oligopolios en colombia

Monopolios y oligopolios en Colombia

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Asegura el antiliberalismo que no se dan ya en el mundo actual los presupuestos que el programa liberal exige para su implantación. Resultaba practicable la teoría —dicen— cuando, en cada rama industrial, había múltiples empresas compitiendo enérgicamente entre sí. Pero hoy, cuando trusts, cartels y otras entidades monopolísticas dominan el mercado, el liberalismo no es ya practicable. No fueron los políticos quienes destruyeran el capitalismo; sucumbió a causa de una inherente tendencia del propio sistema de libre empresa. La división del trabajo otorga especializada función a cada unidad productiva en una economía de mercado. El proceso jamás puede detenerse mientras el desarrollo económico prosiga.

Hace ya tiempo que Occidente, por ejemplo, superó aquella etapa en que una factoría producía maquinaria de todo tipo. Hoy en día, la instalación fabril que no sepa especializarse sucumbe ante la competencia. Tal proceso da lugar a que cada firma amplíe continuamente su mercado dentro de la respectiva rama productiva. Una empresa que sólo produzca específico tejido, forzosamente, en dicho sector, ha de tener una clientela mayor que la entidad que fabrica toda clase de telas. Esa creciente especialización desata una tendencia hacia la aparición, en todas las ramas productivas, de empresas cuyo mercado es el mundo entero.

Si este proceso no resultara interferido por medidas proteccionistas u otras actividades anticapitalistas, se llegaría a que cada rama productiva fuera atendida por un corto número de empresas y, posiblemente, por una sola entidad que suministraría al mundo entero con un alto grado de especialización. Muy lejos, sin embargo, de tal panorama nos hallamos. Todo país y todo gobierno procuran sustraer del unitario mercado mundial pequeñas áreas geográficas en las cuales consiguen subsistan empresas que no podrían resistir la competencia de un global mercado libre, siempre a base de tarifas proteccionistas y otras medidas. Tales arbitrismos, que perturban la conveniente concentración empresarial, pretenden justificarse —dejando aparte intereses propios— diciendo que, por tal vía, se defiende al consumidor, evitándole ser explotado por monopolísticas combinaciones.

¿Pueden los Monopolios y oligopolios en Colombia ser producto de la intervención estatal?

Vamos a examinar de cerca el aserto; supongamos que la división del trabajo en la esfera internacional hubiera progresado hasta el punto de que cada mercancía la produjera una única y exclusiva empresa, de forma que el consumidor, en cuanto comprador, se enfrentara invariablemente con un sólo vendedor. Tales fabricantes, según pregona errada teoría económica, podrían vender al precio que les pareciera, obteniendo desorbitados lucros que reducirían el nivel de vida de los consumidores.

No es difícil advertir el equívoco de la tesis. Los precios de monopolio, salvo que se hallen amparados por la intervención gubernamental , no pueden subsistir más que en muy estrechos sectores económicos, cual son determinados metales y algún factor tierra. Un monopolio industrial que consiguiera beneficios superiores a los obtenibles en otros sectores productivos provocaría la aparición de firmas rivales cuya competencia rompería la situación monopolística reconduciendo precios y beneficios al nivel general. No pueden los monopolios prosperar en la industria simplemente porque, cualquiera que sea el nivel de riqueza de la economía de que se trate, el capital existente y la fuerza laboral disponible constituyen sumas dadas.

Cabría reducir, en una o en varias ramas productivas, la cantidad de capital y de trabajo invertido, con miras a aumentar los precios unitarios del correspondiente producto y, en definitiva, los ingresos totales del monopolista, a base de restringir la producción. Pero el capital y el trabajo, de tal suerte superado, acudiría a otros sectores fabriles. Podría pensarse que la industria entera procurara restringir la producción con miras a elevar los precios; habría entonces una tal cantidad de capital y trabajo desocupado que, por su bajo precio, alentaría la creación de nuevas entidades, las cuales desarticularían de nuevo los supuestos monopolios.

Resulta, pues, inadmisible la idea de un cártel industrial. Genuinos monopolios pueden formarse sólo sobre la base de controlar cierta tierra. No merece la pena considerar siquiera la posible integración de todos los campos cultivables en único monopolio. Vamos, sin embargo, a fijarnos en la posibilidad monopolista amparada en la posesión de específicos minerales. Existen actualmente, desde luego, monopolios sobre la base de algún mineral raro y, en tal esfera, es concebible, incluso, la aparición de otros en el futuro. Ello, en todo caso, supondría que los propietarios de tales minas y pozos obtendrían incrementada renta inmobiliaria, induciendo a los consumidores a restringir la utilización del bien en cuestión, alentándoles a buscar sustitutivos cuyo precio se incrementaría. Un monopolio mundial del petróleo provocaría incrementada demanda de energía hidroeléctrica, carbón, etc. Contemplada la situación desde el punto de vista de la economía mundial y sub specie aeternitalis , equivaldría a economizar unas materias que sólo podemos consumir pero nunca reponer, dejando a futuras generaciones mayor margen de utilización. No debemos, en verdad, preocuparnos excesivamente de ese espantajo monopolístico que siempre sale a colación cuando se habla de economía libre.

Los tan temidos monopolios mundiales, a fin de cuentas, afectarían, en todo caso, a unas cuantas materias primas. Que el resultado final fuera favorable o desfavorable es difícil de saber. Tales monopolios, sin embargo, por el hecho de incrementar los ingresos de los correspondientes propietarios, resultan condenables para quienes abordan los asuntos económicos sin liberarse del pecado de la envidia. Si abordamos el tema evitando ideas preconcebidas es fácil advertir que tales monopolios imponen economización de minerales que el hombre, en cuantía relativamente limitada, tiene a su disposición. Si lo que, de verdad, a las gentes molesta es ese incrementado beneficio del monopolista, cabria pensar en aumentar las cargas tributarias de las rentas mineras, lo que no provocaría efectos económicos excesivamente nocivos.

Cosa bien distinta de estos imaginables monopolios globales son los monopolios nacionales o limitadamente internacionales que hoy cobran importancia, en modo alguno por ser consecuencia de una supuesta natural evolución de la economía libre, sino como fruto de la imperante política económica antiliberal. Tales monopolios, en prácticamente todos los casos, se consiguen gracias a aquellas tarifas proteccionistas que han subdividido la economía mundial en múltiples pequeños y cerrados mercados nacionales. Los únicos otros carteles existentes son aquéllos que los propietarios, de determinados recursos naturales consiguen formar amparándose en el precio del transporte, costo éste que, en el estrecho mercado local, protégeles contra ajena competencia.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

Author profile

Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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