Mitos de la creación de dinero en la Escuela Austríaca

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Resumen de la primera parte:

-El delito de apropiación indebida sobre los depósitos a la vista (y los posteriores préstamos concedidos) no genera ninguna creación de medios de pago de la nada, aunque el profesor Huerta de Soto afirme lo contrario. Tan solo origina una redistribución del dinero existente.

-Todos los asientos contables y depósitos que crean los bancos no son dinero ni son masa monetaria por sí mismos. No tendrían ningún efecto en la economía si no fuera por las tarjetas bancarias, los cheques, los pagarés, y demás instrumentos de pago que posibilitan las transferencias y el uso del saldo virtual. Gracias a estos instrumentos de pago, todo ese saldo virtual (que por sí mismo no es nada) puede convertirse en dinero (sustitutos monetarios).

Los sustitutos monetarios solo son tal cosa cuando efectivamente son vistos como dinero. Si un banco emite un certificado de depósito que no es admitido como medio de pago (por ejemplo, por ser un certificado de depósito nominativo que por lo tanto no pueda ser canjeado por cualquier portador) ya no es un sustituto monetario.

-También un banquero puede crear medios de pago de la nada a partir de los depósitos a plazo de sus clientes (y no solo a partir de los depósitos a la vista, como defiende el profesor Huerta de Soto), si es que emite sustitutos monetarios perfectos. Por ejemplo, si antiguamente una persona realizaba un depósito a plazo, y recibía del banquero un certificado de depósito en el que se especificaba que podía retirar su oro en un año, nada le impedía a esa persona utilizar el certificado de depósito como medio de pago en cualquier tienda, justo después de salir del banco. Y un año después, quien tuviera ese certificado podría canjearlo por el oro depositado. Al igual que en el caso de los depósitos a la vista, el prestatario recibe el oro del depositante mientras que éste dispone de un certificado que –en este caso durante un año- puede utilizar como si fuera el oro propiamente depositado.

-Con un coeficiente de caja legal del 1% (como el actual), por cada 100 euros que un banco recibe en efectivo, puede emitir hasta 10000. Si el banco conserva en caja los 100 euros que recibe, y emite 10000 en forma de sustitutos monetarios (100 para el depositante y 9900 para el prestatario), está manteniendo el coeficiente de caja del 1%.

-Da igual lo que el depositante considere subjetivamente. Si el depositante X es el único del banco, no podrá recuperar su dinero en efectivo por muy convencido que esté de que lo tiene allí, y de que puede retirarlo a la vista. Solo si dispone de una tarjeta bancaria (o de cualquier otro tipo de instrumento de pago) podrá utilizar su dinero al mismo tiempo que lo tiene el prestatario.

Los depositantes siempre renuncian a su dinero mientras lo mantienen en el banco, ya que podrían ir a retirarlo en cualquier momento y hacer que éste quebrase. El banco, siempre y cuando no emita sustitutos monetarios que los depositantes puedan utilizar en lugar de su propio dinero, depende plenamente del ahorro (o renuncia al consumo, según la definición del profesor Huerta de Soto) de sus depositantes.

-Cada segundo que un depositante mantiene su dinero en el banco está renunciando a la disponibilidad inmediata del mismo —ya que podría ir a sacarlo si quisiera—, y por lo tanto lo está ahorrando voluntariamente. Si los bancos no emitieran sustitutos monetarios, precisarían de la renuncia o ahorro por parte de sus depositantes para no quebrar.

Cuando los bancos privados no emiten sustitutos monetarios, es un error hablar de creación de dinero de la nada. Ni es creación (porque no emiten ningún tipo de medio de pago, sólo redistribuyen los ya existentes), ni es de dinero (en tal caso sería de sustitutos monetarios, porque dinero —como tal— jamás crean los bancos), ni es de la nada (porque el dinero depositado a la vista se ahorra hasta el mismo momento en que se emplea para el consumo).

-Si un banquero recibe un depósito a la vista y lo presta sin emitir sustitutos monetarios (entregando, por ejemplo, un certificado de depósito o un papel que nadie admita como medio de pago), no hay creación de medios de pago pese a los apuntes contables que se hayan realizado durante el proceso.

-El Forum Filatélico entregaba sellos a cambio de recibir un dinero del que la empresa se apropiaba indebidamente. Puesto que los sellos no servían como medios de pago en ningún sitio, no existía ningún tipo de creación de dinero pese al delito de apropiación indebida. Tampoco Ponzi ni Baldomerra Larra –antecesora del mismo- crearon ningún dinero de la nada con sus estafas piramidales.

