Barry Brownstein noviembre 8, 2018

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La gente se está uniendo a un movimiento incipiente para “alejarse” de la división de la política de identidad.

La estudiante universitaria de Iowa, Mollie Tibbets, fue brutalmente asesinada por un inmigrante ilegal.

La comentarista de MSNBC y profesora de la Universidad Fordham, Christina Greer dijo con desprecio (Christina Greer sneered) que Tibbets era “una muchacha en Iowa,” de la cual “Fox News está hablando.” En la mente de Greer, Tibbets estaba distrayendo al público de una más necesaria cobertura de los males de Trump. Impregnada de la política de identidad, Greer no podía conectarse con la humanidad en común que ella comparte con aquellos que estaban llorando la muerte de Mollie.

En contraste, la familia de Tibbets pudo conectarse con la humanidad (connect with the humanity) que compartía con la comunidad inmigrante de Iowa.

¿Cómo podía ser tan insensible la profesora Greer? ¿Somos diferentes en algo cuando fracasamos en darnos cuenta de la humanidad en los otros? Podemos sentir presión social para adoptar una identidad tribal y de ajustarnos a sus puntos de vista. ¿Tenemos que escoger lados tribales?

David French es un cristiano evangélico y escritor en el National Review. French compartió en la revista The Atlantic (French shared in The Atlantic) los ataques viciosos que sufrió su familia cuando ellos adoptaron un niño de Etiopía. Desde la “izquierda” llegaron aullidos de un “genocidio cultural” y calumnias de que “los evangelistas estaban en las garras de un ‘fiebre por huérfanos’ ominosa.”

Después, la derecha alternativa atacó a French y a su esposa por “race-cucking a su familia.” [Nota del traductor: cucking literalmente es crear un niño que no es propio. Figurativamente significa hacer algo contra el interés propio]. Le siguieron mensajes e imágenes de su hija siendo asesinada o esclavizada.” French deseó “los días cuando ‘la izquierda’ nos persiguió; al menos los críticos progresistas no quisieron que mi hija se muriera.”

Cansados de esos odios tribales, la gente se está uniendo a un movimiento incipiente para “alejarse” de la división de la política de identidad. Este movimiento para salirse ya tiene más de 176.000 miembros (more than 176,000 members) en Facebook. Algunos de quienes se le unen se describen a sí mismos como antiguos demócratas disgustados por la política de identidad. He aquí un “testimonio” en Facebook (Facebook “testimony”) acerca de las consecuencias que ella sufrió al no escoger una tribu por encima de otra:

“Cuando surgió BLM (siglas del inglés Black Lives Matter -Las Vidas Negras Importan), y hubo disturbios en mi ciudad de Baltimore, me entristeció y me molestó profundamente. Tanto por la gente de mi ciudad privada de sus derechos, así como por la bien intencionada policía que se puso en medio de la trifulca para protegerla. Era difícil defender y no defender a AMBOS lados. Yo recibí una reacción violenta cuando apoyé a la comunidad BLM y recibí una reacción violenta cuando apoyé a la policía. Se me hizo claro que estábamos viviendo en épocas en que a todos nosotros se nos obligaba a hacer un juramento de lealtad a uno u otro lado.”

Otro testimonio en Facebook revela la hipocresía de las manifestaciones de piedad que provenía de gente que estaba viviendo por el odio tribal:

“Me llamo Billy. Soy una transformista gay que vive en el sur de California. Yo me alejé. Vi a superestrellas del transformismo hacer discursos en el escenario contra el “odio y el racismo” y, luego, ir a la parte atrás el escenario y usar la palabra N (Nota del traductor: N de negro, que en los Estados Unidos es considerado como ofensivo) y hablar acerca de los mexicanos. Yo vi a los medios mentir. Mi propia comunidad era racista en contra de mi esposo negro. Ellos me disgustaron. Son falsos y peligrosos.”

