Los tiranos capturan el lenguaje para controlar el pensamiento

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La contra-revolución actual opuesta a la libertad está siendo peleada en diversos frentes en la sociedad estadounidense. Uno es en las ciudades universitarias de todo el país, en donde la ideología de la “corrección política” está estrangulando a la libertad de expresión y asfixiando al debate y a la controversia intelectual. Crítico para esta campaña es la captura del lenguaje.

Es por medio de nuestro lenguaje como pensamos acerca de nosotros mismos, efectuamos nuestras relaciones con otros y con el orden social que nos rodea. Las palabras no tan simplemente delinean objetos, individuos, acontecimientos y acciones. Las palabras también crean imágenes mentales, emociones, actitudes y creencias que pintan cómo las personas se ven a sí mismas y al mundo alrededor de ellas.

LA MANIPULACIÓN NAZI DE LAS MENTES POR MEDIO DEL LENGUAJE

Para tener un ejemplo de esto, podemos volver nuestra mirada hacia Víctor Klemperer (1881-1960). Klemperer fue un judío que sobrevivió en la Alemania nazi fuera del sistema de campos de concentración, debido a que su esposa, quien no era judía, lo defendió durante toda la Segunda Guerra Mundial. Varios años después de la muerte de Hitler, Klemperer escribió un libro llamado The Language of the Third Reich (1957) [LTI La Lengua del Tercer Reich]. Profesor de lenguas romances en una universidad de Dresde antes del ascenso de Hitler al poder en 1933, él estaba especialmente en sintonía con los usos y detalles de las palabras y de sus significados contextuales.

Mantuvo un diario fascinantemente detallado y certero acerca de la vida diaria durante la era nazi en Alemania, cuyo contenido pleno fue, después de su muerte, publicado bajo el título I Will Bear Witness: A Diary of the Nazi Years [Quiero Dar Testimonio hasta el Final: Diarios (1933-1941) (Biografías y Memorias), Vol. I, y Quiero Dar Testimonio hasta el Final (1942-1945) (Biografías y Memorias), Vol. II]. Se basó en estas meticulosas observaciones al escribir su obra llamada LTI La Lengua del Tercer Reich en la década de 1950. Klemperer arguyó que virtualmente todo mundo en la Alemania de Hitler era nazi -ya fuera que se consideraran a sí mismos o no como nacional-socialistas- incluso muchas de las víctimas del régimen (incluyendo a judíos alemanes).

¿Por qué? Porque habían adoptado en sus pensamientos y creencias las ideas y la ideología de sus amos nazis. Encontraron que era difícil pensar acerca de la vida y la moral, independientemente de la terminología y las frases políticas que reflejaban las concepciones nazis de hombre, “raza,” y sociedad. Klemperer estaba sugiriendo que, en sus mentes, ya no eran seres humanos que se auto-gobernaban, sino esclavos del régimen, pues pensaban y actuaban en términos del léxico y la lógica del nacional-socialismo de Hitler. Escribió Klemperer:
“El nazismo permeó el cuerpo y la sangre de la gente por medio de palabras únicas, modismos y estructuras de las frases que les fueron impuestas sobre ellos mediante un millón de repeticiones y tomadas en cuenta mecánica e inconscientemente…”

“El lenguaje no sólo simplemente escribe y piensa por mí, también crecientemente dicta mis sentimientos y gobierna mi pleno ser espiritual, siendo más incuestionado e inconsciente entre más me entrego a él… Las palabras pueden ser como pequeñas dosis de arsénico; son tragadas sin ser notadas, aparentan no tener efecto y luego, poco tiempo después, la reacción tóxica termina por presentarse.”

Klemperer dijo que no fueron los nazis quienes inventaron muchas de las nuevas palabras, aunque lo hicieron, en ciertos casos, con un diseño intencional. Pero, lo que fue mucho más insidioso, aseveró él, es que por medio de los usos propiamente particulares de las palabras existentes, cambiaron los significados y contextos de aquellas palabras que eran dadas por un hecho en el idioma alemán.

