No al aborto: esta es mi razón

0
176

No es la primera vez que me declaro en contra de la ampliación de las causales del aborto legal, es más, mientras más escucho los argumentos y las manifestaciones que defienden esta práctica, menos entiendo ese “derecho”.

Tengo muchas razones para estar en contra del aborto, pero la principal tiene origen en este episodio de mi vida:

Cuando me casé, luego de 5 años y medio de enamoramiento, decidí con mi pareja que queríamos tener un hijo inmediatamente. 3, 6, 9, 12, 15, 20, 24 meses pasaron y nada…no lograba quedar embarazada. Cada menstruación era un llanto y una desilusión. Fue cuando acudimos a un especialista quien luego de varias “ayudas” fallidas, nos propuso apelar al tratamiento in vitro, un procedimiento doloroso y de cierto riesgo. Lo asumimos.

La regla no llegaba y en cambio comencé a sentir señales en mi cuerpo que me decían que podía estar embarazada. Me tomaron una prueba de sangre.

El médico me esperaba en el ecógrafo con una rosa, en la espera del consultorio había otra pareja para quien también se reservaba otra flor.

Recuerdo esa tarde llena de emociones y esperanzas como si fuera ayer (hace 21 años). La enfermera nos hizo pasar y en la sala de ecografía nos esperaba el médico, su esposa, su hija y las enfermeras, todos aguardábamos ansiosos las buenas noticias, sabíamos que estaba embarazada pero desconocíamos cuántos embriones habían prendido (me pusieron 7).

El doctor, muy cauto con lo que vio, solo nos dijo que estábamos embarazados. Sencillamente es imposible describir lo que sentí… tomé el teléfono y llamé a mi trabajo, le dije a mi colega y amigo Marcelo Gonzáles Y. que estaba embarazada y que me tomaría la tarde libre.

A los pocos días comenzaron los problemas. Tuve un sangrado… pensamos que había perdido al bebé. Corrimos a la clínica y constatamos que el embarazo continuaba. Volví a mi vida normal. Días después llegó el segundo sangrado, volvimos a la clínica y vimos que el embarazo continuaba pero el médico nos informó que era de alto riesgo, que podíamos perderlo y que mejor guardara reposo por unos días…. más tarde me prescribió reposo absoluto hasta que naciera el bebé.

Los arrebatos se mantuvieron durante 60 días; 2 meses en los que cualquier movimiento en la cama me provocaba sangrados profusos…fui internada de emergencia en dos oportunidades, me dio ictericia, sufrí de dolores insoportables en el vientre y las inyecciones eran diarias. Pero el bebé se resistía a todo ello y seguía creciendo. Entre mi cama y la de la clínica, el médico me dijo que si el dolor no pasaba debía operarme porque mi vida corría riesgo. Recuerdo que mi esposo rompió en llanto, debíamos decidir entre el bebé o mi vida.

Seguro fue Dios quien al ver nuestro sufrimiento y desesperación hizo que tanto los sangrados como el dolor y la ictericia se me pasaran en los próximos tres días. Mi vida se limitaría a cuidar de nuestro bebé; pasaba los días tejiendo y contando las veces que se movía. Llené al menos dos agendas y un álbum anotando cada cosa que nos ocurría.

En dos oportunidades nos dijeron que el bebé era en realidad beba…yo no creí; sabía que traía pilín y había tejido todo en colores “de varón” (Difícilmente se puede contradecir la intuición de una madre).

Alvarito Joaquín se adelantó, era pequeño y de bajo peso… pero lo logramos a fuerza de fe, de amor, de paciencia, de inyecciones, de arrebatos y dolores.

El 20 de diciembre de 1997 a las 21:30 horas conocimos a nuestro hijo, un ser humano indefenso pero tremendamente valiente desde el primer momento de su concepción; desde que era un conjunto de células supo lidiar con miedos, angustias e incertidumbres…un ser que entendió que era un milagro de Dios y de la ciencia y que lo esperaban sus papás para amarlo toda la vida.

Aún puedo sentir sus pataditas, aún recuerdo el llanto de su papá cuando lo tomó en brazos, aún siento tanto amor por ese ser luchador, valiente y decidido a nacer. Guardo una colección de ecografías, un cajón de lo que durante 7 meses le tejí, el cordón umbilical, su primer cabellito, cada uno de sus dientes de leche, su primer cumpleaños y los 19 posteriores…guardo cada día de su vida.

Nuestros otros dos hijos tienen sus historias, bastante diferentes, pero también grandiosas para ellos y para nosotros.

No cabe duda que ser padres es lo mejor que nos ha pasado en la vida.

Llevo el vientre y las caderas llenas de estrías, los senos también, huellas que deja la maternidad y que son hermosas. Las ama mi esposo, las amo yo porque nos dicen que ese cuerpo fue capaz de dar vida.

Esta es la historia de nuestro primer embarazo, pero no es la única…como ésta hay millones, tantas como parejas en el mundo que darían todo, todo, por la oportunidad de tener un hijo.

+ posts

Leave a reply

Ir a la barra de herramientas