mismo factor que impide mediciones exactas de las infecciones: los casos no reportados.

Como lo explica (explained) el Dr. Brett Giroir -autor de casi 100 publicaciones revisadas por científicos y quien sirve como Asistente del ministro de Salud en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos- la tasa de mortalidad del COVID-19 es “menor de la que probablemente usted ha escuchado en diversos reportes,” pues el grueso de la gente que contrae el coronavirus no se enferma seriamente y, así, muchos de ellos nunca son evaluados.

Giroir llama a este el “problema del denominador” pues, si usted “no está muy enfermo, como no lo está la mayoría de la gente, usted no es evaluado. Ellos no son medidos en el denominador.” La mejor estimación de Giroir es que la tasa de mortalidad es, probablemente, de “alrededor de un 0.1% a un 1%.” Esto “es posiblemente más severo en su tasa de mortalidad que la gripe típica” cuya tasa oscila entre 0.1% y 0.15%, “pero, ciertamente está dentro del rango.”

La estimación de Giroir calza con un comentario de febrero del 2020 (February 2020 commentary) en el New England Journal of Medicine, del renombrado inmunólogo Anthony Fauci y otros:

“Si uno supone que el número de casos asintomáticos o mínimamente sintomáticos es varias veces tan alto como el número de casos reportados, la tasa de casos fatales puede ser considerablemente inferior a 1%. Eso sugiere que las consecuencias clínicas generales del Covid-19, en última instancia, puede ser más parecida a aquella de una fuerte gripe estacional (que tiene una tasa de casos fatales de aproximadamente 0.1%) o de una influenza pandémica (similar a aquellas de 1957 y 1968), en vez de una enfermedad similar al SARS o al MERS, que han tenido tasas de casos fatales de 9 a 10% y de 36%, respectivamente.”

Un excelente ejemplo de cómo los periodistas reportan mal este asunto, es el artículo (article) del 12 de marzo de Business Insider, por Andy Kiersz. En esta pieza, él compara las “tasas de mortalidad” del COVID-19 de la CDC de Corea del Sur (South Korean CDC) con aquella de la gripe de la CDC de los Estados Unidos (United States CDC). Basado en esos números, él reporta que “Corea del Sur -ha reportado algunas de las más bajas tasas de muerte por coronavirus de todos los países- aun así, tiene una tasa de mortalidad por el COVID-19 más de 8 veces mayor que aquella de la gripe.”

Lo que Kiersz y sus editores fallan en entender es que el denominador de la tasa coreana es el número de “casos confirmados,” mientras que el denominador de la tasa estadounidense se basa (is based on) en un “modelo matemático.” La CDC aclara cómo el modelo funciona, al citar un estudio (a study) sobre la fiebre porcina, que multiplica “43.677 casos confirmados por el laboratorio” de la enfermedad por entre 41 y 131 veces para calcular el denominador de la tasa de mortalidad. En palabras de los autores, ellos lo hacen porque los casos confirmados son:

“posiblemente una subestimación sustancial del número verdadero. Al corregir por la subvaloración utilizando un modelo multiplicador, estimamos que ocurrieron entre 1.8 millones y 5.7 millones, incluyendo de 9.000 a 21.000 hospitalizaciones.”

Puesto en sencillo, las tasas de mortalidad del COVID-19, que se basan en infecciones reportadas o confirmadas, subestiman groseramente el número de personas con la enfermedad. Esto, a su vez, hace que la tasa de mortalidad parezca ser sustancialmente más alta que la real.

TRANSMISIBILIDAD

Otro factor importante en la ponderación de riesgos planteados por el COVID-19 es su transmisibilidad, o qué tan contagioso es. En este sentido, el COVID-19 parece ser mucho más peligroso que la gripe estacional, pero, de nuevo, hay cierta ambigüedad.

Los científicos miden la contagiosidad de las enfermedades con un número básico de reproducción (basic reproduction number), que es el promedio de número de gente que tiende a coger una enfermedad de cada persona que la tiene. Esta medida es una característica innata de la enfermedad, pues no tiene que tomar en cuenta acciones que la gente toma para prevenirla. Un artículo de febrero del 2020 (February 2020 paper), publicado en el Journal of Travel Medicine, explica que cualquier enfermedad con un número básico de reproducción por encima de 1.0 es posible que se multiplique con el paso del tiempo.

