Marx, el hombre

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Cuando Karl Marx murió en marzo de 1883, sólo alrededor de una docena de personas asistió a su funeral en un cementerio de Londres, Inglaterra, incluyendo a miembros de su familia. No obstante, por más de un siglo después de su muerte -y aún hoy en día- pocos pensadores han existido cuyas ideas han influido tanto en diversos aspectos de la historia del mundo moderno. En efecto, tal como algunos lo han dicho, ningún otro sistema de fe o de creencias ha tenido un impacto tal alrededor del mundo como el Marxismo, desde el nacimiento de la Cristiandad y el surgimiento del Islam.

La crítica de Marx al capitalismo y a la sociedad socialista ha definido a mucho del pensamiento social en los países occidentales, que condujo al estado de bienestar y a una extensa intervención del gobierno en los asuntos económicos. Y ha servido como el banderín ideológico que inspiró las revoluciones socialistas y comunistas del siglo XX –empezando en Rusia en 1917 y manteniendo, aún hoy en día, el poder político en países tales como Cuba, Corea del Norte, Vietnam y China.

En nombre de la visión Marxista de una “nueva sociedad” y de un “nuevo hombre”, las revoluciones socialista y comunista han conducido a asesinatos en masa, a la esclavitud, a la tortura y a la hambruna de decenas de millones de personas alrededor del mundo. Los historiadores han estimado que, en el intento de construir un mundo socialista “nuevo” y “mejor”, los regímenes comunistas han matado tantos como, tal vez, 200 millones de personas en el siglo XX.

LA VIDA PRIVADA DE MARX

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818, en el poblado de Trier en el Rhineland. Sus padres eran judíos, con una larga lista de respetables rabinos en ambos lados de la familia. Pero, a fin de proseguir una carrera en derecho en el Reino de Prusia de aquella época, el papá de Karl Marx se convirtió al Protestantismo. El entrenamiento propio de Marx en asuntos religiosos fue limitado; a una edad temprana rechazó toda creencia en un Ser Supremo.

Después de estudiar en Bonn, se transfirió a la Universidad de Berlín para trabajar en un grado doctoral en filosofía. Pero, por lo general, era un estudiante perezoso y bueno para nada. El dinero que su padre le envió para gastos de colegiatura en la Universidad se lo gastaba en comer y beber, con muchas noches pasadas en cafeterías y tabernas, embriagándose y discutiendo acerca de filosofía Hegeliana con otros estudiantes. Al fin, obtuvo su título doctoral al presentar su disertación en la Universidad de Jena en el este de Alemania.

Sus únicos trabajos en serio durante su vida fueron el de reportero ocasional o como editor en periódicos y revistas, la mayoría de los cuales cerraron al poco tiempo, ya fuera por el pequeño número de lectores y la falta de apoyo financiero o por la censura política de los gobiernos bajo los cuales vivía.

Sus actividades políticas como escritor y activista resultaron en que tuvo que mudarse varias veces, incluyendo a París y a Bruselas, terminando finalmente en Londres en 1849, en donde vivió por el resto de su vida, haciendo viajes ocasionales de regreso al continente europeo.

Aunque Marx era de “clase media” e incluso “Victoriano” en muchas de sus actitudes cotidianas, eso no lo contuvo para romper sus lazos matrimoniales y para cometer adulterio. Tuvo sexo tantas veces con la empleada de la casa de su familia, que ella le dio a luz un hijo ilegítimo –y eso bajo el mismo techo en que vivía con su esposa y sus hijos legítimos (con la cual tuvo siete, con sólo tres que llegaron a una plena adultez).

Sin embargo, no permitía que, cuando él estaba en casa, su hijo ilegítimo visitara a su madre en su casa en Londres, y el muchacho sólo podía ingresar a la vivienda por la puerta de la cocina en la parte trasera. Además, él logró que un amigo, su benefactor financiero de largo plazo, y colaborador intelectual, Frederick Engels, reclamara la paternidad del niño, para evitar cualquier vergüenza social que recayera sobre él, debido a su infidelidad.

