No podemos permitir que un montón de ignorantes siga votando

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La democracia es fatalmente defectuosa, necesitamos un gobierno de los que saben, una epistocracia.

Debemos quitarle el gobierno a los peores y darlo a los mejores. Los votantes a menudo son vengativos, paranoicos, torpes y con frecuencia están engañados. Necesitamos mejorar la calidad y la competencia de los votantes.

Una forma de hacerlo sería con un examen. Actualmente, si queremos conducir, ser médicos o abogados, necesitamos una serie de permisos, licencias y certificaciones que demuestran nuestra competencia en estas actividades, sin embargo, en una cuestión de vida o muerte, como lo es, elegir a los representantes que llevarán el destino del pueblo, no.

¿Cómo es que permitimos que personas en total ignorancia decidan un asunto tan importante en total anonimato e irresponsabilidad?

Debido a que no es posible elevar el nivel cultural de todo un pueblo, porque esto nos llevaría siglos y es poco probable. Lo mejor que podemos hacer ahora es limitar el derecho al voto de los más ignorantes e incompetente, y la mejor forma en que podemos hacerlo es a través de un examen. Los que pasen el examen ganarán su derecho al voto, y lo que no, ya en el futuro tendrán otra oportunidad de presentarlo.

Para nadie es un secreto los malos y peligrosos resultados del gobierno de la mayoría, la democracia, o más bien, la kakistrocracia, el gobierno de los peores. Pues bien, es hora de que lo mejor de lo mejor de nuestra sociedad pueda elegir a lo mejor de lo mejor de nuestra sociedad. No podemos estar a merced de una muchedumbre de ignorantes que votan por cualquier banalidad perjudicando a toda la población.

Solo piensa en esa persona que conoces, que va a votar para “cumplir un deber cívico”, o aquella persona que vota meramente por “amistad”, por un almuerzo o por dinero… Piensa en ese joven o anciano totalmente alienado y engañado que va a depositar su voto. ¿Lo ves? La materia prima de la democracia, o sea, sus votantes, son la peor materia prima.

Les hago la pregunta más directamente: ¿por qué no discriminamos en base al conocimiento? De esta manera, el voto de los peores quedará excluido o tendría un menor valor que el de los que saben. Esta idea ya la había apuntado el filósofo Stuart Mill en el siglo XIX, quien:

“abogó por un sistema de votación que otorgara un número variable de votos a diferentes clases de personas, dependiendo de los trabajos que realizaran. Los profesionales y otras personas altamente educadas obtendrían seis o más votos cada uno; los agricultores y comerciantes obtendrían tres o cuatro; trabajadores calificados obtendrían dos; los trabajadores no calificados obtendrían uno. Mill también presionó mucho para que las mujeres obtuvieran el voto, en un momento en que esa era una vista profundamente pasada de moda. No hizo esto porque pensó que las mujeres eran iguales a los hombres. Fue porque pensó que algunas mujeres, especialmente las mejor educadas, eran superiores a la mayoría de los hombres. Mill era un gran admirador de la discriminación, siempre y cuando estuviera en los terrenos correctos.

A los ojos del siglo XXI, el sistema de Mill parece extremadamente antidemocrático. ¿Por qué debería un abogado obtener más votos que un trabajador? La respuesta de Mill sería cambiar la pregunta: ¿por qué un trabajador debería obtener el mismo número de votos que un abogado? Mill no era un simple demócrata, pero tampoco era un tecnócrata. Los abogados no calificaron para sus votos adicionales porque la política otorgó una prima especial a la experiencia legal. No, los abogados obtuvieron sus votos adicionales porque lo que se necesita son personas que hayan demostrado aptitud para pensar en preguntas sin respuestas fáciles. Mill intentaba apilar el sistema para garantizar que se representaran tantos puntos de vista diferentes como fuera posible. Un gobierno compuesto exclusivamente por economistas o expertos legales lo habría horrorizado. El trabajador todavía obtiene un voto. Los trabajadores calificados obtienen dos. Pero a pesar de que una tarea como albañilería es una habilidad, Es angosto. Lo que se necesitaba era amplitud. Mill creía que algunos puntos de vista tenían más peso simplemente porque habían estado expuestos a una mayor complejidad en el camino”.

Es nuestro deber buscar alternativas para quitarle el gobierno a los peores.


 

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

1 comment

  1. Dan 27 octubre, 2019 at 14:31 Responder

    Terrible articulo, lamentablemente no podrá ser real jamás un sistema de gobierno así. La humanidad es terca y literalmente colgarian a los artífices que quieran implementarlo.

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