No hubo golpe, hubo fraude electoral, deja de mentir Morales

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Durante la época anterior a las elecciones de diciembre del 2005, Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera montaron una campaña política basada en el miedo –si consideramos que Evo Morales y sus cocaleros habían destrozado Bolivia, era obvio que les resultaría-. Por ejemplo, el 8 de septiembre del 2005, Morales manifestó lo siguiente: «Cuando seas presidente ¿Qué harás con el bloqueo de caminos? Yo les digo: como el bloqueador se va a bloquear». Aunque dicho con torpeza, el mensaje del miedo empezaba a aparecer y sería ampliado por el candidato a vicepresidente. Verbigracia, García Linera, el 24 de octubre expresó lo siguiente: «Sólo nosotros garantizamos gobernabilidad. Todos los grandes movimientos sociales están de nuestro lado. Los cinco grandes movimientos que pueden paralizar el país con procesos de desestabilización están en el MAS».

Inmediatamente pasada las elecciones, Evo Morales empezó una gira que incluía: España, Francia, Bélgica, Sudáfrica, China, Brasil, Argentina e Irán –pero la última parada no se pudo realizar, porque los mandones iraníes se negaron a que un avión fabricado en EEUU aterrice en sus tierras-. En Sudáfrica también tuvo un tropiezo, ya que a Morales le fue imposible lograr una entrevista con Nelson Mandela. De esa manera, se frustraba el plan de conseguir la foto Morales & Mandela.

En Europa las cosas fueron diferentes, el romanticismo del «del buen salvaje» seguía vigente. Todavía recuerdo impactado la forma como los europeos adoptaron la evomania –la moda de usar el mismo sweater multicolor de Morales-, y como rápidamente Evo se convirtió en la nueva estrella pop de la izquierda del viejo mundo.

El 22 de enero del 2006, y luego de tener la ceremonia de cambio presidencial más cara de los últimos tiempos, Evo Morales arrancó su periodo de gobierno. Gestión que tuvo en el crecimiento del Estado, la sumisión a Cuba y Venezuela, y en la destrucción de toda institucionalidad democrática sus principales características.

Desde ese año, Bolivia fue víctima de todo tipo de atropellos –desde los abusos tributarios, hasta la expropiación de los ahorros y jubilaciones-. Penosamente, la prensa internacional jamás se molestó en indagar la realidad boliviana, y sólo se limitaron a repetir el verso oficialista. Frases como el «el milagro económico boliviano» o «el éxito del socialismo andino» llenaban titulares de prensa y foros académicos. Evidentemente, esos periodistas y expertos nunca se molestaron en indagar la otra cara de los hechos.

Siguiendo al pie de la letra la receta del Foro de Sao Paulo, Morales convocó a una asamblea constituyente -cuya única meta era diseñar un traje a medida que le permita perpetuarse en el poder-, alineó al país con la línea ideológica del ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de América Latina), y cambió la diplomacia tradicional por la «diplomacia de los pueblos» -eufemismo para ocultar su sumisión ideológica al Socialismo del siglo XXI-. En ese instante, Bolivia entraba de lleno al proyecto político más cruel después de la Unión Soviética.

Al igual que todas las tiranías modernas, Morales necesitaba darle a la suya un aire «democrático». Por eso, el 21 de Febrero del 2016, convocó a un referéndum consultivo sobre el Articulo 168 de la Constitución -que limita a dos los periodos de reelección-. El gobierno perdió por un margen pequeño, y aunque el mismo Morales dijo: «respetaremos la voluntad del pueblo», el proyecto bolivariano necesitaba encontrar la manera de perpetuar en el poder a su alfil andino.

Y esa oportunidad se la otorgó un sometido Tribunal Constitucional, que el 28 de noviembre del 2017, habilitó a Evo Morales para repostularse sin límite de periodos. En ese momento, miles de bolivianos tomamos las calles al grito de «Bolivia dijo no», protestas que no se detuvieron, pero que el 20 de octubre pasado, y ante un inminente fraude electoral, se intensificaron en cantidad de lugares geográficos y en número de personas.

Desde sus inicios, ese movimiento pacífico fue sometido a burlas, y luego a amenazas físicas por parte de los «movimientos sociales» -una especie de guardia pretoriana privada de Morales-. Pero la voluntad de un pueblo fue más fuerte que todo. Tanto así, que la policía y el ejército rehusaron reprimir a ciudadanos desarmados.

La falta de respaldo por parte de las instituciones armadas fue la pieza en las protestas contra Morales, que asediado por una ciudadanía cansada de sus abusos, una crisis interna de su partido y una serie de renuncias de sus ministros, no le quedó otro remedio que renunciar a su cargo.

Pero su salida no fue limpia, antes de irse usó la frase de la novela Espartaco (que los propagandistas del gobierno mentirosamente atribuyen a Túpac Katari): «Volveré, y seré millones». Epíteto que sus partidarios tomaron como una declaración de guerra, y desde entonces vienen aterrorizando a Cochabamba y La Paz.

Penosamente, mi país no solo tiene que luchar contra los partidarios violentos del MAS -que tienen apoyo de las FARC y militares venezolanos-, también sufre el ataque de toda la prensa comunista argentina, que en los últimos días esparció por el mundo el cuento del «pobre indígena golpeado por la oligarquía racista».

Pero ya Bolivia demostró que es más fuerte que los tiranos, y sé que saldrá de esta difícil situación. Total, los grupos armados y violentos no son más que el 10% del país, que  intentan vender la imagen de una «resistencia indígena», la prensa argentina tiene muchas dificultades para ocultar sus mentiras, y mucha gente ya entendió que Morales era la cabeza de un narco-régimen.

Bolivia es la esperanza que nuestra región necesita, y es así como debe ser promovida esta lucha ciudadana.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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