Tal como lo explicó el historiador Paul Johnson en su libro Intellectuals (1988):

“En todas sus investigaciones acerca de las inequidades del capitalismo británico, él se encontró con muchos ejemplos de trabajadores mal pagados, pero nunca tuvo éxito en desenterrar uno en el cual literalmente no se pagaban salarios del todo. Sin embargo, tal trabajador existió, en su propia casa… Esa era Helen Demuth [la empleada de la familia de toda una vida]. Ella conservó su empleo, pero nada le fue pagado… Ella era una trabajadora fieramente dedicada, no sólo limpiando y restregando, sino también administrando el presupuesto de la familia… Marx nunca le pagó a ella ni un cinco…

Entre 1849 y 1850… [Helen] se convirtió en su amante y concibieron un niño… Marx se rehusó a asumir su responsabilidad, en aquel entonces y por siempre, y rotundamente negó el rumor de que él era el padre… [El hijo] fue echado para que lo recogiera una familia de clase trabajadora de apellido Lewis, pero se le permitió que visitara el hogar de Marx [para ver a la madre]. Sin embargo, se le prohibió usar la puerta del frente y se le obligó a ver a su madre sólo en la cocina.

Marx estaba aterrorizado de que la paternidad [del niño] fuera descubierta y que eso le hiciera un daño fatal como líder y visionario revolucionario… [Marx] persuadió a Engels para que, privadamente, reconociera [al muchacho], como coartada para el consumo familiar… Pero Engels… no estaba dispuesto a llevarse el secreto a la tumba. Engels murió, de cáncer en la garganta, el 5 de agosto de 1895; incapacitado para hablar, pero no deseando que Eleanor [una de las hijas de Marx] siguiera pensando que su padre era inmaculado, le escribió en una pizarra: ’Freddy [el nombre del niño] es hijo de Marx…’”

LA MANERA INFAME Y MENTIROSA DE MARX

En cuanto a temperamento, Marx podía ser cruel y autoritario. Trató a la gente con la cual estaba en desacuerdo de una manera grosera e infame, a menudo ridiculizándolas en reuniones públicas. Marx no tenía dudas en ser un hipócrita; cuando quería algo de alguien, lo alabaría con cartas o con conversaciones, pero, luego, le atacaría ante otros con palabras ruines a sus espaldas. A menudo usaba insultos raciales y palabras insultantes para describir los gestos o la apariencia de su oponente en el movimiento socialista.

Por ejemplo, en una carta de 1862 a Frederick Engels, Marx describió al destacado socialista alemán del siglo XIX, Ferdinand Lassalle, de la siguiente forma:

“El Judío Negro Lassalle… afortunadamente se va al final de esta semana… Me queda absolutamente claro que, tal como lo muestran ambos, tanto la forma de su cabeza y la textura de su cabello –él desciende de los Negros que se unieron a Moisés en su huida de Egipto (a menos que su madre o su abuela por el lado paterno se hibridaran con un negro). Ahora bien, esta combinación de Germano con Judío, con una sustancia primaria de Negro, crea un producto extraño. La agresividad del sujeto es también como de negro” [Nota del traductor: Marx usa el término peyorativo nigger].

En la mente de Marx, el Judío en la sociedad burguesa encapsulaba la esencia de todo lo que él consideraba despreciable del sistema capitalista y, tan sólo hasta que se diera el fin del sistema capitalista, habría un final para la mayoría de esos atributos no atractivos. He aquí la concepción de Marx acerca de la mente Judía en la Europa del siglo XIX, provista en su ensayo “On the Jewish Question” [Sobre la Cuestión Judía] (1844):

“¿Cuál es el fundamento secular del Judaísmo? La necesidad práctica, el interés egoísta. ¿Cuál es el culto secular practicado por el Judío? La usura. ¿Cuál su dios secular? El dinero… El dinero es el celoso Dios de Israel, ante el que no puede legítimamente prevalecer ningún otro Dios.

El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los convierte en una mercancía… en la religión Judía existe, ciertamente, pero sólo en la imaginación ─desprecio de la teoría, del arte, de la historia y del hombre como fin en sí… La emancipación social del Judío es la emancipación de la sociedad del Judaísmo”.

(La caricatura que hace Marx de la reafirmada “mentalidad Judía” suena asombrosamente similar a aquellas que fueron posteriormente escritas por los “científicos raciales” Nazis en los años de 1930, quienes también condenaron a los Judíos por la misma búsqueda del interés propio por el dinero y la influencia degenerativa resultante que ellos creían que los Judíos tenían sobre el pueblo alemán).

