Los vicios no son delitos: la lección de Lysander Spooner

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“Nadie, sino un tonto o un impostor, pretende que él, como individuo, tiene un derecho a penalizar a otros hombres por sus vicios.”

A través de los años, el poder de los estadounidenses para tomar sus propias decisiones ha sido crecientemente desplazado por los gobiernos. Esa tendencia, en parte, ha sido justificada por el deseo de controlar lo que el gobierno ve como un vicio (incluyendo una tendencia creciente de encontrar el vicio en los efectos medioambientales). Desafortunadamente, ese enfoque viola la propiedad de uno mismo, inalienable, de los ciudadanos, a diferencia de impedir el crimen, lo que protege mejor la propiedad de los ciudadanos mismos. Ha convertido al gobierno en un hiperactivo estado niñera abusador, en vez de ser un protector contra el abuso.

Este “auto control” externamente impuesto justifica una reconsideración de Lysander Spooner, cuyo cumpleaños es el 19 de enero. Spooner expuso por qué nuestro derecho natural a ser propietario de uno mismo, combinado con el derecho de llegar a acuerdos voluntarios con otros dueños de sí mismos, convirtió en ilegítima la coerción gubernamental sobre gente pacífica, un principio moral que no debería ser anulado tan sólo porque alguien con poder político, considera que las elecciones de otros constituyen vicios. Dado que en la actualidad estamos muy lejos de ese estándar ético, necesitamos redescubrir su visión, expuesta en su obra de 1875, Vices Are Not Crimes; A Vindication of Moral Liberty [Los vicios no son crímenes. Una vindicación de la libertad moral]:

“Los vicios son aquellos actos por los cuales un hombre se daña a sí mismo o hace daño a sus bienes. Los crímenes son aquellas acciones por las cuales un hombre daña a otra persona o a sus pertenencias… En el caso de los vicios, falta la esencia misma del crimen; es decir, el designio de dañar a la persona o la propiedad del otro.”

“A menos que esta clara distinción entre vicios y crímenes sea establecida y reconocida por la ley, no podrá haber… cosas tales como el derecho individual, la libertad o la propiedad, junto con el correspondiente e igual derecho de otro hombre al control de su propia persona y propiedad.”

“Si estas cuestiones… no son dejadas libres y abiertas a todos para su experimentación y su saber, cada cual estaría siendo privado del más alto de todos los derechos que se poseen en tanto ser humano: el derecho a… determinar por sí mismo qué es, para él, la virtud, y qué es, para él, el vicio… Si este gran derecho no se deja libre y abierto a todos, entonces, se niega el derecho completo de cada persona, en tanto ser humano que razona, a ‘la libertad y la consecución de la felicidad’”.

“¿Qué hombre, o qué grupo de hombres, tiene el derecho de decir, en relación con las acciones particulares, ‘nosotros hemos hecho este experimento y determinado cada una de las cuestiones involucradas… no sólo para nosotros mismos, sino para todos; y a todos aquellos que sean más débiles que nosotros los forzaremos a actuar en obediencia a nuestras conclusiones’”?

“[Un] gobierno, conformada por asociación voluntaria, nunca habría pensado en castigar todos los vicios, si ello supusiera penarlos imparcialmente por igual… nadie… se le sometería voluntariamente. Pero, un gobierno formado por la asociación voluntaria para el castigo de todos los crímenes es un asunto razonable; porque todos quieren protección para sí mismos contra todo tipo de crímenes.”

“Resulta ser una imposibilidad natural que un gobierno disponga del derecho de castigar personas por sus vicios, porque es imposible que un gobierno disponga de cualquier derecho, excepto del que ya disponían los individuos que lo componen, en tanto individuos. Nadie puede delegar a un gobierno derechos que no posee.”

“Nadie, sino un tonto o un impostor, pretende que él, como individuo, tiene un derecho a penalizar a otros hombres por sus vicios. Pero… todos tienen no sólo el derecho natural de defender sus personas y propiedades contra los agresores… Y el gobierno no tiene otra existencia legítima que la de abarcar –y estar limitado por– ese derecho natural de los individuos… Sólo aquellos que pretenden que el gobierno tiene algún poder legítimo –un poder que ningún individuo o grupo de individuos le ha delegado o podría delegarle– son quienes pretenden que el gobierno dispone del poder legítimo para castigar los vicios.”

“Castigar a los hombres a causa de sus vicios… es un absurdo consumado que, un gobierno que afirme que deriva su poder de la garantía de sus gobernados, exija tal poder; porque todos saben que el gobierno nunca otorgaría esa garantía… porque estarían cediendo su derecho a buscar su propia felicidad.”

“Todos desean ser protegidos, en sus personas y propiedades, contra las agresiones de otros hombres. Pero, nadie desea ser protegido… contra sí mismo… Las personas sólo desean promover su propia felicidad, y ser su propio juez en cuanto a lo que la fomenta y fomentará.”

“Lo que se intenta con el castigo de los crímenes es garantizar, a todos y cada uno de los hombres por igual, la libertad más plena posible –en consistencia con los derechos de los otros–, a fin de buscar la propia felicidad bajo la orientación de su propio juicio y a través del uso de sus pertenencias… a lo que se apunta con el castigo de los vicios es la privación de cada hombre de su derecho y libertad naturales para buscar su propia felicidad, bajo la guía de su propio discernimiento y mediante el usufructo de sus propios bienes.”

“[A la gente] se les debe permitir controlarse a sí mismos y a su propiedad… la vida de cada hombre es solamente de él.”

En una era en que cualquier cosa que alguien puede caracterizar como un vicio, se considera que brinda razón suficiente para destripar la soberanía individual, la visión de Spooner es crucial.

Murray Rothbard lo reconoció como “un gran baluarte contra la invasión eterna de los derechos por el Estado.” La obediencia obligada no puede derivarse de nuestros derechos naturales o de nuestra Constitución. Pero, obligar a la obediencia es más que un vicio de nuestro gobierno; es una negación de nuestra adaptación a la premisa central de la Declaración de Independencia y una violación de su objetivo esencial.


Traducción por Jorge Corrales.

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