Los nazis, por medio de este método, hicieron palabras que tenían un sólo significado, el sentido colectivo o compartido que sirviera a los objetivos de los nazis. “Al hacer al lenguaje el siervo de su aterrador sistema, adquiere sus medios de propaganda más poderosos, más públicos y más subrepticios,” explicó Klemperer, y continuó así:

“El objetivo único [del uso y forma de lenguaje nazi] es desnudar a todo mundo de su individualidad, de paralizarlas como personalidades, de convertirlas en ganado dócil e irreflexivo en una horda manejada y acosada en una dirección específica, para convertirlos en átomos de un enorme bloque de piedra rodante… Cuando [el lenguaje nazi] trata del individuo… cuando lo educa, le enseña medios que alimentan al fanatismo y técnicas para sugestionar a las masas.”
EL CONTROL SOVIÉTICO DEL PENSAMIENTO POR MEDIO DEL LENGUAJE

El régimen comunista de la Rusia soviética también empleó esa técnica ideológica de torcer el lenguaje para sus fines. El historiador ruso Mikhail Heller (1922-1997) destacó este aspecto de la sociedad socialista planificada, en su perspicaz trabajo Cogs in the Wheel: The Formation of Soviet Man (1988) [El hombre nuevo soviético: De la utopía a la realidad].

Desde el ascenso de Vladimir Lenin con la Revolución Bolchevique en noviembre del 2017, a lo largo del reino de casi veintiún años de José Stalin, hasta los líderes soviéticos de fines del régimen en 1981, el lenguaje se hizo para servir a los objetivos del sistema socialista. Así lo explicó Heller:

“Lenin desarrolló una forma especial de escritura que hizo posible el establecimiento de una ‘fórmula-eslogan’ en la mente del lector o del oyente… Luego, como el elemento compositivo más importante, está el uso de la repetición, por medio de la cual se forma un rectángulo que concentra la atención, reduce el campo de posibilidades y estruja al pensamiento dentro de un anillo hermético del cual tan sólo hay una salida…”

“El poder total sobre la Palabra le da al Amo de la Palabra un poder mágico sobre todas las comunicaciones. El discurso soviético es siempre un monólogo, porque no existe otra parte con la cual conversar. En el otro lado está el enemigo. En el lenguaje soviético no hay palabras neutras –cada palabra contiene una carga ideológica… Esa es la razón de por qué en el lenguaje soviético las mismas palabras se repiten una y otra vez, hasta que se convierten en una señal para actuar sin esfuerzo alguno de pensamiento. El efecto de frases y eslóganes diseñados también se asegura, al ser siempre repetidos en absolutamente la misma forma…”

“El lenguaje soviético se convierte en el más importante de los medios para impedir que la gente adquiera más conocimiento que el que el estado desea… El discurso soviético perdió su libertad. El lenguaje fue rejuntado a partir de eslóganes y citas del Líder [Stalin]… La autoridad abrumadora, incuestionada de la palabra del Líder es el resultado, en un alto grado, de su derecho y poder para nombrar al Enemigo… La palabra que significa el enemigo debe ser llamativa, fácil de recordar, que implica la condena por su mismo sonido, y siempre imprecisa, de forma que todo mundo, quien en un momento dado no le complace al Líder, puede ser incluido bajo su rúbrica…”
DE “SOCIALISMO” A “LIBERALISMO” A “PROGRESISMO”

La misma totalitarización de las palabras y las ideas puede ser vista en funcionamiento en el lenguaje de la “izquierda” progresista y radical de los Estados Unidos de hoy. Qué tan exitoso haya sido esto, puede ser visto al hacer que la gente olvide tanto al pasado, como que acepte el título de “progresista” para todos aquellos que desean una colectivización mayor de la sociedad contemporánea.

El hecho es que, aquellos que hoy se han puesto el manto del “progresismo,” eran los socialistas de hace cien o más años. Tenían la confianza de que las “leyes de la historia” de Marx estaban haciendo una sociedad socialista planificada inevitable e inescapable. Pero, luego, “socialista” llegó a tener demasiadas connotaciones negativas, tales como una dirección y dominio de todos, en una sociedad bajo la cual muy posiblemente se viviría un régimen político dictatorial.

