Ni racista ni sexista: El verdadero Walter Block

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Por estos días se están moviendo dos peticiones en Change.org: una a favor del despido de Walter Block como profesor de la Universidad Loyola Nueva Orleans y otra a favor de darle un aumento salarial. La primera está motivada por la idea de que Block es un racista y sexista, cuyas ideas no tienen cabida en un entorno académico. Más concretamente, los promotores de esta absurda iniciativa argumentan tres cosas:

  1. Que Block cree que la esclavitud no es reprochable desde el punto de vista moral, pronunciamiento que resulta ofensivo y “dañino” para los negros.
  2. Que Block justifica que a las mujeres se les pague menos que a los hombres, lo cual resulta ofensivo para los “no-hombres” (non-men, literalmente dice así la petición).
  3. Que Block discrimina a las personas con discapacidad, porque se ha mostrado en contra de la Americans with Disabilities Act.

Con el fin de defender el honor de una persona que ha sido un mentor y amigo, voy a desmentir estas falsas acusaciones:

  1. Cuando escuchamos esta palabra (esclavitud) lo que se nos viene a la mente es la imagen de blancos esclavizando negros. El célebre economista afroamericano Thomas Sowell ha estudiado el fenómeno exhaustivamente y ha llegado a la conclusión de que la esclavitud de los africanos no representa ni el 10% de la historia total de la esclavitud. Esta institución tiene por lo menos 11.000 años de Antigüedad y ha existido en todos los continentes habitados por el Hombre, por ende, ha involucrado a personas de los más diversos orígenes étnicos.

Los promotores de la iniciativa en contra de Block muy seguramente no saben que la palabra “esclavo” proviene de eslavo, pueblo originario de Europa Oriental, que fue esclavizado masivamente por los bizantinos, por lo menos durante cinco siglos. Tampoco sabrán que, en la Inglaterra altomedieval, los esclavos eran bretones y germanos, ni que entre los siglos XVI y XIX, en las llamadas razzias, piratas musulmanes capturaban cristianos en las costas europeas para venderlos como esclavos en el Norte de África (quienes llevaban la peor parte eran los esclavos británicos). Podríamos escribir una enciclopedia con ejemplos de esclavitud blanca a lo largo de la Historia.

Por otra parte, ignoran que los propios pueblos africanos también han practicado la esclavitud. Veamos algunos ejemplos. Entre los siglos XVI, XVII y XVIII los ashanti y los yorubas (entre otros) se iban a la guerra contra otros pueblos para capturar personas y venderlas como esclavos a los europeos. En 1635, Anthony Johnson, un esclavo angoleño vendido a un plantador en Virginia, recuperó su libertad y se convirtió en un próspero hacendado, entre sus propiedades tenía esclavos africanos. En Liberia, la élite américo-liberiana, descendiente de esclavos repatriados, practicó durante más de un siglo un sistema de esclavitud y segregación racial contra los pueblos nativos (de los cuales no se distinguían étnicamente), modelo que sería copiado en Sudáfrica con el nombre de Apartheid.

Es decir que la esclavitud no es un fenómeno exclusivo de la raza negra, ni el europeo ha sido el único pueblo esclavizador. Con toda probabilidad, la mayoría de la población tiene en su linaje familiar un ancestro que padeció la esclavitud.

Bien, una vez abordadas estas cuestiones históricas, veamos qué es lo que realmente piensa Block sobre esto. Para empezar, él jamás ha dicho que la esclavitud “no es tan mala como parece”. Él mismo se ha encargado de desmentir tan vil acusación, basada en una interpretación amañada y descontextualizada de sus planteamientos. En 2015, él argumentó que la libre asociación es un aspecto muy importante de la libertad. Un esclavo se ve obligado a “asociarse” con un amo cuando hubiera preferido enormemente no hacerlo. Por lo tanto, se vulneraba el derecho de la propiedad privada que ejercían los esclavos sobre sus propios cuerpos. Así mismo, el profesor Block se ha manifestado tajantemente en contra de los horrores y la monstruosidad derivados de la esclavitud, especialmente, la que se practicó en su país.

