El Capitalismo nos une

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La empatía se promueve en una cultura en donde las transacciones económicas ocurren en todos los ámbitos de la vida.

Probablemente ya usted habrá escuchado antes esta historia: ocurre un crimen terrible, la prensa entrevista a los vecinos del perpetrador, y los vecinos dicen que ellos nunca vieron que eso vendría.

Considere a Robert Bowers, el asesino en masa que mató a once personas en la sinagoga El Árbol de la Vida, en Pittsburgh. Un vecino dijo esto (One neighbor said this)

“Es justamente preocupante que alguien tan normal pudiera tener tanto odio. Usted cree que conoce al vecino, pero esto sólo muestra lo equivocado que uno puede estar.”

EL BIEN VERSUS EL MAL: MÁS COMPLICADO DE LO QUE USTED CREE

Algunos pueden desestimar tales comentarios por provenir de individuos que no tienen ni idea ni están al tanto de ello. Ciertamente, hay señales de que individuos, tales como Bowers, son capaces de cometer crímenes atroces. Nos sentimos cómodos creyendo que hay buenas y malas personas, separadas por una barrera relativamente impermeable entre las polaridades. Piense acerca de los villanos de películas populares y la televisión ̶ a menudo son caracteres unidimensionales que fácilmente cometen actos terribles, a menudo sin razón alguna.

El renombrado profesor de psicología Roy Baumeister es mejor conocido por su trabajo acerca de la fuerza de la voluntad (his work on willpower). Su trabajo sobre la naturaleza del mal también merece un examen estrecho. Él empieza su libro Evil: Inside Human Violence and Cruelty, con una afirmación audaz: “El mal usualmente entra en el mundo sin ser reconocido por la gente que abre la puerta y deja que penetre. La mayoría de la gente perpetradora del mal no ve que, lo que ellos están haciendo, es malo.”

Baumeister define el mal como “acciones que dañan intencionalmente a otras personas.” Cuando tenemos un punto de vista de negro y blanco acerca del mal, es fácil creer que aquellos como Bowers han de estar locos. No es cierto, nos lo informa Baumeister: “de hecho la locura es un factor relativamente escaso y causa menor de la violencia.”

Llamar a alguien “loco” es un intento de absolverlo de su responsabilidad. Baumeister hace la observación de que “la gente se disgusta enormemente y abandona el autocontrol, con resultados violentos, pero eso no es una locura.” Agrega él, “a menudo la violencia es una acción impulsiva que representa un fracaso de su autocontrol ̶ pero un fracaso al cual a menudo la gente le da su conformidad.”

Baumeister pregunta, “¿obedecería usted órdenes de asesinar a civiles inocentes? ¿Ayudaría usted a torturar a alguien? ¿Permanecería pasivo mientras que la policía arrastra a su vecino para llevarlo a un campo de concentración?” Baumeister escribe, “La mayoría de la gente dice que no. Pero, cuando tales acontecimientos suceden, la realidad es muy diferente.”

NO HAY TAL COSA COMO MALDAD PURA

En su aclamado trabajo El Archipiélago Gulag (The Gulag Archipelago), Aleksandr Solzhenitsyn hizo la observación de que:

“¡Si se tratara simplemente de unos hombres siniestros en un lugar concreto que perpetran con perfidia sus malas acciones! ¡Si bastara con separarlos del resto y destruirlos! Pero la línea que separa el bien del mal atraviesa el corazón de cada persona. ¿Y quién destruiría un pedazo de su propio corazón?”

Solzhenitsyn continuó haciendo la observación de que la línea entre el bien y el mal es permeable:

“Mientras dura la vida de un corazón, esta línea se desplaza, ora acosada por el gozo del mal, ora cediendo espacio a un estallido de bondad. Una misma persona, a sus distintas edades, en distintas situaciones de la vida, es alguien totalmente diferente. Unas veces está cerca del diablo y otras del santo. Pero siempre se llama igual y siempre se trata del mismo hombre.”

En su libro, Los Ángeles que Llevamos Dentro (The Better Angels of Our Nature), el profesor Steven Pinker hace eco de Solzhenitsyn y de Baumeister: “Los seres humanos no son buenos de manera innata (tampoco malos), pero vienen provistos de impulsos que pueden alejarlos de la violencia y orientarlos hacia la cooperación y el altruismo.”

Pinker revela los factores que nos ayudan a escoger el bien por encima del mal:

“La empatía (especialmente en el sentido de ‘preocupación compasiva’) nos empuja a sentir el dolor de otros y a alinear sus intereses con los nuestros. El autocontrol nos permite prever las consecuencias de actuar sobre los impulsos y, por tanto, inhibirlos. El sentido moral consagra una serie de normas y tabúes que rigen las interacciones entre las personas de una cultura, a veces de maneras que reducen la violencia, aunque a menudo (cuando las normas son tribales, autoritarias o puritanas) de maneras que la incrementan. Y la facultad de razonar nos permite liberarnos de nuestras posiciones estratégicas provincianas, reflexionar sobre el modo en que vivimos la vida, deducir maneras en que podríamos mejorar, y guiar la diligencia de los otros mejores ángeles de nuestra naturaleza.”

