Mises Report

Los daños que el feminismo ocasiona a las mujeres

A las feministas radicales no les importa que las consecuencias de sus acciones y pretensiones se lleven por delante a las mujeres que no se comportan de la forma que ellas, desde su superioridad moral e intelectual, ordenan.

Hace algunos años empezó a ser criticada la presencia de azafatas o grid-girls en la parrilla de salida de las carreras de la competición Fórmula 1, por ser considerada por muchos como “sexista”. Recordemos que estas mujeres se encargaban entre otras cosas, de cubrir del sol a los pilotos con un paraguas, entregar trofeos, pasear por la pista con carteles y promocionar diferentes marcas, por lo general haciendo uso de prendas pequeñas y ajustadas. El pasado mes de enero, el director comercial de la Fórmula 1 anunció que desaparecerían las azafatas y sostuvo expresamente: “esta costumbre no resuena con los valores de nuestra marca y está claramente en desacuerdo con las normas sociales actuales”. Tras esto, algunas de las mujeres que allí trabajaban expresaron con toda razón su descontento. Lauren-Jade expresó en su cuenta de twitter “¡Por estas feministas hemos perdido nuestros trabajos! He sido una grid-girl durante ocho años y nunca me he sentido incómoda. Me encanta mi trabajo, si no no lo haría, y nadie nos obliga a hacer esto. ¡Es nuestra elección!”

El sexismo ha sido entendido como una forma de discriminación de las personas que se da por razón del sexo o del género. Las feministas suelen calificar como sexistas aquellas acciones que refuerzan los que se consideran estereotipos de los roles de género. La reconocida escritora y psicológa feminista española Victoria Sau definió el sexismo como el “Conjunto de todos y cada uno de los métodos empleados en el seno del patriarcado para poder mantener en situación de inferioridad, subordinación y explotación al sexo dominado: el femenino.” (Sou, 2002, p.257). Así pues, cada vez se ha vuelto más común oír críticas a las actividades que según las feministas no sólo explotan, sino que también “cosifican” a la mujer volviendola un mero objeto de deseo sexual.

Reclamos similares han sido usado por las reconocidas feministas radicales estadounidenses Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin –quien ya falleció– para argumentar a favor de la prohibición de la pornografía. Ambas propusieron en su momento un proyecto de ley que golpearía está industria, sosteniendo que causaba un incremento en los ataques sexuales a las mujeres, desigualdad económica y política. MacKinnon (1987) entiende la pornografía como una forma de subordinación femenina en la que se presenta a las mujeres como objetos sexuales que disfrutan de la humillación o violación en posturas de sumisión sexual, servilismo o en exhibición (p.121-122). De esta forma, ve esta actividad como indeseable por ocasionar un daño tanto físico como psicológico al rol femenino.

Lo que muchas feministas no han querido ni logrado entender es que hoy en día, por regla general, las mujeres decidimos de forma libre y voluntaria qué hacer con nuestras vidas y somos capaces de llegar a acuerdos en los que –lejos de ser explotadas– obtenemos beneficios. Cuando a uno le incomodan las tareas que debe desarrollar en un trabajo, pues sencillamente renuncia o no lo toma. Las azafatas de la Fórmula 1 no fueron obligadas ni coaccionadas por nadie para aceptar laborar allí en las condiciones que lo hacían, incluso –tal como lo expresó Lauren Jade– se podría decir que se sentían cómodas y felices. No tiene ningún sentido que se destruyan empleos y oportunidades simplemente porque unas mujeres consideran que lo que a las demás hace felices está mal ¿Qué clase de autoridad tienen para decirle a otras que el trabajo que desempeñan o los deseos y aspiraciones que tienen no son dignos y que por tanto deberían dejar de hacerlo?

Asimismo, tampoco son coaccionadas por alguien las mujeres que toman la decisión de entrar a la industria pornográfica, donde además es conocido que devengan salarios más altos que los de los hombres. La reconocida actriz porno Amarna Miller se ha defendido de los ataques provenientes de feministas que ven con malos ojos la pornografía. En una entrevista en el Huffpost llegó a sostener lo siguiente: “Después de años luchando por ser libres sexualmente ahora llega el feminismo a decirme que no, que tengo que poner límites a mis deseos. Pues lo siento muchísimo, pero no es en lo que yo creo.”

En lo que respecta a Colombia, la semana pasada circularon las imágenes de unas mujeres en bikini repartiendo volantes con propaganda de Vargas Lleras. A raíz de esto, en las redes sociales muchas personas expresaron su indignación y rechazo, pues consideraban que se presentó una “cosificación” de la mujer y además un atropello a su dignidad. De nuevo ignoran que las mujeres no somos muñequitas de plástico sin voluntad, voz y voto. En este caso, seguramente hubo un acuerdo voluntario en el que se ofreció a las repartidoras una remuneración por su trabajo. Entonces ¿dónde está lo injusto? No debemos olvidar que en los acuerdos voluntarios, la regla general es que las dos partes se beneficien.

También es muy común oír a las feministas exigir al estado que disponga a través de la ley mejores condiciones laborales para las mujeres. Sin embargo, cada vez que se establecen más derechos o prestaciones, como por ejemplo, más semanas de licencia de maternidad u horarios más flexibles, se hace más costoso y difícil la vinculación laboral de una mujer. Todas estas medidas terminan por desincentivar la contratación de mujeres por parte de las empresas, que  –por mucho que quieran– no pueden dejar de perseguir el lucro. Así pues, muchas de las actuaciones de las feministas, en lugar de beneficiar a las mujeres las perjudica. Resulta contradictorio que muchas traigan a colación la libertad sólo cuando les conviene. Cuando se trata del aborto argumentan que la religión o la moral no se pueden anteponer a la libertad de la mujer, pues sólo ella es dueña de su cuerpo. No obstante, cuando se trata del trabajo en aquellos oficios que consideran indignos se les olvida por completo e incluso llaman el estado a intervenir.


Bibliografía:

Sau, V. (2002). Diccionario ideológico feminista. Icaria: Barcelona

MacKinnon, C. (1987). Not a Moral Issuel. Feminism Unmodified. Harvard University Press: Cambridge.

Correo: descobararbelaez@gmail.com