Para él, la esclavitud es una institución desagradable y despreciable, basada en la coerción, es decir, todo lo opuesto a la ética libertaria y a la dignidad humana. Si alguien es expulsado de su tierra en contra de su voluntad, separado de su familia para siempre y obligado a hacer labores que no desea con la amenaza de maltrato de por medio, estamos ante un acto completamente reprochable. Todo comportamiento agresivo es condenado por el libertarismo y, en general, por cualquier persona sensata que quiera vivir en paz. Otro hecho que ignoran los críticos de Block es que él ha defendido (con algunas reservas libertarias) las reparaciones a los descendientes de esclavos negros en Estados Unidos, las cuales en su opinión constituyen un hecho de elemental justicia.

Ahora bien, dados estos reparos éticos, ¿es posible que exista la esclavitud voluntaria? Por supuesto que sí. Si nosotros somos los dueños absolutos de nuestro cuerpo, podemos hacer con él lo que queramos, incluyendo ponerlo al servicio de otras personas. A lo largo de la Historia han abundado estos ejemplos. Verbigracia, en el Código de Hammurabi, se permitían los contratos de autoventa; en las antiguas sociedades griega y romana, este tipo de contratos facilitaban el camino a la ciudadanía; en la España visigoda también eran comunes los esclavos voluntarios. En la mayoría de los casos, eran personas sin recursos que regalaban su trabajo a un amo y a cambio éste les mantenía económicamente.

Los críticos de Block se rasgan las vestiduras hablando de la esclavitud de épocas pasadas, pero ¿acaso condenan con la misma vehemencia las formas modernas de esclavitud? Más específicamente, ¿las que vivimos todos nosotros bajo el orden estatal? En nuestros tiempos, el servicio militar obligatorio es una forma de esclavitud, tener que entregarle una porción de los frutos de nuestro trabajo al Estado vía impuestos también lo es, así como las innumerables regulaciones que pesan sobre nuestro cuerpo, propiedad y relaciones con los demás. Muy seguramente, estos críticos estarán de acuerdo con la mayoría de estas cosas.

  1. Brecha salarial. Siempre escuchamos que las mujeres ganan mucho menos en comparación con los hombres, por el mismo trabajo, y bajo las mismas condiciones. Este argumento es bastante cuestionable por decir lo menos.

Lo primero es que la brecha salarial no es idéntica en todas las industrias. Hay sectores en donde las mujeres están mejor remuneradas que los hombres, tales como el modelaje, la pastelería, la enseñanza (en los niveles de preescolar y primaria), la nutrición y la terapia ocupacional. Así mismo, un estudio de la Oficina del Censo de Estados Unidos reveló que cuando la gente trabaja menos de cuarenta horas a la semana, las mujeres ganan más que los hombres.

Por otra parte, los hombres y las mujeres tienen distintas percepciones sobre el trabajo. Por lo general, los hombres optan por trabajos más riesgosos y estresantes. Así mismo, se decantan por profesiones mejor remuneradas como las ingenierías y las relacionadas con las ciencias duras, en comparación con las mujeres. Estos datos pueden corroborarse en un estudio realizado en 2019 en el Reino Unido, en el que se comparó la proporción de la fuerza laboral por género para más de 300 ocupaciones.

Uno de los grandes aportes de W. Block a la Ciencia Económica y que ha dado en el quid del asunto es el concepto de Marriage Asymmetry Hypothesis, según el cual, cuando un hombre y una mujer se casan, por lo general, el hombre es quien toma la responsabilidad de llevar el pan a la mesa, mientras que la mujer se dedica al cuidado del hogar y la crianza de los hijos. Pero Block reveló otro hecho, que posiblemente nadie más había detectado antes: que cuando se comparan mujeres que nunca se han casado con hombres que tampoco lo han hecho, la supuesta brecha salarial no solo desaparece, sino que se invierte. Para 1971 (una época aparentemente más sexista que la nuestra), las mujeres de treinta años o más que nunca se habían casado ganaban un poco más que sus congéneres masculinos.

 

  1. Los promotores de la petición en contra de Block mencionan que una vez él le dijo a un estudiante ciego que la Americans with Disabilities Act (Ley de Estadounidenses con Discapacidades) era una ley terrible. Este estudiante le preguntó que si pensaba que la universidad debería tener el derecho de rehusarse a admitirlo solo por su discapacidad. En su relato, el estudiante argumenta que Block le dijo que “Sí, porque entonces otra universidad encontraría su nicho de mercado y tú podrías ir allí”. No hay manera de saber si Block se expresó de esa manera. Pero, aunque lo hubiese hecho, ¿cuál es el problema? ¿Dónde está la ofensa o el maltrato?