-Los fondos de inversión no crean dinero de la nada porque los recibos o papeles informativos que entregan a sus clientes no se utilizan como sustitutos monetarios. Si los bancos tampoco los emitieran, su funcionamiento sería idéntico al de todas las empresas que invierten el dinero de sus clientes sin crear dinero de la nada, aún manteniendo un coeficiente de reserva fraccionaria sobre el dinero que almacenan a la vista.

-Los fondos de inversión, aunque oficialmente vendan participaciones a los clientes, operan como si estuvieran recibiendo préstamos a la vista; pues reciben la disponibilidad de un dinero que los clientes pueden retirar —asumiendo las pérdidas y las ganancias— cuando quieran. Si (según Huerta de Soto) cualquier contrato que simule un depósito a la vista es en realidad un depósito a la vista independientemente de los elementos que tenga o del nombre que se de le de, entonces también podemos decir que cualquier contrato que simule un préstamo a la vista es en realidad un préstamo a la vista, independientemente de los elementos que tenga o del nombre que se le de.

-Es esencial empezar a distinguir entre préstamos y depósitos (independientemente de que sean a plazo o la vista), y a aceptar siempre la motivación de cada contrato.

Ludwig von Mises diferenciaba entre crédito mercancía y crédito circulatorio. Si se para uno a ver las diferencias entre ambos tipos, se da cuenta de que en el crédito mercancía no hay emisión de sustitutos monetarios (se presta el mismo dinero que ya existe), mientras que en el crédito circulatorio sí la hay (se presta un dinero creado ex novo). Por algún motivo a la Teoría del Ciclo se le llama “Teoría Austríaca del Ciclo Económico o del Crédito Circulatorio”.

-Banca libre con Reserva Fraccionaria sí, pero aceptando siempre la motivación de cada contrato; y sin emisión de sustitutos monetarios que no tengan respaldo en billetes en efectivo (también limitados físicamente), o en oro.

Resumen de la segunda parte:

Según la definición de Mises, un crédito consiste en un intercambio de bienes presentes por bienes futuros. Los bienes presentes son aquellos que tenemos hoy, utilizamos hoy, recibimos hoy, etc; y los bienes futuros son aquellos que tendremos mañana, utilizaremos mañana, recibiremos mañana, etc.

Según el profesor Rallo, en cambio, un crédito simplemente consiste en una promesa de pago. El crédito lo otorga quien entrega bienes presentes (por ejemplo, una persona que vende un coche) a cambio de recibir bienes futuros (por ejemplo, un pagaré). Para él, los bienes futuros son deudas que serán saldadas en el futuro. Pero, en realidad, ni los pagarés ni las promesas de pago son bienes futuros si el vendedor las recibe como medio de pago en el presente.

-El vendedor del coche no da crédito, porque en ningún momento entrega sus bienes presentes (el coche) a cambio de bienes futuros (de un dinero que recibirá en el futuro). Entrega bienes presentes (el coche) a cambio de obtener un pagaré o un ingreso bancario en el mismo momento de la venta, lo cual convierte a esos sustitutos monetarios en bienes presentes también. Para que el pago sea a crédito, la persona que lo realiza tiene que dejar a deber el importe de la compra.

-El comprador del coche ya no debe el dinero al vendedor, sino al banco donde éste descontará el pagaré que recibió como medio de pago. Y al banco, obviamente, le da igual entregar el dinero al vendedor (que descuenta el pagaré), o entregárselo desde el principio a la persona que quería comprar el coche. Al final, el resultado es el mismo en ambos casos: La función del banco es adelantar un dinero que el comprador del coche, ejerciendo de prestatario, tiene que aportar en el futuro. Emitir un pagaré es, en resumidas cuentas, como pedir un préstamo al banco.

-El hecho de que el vendedor del coche (que recibió un denominado pago a crédito al vender dicho artículo) sea ahora el acreedor del banco –ya que el banco le debe el importe del pagaré-, no significa que el vendedor le haya dado o le esté dando ningún tipo de crédito al banco; tal y como afirma el profesor Rallo. La persona que da crédito al banco es, siempre, la que lleva su dinero hasta allí con la intención de prestárselo al banquero (o al menos lo sería en caso de no recibir sustitutos monetarios) a cambio de un interés.