También, Marx fue lo que alguien podría etiquetar como un plagiario. Entre 1852 y 1962, Marx trabajó como corresponsal del New York Daily Tribune. Marx decidió que era tremendamente engorroso producir los dos artículos que se esperaban cada semana, para lo cual era relativamente bien pagado. En vez de ello, pasó su tiempo participando en intrigas revolucionarias y en investigar, leer y escribir acerca de lo que se convertiría en su famoso trabajo, El Capital.

Durante la década que Marx pasó como empleado del periódico, Friedrich Engels escribió alrededor de una tercera parte de los artículos. Aun así, el nombre de Marx aparece firmándolos.

UN HOGAR SUCIO Y UNA PERSONALIDAD PARA IMITAR

Muchos encontraron la apariencia personal y los modales de Marx como poco atractivos e incluso repugnantes. En 1850, un espía de la policía prusiana visitó la casa de Marx en Londres, bajo el pretexto de que era un revolucionario alemán. El reporte que escribió el espía fue compartido con el embajador inglés en Berlín. El reporte, en parte, decía:

“[Marx] vive la existencia de un intelectual de Bohemia. Lavarse, arreglarse y cambiarse su ropa interior son cosas que raramente hace, y a menudo está borracho. Aunque con frecuencia está de vago durante días enteros, él trabajará día y noche con un una resistencia incansable, cuando tiene mucho trabajo que hacer.

No tiene hora fija para irse a dormir o levantarse. A menudo está despierto durante toda la noche y luego se acuesta a medio día en el sofá con toda la ropa puesta y duerme hasta el anochecer, sin perturbarse con que todo el mundo llega o pasa [por su dormitorio]…

No hay ni una pieza de mobiliario que sea sencilla y sólida. Todo está quebrado, hecho jirones y roto, con media pulgada de polvo sobre todas las cosas y con el mayor desorden por todo lado…

Cuando usted ingresa al cuarto de Marx, el humo y el olor del tabaco hacen que en sus ojos haya lágrimas… Todo está sucio y cubierto de polvo, de manera que sentarse se convierte en un asunto riesgoso. Aquí hay una silla con tres patas. En otra silla, los niños están jugando de cocina. Resulta que esa silla tiene cuatro patas. Esa es la ofrecida al visitante, pero la cocina de los niños no se ha limpiado, de manera que, si usted se sienta, arriesga un par de pantalones.”

Otro reporte acerca de una reunión con Marx fue brindado por Gustav Techow, un oficial militar prusiano, quien se había unido a los insurrectos de Berlín durante la revolución fallida de 1848. Techow tuvo que huir a Suiza, después de haber sido sentenciado y hecho prisionero por traición. El grupo revolucionario con el cual se asoció Techow en Suiza, lo envió a Londres y pasó algún tiempo con Marx.

En una carta dirigida a sus socios revolucionarios, Techow describió su impresión acerca de Marx, el hombre y su mente. La imagen era la de una personalidad ambiciosa de poder, quien tenía un desprecio tanto por amigos como por enemigos:

“Él me dio la impresión tanto de una superioridad intelectual como de una personalidad sumamente impresionante. Si hubiera tenido tanto corazón como cerebro, tanto amor como odio, habría atravesado el fuego junto con él, a pesar del hecho de que no sólo no ocultó su desprecio hacia mí, sino que, al final, fue bastante explícito acerca de él…

Lamento, por nuestra causa, que este hombre no tenga, junto con su inteligencia notoria, un corazón noble que pudiera poner a nuestra disposición. Estoy convencido de que todo lo bueno en él ha sido devorado por las más peligrosas ambiciones personales. Se ríe de los tontos que repiten tras él su catecismo proletario, al igual que se ríe de [otros] comunistas… y también de la burguesía…

A pesar de sus promesas en contrario, tal vez precisamente debido a ellas, salí con la impresión de que la dominación personal es lo más importante de toda su actividad… Y [Marx considera que] todos sus antiguos asociados están, a pesar de sus talentos considerables, bien por debajo de y a su zaga y que, si alguna vez se atreven a olvidar eso, él los pondrá en sus lugares con la insolencia propia de un Napoleón.”