El mismo artículo evalúa 12 estudios del número básico de reproducción del COVID-19 en varios países y encuentra que “osciló entre 1.4 a 6.49,” con un promedio de 3.28 y una mediana de 2-79. Con base en el análisis de estos estudios, los autores concluyen que el número básico de reproducción del COVID-19 probablemente mostrará estar en “alrededor de 2 a 3” después de que “se haya acumulado más datos.”

En contraste, un artículo del 2014 (2014 paper) en la revista BMC Infectious Diseases, analiza 24 estudios de gripe estacional y encuentra que el resultado de la mediana del número básico de reproducción es 1.28. Los autores enfatizan que la aparentemente pequeña diferencia entre 1.28 y cifras altas como 1.80 “representa la diferencia entre epidemias que son controlables y que causan enfermedades moderadas y aquellas que causan un numero significativo de enfermedad y que requieren estrategias de mitigación intensiva para controlarla.”

En otras palabras, si la transmisibilidad del COVID-19 es tan alta como actualmente se estima, las medidas agresivas que algunos gobiernos, organizaciones e individuos han tomado para limitar grandes reuniones y viajes a áreas con brotes, salvarán muchas más vidas que hacer lo mismo con enfermedades comunes, como la gripe.

SOBRERREACCIONES

No obstante, hay peligros mortales por sobre reaccionar, debido a que medidas para limitar la expansión del COVID-19 a menudo tienen impactos económicos que pueden costar vidas. Como se detalla en el libro de texto Macroeconomics for Today, países con un bajo crecimiento económico (economic growth) “están en menor capacidad de satisfacer las necesidades básicas de alimento, abrigo, ropa, educación y salud.” Estos peligros se pueden manifestar rápidamente y por largos períodos.

Si ciertas industrias adoptaran los extremos de distanciamiento social que mucha gente ha abrazado, esto terminaría la producción y distribución de alimentos, cuido de la salud, servicios públicos y otros servicios que sostienen la vida. Incluso bajo escenarios más moderados, en donde la gente que no está en esas industrias deja de trabajar, todas esas necesidades y muchos más aspectos de la vida moderna dependen de la fortaleza general de la economía (strength of the economy). Así, sobre reaccionar puede, en última instancia, matar más gente que salvar.

Lo mismo es en el caso de gente que está inundando los supermercados (flooding supermarkets) para almacenar alimentos, papel higiénico y otros suministros. Al hacerlo, a menudo entran en proximidad cercana con otra gente y tocan los mismos artículos, lo que abre avenidas para expandir la enfermedad (spread the disease). Compras por pánico también crean escaseces (creates shortages), que privan de provisiones a los consumidores típicos.

De igual forma, el pánico puede alimentar los suicidios (fuel suicides), que ascienden a 47.000 al año en Estados Unidos. Eso es cerca de 235 veces la tasa actual de muerte por el COVID-19.

Las implicaciones de sobre reaccionar ante el COVID-19 y cualquier otro peligro potencial están aptamente resumidas en una guía de enseñanza (teaching guide) publicada por la American Society for Microbiology. Este libro explica (explains) por qué “los factores que impulsan su concepto de riesgo -emoción o hecho- pueden parecer o no importantes para usted, sin embargo, están allí” pues “existen riesgos en riesgos mal percibidos.”

RESUMEN

Durante una conferencia de prensa el 14 de marzo, el Médico General de los Estados Unidos Jerome Adams, afirmó (asserted) que “esta situación durará más, y más gente será afectada” si “diseminamos temor, desconfianza y mala información.” En cambio, dijo él, “nos sobrepondremos a esta situación” si nosotros “contribuimos” y “compartimos los hechos.”

Los hechos esenciales arriba citados confirman la sabiduría de sus palabras.

Author profile
James D. Agresti 

James D. Agresti es el presidente de Just Facts , un instituto sin fines de lucro dedicado a publicar hechos verificables sobre políticas públicas.

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