Baumeister, Pinker y Solzhenitsyn están en lo correcto: Las condiciones bajo las cuales la gente es propensa a inclinarse hacia su lado malvado, merecen un amplio estudio y reflexión.

LA RESPONSABILIDAD PERSONAL DE ESCOGER EL BIEN

Muchos de nosotros mantenemos creencias populares de que “esa frustración, las películas violentas, la pobreza, el clima caliente, el alcohol y el trato injusto, todos ellos, ocasionan la agresión.” Baumeister rechaza estas teorías y pregunta:

“¿Por qué no hay más mal del que existe?… Entonces, ¿Por qué, a este momento, casi todo adulto en los Estados Unidos no habría ya cometido varios crímenes o asaltos? Después de todo, ¿cuántos adultos estadounidenses no han estado frustrados? ¿No han visto películas violentas? ¿No han sentido ser pobres o sufrido por el clima calurosos, etcétera?

Para Baumeister, la respuesta es clara:

“La mayoría de los impulsos violentos son refrenados por fuerzas que están dentro de la persona. En una sola palabra, el autocontrol previene mucha de la violencia potencial. Por tanto, independientemente de las causas fundamentales de la violencia, la causa inmediata es a menudo la ruptura del autocontrol.”

El mal y la violencia aumentan cuando escogemos no refrenarnos. Lo explica Baumeister:

“Cuando aumenta el mal, no necesariamente significa que las causas del mal se han hecho más poderosas o importantes. Por el contrario, puede significar que los controles internos se han debilitado. O, para ponerlo de otra forma: Usted no tiene que darle a la gente razones para que sea violenta, debido a que ellos ya tienen abundancia de razones. Todo lo que tiene que hacer retirar sus razones para que ellos se restrinjan a sí mismos. Incluso un pequeño debilitamiento del autocontrol puede ser suficiente para producir un aumento de la violencia. El mal siempre está listo y esperando para irrumpir en el mundo.”

Mucha gente cree que una baja autoestima conduce a actos violentos: “La evidencia muestra claramente que esta idea es falsa,” explica Baumeister:

“Los actos violentos provienen de una alta autoestima, no de una baja autoestima. Esto es cierto a lo largo de un amplio espectro de violencia, desde matonismo en los lugares de juegos hasta la tiranía nacional, desde el abuso doméstico al genocidio, desde la batalla hasta el crimen y la violación. Los perpetradores de la violencia típicamente son gente que piensa muy alto de sí mismos.”

Él hace la observación de que “la gente cuya autoestima es alta, pero que carecen de una base firme de logros genuinos, es especialmente propensa a ser violenta, debido a que es más posible que sufran un estallido de su burbuja narcisista.”

Muchos educadores alaban a sus alumnos a pesar de sus logros, alimentando el narcisismo. Uno podría pensar adónde conduce esto. Cuando estos narcisistas encaren al mundo, ellos “sentirán que han de atacar con golpes a diestra y siniestra a cualquiera que diga que [ellos] no son lo grandiosos que [ellos] pensaron que eran.”

LOS AUTORITARIOS PROMUEVEN EL MAL

Tanto Baumeister como Pinker señalan a la empatía como un factor que saca lo “mejor de los ángeles.” No obstante, como indica Baumeister, los seres humanos tienden a sentir mayor simpatía por aquellos que son “más parecidos a uno mismo.” En otras palabras, muchos incumplen con el tribalismo.

Antes de su acción mortal en Pittsburgh, Bowers culpó a los judíos (Bowers blamed Jews) por ayudar a promover la inmigración. Él puso en la plataforma social Gab, “Todos los judíos [deben] morir,” cantado como un mantra en su mente. Si Bowers acude a su capacidad de empatía, él extiende la empatía hacia una tribu estrechamente definida.

Las sociedades autoritarias -ya sea que se llamen socialistas, comunistas o fascistas- siempre están buscando chivos expiatorios. En esas sociedades, siempre existe el “otro malvado,” un grupo o grupos que han “saboteado” la grandeza del régimen autoritario. Cuando se cometen actos monstruosos, algunos perpetradores mitigan su culpa en la creencia de que sus acciones defienden su visión “noble.” Otros creen que simplemente ellos están siguiendo órdenes y que están haciendo su trabajo.

Al leer descripciones de los campos de concentración nazis, soviéticos o de Corea del Norte, se revelan notables similitudes. Una brutalidad indescriptible se practica y se racionaliza. La racionalización siempre empieza con alguna forma de la creencia de que sus víctimas no son verdaderamente humanas. Como lo escribe Baumeister, “La ausencia de empatía facilita la violencia contra los extraños, debido a que socava el poder de la culpa.”

