Los políticos no son nuestros amigos

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En toda clase de ciencias sociales, geografía o, ya en instancias de formación avanzada, geopolítica y alta gerencia se hace énfasis en las ventajas comparativas que tiene Colombia, por su privilegiada ubicación en la plataforma continental americana.

Varios pisos térmicos, acceso directo a dos océanos, plazas en la órbita geoestacionaria y una riqueza natural en fauna, flora y minerales como petróleo, carbón, plata, níquel, oro y esmeraldas, serían factores a partir en los cuales un país sensato, liderado por un gobierno igualmente visionario, podría catapultarse a sitiales de referencia en la economía mundial.

Sin embargo, el panorama es trágicamente diferente, no por razón distinta a que los políticos de turno (de este turno y de todos) sacrifican en el altar del nepotismo y el clientelismo aquellos factores que deberían servir para el fomento de la prosperidad, el libre mercado y la generación de emprendimientos de alto impacto. Como cita de manera recurrente y acertada el experto en geopolítica Pedro Juan González Carvajal, el gobierno convierte en monedita de cambio aquello por lo cual “nos deberían querer, necesitar o temer”.

Y es que no es nuevo que el gobierno de forma parasitaria persiga la riqueza y prosperidad individual y colectiva, para aceitar los carcomidos mecanismos de un sistema burocrático diseñado para beneficiar a un puñado de supuestos líderes. La realidad detrás de esto es macabra: al gobierno le interesa la pobreza, porque esta es sinónimo de dependencia de ese “gran amigo que es el estado”, porque promueve el voto fácil y desesperado, y porque es un terreno fértil para los discursos mesiánicos y populistas.

En otras palabras, han convertido la miseria en un fructífero capital electoral.

Un individuo económica y filosóficamente libre es una piedra en el zapato para los gobiernos incompetentes. Uno, porque es prueba fehaciente de que se puede crecer fuera de sus tentáculos; dos, porque es crítico, y de forma férrea defiende y defenderá el fruto de su trabajo; y tres, porque pone en evidencia una realidad que con amaños y propaganda quiere ocultar: la verdadera prosperidad surge de la disciplina, el trabajo honesto y el esfuerzo encausado de cada uno de nosotros.

En esta época electoral surgen de todos los lugares del espectro político promesas de renovación, de una Colombia distinta, de un renacer de la economía. La invitación es hacer caso omiso a esos cantos de sirena del falso “gran amigo”, y entender que ellos no buscan más que perpetuarse en el poder, y que tan pronto se atenúe la niebla de la demagogia surgirán con todo el ímpetu y la voracidad que las caracteriza las cadenas de las reformas tributarias, el gasto público desmedido y la persecución normativa y legal.

En resumen, y apelando al viejo adagio popular, “¿amigo?, ¡Amigo es el sudor de nuestra frente!”.     


 

1 comment

  1. D. O´Leary 22 febrero, 2018 at 23:28 Responder

    Excelente articulo. introduce a una reflexión realista y sugestiva de nuestro presente socio-político y económico; de una manera pulcra en argumento y un muy concienzudo análisis retrospectivo del desgaste democrático en Colombia.

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