Así, los socialistas llevaron a cabo un juego de manos lingüístico, transformándose ellos mismos en los nuevos y “verdaderos” o “progresistas” liberales, simplemente deseando solo cumplir con el programa político inconcluso de los viejos “individualistas” del siglo diecinueve, quienes sólo hablaron de libertades “negativas” ante la coerción e interferencia de parte de individuos privados o de gobiernos. [Nota del traductor: es crucial tener presente, para interpretar correctamente en nuestro medio a este comentario de Ebeling, que en los Estados Unidos la palabra liberal más bien se aplica a los promotores de un estado grande, intrusivo y sin límites, contrario a los llamados liberal clásicos, quienes proponen un estado pequeño y limitado].

La nueva agenda “liberal progresista” requería el cumplimiento de libertades “positivas,” por medio de garantías gubernamentales a una amplia variedad de beneficios redistribuidos hacia los “necesitados,” “los explotados,” y los trabajadores de la tierra, quienes eran los “verdaderos productores” de todas las cosas, pero los cuales eran injustamente tratados y abusados por los “ricos,” los “propietarios capitalistas,” los ambiciosos persecutores de utilidades, a los que poco les interesaba el “pequeño”, sobre cuyas espaldas estos explotadores capitalistas se montaron para obtener, sin ética alguna, su riqueza adquirida.

Y cuando el propio término “liberal” se convirtió en una palabra criticada e impopular, debido a los ataques negativos de conservadores [o de liberales clásicos] y otros, la palabra “liberal” fue desechada y reemplazada por sencillamente “progresista,” dando a entender una persona que miraba hacia adelante para lograr un mayor “progreso social,” connotando lo que solía ser considerado como un programa “socialista” cien años atrás –la redistribución del bienestar y un extenso control y regulación gubernamental de la vida económica y social. (Ver mi artículo, “Barack Obama and the Meaning of Socialism”.)

Pero, acusar a un “progresista” de ser un socialista o un interesado en avanzar porciones de la agenda socialista tradicional, ha llegado a ser demostración de que el proponente de tal argumento es un “extremista de la derecha,” “de alguien que odia a los pobres,” de un oponente de la “justicia social,” si no es que de algo peor. Todo ello sirve como truco lingüístico para impedir que cualquiera tome en serio tal crítica, en términos de bases lógicas e históricas para su argumentación, porque, tomarlo en serio, muestra que esa misma persona ha caído como víctima de ideas “reaccionarias” alejadas del debate político legítimo y aceptable. Así se termina la discusión.

DE LA “LUCHA DE CLASES” AL NUEVO COLECTIVISMO RACIAL

El concepto social básico en la economía política marxista tradicional ha sido la noción de la “lucha de clases.” La sociedad se divide en dos “clases sociales” principales, definidas e identificadas de acuerdo con que un individuo sea dueño o no de los medios de producción. Si es dueño, entonces es miembro de las “clase explotadora” capitalista. Si no es ese dueño, entonces es miembro de la clase de trabajadores explotados, oprimidos y victimizados.

La propiedad privada determinaba el estatus social y el lugar de todos y de cada persona individual en la sociedad. Esencialmente no tenía sentido lo que el individuo creía, cómo actuaba personalmente en sus interacciones sociales y económicas con otros. Usted era alabado o condenado basado en su “estatus de clase” en la sociedad. Usted era o un “enemigo de la clase” o un “camarada social.”

Actualmente, la concepción marxista ha sido modificada y transformada en una nueva noción del conflicto social irreconciliable: el beneficiario del “privilegio del blanco” versus la victima de la “opresión blanca.” En vez de su estatus en relación con ser dueño de propiedad productiva lo que determina su clasificación de “santo” social o de “pecador” social, existe el nuevo colectivismo racial.

Ser “blanco” condena a una persona como beneficiario implícito y explícito de un sistema social y económico (“capitalismo”), puesto al servicio de un segmento limitado de la comunidad humana, con el fin de ganar el poder, la posición y la riqueza para sí, a expensas de todos aquellas otras “personas de color,” de cualquier otro lado alrededor del mundo.