Qué mejor ejemplo de odios tribales que aquellos que accedieron a Twitter para carcajearse (who took to Twitter to chortle) ante el sufrimiento de Texas durante el huracán Harvey. En sus mentes, los tejanos se lo merecían por haber votado por Trump.

VIENDO LA CONECTIVIDAD

A través de la historia han existido tribus e individuos que han proclamado escandalosa y a veces violentamente sus particularidades, fallando en reconocer que todas las otras personas que alguna vez hayan vivido en este planeta, está hecho de la misma fibra básica.
En sus Meditaciones (Meditations,) Marcus Aurelius hizo la observación de que:

“Todo está entretejido, y la red es santa; ninguna de sus partes deja de estar conectada. Son confeccionadas armoniosamente, y junto ellos constituyen el mundo. Un mundo, hecho por todas las cosas. Una divinidad, presente en todas ellas. (Traducción al inglés de Gregory Hays)”

Las Meditaciones fueron escritas por Aurelius para darse recordatorios a sí mismo. Como todos nosotros, su pensamiento le llevaría por direcciones equivocadas. Aurelius estaba construyendo la disciplina mental al fijar sus principios, de forma que él pudiera regresar a ellos cuando su pensamiento estaba mal.

Dándose cuenta de su tendencia a no ver la conectividad, Aurelius se advirtió a sí mismo,

“Mantente recordándose a sí mismo acerca de la forma en que las cosas están conectadas, de su vinculación. Todas las cosas están implicadas entre sí y en simpatía la una con la otra.”

¿Qué es una hoja sea que cae? Basura en el patio. ¿Qué es una ola separada del océano? Un pozo pequeño que se evapora. ¿Podemos entender que “todo está entretejido”?

En épocas modernas, el físico cuántico David Bohm llamó a esta conectividad el orden implicado (implicate order), un orden en el cual “todo está envuelto en todo.” No podemos comprender plenamente o ver el orden implicado. No obstante, creer en el orden implicado es una guía útil para la vida.

Como Marcus Aurelius, podemos mirar nuestras payasadas. Podemos notar cuando colocamos la “historia de yo” por encima de todos y de todo. Podemos sentir el dólar que nos causamos a nosotros mismos y a otros cuando creemos que nos estamos conectados. Podemos vernos a nosotros mismos comportándonos como si nuestra tribu es superior; y, entonces, podemos elegir algo diferente.

ELIGIENDO ALGO DIFERENTE

En I and Thou [Yo y Tú], el trabajo más conocido del filósofo Martin Buber, el autor describe dos formas fundamentalmente diferentes de ver a la gente: “el Yo-Tú o el Yo-Ello.”

Mirando a través de los lentes del “Yo-Tú,” vemos la conectividad, nuestra humanidad en común con otros. A través del lente del “Yo-Ello,” otros se ven como menos que nosotros, ya sea como objetos para ser usados u obstáculos para salir del paso. La política de la identidad, con su búsqueda constante de víctimas y victimarios, mira al mundo a través de los ojos del “Yo-Ello.”

En la página de Facebook, al momento del alejamiento, la gente comparte sus experiencias. Una mujer describió su reacción cuando los “viejos muchachos blancos” fueron convertidos en objetos:

“Yo leí un comentario de un escritor liberal [Nota del traductor: liberal en los Estados Unidos es un estatista o un intervencionista] que no podía dejar de temblar. Este escritor afirmó, ‘¿A quién en realidad le interesa lo que le suceda a este viejo muchacho blanco?’ Viejo. Blanco. Muchacho. Tres formas de un verdadero prejuicio. Yo pensé en mi padre quien recientemente murió siendo un ‘viejo muchacho blanco.’”

El filósofo C. Terry Warner y sus colegas del Arbinger Institute han ayudado a hacer más asequibles los densos escritos de Buber.

