¿Marxismo Cultural o Gramscismo Cultural?

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“Después de todo, Gramsci no fue marxista”… ¡QUÉ! ¡¡¡PERO SI EL MARXISMO CULTURAL NOS ESTÁ INVADIENDO!!! fue lo primero que pensé que diría un conservador cuando leí esa frase. Sin embargo, según Gary North, la teoría marxista original pone en el centro de su pensamiento a los modos de producción a través de la historia. Virtualmente, todas las formas de socialismo (desde las marxistas hasta no-marxistas), han adoptado esa idea fundamental. La gran excepción a la regla fue el supuesto teórico italiano Antonio Gramsci quien, de hecho, fue el teórico antimarxista más importante que haya salido del movimiento marxista (rarísimo, ¿no?). De aquí en adelante, traduciré varios fragmentos que explican por qué el método cultural de Gramsci no era marxista. Las referencias son los links que aparecen a lo largo del texto.

Gramsciano, no marxista

En 1930, Gramsci percibió que Occidente era profundamente religioso, y que la única forma de lograr una revolución proletaria sería acabar con la fe que las masas votantes de Occidente tienen en la Cristiandad y todo el sistema moral que se deriva de esta. Gramsci puso la religión y la cultura en la base de la pirámide. Esto significa que el modo de producción es secundario.

Además, Gramsci argumentó (y la escuela de Frankfurt le siguió), que el marxismo tenía que cambiar a Occidente a través de una revolución cultural: la idea de el relativismo cultural. El argumento fue el correcto, pero de ninguna manera marxista: el argumento fue Hegeliano. Significaba poner a Marx de cabeza, tal como Marx lo había hecho con Hegel. La idea del marxismo en sus primeros días se basó en el rechazo del lado espiritual del hegelianismo. El marxismo puso en el centro de su corazón al modo de producción y de ahí partió su análisis sobre la cultura capitalista.

Antonio Gramsci fue el primer líder comunista que pudo ver a través de la ilusión: aún siguiendo comprometido con el comunismo global, sabía que la violencia fracasaría para ganarle a Occidente. Los trabajadores americanos (proletarios) nunca le declararían la guerra a sus vecinos clase media mientras tuvieran los mismos valores cristianos. Así que este comunista italiano (contemporáneo a Lenin), escribió un plan alternativo para su revolución silenciosa. Las armas perfectas serían el engaño, la manipulación e infiltración. Ocultando su ideología marxista, el nuevo guerrero comunista podría ocupar posiciones de influencia en seminarios, el gobierno, los medios de comunicación y las comunidades.

Gramsci rechazaba el cristianismo, pero no ignoraba su poder

El mismo Gramsci rechazaba la Cristiandad y todas sus proposiciones trascendentales. Sin embargo, sabía que la cultura cristiana existía… que era la fuerza que unía a las clases en una sola y homogénea cultura. Claramente era la cultura cristiana, en la cual el hombre y la mujer entendían que las cosas más importantes de sus vidas trascendían las condiciones materiales en las cuales vivían.

El italiano estaba abierto a cualquier alianza con gente de izquierda. El primer paso para lograr una hegemonía cultural sobre una nación es socavar los elementos de la cultura tradicional. Aunque los marxistas convencionales eran hostiles hacia cualquier alianza de izquierda que no fuera comunista, Gramsci argumentó que las alianzas con un amplio espectro de grupos de izquierda sería imprescindible para una victoria comunista. En el tiempo de Antonio, esto incluía organizaciones antifascistas, sindicatos y otros grupos políticos socialistas. En nuestro tiempo, las alianzas con el mundo de izquierda incluyen feministas radicales, ambientalistas extremos, movimientos de derechos civiles o derechos humanos, asociaciones antipolicía, internacionalistas y similares. Estas organizaciones junto con otras abiertamente comunistas, podrían crear un frente unido para trabajar en la transformación de la vieja cultura cristiana.

Gramsci liberó al proyecto marxista de la prisión del dogma económico, para que de una manera elegante subvirtiera la sociedad cristiana.

Finalmente, lo que Antonio propuso, en corto, fue la renovación de la metodología comunista al actualizar las anticuadas estrategías de Marx. Aunque la visión para el futuro de Gramsci era totalmente marxista, difería en el proceso (medios para llegar a fines) para alcanzar la victoria a nivel global. Gramsci escribió que “Puede y tiene que existir una hegemonía política incluso antes de asumir el poder en el gobierno, y para ejercer el liderazgo político o hegemonía no se debe contar solamente con la fuerza bruta del Estado”. Lo que quiso decir, es que los marxistas debían ganarse el corazón y la mente de la gente y no depender solamente de la fuerza o el poder.

¿Podemos los libertarios aprender algo de Gramsci? Claro, podemos usar el mismo método para hacer de las nuestras… ¿pero no sería violentar psicológicamente a un gran número de personas?

Para aprender más sobre Gramsci, consulta sus obras:

  • El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (1948)
  • Los intelectuales y la organización de la cultura (1949)Il Risorgimento (1949)
  • Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno (1949)
  • Literatura y vida nacional (1950)
  • Pasado y Presente (1951)
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Vladimir Gutiérrez Fernández, es Economista de la universidad Santo Tomás de la ciudad de Bucaramanga, especialista en Gerencia de Exportaciones, diplomado en Mercado de Capitales, certificado como Auditor de Calidad, actualmente se desempeña como emprendedor y es docente en la universidad UNICIENCIA de la misma ciudad.

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