-La persona que vende el coche no está renunciando a ningún bien, porque inmediatamente después puede ir al banco para cobrar el pagaré, y utilizar el dinero para comprar otro bien que reemplace al anterior. Solo actúa de prestamista aquel que temporalmente renuncia a sus bienes, y por lo tanto también al importe de los mismos.

No es lo mismo hacer una promesa de pago verbal (por ejemplo, te compro esto hoy y te lo pago en un mes) que entregar una promesa de pago (por ejemplo,te compro esto hoy y te doy a cambio este pagaré). En el primer caso hay un pago a crédito, en el segundo caso hay un pago al contado.

Ludwig von Mises distinguía entre crédito circulatorio y crédito mercancía. Definía el crédito mercancía como aquel que impone un sacrificio a aquella parte que cumple su obligación antes de que lo haga la otra; y el crédito circulatorio como aquel en el que el beneficio de una parte no está equilibrado por el sacrificio de la otra.

Si los bancos operaran con crédito mercancía, y no con crédito circulatorio —tal y como ocurre—, no existiría creación de medios de pago de la nada, ni se produciría nunca una doble disponibilidad, aunque prestaran los depósitos a la vista de sus clientes. Si los bancos prestaran el dinero de los depositantes sin entregarles a su vez sustitutos monetarios perfectos habría crédito mercancía, en lugar de crédito circulatorio.

El profesor Rallo afirma que la deuda de un banco se compensa con la deuda de otro banco, de tal forma que prácticamente toda la deuda que existe entre bancos puede cancelarse. El problema es que la deuda que se destruye —ya sea por compensación o porque se cancela al ser pagada— vuelve a emitirse inmediatamente de nuevo, mediante la concesión de nuevos préstamos. Con un coeficiente de caja del 10%, continuamente (y si es que la demanda de crédito es siempre la misma, cosa que en la realidad no sucede) habrá en circulación 1000 euros en forma de sustitutos monetarios por cada 100 en efectivo que originalmente existan.

-La deuda se destruye cuando los prestatarios van devolviendo el importe de los créditos, y posteriormente ese dinero —si ha sido entregado en efectivo— se utiliza para canjear los sustitutos monetarios que otras personas presentan. Del mismo modo que la deuda se expande cuando los bancos prestan el dinero de los depositantes, se contrae cuando los prestatarios devuelven los créditos y los depositantes canjean los sustitutos monetarios por su dinero en efectivo. El proceso de contracción crediticia es exactamente el mismo que el de expansión crediticia, pero a la inversa, tal y como explica el profesor Huerta de Soto.

En todo crédito, el que tiene que ahorrar es el prestamista, al entregar sus bienes presentes. Sin embargo, el profesor Rallo dice lo siguiente: “Se crean medios de pago a cambio de nuestra promesa de que en un mes le pagaremos al banco 1.000 onzas de oro”. Según él, pareciera ser que el que tiene que ahorrar es el prestatario, al devolver los bienes futuros. Pero es que el prestatario, por descontado, siempre tiene que devolver los bienes que se le prestan. Si se quiere entender esto como un ahorro —al implicar un esfuerzo y sacrificio por su parte—, pues bueno. Pero esto no exime al prestamista de tener que ahorrar él.

-En un crédito con ahorro, el prestamista no debería recibir ningún ingreso (sustitutos monetarios) al dejar su dinero en el banco. Sólo así renunciaría realmente a su dinero porque, si quisiera sacarlo, tendrían que entregarle el dinero de otro prestamista y, en conjunto, todos ellos tendrían que estar renunciando a la disponibilidad inmediata de tanto dinero como el banco hubiese prestado.

El ahorro se mide en base al dinero originalmente existente que los prestamistas renuncian a utilizar mientras lo tienen los prestatarios, no en base a todo el conjunto de dinero creado de la nada que se renuncia a utilizar, tal y como pretende el profesor Rallo. Bajo su criterio, cualquier persona que rellene un pagaré y posteriormente lo guarde en un cajón de su habitación lo estará ahorrando. Y exagerando aún más, cualquier persona que vaya al banco a pedir un préstamo y a medio camino lo reconsidere, estará ahorrando también.

Si se crean 200 euros de la nada y no se utilizan, eso no supone ningún ahorro; al igual que el hecho de que se utilicen y posteriormente se repongan. Sólo una vez que ya se han repuesto puede empezar a hablarse de ahorro.