En su libro The Shift: How Seeing People as People Changes Everything, Kimberly White ilumina los trabajos de Buber y Warner. Ella explica que cuando nos absorbemos en nosotros mismos y vemos a otras personas como objetos, “no los valoramos a ellos por su humanidad”:

“En este [absorbido en sí mismo] marco mental, dado que no dejo espacio para que su experiencia interna me llame, veo a otros no como gente sino como objetos, como si ellos del todo no tuvieran una experiencia interna. Como cuerpos humanos ellos pueden ser útiles para mí o divertidos o problemáticos o buenos para nada. En esta forma, ellos son tan reales para mí como cualquier otro objeto del mundo físico y ellos me importante en la misma forma en que me importan esos objetos; de hecho, pueden ser muy importantes para mí en su función, pero nunca cruza por mi mente su personalidad infinita. No pienso acerca de sus perspectivas o de sus problemas, no pienso porqué ellos ven las cosas de la forma en que lo hacen, y no me siento motivado a ayudarles (excepto, tal vez, para promover mis propios intereses). Verlos a ellos con mi corazón distraído como objetos de forma humana, no puedo evitar sino tratarlos como si fueran objetos de forma humana.”

La verdad es que la gente no son objetos. Escribe White,

“Pero, por supuesto, ¡la gente alrededor tuyo y mío no son objetos! Son personas, con sus propias historias, temores esperanzas, amores, deseos, sueños y desilusiones. Son tan reales -tan asombrosamente, inconmensurablemente, humanamente verdaderos- como lo soy yo. Ellas tienen sus propias historias de fondo y sus luchas y su propia manera perfectamente legítima de ver las cosas, que, con certeza, aleatoriamente, difieren de los míos propios. Ellas son, en un sentido muy real, infinitas: los pensamientos y las percepciones y experiencias de la vida que abarcan su mundo interno son de miles de millones y nadie más puede, alguna vez, comprender completamente su complejidad.”

Cuando he advertido acerca de los peligros del tribalismo (I have warned of the dangers of tribalism) algunos lectores tratan de convencerme de que estoy equivocado. ¿No sabe usted, me preguntan, que la humanidad siempre se ha organizado alrededor de tribus? Ellos me aseveran que el tribalismo es la cosa más natural en el mundo.

Al leer esos comentarios, me maravillo acerca de sus inclinaciones de hacer lo que es “natural.” ¿Se dan ellos vuelta en su cama cada mañana y se quedan durmiendo en vez de ir a trabajar? ¿Les hacen insinuaciones a cada individuo por el cual sienten una atracción sexual? ¿Tratan ellos seriamente cada pensamiento furioso que tienen cuando un chofer se les atraviesa en medio del tráfico?

El rico “orden extendido” (“extended order”) de la vida moderna ha emergido tal como nosotros nos hemos levantado por encima de la tribu. En el intercambio, confiamos en extraños y cooperamos con gente de todas partes del mundo. En el comercio, tratamos a la gente igual y justamente con anteojeras a sus identidades tribales.

En la actualidad, sumidos en el orden extendido, cosechamos los beneficios del conocimiento y de las acciones de otros a quien nunca conoceremos personalmente. Al crecer el comercio y la especialización, igual lo hace nuestra habilidad para ver nuestra humanidad en común. Elevarse por encima de la tribu se convierte en la cosa más natural en el mundo.

Abrazar el tribalismo es una decisión de renunciar a las aventajas de la vida moderna y regresar a una existencia más primitiva.

He explicado por qué una característica esencial del socialismo es deshumanizar a otros (essential feature of socialism is to dehumanize others). Alejarse del movimiento es un signo de esperanza de que puede evitarse un descenso mayor hacia el tribalismo y sus consecuencias peligrosas.

es profesor emérito de economía y liderazgo de la Universidad de Baltimore. BarryBrownstein.com

1 pensamiento a “Los jóvenes están abandonando la política de identidad

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