El que mucha “gente blanca,” ya sea que fracasa en comprender esto o que se opone a admitirlo, demuestra qué tan realmente incorporado está el “racismo blanco” en la moderna sociedad estadounidense, insisten los promotores del nuevo conflicto racial. El fracaso en aceptar este nuevo argumento racial colectivista se toma, ipso facto, como una prueba de la mentalidad racista a la que se opone el “progresista” y quien está determinado en acabarlo virtualmente por cualesquiera medios.

LO INDIVIDUAL SE PIERDE EN LAS CLASIFICACIONES COLECTIVISTAS

¿Cuál es el verdadero antecedente del individuo? ¿Tuvieron alguna vez sus antecesores esclavos africanos? ¿Eran dichos ancestros “pro-esclavistas” o “anti-esclavistas”? ¿Vinieron estos antepasados a los Estados Unidos después de que se había terminado la esclavitud en los Estados Unidos? ¿Eran, ellos mismos, inmigrantes que escapaban de la opresión y de la discriminación en el “viejo país” y promotores de la igualdad de derechos para todos en su nueva tierra en los Estados Unidos?

¿Cómo ha actuado en su vida personal hacia otros, el individuo que es acusado de “privilegio del blanco” tan sólo por el color de la pigmentación de su piel? ¿Cómo se han ganado su propio lugar en la sociedad: por medio de un trato justo en lo que aún permanece de mercado libre en los Estados Unidos o por la vía de un “capitalismo de los amigotes,” en donde se favorece y se beneficia por el estado? Estas preguntas nunca son efectuadas y cualquier intento de ofrecerles respuestas se rechaza por ser cortinas de humo y racionalizaciones que buscan mantener el “privilegio del blanco.”

Los individuos son sumergidos dentro y reducidos a categorías sociales definidas e impuestas por ideólogos, quienes sueñan sus propias utopías de un mundo producto de una ingeniería social, que refleje su noción de una sociedad nueva racial y étnicamente consciente. Esto no sólo deshumaniza a los individuos que, por accidente de nacimiento, resultan ser descendientes de padres caucásicos, pero también puede suceder con aquellos que son negros o hispanos. Usted como una “persona de color,” es una “víctima.” Usted no es capaz de trascender su propio accidente de nacimiento para ser un individuo pensante, que está dispuesto, que actúa, guiado por sus propios valores, parámetros y objetivos, y que es capaz de atravesar exitosamente las pruebas y tribulaciones de la vida. Usted, también, es un cautivo que no puede escapar de su raza, a menos sólo si hay un gobierno “progresista” capaz de garantizarle un lugar “justo” en la sociedad.

LOS PARECIDOS FAMILIARES ENTRE LOS COLECTIVISMOS VIEJOS Y NUEVOS 

Qué tan familiar suena esto a las aseveraciones nazis de que todo lo indeseado e indeseable en la vida alemana se debía a las maquinaciones e intriga del “judío internacional.” El fracaso de tantos muchos otros en el mundo, en cuanto a darse cuenta de la insidia de la manipulación y explotación judía, demostraba la extensión en que “el judío” había tenido éxito en su control de los asuntos sociales y económicos del mundo, y de cómo muchos otros eran o víctimas involuntarias o bien cómplices degenerados de su ataque sobre la “civilización” y la pureza racial.

Y qué tan similar al método soviético para detener el debate y la argumentación: Él es un lacayo y un incauto de los capitalistas explotadores y, por tanto, debería ser ignorado o condenado. Su rechazo en admitir la justicia de la causa socialista, muestra que “debe” estar en la paga de los patronos capitalistas y, por tanto, sus argumentos deben ser rechazados como una falacia del alegato especial. [Nota del traductor: falacia que ocurre cuando al argumentar se recurre a una sensibilidad especial que el oponente posiblemente no puede comprender debido a las sutilezas o complejidades del argumente, o por su ignorancia o falta de empatía]. Sus argumentos contra la planificación socialista o comunista deberán ser cesados y ridiculizados porque simplemente es un “perseguidor de rojos.” tratando demagógicamente de elevar una resistencia emocional contra los interesados en la “justicia social” y la “paz mundial.”