En efecto, la Americans with Disabilities Act es una ley nefasta, de hecho, es una de las peores leyes que se han aprobado en Estados Unidos en los últimos treinta años. Ésta permite, como nos cuenta Lew Rockwell, que las agencias federales y tribunales se consagren como dictadores sobre los planes arquitectónicos de la economía privada y que envenenen cada decisión de contratación con la amenaza de un litigio. Ha afectado a todos, tanto a empleadores como a empleados discapacitados.

Por el lado de los empleadores, ha dificultado el despido de empleados peligrosos. Por ejemplo, en Estados Unidos los empleadores no pueden preguntar a los solicitantes si tienen alguna discapacidad, que no solo son físicas sino mentales (una depresión se considera como una discapacidad). Si los contratan, no pueden exigirles que se presenten a tiempo. Dice Rockwell que un empleado discapacitado por depresión puede justificar el llegar tarde porque está tomando antidepresivos. Por otra parte, bajo esta ley no se le puede negar el “derecho a trabajar” a nadie. Una vez, una empresa fue demandada por no permitirle a un hombre con un solo ojo conducir un camión de reparto. En otra ocasión, un tribunal falló en contra de un restaurante que se negó a contratar a una persona con una enfermedad infecciosa.

 

Para los discapacitados también ha resultado negativa esta ley. De hecho, desde que se aprobó, las cifras de paro entre esta población han aumentado. Los empleadores tienden a rechazarlos, porque la ley les obliga a hacer adaptaciones en el lugar de trabajo, así mismo, su propensión a los accidentes laborales es más alta, lo cual representa un riesgo adicional para las finanzas de la compañía. Es decir que los empleados discapacitados son mucho más costosos desde que entró en vigor la ley. En su lugar, el empleador, naturalmente, prefiere una opción más barata.

 

En el ámbito educativo, los denominados “espacios inclusivos” presentan varios retos para las universidades. En primer lugar, ¿cómo prepararse para atender posibles estudiantes discapacitados, sin saber qué discapacidad tienen? La vía fácil es adecuar el campus con facilidades para todo tipo de discapacidades: visuales, auditivas, o motrices. Pero si nunca llega un estudiante discapacitado, entonces la institución habrá derrochado su dinero. Por otra parte, uno de los aspectos elementales de la propiedad privada es el derecho de admisión. Una universidad es libre de decidir quién entra y quién no, de hecho, lo hace, al filtrar a los aspirantes por cualidades académicas y/o personales. Por lo tanto, la supuesta respuesta de Block a este estudiante ciego tiene todo el sentido del mundo. Ahora bien, en un mercado educativo liberalizado, los empresarios de la educación verán la oportunidad de atender las necesidades de los estudiantes con discapacidad, diseñando herramientas o espacios que permitan la accesibilidad total.

En resumen, Block no ha dicho nada denigrante ni ha justificado conductas que resulten inmorales desde cualquier punto de vista. Sin embargo, no se nos olvide que vivimos una época en donde todo es racismo, sexismo y fobias. Vivimos en la era de lo políticamente correcto, en la cual debemos medir muy bien nuestras palabras para no ofender al interlocutor. Es la época del lenguaje inclusivo y de los eufemismos. Por ejemplo, ya no se puede decir “aguas negras” porque tiene connotaciones raciales, solo por citar un caso.

Ánimo, profesor Block. Esta absurda iniciativa jamás va a prosperar. Usted ha sido un docente íntegro, profesional intachable y excelente ser humano. Todo ello pesa más que los reclamos sin fundamento de personas al servicio de la corrección política, que desconocen la historia, la teoría económica y la ética libertaria.

 

Nota. Te invitamos a firmar esta petición en Change.org a favor del buen nombre del profesor Block, con la que esperamos fastidiar un poco a los progres:

https://www.change.org/p/loyola-university-new-orleans-administration-give-walter-block-a-pay-raise

Author profile

Economista. Anarcocapitalista y paleolibertario. Aficionado a la historia económica y a la teoría monetaria.

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