EL LIBRETO PARA LA REVOLUCIÓN Y EL ASESINATO EN MASA

El deseo de Marx de destruir las instituciones de la sociedad y su sed de sangre hacia los enemigos de la revolución comunista que se avecinaba, fue capturado en su plan de acción, escrito con Engels, para el Comité Central de la Liga Comunista en marzo de 1850. Se lee como el manual de la estrategia literal de lo que Vladimir Lenin hizo al llevar a cabo la Revolución Bolchevique en Rusia.

Él afirmó que el objetivo de la organización era “el derrocamiento de las clases privilegiadas”, inicialmente en cooperación con los partidos políticos “burgueses” pequeños y liberales. Marx advirtió que estos partidos democráticos sólo deseaban establecer una agenda liberal de un gasto público reducido, una mayor seguridad para los derechos de propiedad privada y algunos programas de bienestar para los pobres. En vez de ello, dijo Marx:

“Es nuestro interés y nuestra tarea hacer la revolución permanente hasta que todas las clases más o menos propietarias hayan sido expulsadas de sus posiciones en el poder, hasta que el proletariado haya conquistado el poder estatal y hasta que la asociación de los proletarios haya progresado lo suficientemente lejos –no sólo en un país, sino en todos los principales países del mundo…

Nuestro interés no puedes ser simplemente modificar la propiedad privada, sino abolirla, no sólo acallar los antagonismos de clases, sino abolir las clases, no mejorar la sociedad existente, sino fundar una nueva.”

En el proceso de derrocar al orden democrático liberal, que asume el poder a seguidas del final de los gobernantes monárquicos, Marx dijo que el proletariado revolucionario necesitaba formar “consejos” armados lejos de la autoridad y control del gobierno democrático. Ese es el mismo método en el cual insistió Lenin para imponerlo en Rusia en la forma de “Soviets”, después de la abdicación de zar ruso en marzo de 1917 y en oposición al gobierno democrático provisional que se estableció, reemplazando a la monarquía soviética.

Marx insistió en que las tierras feudales no deberían ser entregadas a granjas privadas propiedad de campesinos. No, en vez de ello, deberían ser tomadas por el estado y transformadas en granjas colectivas, en donde a toda la población rural viviría y trabajaría. Y todas las industrias tendrían que ser nacionalizadas bajo un gobierno proletario todo-poderoso y crecientemente centralizado, para asegurarse del final del capitalismo y de la democracia “burguesa”.

Además, dijo Marx, los líderes comunistas deberían trabajar para asegurarse que la excitación revolucionaria del momento no fuera súbitamente reprimida después de la victoria. Por el contrario,

“…debe ser mantenida tanto tiempo como fuera posible. Lejos de oponerse a los así llamados excesos -ejemplos de venganza popular en contra de individuos odiados o en contra de edificios públicos a los cuales se asocian recuerdos detestables- los partidos de los trabajadores no sólo deben tolerar tales acciones, sino incluso darles un sentido.”

En otras palabras, Marx estaba insistiendo en fomentar un frenesí de “venganza en contra de los individuos odiados” lo que claramente significaba terror y asesinato en masa. Y esta, también, era la orientación que Lenin siguió para asegurar el triunfo de su revolución en Rusia.

EL FUNDAMENTO DE UNA TRAGEDIA VERDADERA

¿Cono fue que Marx se convirtió en defensor del asesinato en masa y de la dictadura, en lugar de la democracia liberal y de la paz social? ¿Qué influencias intelectuales operaron en él que le condujeron a convertirse en el promotor visionario de lo que a él le dio por llamar “socialismo científico” y a la creencia de que las “leyes de la historia” dictaban la inevitable desaparición del capitalismo y el triunfo ineludible del comunismo?

Y ¿cómo fue que su concepción del destino de la humanidad creó el fundamento para la tragedia humana del “socialismo-en-la-práctica” del siglo XX?


Traducción por Jorge Corrales. Fundación para la educación Económica.

Author profile

es Profesor Distinguido BB&T de Ética y de Liderazgo de Libre Empresa en La Ciudadela en Charleston, Carolina del Sur. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica (FEE) del 2003 al 2008.

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