Y en la actualidad, algunas ciudades universitarias de los Estados Unidos, qué tan cercanas son a las técnicas de los “Guardias Rojos” durante la Revolución Cultura del presidente Mao, en los años sesentas y setentas. Masas de jóvenes matones gritando, intimidando y físicamente atacando, quienes lanzan frases sin sentido e ideológicamente vacías a partir del “pequeño libro rojo” de citas del presidente Mao, para aplastar mental y físicamente a cualquiera que fracasara en repetir como loro la Línea del Partido o a quienes fueron, por parte del presidente Mao, objeto de purgas políticas y venganzas personales contra oponentes reales o imaginarios.

Y en el corazón de ello, el mismo uso del lenguaje, repetido y repetido, una y otra vez, en frases claras y breves, connotando “cosas malas,” que, tan simplemente por ser etiquetadas, constituyen una acusación, condena e requieren de un castigo merecido debido a la “ira justa” de –el pueblo nacional socialista alemán, las masas trabajadoras del socialismo soviético, las victimas raciales “sin privilegios” del “privilegio del blanco.”
LA ACADEMIA, EL NUEVO COLECTIVISMO RACIAL Y LA TIRANÍA MUNDIAL

Una diferencia crucial entre proponentes de este nuevo colectivismo racial comparada con los episodios del nazismo alemán o del socialismo soviético del siglo XX, es que el totalitarismo lingüístico y el adoctrinamiento de la palabra está siendo promovido e impuesto sin un aparato monopólico y coercitivo del poder gubernamental.

En vez de ello, los “cuarteles” y las “líneas de combate” están en la academia, en especial en algunas de esas instituciones de educación superior que son oasis de autonomía intelectual frente a la rendición de cuentas o de retos debido a salarios, programas y currículos fuertemente financiados con dineros de los contribuyentes. Liberados del mundo de trabajo y recompensa basado en el mercado y bendecidos con una permanencia en el cargo de por vida, esos académicos empleados en tales islas de socialismo educacional, tienen “espacios seguros” en donde pueden ser cultivadas, para usar la frase de George Orwell, “algunas ideas tan absurdas, que sólo un intelectual puede creer en ellas.”

La aseveración y repetición de “privilegio de los blancos,” “del uno por ciento,” “de justicia social,” “de racista,” “de homofóbico,” “de aborrecedor de los LGBT,” “de insensibilidad ante el género,” etc., han tenido efectos adormecedores en el discurso privado y público. Ha producido niveles de auto-censura, debido al temor de que la palabra equivocada, la frase mal puesta, la ocurrencia mal entendida o un doble sentido que sin intenciones ofende, den lugar a una avalancha de críticas y de amenazas al empleo de uno, al estatus social o a la aceptación entre círculos profesionales o informales en la sociedad.

Similares a los de robot, rostros sin expresión vistos en videos de masas de gente en algunas escenas de Corea del Norte, el mundo políticamente correcto del progresismo estadounidense y el nuevo colectivismo racial, amenazan con drenar la interacción humana de la espontaneidad, del chiste y de la diversidad real y relevante de los puntos de vista, las voces y de las formas de expresión y argumentación. Las personas sienten crecientemente que tienen que “caminar sobre cáscaras de huevo,” sin saber nunca si alguien puede tomar cualquier cosa que haya dicho o hecho, como una ofensa contra algún grupo o persona étnico o racial; y si quien ofende se encuentra por sí mismo en el banquillo de los acusados al ostracismo y la condena social.

Otra técnica del nuevo colectivismo racial y del progresismo, es tomar lo que se acepta normalmente como forma razonable y apropiada de un comportamiento amable y cortés y convertirlos en una herramienta para que sirva a sus propias agendas. Todos sabemos y con frecuencia intentamos no decir o hacer algo que intencionalmente pueda ofender o ser embarazoso para alguien con quien nos estamos asociando en un marco social. Simplemente sabemos que no es la “cosa correcta” que se debe hacer. Y si de hecho vemos a alguien extralimitarse en sus actos de manera impropia, lo consideramos inapropiado e “incorrecto,” incluso si permanecemos en silencio y no hacemos nada en respuesta a aquello.