-Si una persona produce un ordenador tiene derecho a comprar un televisor; no 10. Si un banco tiene 100 euros depositados y emite 1000 euros en forma de sustitutos monetarios es, en la práctica, como si estuviera dando a sus clientes la oportunidad de comprar 1000 ordenadores, cuando solo se han producido 100. Esa emisión de nuevo dinero sin respaldo de nuevos bienes, originará una subida de precios en los 100 ordenadores que ya existían; y cuando los prestatarios tengan que devolver los créditos, no lo harán fabricando 900 ordenadores (tal y como correspondería), sino vendiendo —también a un precio muy alto— los 100 ordenadores que ya existían más los pocos que consigan fabricar.

-Si a partir de ese momento hay 300 ordenadores (los 100 del principio, más 200 que se han fabricado) y el banco vuelve a prestar los mismos 1000 euros de antes  -que ya fueron devueltos-, estará dando nuevamente la oportunidad de comprar 1000 ordenadores, cuando solo existen 300. Volverán a subir los precios igual que antes, pero un poco menos al haber mayor respaldo de bienes.

-El hecho de que cada vez existan más bienes en el mercado no implica que todo el dinero que se presta una y otra vez (pues en cuanto se devuelve se presta de nuevo, habiendo siempre más o menos la misma cantidad) esté basado en un ahorro real. Para que el ahorro sea real, los prestatarios tienen que fabricar tantos bienes como dinero crean los bancos.

-Al final, la única forma de saber con total certeza que los préstamos están basados en un ahorro real, es prestando lo que previamente ya se ha producido y se está renunciando a consumir en ese momento.

-Si hay 100 ordenadores y se prestan los 100 (o se presta su valor monetario) en lugar de 1000, estos mantienen su precio original. La diferencia con el caso anterior es que ahora los prestatarios no tienen que devolver 1000 ordenadores (o el valor monetario de los mismos), sino solo 100, que son los mismos que reciben prestados. Al ser una cantidad mucho más módica y realista, podrán devolver fácilmente los préstamos e incluso fabricar más ordenadores; iniciándose así un proceso de deflación (donde los bienes tenderán a costar cada vez menos) que, según el profesor Huerta de Soto, es el escenario de crecimiento económico más sano que cabe concebir.

Según el profesor Rallo, en cambio, en una economía sana (y sin descalce de plazos) primero los prestatarios consumen por valor de 1000, y luego producen por valor de 1000, devolviendo así los préstamos. “Se crean medios de pago a cambio de nuestra promesa de que en un mes le pagaremos al banco 1.000 onzas de oro”. Pero, si arbitrariamente vamos a dar por hecho que los 1000 bienes que los prestatarios pretenden adquirir ya se han producido (y que además los prestamistas están renunciando a ellos), demos mejor por hecho que se han producido 10000 millones, y entreguemos préstamos por ese valor.

-Lo único que se consigue cuando se intenta forzar la maquinaria de la producción (mediante la introducción de crédito en el mercado) es un aumento de los precios y la distorsión de las etapas del proceso productivo; pues los trabajadores dejan de producir nuevos bienes y se trasladan al sector de las ventas, que es donde se obtienen mayores beneficios. Los nuevos bienes tardan en llegar al mercado más tiempo de lo que lo hace el nuevo dinero con el que pueden ser comprados. La creación de dinero nunca ha garantizado un aumento de la producción, solo un aumento del consumo.

-En resumidas cuentas: La emisión de sustitutos monetarios sin respaldo genera la ilusión ficticia de que los depositantes y los prestatarios pueden disponer de los mismos bienes a la vez (de que se pueden comprar 1000 ordenadores, cuando solo existen 100). Se producirá una doble disponibilidad en las compras que, al no poder materializarse en la adquisición de bienes reales, originará una subida de precio de los que ya existan.

-A los banqueros no les importa si los prestamistas renuncian a los 100 ordenadores (o al valor monetario de los mismos); solo quieren que utilicen los sustitutos monetarios de los que disponen –es decir, que paguen siempre mediante transferencias, cheques, etc-, para que así no vayan a retirar su dinero en efectivo. La retirada simultánea de todo el dinero representa, en definitiva, el descubrimiento de que solo existen 100 ordenadores —o 100 euros con los que comprar 100 ordenadores—; y de que sin embargo el banco ha emitido sustitutos monetarios con los que comprar 1000.

 

Fragmento del libro “Mitos de la creación de dinero en la Escuela Austríaca”.

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Sara de Mingo Fernández escribe desde los 16 años. Es autora del ensayo titulado "Mitos de la creación de dinero en la Escuela Austríaca"; y de la novela "Copia de un libro para enfermos", publicada por Unión Editorial.

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