Baumeister narra la historia de un hombre preocupado por la carencia de alimentación y ropaje adecuados en un campo soviético de trabajadores prisioneros. Corriendo un grave riesgo, él protestó ante el administrador del campo, diciéndole, “¡Esa gente podría morir!” “El administrador del campo replicó, ‘¿Cuál gente? Esos son enemigos del pueblo.’”

EL CAPITALISMO PROMUEVE LA BONDAD

Dado que no me paso manejando horas a la vez, recientemente llamé a la estación de radio satelital SiriusXM para cancelar su servicio; no podía justificar su costo. Antes de hacer la llamada, sabía que muchos se quejan de lo difícil que es cancelar la suscripción. También me daba cuenta de que estaría hablando con un agente a un centro de llamadas en India. No obstante, cuando el agente tomó mi llamada, sentí empatía. Me imaginé que el agente estaba siendo medido por alguna métrica por retener clientes y que él frecuentemente interactuaba ellos, quienes tan sólo querían terminar su llamada sin tener que escuchar su argumentación tratando de retenerlos.

La persona con la cual hablé era solícita y preocupada. ¿Por qué no habría de serlo? Su bienestar (tener éxito en su empleo) depende de satisfacer a los consumidores. La necesidad de satisfacer a los consumidores da lugar a una respuesta empática de ver al mundo desde el punto de vista del cliente. Tal vez estaba mirando la pantalla de la computadora que le mostraba mis datos de limitada utilización. Después de diez minutos y una amable charla, el precio de mi servicio se redujo a una situación en que todos resultábamos beneficiados, un 65% de mi anterior precio.

Si alguno de nosotros no tuviera empatía por el otro, el resultado podría ser una situación en que todos perdemos. La empatía aceita las ruedas de las transacciones comerciales. SiriusXM se ve recompensada cuando contrata agentes de servicio empáticos, quienes disciernen las necesidades de sus clientes.

Tal vez algunos lectores son escépticos ante mi descripción. Oh, vamos; probablemente él odia su trabajo y simplemente estaba siguiendo instrucciones escritas. Lo dudo, pero, incluso si fuera así, las demandas del comercio obligaban al agente a unir sus manos con las mías, para crear una situación de intercambio en donde todos ganan. En el proceso, su práctica de empatía estaba siendo retribuida.

En un ensayo en la revista Forbes, “Virtuous Cycle,” James Surowiecki señaló cómo el capitalista “estimulaba al universalismo por encima del provincialismo,… un deseo de hacer y mantener promesas ̶ a menudo a extraños y extranjeros… [así como] un sentido de responsabilidad individual, en vez de grupal.” Él explica por qué, bajo el capitalismo, la confianza no se construye tan sólo con base en relaciones personales tribales:

“La confianza había sido el producto no sólo de una relación personal -confío en esta persona porque la conozco- sino de un supuesto más general con base en el cual usted puede llevar a cabo negocios. El verdadero triunfo del capitalismo en los siglos XIX y XX fue que la confianza se entretejió en la estructura básica de los negocios cotidianos. Comprar y vender ya no fueron más un asunto de una conexión personal. Ahora fue acerca de la virtud del intercambio mutuo.”

Einstein urgió a que ampliáramos nuestro círculo de compasión. En una carta a un padre (In a letter to a father), quien sufría de la muerte prematura de su hijo, Einstein escribió:

“Un ser humano es parte de un todo, llamado por nosotros el “Universo,” una parte limitada por el tiempo y el espacio. Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto ̶ una especie de ilusión óptica de su consciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, restringiéndonos a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas lo más cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión, ampliando nuestros círculos de compasión para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza.”

LA COMPASIÓN POR MEDIO DEL COMERCIO

El llamado de Einstein a la acción es precisamente lo que el comercio hace: Nuestro círculo de compasión se amplía por medio de conexiones empáticas forjadas por medio del comercio. Si Bowers hubiera sido un paciente del dentista judío que él mato, ¿habría sido diferente su opinión acerca de los judíos? ¿Si hubiera pasado tiempo caminando por el vecindario de Squirrel Hill, en donde estaba ubicada la sinagoga, se habría encontrado con algunos negocios de judíos? Si se hubiera detenido a comprar algo, tal vez se habría dado cuenta de que los judíos eran parte de un orden extendido del cual todos formamos parte. Tal vez su odio habría sido mitigado.

Para estar claros, el capitalismo no eliminará al odio; la línea entre el bien y el mal corta a través del “corazón de cada ser humano.” Aun así, el capitalismo nos señala la dirección correcta. Al ampliarse el orden extendido, crea más oportunidades para que más gente amplíe su círculo de compasión. Al entretejer el comercio las vidas de las personas en todas partes, la pregunta que hizo Solzhenitsyn –“¿quién destruiría un pedazo de su propio corazón?” ̶ se hace más fácil responderla.

Author profile
Barry Brownstein

es profesor emérito de economía y liderazgo en la Universidad de Baltimore. Él es el autor de The Inner-Work of Leadership . Para recibir los ensayos de Barry, suscríbete a Mindset Shifts .

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