Los nuevos activistas raciales y los progresistas han aprendido a usar esta noción de la etiqueta adecuada y de los buenos modales, para que actúen como freno para la mayoría de nosotros en la arena social, como herramientas para silenciarnos y golpear fuerte a cualquiera o cualquier cosa que no sea consistente con su visión del mundo y su agenda política. Lo que sea que se dice o se hace y que es inconsistente con sus ideas e ideología, es “dañina” para alguna minoría o subgrupo social oprimido. Muestra una insensibilidad y un entendimiento errado de las experiencias de ese grupo, de su historia, de su cultura o del grado de sufrimiento ocasionado por –“el privilegio del blanco,” o por “el sistema capitalista,” o por…

Creada para hacer que se sientan culpables al pensar alguna idea, decir alguna palabra o expresar algún concepto y que teman las consecuencias de hacerlo así, se impone sobre la gente, en casi todas las circunstancias de la vida social, una política crecientemente exitosa del pensamiento Orwelliana con una “neo lengua” [newspeak].

HACIENDO QUE EL PASADO SIRVA LOS PROPÓSITOS IDEOLÓGICOS DEL PRESENTE

En la novela de George Orwell, 1984, el anti-héroe, Winston, trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su tarea consiste en recorrer las páginas de periódicos viejos y reescribir los artículos en ellos, para hacer que los acontecimientos y las afirmaciones hechas en el pasado, sean consistentes y que apoyen la línea actual de Partido del gobierno. Las palabras y acontecimientos del pasado son creados para conformarse con las “verdades” ideológicas del presente.

Aquí también aparece otro truco y técnica de los nuevos colectivistas raciales y los progresistas. Los eventos históricos y las personas que vivieron en el pasado son rehechos para que se ajusten a la “verdad” de estos nuevos totalitarios. Cuando Jefferson escribió en la Declaración de la Independencia que todos los seres humanos son creados iguales y que poseen ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la prosecución de la felicidad, todo eso era “realmente” palabras codificadas y racionalizaciones para una sociedad de racismo blanco.

Si James Madison ayudó a escribir una constitución para los Estados Unidos, que tenía como objetivo principal restringir las pasiones de mayorías que violaran potencialmente los derechos de los individuos, pues amenazarían a una sociedad libre y próspera, esa “realmente” es la institucionalización del poder por una oligarquía de “los ricos” para frustrar la voluntad de la mayoría “del pueblo” de una “justicia social” contra el explotador “uno por ciento.”

¡Oh!, qué tan similar al método de Stalin de reescribir la historia verdadera de la Revolución Rusa, para hacer de él, un participante relativamente sin importancia en esos acontecimientos, la mano derecha del camarada Vladimir Lenin en asegurar la victoria socialista. Y qué parecido tan familiar con la otra herramienta estalinista de hacer que el pasado se conformara con las políticas del presente, cuando, después de una purga, les quitó, a aquellos que envió a los campos de trabajo o hacia su muerte, toda mención positiva acerca de ellos en los libros y revistas y todas las imágenes de ellos fueron borradas de viejas fotografías.

Quien crea en la libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad de asociación, libertad en el intercambio de ideas, debe oponerse y prevenir este nuevo colectivismo racial y el totalitarismo lingüístico “progresista” que le acompaña, de imponer una nueva era oscura con un diálogo humano disminuido.

El ingenio, la belleza, la creatividad y la humanidad de las palabras y las ideas expresadas por medio de ellas, no deben ser impedidos y luego petrificados por quienes desean reducir a los seres humanos individuales a categorías colectivistas de control y de dominio. Las libertades de pensamiento, de actuar, de iniciativa y de asociación, son demasiado preciosas como para que se pierdan a causa de estos últimos matones coercitivos e intimidantes de la mente humana.

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es Profesor Distinguido BB&T de Ética y de Liderazgo de Libre Empresa en La Ciudadela en Charleston, Carolina del Sur. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica (FEE) del 2003 al 2008.

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